• Enviar
  • Imprimir

La acción de la Agencia Central de Búsquedas del CICR en los Balcanes durante la crisis de los refugiados kosovares

31-03-2000 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Thierry Shreyer

  Resumen: Todo movimiento masivo de civiles obligados a abandonar sus hogares por la presión de la guerra crea diversos problemas humanitarios urgentes. Hay que brindar a los refugiados alimentación, albergue, atención médica, etc. Pero los refugiados quieren también conocer el paradero de sus parientes que quedaron en sus hogares, se perdieron en el desplazamiento o fueron arrestados, así como detalles sobre lo que les ocurrió. La labor de la Agencia Central de Búsquedas del CICR consiste en restablecer el contacto entre las víctimas de situaciones de conflicto y, si es necesario, ayudar a la reunión de los miembros de familias dispersas, en particular de los niños con sus padres. El artículo se refiere al último capítulo de la crisis de los Balcanes, con su inmenso y vertiginoso flujo de refugiados salidos de Kosovo, y describe la respuesta que dio ésta a la Agencia Central de Búsquedas.  

     

Marzo de 1999. En Kosovo, el conflicto se torna aún más dramático que en los meses anteriores. Centenares de miles de hombres, mujeres y niños, víctimas de combates que ya no perdonan a los civiles, se ven abocados a salir a los caminos. La situación es totalmente caótica y nadie tiene tiempo de prepararse para el éxodo. Algunos deciden refugiarse en los bosques cercanos; otros tratan de llegar hasta el pueblo de algún pariente, donde la situación parece menos peligrosa. Sin embargo, para la mayoría, este largo camino los llevará a Albania, Montenegro, o a la antigua República yugoslava de Macedonia.
 

Sea cual fuere el sitio de donde   provengan, sea Kosovo o cualquier otra región en guerra, las víctimas de conflictos armados que se han visto obligadas a abandonar su región o su país, terminan siempre despojadas, dependientes de la ayuda humanitaria, de la generosidad de los Estados que acepten recibirlas, o de la buena voluntad de personas dispuestas a ayudar, como sucedió en Albania y Macedonia. Las necesidades básicas no dan espera - comida, medicamentos, agua potable, refugios -. El Comité Internacional de la Cruz Roja, junto con otros organismos, trata de aportar una respuesta a esta situación.
 

Existe, sin embargo, un dolor del que se habla menos, un sufrimiento moral ciertamente menos visible que las carencias materiales: la angustia de no tener noticias de un padre o un hermano que pudo haber sido detenido, de no saber qué ha sido de los hijos que no se han vuelto a ver desde que quedaron separados de sus padres en una columna de refugiados, o de haber perdido, tras el corte de todas las comunicaciones, el contacto con algún pariente que, por orgullo, edad avanzada o enfermedad, se quedó atrás y no pudo huir.
 

La Agencia Central de Búsquedas (ACB) del CICR trata de satisfacer todas estas necesidades específicas. La crisis de Kosovo planteó un inmenso reto al que hubo que hacer frente trabajando en estrecha colaboración con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de numerosos países. Asimismo, la ACB y las Sociedades Nacionales desarrollaron acciones innovadoras a fin de poner al servicio de las víctimas los medios tecnológicos actuales.
 

  La Agencia Central de Búsquedas  

 
El sufrimiento de las víctimas como consecuencia de la separación de sus seres queridos no es algo nuevo. Ya en 1870, el CICR había organizado el intercambio de información entre los beligerantes de la guerra franco-prusiana y sus familias, para que és tas tuvieran noticias de la suerte de sus parientes. Hasta entonces, como no se disponía de esta información, las familias permanecían en la incertidumbre. Desde que puso en marcha por primera vez este procedimiento, el CICR, a través de su Agencia Central de Búsquedas, no ha dejado de desarrollar medios que le permitan restablecer el contacto entre las personas que han sido separadas por los conflictos. Si bien inicialmente sus acciones se concentraron en los prisioneros de guerra, muy pronto se extendieron igualmente a los civiles. En 1936, durante la guerra de España, la ACB oficializó el intercambio de mensajes Cruz Roja (cartas en papel abierto con información de carácter estrictamente familiar) entre personas separadas por las líneas del frente.
 

El fundamento jurídico sobre el que se apoya la ACB para realizar sus actividades de búsqueda está constituido por los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 para la protección de las víctimas de la guerra y por sus dos Protocolos adicionales del 8 de junio de 1977 (uno aplicable a los conflictos armados internacionales y otro a los conflictos armados no internacionales). Estos textos consagran el principio de la integridad de la familia, el derecho a la correspondencia familiar, así como el derecho de las familias a conocer la suerte de sus miembros. En situaciones de otra índole, la ACB puede actuar en virtud del derecho de iniciativa del CICR y de su papel de intermediario neutral.
 

Hay que señalar, sin embargo, que la primera responsabilidad corresponde a los Estados, que deberían asumir el intercambio de información, especialmente cuando tienen prisioneros en su poder. Desafortunadamente, hay que reconocer que, con demasiada frecuencia, el CICR se ve abocado a realizar la labor de algunos Estados que no asumen sus responsabilidades.
 

  Situación general durante la crisis de los refugiados  

 
Cuando se produjo la llegada masiva de refugiados a Albania y Macedonia, el CICR estaba presente desde hacía varios años en esos dos países. Así pues, los contactos que ya existían con las autoridades y con las respectivas Sociedades Nacionales facilitaron ampliamente su trabajo. Sin embargo, al igual que   ocurrió con otros organismos humanitarios, al CICR lo tomó   por sorpresa la magnitud de la afluencia de refugiados y la rapidez de su llegada. La ACB, en particular, no contaba con una estructura suficiente para responder en forma inmediata a las ingentes necesidades que se avecinaban. A través de los testimonios de los refugiados, el CICR trató de evaluar las proporciones de dichas necesidades. El 26 de marzo, primer día del éxodo, 150 personas cruzaron la frontera albanesa. El 3 de abril, ya 160.000 personas habían encontrado allí refugio; para el 6, ya eran 230.000, y para el 13, 300.000. En total, más de 500.000 personas se refugiaron en Albania, 245.000 en Macedonia, y 40.000 en Montenegro.
 

Desde finales de marzo de 1999 el CICR salió de Kosovo. De hecho, desde entonces no quedaba ya ninguna otra organización que pudiera suministrar información sobre la realidad de la situación en el terreno. Los únicos contactos con Kosovo eran los puestos fronterizos de Blace, en Macedonia, y Kukës en Albania. Todos recordamos las imágenes de las columnas de refugiados, que llegaban extenuados a los puestos fronterizos. Kosovo se convirtió en una terra incógnita, y los trabajadores humanitarios, imposibilitados para salir a su encuentro, se tuvieron que limitar a esperar la llegada de las víctimas. Esta situación determinó en gran medida la acción de la ACB que, pese a su misión de restablecer la comunicación entre las familias, no tenía acceso a parte de las víctimas. Generalmente, gracias a su papel de intermediario ne utral, el CICR puede estar presente en las diferentes regiones en conflicto y garantizar el contacto con las personas que han salido huyendo de dichas regiones.
 
Pero en la crisis de Kosovo también   ese vínculo quedó roto.
 

Quizá sea ésta una de las razones por las que la ACB fue objeto de una fuerte presión de los medios de comunicación durante esta crisis. Sería difícil hacer el recuento de los contactos que, a propósito de sus programas de restablecimiento de los lazos familiares, tuvo la institución con periódicos y cadenas de radio y televisión del mundo entero. En la mayoría de los casos este interés de los medios resultó positivo, particularmente en lo que respecta a la colaboración de las emisoras internacionales o locales para la difusión de los nombres de los refugiados. En ocasiones, después de haber tenido conocimiento de casos en los que trabajaba el CICR, algunos periodistas se encargaron ellos mismos de hacer un trabajo de búsqueda. Por otra parte, la mayoría de los medios de comunicación dieron a conocer las dificultades encontradas en el terreno, lo que contribuyó, sin duda alguna, a comprender mejor la acción humanitaria.
 

Cabe anotar, sin embargo, que numerosos periodistas tendieron a concentrarse únicamente en los casos de niños de corta edad separados de sus familias, y dejaron de lado otros dramas como los de personas de edad avanzada que merecían también relatarse y darse a conocer a la opinión pública.
 

Ante la situación que se vivía, las acciones solamente pudieron desarrollarse desde Albania, Macedonia y Montenegro, a donde el CICR envió delegados: unos, asignados en misión directamente desde su sede en Ginebra y otros, puestos a disposición por sus delegaciones en los países vecinos, como Bosnia-Herzegovina o Croacia, o por las Sociedades Nacionales. Paralelamente, fue necesario instalar la estructura necesaria para que esas varias decenas de personas de la institución presentes en los tres países pudieran trabajar en las mejores condiciones posibles, contratar personal local y encargarse de su capacitación en unos pocos días.
 

En cuanto a las dificultades que surgieron, hay que mencionar la plena libertad de movimiento de que gozaron los refugiados en Albania; este hecho, aunque altamente positivo en sí mismo, y que habla muy bien de las autoridades albanesas, no facilitó los trabajos de búsqueda. En Macedonia, en cambio, como los refugiados no podían salir de los campamentos, la labor de localización fue más sencilla.
 

Muy rápidamente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de Macedonia hacia otros países -Alemania, Suiza y Turquía, entre otros- por lo que las búsquedas tuvieron que efectuarse en muchos países diferentes. Estas evacuaciones fueron organizadas por los Estados, en cooperación con la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que establecieron sus propios criterios de aceptación [1 ] . De todas maneras, el CICR pudo presentar ante las embajadas respectivas los casos que consideraba prioritarios y, de esta manera, logró que algunas familias volvieran a reunirse. Sin embargo, como estos programas de evacuación no incluyeron a Albania, en ocasiones el CICR en Tirana tuvo muchas dificultades para obtener de algunos países las visas requeridas para este fin. Hubo casos de personas vulnerables - ancianos, pero también niños- que no pudieron reunirse con su familia directa por no haber obtenido autorización de la embajada respectiva. Es ciertamente encomiable el esfuerzo de algunos Estados para recibir a decenas de miles de refugiados procedentes de Macedonia, pero es lamentable que no se haya hecho siempre extensivo a personas solas y vulnerables que se encontraban en Albania.
 

La red mundial de Sociedades Nacionales desem peñó un papel determinante para la realización de las búsquedas en terceros países y para que la ACB pudiera ofrecer allí sus servicios a los refugiados. Naturalmente, según los casos, el grado de participación de éstas fue diferente. Para las Sociedades Nacionales más expuestas, esta crisis constituyó un gran reto. También ellas tuvieron que desarrollar sus estructuras para así poder atender la afluencia de solicitudes presentadas por familias ya establecidas en el país, o por refugiados procedentes de Macedonia o de otros sitios. De otra parte, las Sociedades Nacionales fueron intermediarios indispensables de la ACB en el marco de las reagrupaciones de familias, y con frecuencia intervinieron ante sus respectivas autoridades con el fin de apoyar algún caso.

Las Sociedades de la Cruz Roja Albanesa, Macedonia y Montenegrina pudieron contar con el apoyo de seccionales repartidas en todo su territorio. Gracias a estas estructuras, el CICR pudo desarrollar rápidamente su acción en todas las regiones de los países que lo requerían, aunque, dada la magnitud de las necesidades, el grado de preparación de éstas fue insuficiente. También en este aspecto, las diferentes Sociedades hicieron grandes esfuerzos para fortalecer sus estructuras, en términos de personal -y, por lo tanto, de formación- o de material. Hay que señalar que la mayoría de las personas que allí trabajaron eran voluntarios a quienes se pidió un enorme compromiso. De hecho, la labor de restablecimiento de vínculos familiares jamás hubiera podido desarrollarse sin su dedicación.
 

  La acción de la ACB en favor de los refugiados kosovares  

 
La imposibilidad de trabajar en Kosovo, la gran movilidad de los refugiados a través de Albania, los traslados hacia terceros países, en fin, todas estas circunstancias parecían confluir para que fuesen pocas las probabilidades de que las personas pudieran volver a reu nirse en un futuro cercano. Además, como el CICR no podía estar presente en Kosovo, fue imposible utilizar los medios tradicionales de la Agencia, especialmente los mensajes Cruz Roja, que no podían distribuirse [2 ] .
 

Además de las solicitudes de los refugiados mismos, las Sociedades Nacionales y el CICR debían atender las de las familias que se encontraban ya en algún país extranjero, en ocasiones desde hacía mucho tiempo. Con frecuencia, estas personas se veían reducidas a la condición de impotentes testigos del drama vivido en los Balcanes que, desconcertados, observaban en las imágenes de los noticieros de televisión. No era raro recibir llamadas telefónicas de personas desesperadas, carentes de noticias de su familia, o que, durante algún reportaje televisado, habían reconocido a algún pariente en un puesto fronterizo a la salida de Kosovo. No sabiendo qué sería mejor, si permanecer en sus casas esperando una llamada o desplazarse a la región para iniciar la búsqueda de sus   parientes, estas personas acudían a la Cruz Roja.
 

El desafío era triple:
 

  • informar a la población que se encontraba aún en Kosovo acerca de la suerte de quienes habían escapado;

  • tranquilizar rápidamente a las familias que se hallaban en el extranjero;

  • reunir a las familias que estaban separadas.
     

Para cumplir con estas tareas, la ACB puso en marcha tres programas complementarios.
 

  Programas radiales  

 
El CICR, junto con las Sociedades Nacionales de Albania, Macedonia y Montenegro, propuso a los jefes de familia kosovares que inscribieran, en una lista ad hoc , sus nombres, su nueva ubicación (campamentos, familias de acogida), así como el número de miembros de la familia con quienes se encontraban. Con su aprobación, esta información se difundía luego por Radio Tirana y Radio Kukës, dos emisoras que se podían captar en Kosovo.
 

Estos programas fueron además un excelente medio para informar a quienes se encontraban en Suiza, Alemania, Estados Unidos, etc. Por eso, en colaboración con la BBC, Voice of America, Radio France Internationale y la Deutsche Welle, esta misma información se transmitió igualmente en los programas de estas emisoras en lengua albanesa. El servicio, sin embargo, fue víctima de su éxito. En total, más de 25.000 familias hicieron uso de él, lo que desbordó ampliamente las posibilidades de las emisoras internacionales cuyos programas tenían un tiempo de emisión demasiado breve. Por esa razón, los nombres que se recogieron al final de la crisis nunca pudieron leerse en la radio.
 

De todas maneras, tras la emisión de los programas radiales, las Sociedades Nacionales y las delegaciones del CICR en el terreno recibieron numerosas llamadas telefónicas, lo que confirmó que la información circulaba, y que el mensaje esencial: “¡estamos vivos!”, estaba llegando a los destinatarios. Cuando el CICR regresó a Kosovo, en junio de 1999, se recogieron numerosos testimonios de personas que se habían enterado por la radio de que sus familiares estaban sanos y salvos.
 

  Teléfonos satelitales  

 
A pesar del éxito de los programas radiales, hubiera sido presuntuoso pretender que todos los casos iban a poder resolverse por este medio. Al abandonar sus casas, a menudo a toda prisa, los refugiados sólo pudieron llevar consigo unos cuantos objetos de uso personal. Sin embargo, para miles de ellos, tal vez lo más importante cuando llegaban a Albania o a otro lugar era un tro zo de papel que atesoraban con esmero. Tenían allí escrito el número de teléfono de un hijo, un hermano o una tía que vivían en el extranjero, es decir, algún contacto que podría ayudarles durante este período particularmente difícil.
 

Los refugiados en Macedonia pudieron contar con la red telefónica local. En Albania y en Montenegro, en cambio, la infraestructura existente no permitió atender la demanda. En Kukës, por ejemplo, las pocas cabinas telefónicas disponibles estaban repletas día y noche, y solamente algunas personas podían hacer uso de ellas, para no mencionar el problema que representaba el costo de las telecomunicaciones para refugiados que, con frecuencia, no tenían con qué pagar. Para hacer frente a estos problemas, la ACB puso a disposición de los refugiados teléfonos satelitales, manejados por equipos móviles de técnicos que se desplazaban por campamentos y pueblos por el sur de Albania, o que se ubicaban en puestos fijos, como el puesto fronterizo de Kukës. El objetivo era que el mayor número posible de personas pudiera hacer uso de este medio; para ello, se les brindó la posibilidad de comunicarse gratuitamente y se estableció un límite de tiempo de conversación de un minuto por cada “jefe de familia”. La emoción era muy grande. Había que contar muchas cosas en un tiempo relativamente corto: decir cómo estaban los demás, hablar de quienes habían fallecido o se encontraban en otro campamento, averiguar por un amigo. De todas maneras, lo importante era anunciar que se estaba con vida. Hay que precisar que como era muy difícil para los refugiados ajustarse al límite de un minuto por llamada, era conveniente mostrar cierta flexibilidad al respecto.
 

Desde su regreso a Kosovo, el CICR empezó a utilizar los teléfonos satelitales, primero para sus propias necesidades, y luego para las de los refugiados que volvían a sus hogares.
 

En total, se realizaron más de 125.000 comunicaciones telefónicas, que brindaron a numerosas familias la posibilidad de ponerse en contacto con los suyos. Fue la primera vez que la ACB hizo uso, en gran escala, de este medio de comunicación. Desde entonces, estos mismos teléfonos han permitido a miles de desplazados timorenses en el sudeste asiático entrar en contacto con sus familias. Es probable que muy pronto este medio se convierta en una herramienta estándar de la gran variedad de medios de que dispone la ACB.
 

  El sitio WEB  

 
Hace ya mucho tiempo que el CICR utiliza la informática en el marco del restablecimiento de la comunicación entre las familias. En efecto, toda la información que recaba el CICR sobre las víctimas de la guerra la gestiona en bases de datos constituidas en sus delegaciones del mundo entero. De entre los 70 bancos de datos existentes, cabe destacar los de la guerra del Golfo, que contienen la identidad de cerca de 100.000 prisioneros de guerra, y los de Ruanda sobre cerca de 124.000 niños no acompañados.
 

Sin embargo, si bien el CICR cuenta desde hace ya varios años con un sitio WEB a través del cual presenta la institución, nunca antes había utilizado Internet en períodos de conflicto para restablecer la comunicación entre las familias. Aunque ya se había previsto la idea de emplearlo para este fin, sólo fue hasta la llegada de la crisis de Kosovo que se puso en práctica, lo que se explica, en particular, por el hecho de que esta población ya utilizaba ampliamente los medios modernos de comunicación. No fue pues difícil integrarlo. Además, los miembros de la diáspora, establecidos principalmente en Suiza y Alemania, tenían también la posibilidad de acceder fácilmente a este medio. Así pues, en colaboración con las Sociedades Nacionales participantes, se creó un sitio WEB, que podía consultar cualquier persona, bien fuera desde las instalaciones de las diferentes Sociedades de la Cruz Roja, bien desde cualquier par te del mundo a través de un computador.
 

El principio consistía en brindar a los refugiados la posibilidad de registrar, en una lista que podía consultarse por Internet, su nombre y el lugar en donde habían sido acogidos provisionalmente, a fin de poder localizarlos con más facilidad. Cada nombre se ponía en relación con un lugar, por lo general la oficina del CICR más cercana, así que para enviar un mensaje electrónico bastaba con “hacer un clic”. El mensaje se imprimía en la oficina del CICR y luego se distribuía. Gracias a este sistema - que era en realidad una versión electrónica del mensaje Cruz Roja -, se reducía notablemente el tiempo de entrega del mensaje.
 

En el terreno surgieron numerosas dificultades técnicas debido a que este sitio iba esencialmente dirigido a una población de refugiados que, en buena parte, se encontraba en lugares donde no había energía eléctrica, y menos aún computadores, sin hablar de la posibilidad de conexión a Internet. La ACB quiso ser ambiciosa: siguiendo el ejemplo de lo que se había hecho con los teléfonos satelitales, decidió enviar a los sitios en donde se encontraban los refugiados equipos de personas provistas de computadores portátiles con acceso a Internet. De otra parte, se establecieron “puntos fijos” en las oficinas del CICR en la región o en las instalaciones de las Sociedades Nacionales de los países cubiertos por el programa.
 

El sistema se aplicó ampliamente en Macedonia, donde, además de un sitio fijo situado en Skopje, los equipos en los campamentos de refugiados tenían la posibilidad de conectarse a la red. En Albania, en cambio, sólo se utilizó parcialmente, puesto que únicamente se pudieron establecer dos sitios fijos, en Tirana y Kukës. Es de destacar la labor de la Cruz Roja Estadounidense que, además de prestar apoyo técnico, envió a cerca de veinte delegados encargados de ocuparse de este aspecto del trabajo del CICR. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos real izados, el sitio WEB sólo pudo ser verdaderamente operacional cuando los refugiados regresaron masivamente a Kosovo, a finales del mes de junio. Por lo tanto, este sistema no pudo probarse en las proporciones previstas inicialmente.
 

De todas maneras, esta breve experiencia piloto permitió tomar la medida de los retos técnicos encontrados en terrenos en los que son escasas o inexistentes las infraestructuras de telecomunicaciones.
 

  Las personas particularmente vulnerables  

 
Los teléfonos satelitales, las emisiones radiales y el sitio WEB fueron los medios utilizados con el propósito de restablecer la comunicación entre las familias. Sin embargo, muchas personas perdieron todo contacto con sus parientes, entre ellos, niños y ancianos, para los cuales la ACB puso en marcha programas especiales de búsqueda.
 

  Los niños no acompañados o separados  

 
Existen dos categorías diferentes de niños no acompañados: los niños que se encuentran totalmente aislados de sus familias, pero de quienes se han hecho cargo terceros, y los niños separados, recogidos por miembros de su propia familia, pero que no tienen noticias de su madre ni de su padre. En ambos casos, la edad límite es de 18 años. En el caso de la crisis de los refugiados, el CICR tuvo que ocuparse sobre todo de la problemática de los niños separados.
 

La ACB tomó sistemáticamente los datos de los niños no acompañados/separados, al igual que los de los padres que estaban buscando a sus hijos. En total, el CICR tuvo conocimiento de más de 1.000 casos. Las circunstancias que habían originado las separaciones eran de diversa índole; por ejemplo, muchos padres, cuando todavía se encontraban en Kosovo, habían llevado a sus hijos a casa de familiares residentes en pue blos que parecían protegidos de los combates. Más tarde, al tener que partir, los padres llegaban, por ejemplo, a Macedonia, mientras que sus hijos habían salido para Albania o Montenegro. Inclusive, en el caos del éxodo, se dieron casos de madres que, extenuadas de cargar a sus pequeños, los montaban en la carreta o en el vehículo de algún vecino, y luego, al no avanzar al mismo ritmo, la familia terminaba separada. Más dramáticos aún fueron los casos de los niños enfermos o heridos que debieron quedarse solos en los hospitales en Kosovo, mientras sus padres, con inmenso dolor, tuvieron que partir sin poder llevarlos consigo. Cuando pudo regresar a Kosovo, el CICR encontró en los mismos hospitales a algunos de esos niños, entre ellos varios bebés.

Tan pronto como alguna oficina del CICR registraba un caso, transmitía de inmediato los datos personales a las demás delegaciones que los comparaban con su propia información, lo que, a veces, permitía encontrar respuestas positivas. Por otra parte, los nombres de los niños y de los padres se difundían por las ondas de las emisoras locales e internacionales, y a través de listas colocadas en carteleras en los campamentos de refugiados, en los centros colectivos o anunciadas por Internet. En el terreno, siempre con la gran dificultad de no estar presentes en Kosovo, se realizaron intensas operaciones de búsqueda con el fin de obtener la mayor información posible y entrevistar a eventuales testigos. Las Sociedades Nacionales realizaron muchas operaciones de búsqueda en numerosos países.
 

Gracias a todo esto, en menos de tres meses el CICR pudo reunir a 150 niños con sus familias respectivas. La mayoría de estos encuentros familiares - consecuencia lógica y afortunada de las búsquedas- se realizaron entre Macedonia y Albania, aunque también hubo otros entre Albania y Montenegro, Suiza y Alemania.
 

¿Qué sucedió con los centenares de niños que el CICR no logró reunir con sus padres? En muchos casos hubo reencuentros espontáneos, a veces gracias a los programas radiales. Desafortunadamente, en otros casos, los niños regresaron a Kosovo con la familia que los había acogido, donde el CICR, ya in situ , sigue buscando activamente a sus padres.
 

  Las personas de edad avanzada  

 
Otra población considerada vulnerable estaba constituida por las personas de más de 60 años. El CICR se ocupó de decenas de casos de este tipo.
 

Naturalmente, no se trata de establecer una escala de valores en cuanto al sufrimiento y la desesperanza, pero hay que reconocer que los ancianos, al igual que los niños, suelen ser los más vulnerables en situaciones de conflicto. Pero, a diferencia de los niños, de los ancianos no se encarga fácilmente una familia y, aun cuando se encuentren enfermos, tienen que arreglárselas solos y depender de la compasión de personas más vigorosas que atraviesan por la misma situación. Cualquier cosa se vuelve un problema para ellos: hacer fila para la comida, desplazarse hasta los sanitarios en un campamento o ir a la enfermería de un centro colectivo. Aparte de los problemas comunes a todos los refugiados, y a veces incapaces de cuidar de sí mismas, estas personas tienen que hacer frente a las dificultades inherentes a la vejez. Son personas que lo han perdido todo, que se han visto obligadas a abandonar sus casas, a ver desaparecer los recuerdos de toda una vida. Separadas de sus parientes, tienen pocas esperanzas de poder volver a construir un futuro para ellas. Afortunadamente, no todos los ancianos se encontraron en esta situación, pues hubo mucha generosidad y ayuda mutua entre los refugiados. De todos modos, en una situación de crisis semejante, ¿cómo ocuparse también de una persona anciana, inválida y enferma cuando ya es bastante difícil garantizar la supervivencia de la propia familia ?
 

Se buscó a las familias de estos ancianos siguiendo los mismos criterios que en el caso de los niños separados. También en estos casos hubo familias que pudieron reunirse nuevamente, incluso en el extranjero. Pero los delegados que se encontraban presentes en Kukës al finalizar la crisis guardarán seguramente en su memoria la imagen de once ancianos, enfermos e inválidos, algunos con trastornos mentales, totalmente solos en el mundo, que quedaban como últimos residentes del campamento de tiendas de campaña ocupado antes por miles de refugiados que ya habían regresado a Kosovo. A pesar de las búsquedas, no fue posible encontrar a las familias de estos once ancianos y, en julio de 1999, cuando se cerró definitivamente el campo, fueron enviados de regreso a sus casas, totalmente solos, en un remolque tirado por un tractor.
 

  Las personas detenidas  

 
El CICR recopiló entre los refugiados numerosos nombres de personas que aparentemente habían sido retenidas por las fuerzas de seguridad yugoslavas. Las personas detenidas están amparadas por el Protocolo adicional II de 1977, relativo a los conflictos armados no internacionales. De inmediato, el CICR intervino ante las autoridades de Belgrado, a fin de obtener confirmación sobre la detención de estas personas.
 

A finales de junio, las autoridades enviaron al CICR una notificación oficial según la cual cerca de 2.000 personas estaban detenidas por motivos relacionados con el conflicto. Inmediatamente después, el CICR las visitó en unos doce lugares de detención y tomó sus datos. Hay que recordar aquí que el propósito de las visitas es verificar las condiciones de detención y el trato que se da a los detenidos, así como ayudar a las autoridades a aportar las mejoras necesarias. Por otra parte, el CICR pudo transmitir mensajes Cruz Roja, entre los detenidos y sus familias, mensajes que f ueron previamente revisados por las autoridades penitenciarias y la ACB.
 

Hasta la fecha, el CICR ha participado, a solicitud de las autoridades, en el traslado a Kosovo de más de 300 detenidos liberados. En esos casos, la institución ha actuado como intermediario neutral [3 ] .
 

  La cuestión de las personas desaparecidas  

 
Pese a los esfuerzos para evitar la ruptura de la comunicación, pese a las intensas operaciones de búsqueda en el terreno y a la participación de las Sociedades Nacionales del mundo entero, la cuestión de las personas desaparecidas se plantea obligatoriamente luego de cada conflicto. Años después de terminados los combates, se sigue sin tener noticias de civiles - mujeres, niños, ancianos- y de soldados o combatientes que nunca regresaron del frente. Muy pronto los desaparecidos pasan al olvido y sus familias se quedan solas con su incertidumbre y su dolor, buscando respuestas que desafortunadamente tardarán mucho en llegar.
 

Algunos ejemplos:
 

  • Chipre: 1.993 personas siguen desaparecidas desde 1974;

  • Azerbaiyán/Armenia: 2.600 personas siguen desaparecidas, algunas de ellas desde 1990;

  • Croacia/Serbia: 3.191 personas siguen desaparecidas, algunas desde 1991;

  • Bosnia-Herzegovina: 18.404 personas siguen desaparecidas, algunas desde 1992.

Éstos son apenas unos cuantos casos. Cabe preguntarse cuántos más vendrán a agregarse a esta lista, una vez terminados los conflictos en Chechenia o en Timor oriental.
 

En Kosovo todavía no se conoce el número exacto de desaparecidos. Hasta la fecha, la ACB ha reunido, a través de familiares, los nombres de más de 2.500 personas de todos los orígenes étnicos. En el marco de su cometido, la institución recopila toda la información relacionada con los desaparecidos. Aparte de su labor con las solicitudes de búsqueda remitidas por las familias, la ACB también trabaja con otros organismos, especialmente los que se ocupan de la exhumación y de la identificación de cadáveres, y verifica que las familias hayan recibido la información disponible. De manera paralela, el CICR continúa activamente con sus pesquisas en el terreno, trata de obtener información de testigos y, en nombre de las familias, presenta los casos ante las autoridades que quizás puedan suministrar información.
 

En estos casos, es fundamental la voluntad de las partes para buscar y proporcionar respuestas. En realidad, si no existe compromiso y si no hay una verdadera determinación, no se atenderán las legítimas solicitudes de las familias. En el caso de Kosovo, apenas estamos iniciando el difícil proceso que permitirá a éstas saber qué ha pasado con sus   parientes; es pues muy pronto aún para evaluar cuál es la determinación de las partes para esclarecer la cuestión de los desaparecidos. Hay que esperar que, a diferencia de lo que ha sucedido en otros lugares, en este caso los dirigentes se ocupen del problema con mayor prontitud (en Bosnia-Herzegovina, por ejemplo, de un total de 20.273 solicitudes que se recibieron, hasta la fecha sólo se ha dado respuesta a 1.869).
 

En un proceso de reconciliación al término de un conflicto, el esclarecimiento de la suerte que han corrido los desaparecidos constituye un elemento clave. Para una familia que tiene que enfrentarse cada día a la incertidumbre, si no recibe ninguna información es muy difícil superar el trauma que le produce la desaparición de un pariente. ¿Cómo pensar en un diálogo entre comunidades cuando no se ha aclarado la suerte de miles de personas? A fin de hacer escuchar mejor sus voces, las familias de desaparecidos se han fede rado, en Kosovo y en Serbia, y han creado asociaciones que podrán desempeñar un papel más activo, especialmente en los foros en donde se trate el tema. El CICR apoya a estas asociaciones y trabaja en estrecha colaboración con ellas.
 

  Conclusión  

 
Desde junio de 1999, semanas antes del regreso de los refugiados, el CICR reanudó sus actividades en Kosovo. En unos cuantos días, cerca de 800.000 personas regresaron a sus hogares, tras haber permanecido algo más de tres meses en el exilio. Desde la Segunda Guerra Mundial, probablemente no ha habido ningún otro ejemplo de un movimiento de población de tal magnitud en un tiempo tan corto.
 

Por lo demás, la brevedad de la crisis explica en parte por qué solo 150 niños separados pudieron reunirse con sus padres, cuando se tenían cerca de 1.000 casos más. De hecho, no es posible, en unas pocas semanas, organizar estructuras que permitan dar respuesta a las necesidades de 800.000 personas, especialmente si se considera que no se había planificado ninguna medida específica. La ACB requiere un mínimo de tiempo para poner en marcha una red eficaz en los países en donde trabaja, a fin de tener así un máximo de posibilidades de que su labor de búsqueda sea fructífera. Es necesario establecer y efectuar procedimientos para recabar y procesar la información, así como para garantizar su confidencialidad, teniendo en cuenta que cada persona constituye un caso particular. En realidad, que haya 1.000, 10.000 u 800.000 personas no modifica en nada este problema.
 

No cabe duda de que las organizaciones humanitarias tienen una responsabilidad hacia las víctimas, tanto más cuanto que es la propia vida de estas personas lo que está en juego. Para la ACB, aunque las actividades de restablecimiento de los vínculos familiares no salven necesariamente vidas humanas, el hecho de aceptar una solicitud de búsque da no es un acto anodino. Se trata de una responsabilidad que sólo termina cuando el solicitante obtiene respuesta. Desafortunadamente, los resultados no son siempre favorables porque puede suceder que, después de meses -y a veces años- de búsqueda, no se logre el intercambio de ningún mensaje Cruz Roja ni se pueda reunir a una familia; también sucede en ocasiones que haya que anunciar la muerte de un pariente o que, a pesar de todos los esfuerzos, no se encuentre ninguna pista de la persona buscada.
 

¿Cabe hacer un balance de las actividades de restablecimiento de los lazos familiares durante la crisis de los refugiados? La ACB no puede resumirse en cifras, y las estadísticas no bastan para demostrar la complejidad de una situación, o las dificultades objetivas encontradas en el terreno. Naturalmente, hay que procurar ser exhaustivos, buscar una respuesta para todos los casos. Sin embargo, esto no se logra en algunas semanas, ni siquiera en algunos meses, como se ha demostrado en los casos de personas desaparecidas. Entonces, ¿dónde se encuentra el límite? ¿A partir de cuántos casos de familias reunidas nuevamente, del intercambio de cuántos mensajes, o de cuántos prisioneros visitados, se puede considerar que una acción ha sido satisfactoria? Sea cual fuere el balance, es importante aprender la lección que deja una crisis y tratar de efectuar las mejoras posibles, a fin de que, en la siguiente ocasión, se responda más rápido y mejor. Sin embargo, las dificultades siempre provendrán del hecho de que una crisis nunca es idéntica a la anterior, por lo que es imposible utilizar sistemáticamente esquemas preestablecidos. Las pautas y los procedimientos puestos en marcha en los Balcanes servirán en el futuro, pero siempre deberán adaptarse y reevaluarse, a fin de responder de la mejor manera posible a las necesidades de las víctimas.
 
 

  Thierry Schreyer es delegado del CICR desde 1991. D urante la crisis de los refugiados (1999) estuvo en misión en Albania. Actualmente es responsable de las actividades de protección del CICR en los Balcanes y en Europa central.
 
 
Notas de pie de página
 

 
1. En total, más de 90.000 personas fueron trasladadas de Macedonia hacia otros países.

2. El mensaje Cruz Roja fue ampliamente utilizado durante el conflicto bosnio, ya que era prácticamente el único medio de comunicación que aún quedaba. Durante ese período, el CICR entregó más de 18 millones de mensajes, pero en ese entonces estaba presente, con las Cruces Rojas locales, en todo el territorio.

3. Entre enero y septiembre de 1999, el CICR visitó a 184.000 personas, de las cuales 21.000 recibían visita por primera vez. Estos detenidos se encontraban en cerca de 50 países, en más de 1.400 lugares de detención.




Páginas relacionadas