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La Cruz Roja de Albania ante la crisis en Kosovo

30-09-2001 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Pandora Ketri

  Resumen: La secretaria general de la Cruz Roja de Albania describe las actividades realizadas por la Sociedad Nacional a la que pertenece, durante la afluencia masiva de refugiados kosovares a Albania, en la primavera de 1999. En este artículo, Pandora Ketri muestra cómo, apenas unos pocos años después de haber recobrado su fuerza, una Sociedad Nacional debe afrontar un enorme desafío, así como inmensas dificultades. Aunque la Cruz Roja de Albania contaba con el apoyo de otras Sociedades Nacionales, de la Federación Internacional y del CICR, los miembros de esa joven Sociedad Nacional tuvieron que hacerse cargo de la mayor parte del trabajo. La experiencia que pudo adquirir mediante las actividades en favor de los refugiados kosovares ayudó a la Cruz Roja de Albania a consolidar su posición como miembro del Movimiento y como una cabal sociedad de socorro.  

     

A comienzos de marzo de 1999, los vientos que soplaban más allá de la frontera nordeste de Albania auguraban una primavera turbulenta. Y efectivamente, la primavera de ese año fue singular y muy dura para el país, así como también lo fue para la Cruz Roja de Albania (CRA). Al igual que la población local, los cientos de miles de personas que llegaban al país hablaban albanés, sin embargo, llegaban con el estatuto de refugiados. Eran los refugiados de Kosovo.
 
En Albania, el término «refugiado», cuya verdadera acepción era desconocida para gran parte de la población local, se había empleado usualmente durante el último decenio para designar, en el h abla cotidiana, a todos aquellos que a lo largo del decenio de 1990 habían partido al extranjero, especialmente a los países de Europa occidental. En realidad, se trataba de emigrantes que dejaban el país con la esperanza de encontrar una mejor calidad de vida. Así pues, decenas de miles de familias albanesas, que tenían una muy arraigada tradición de vida en común, sufrieron profundamente el desgarro provocado por la partida hacia destinos lejanos de padres, hijos, allegados. Y en los países de acogida, se reflejaba aun más claramente el sufrimiento, en los rostros afligidos de quienes habían partido de Albania. La herida causada por ese drama todavía no había sido restañada en la memoria de los albaneses, y por eso, su reacción fue muy decidida y positiva cuando se convirtieron en testigos de un drama aún más terrible: el de los kosovares. Inmediatamente comprendieron la expresión que signaba los rostros de los cientos de miles de personas que habían huido de Kosovo, entre marzo y mayo de 1999. Vieron en ellos esa mezcla de terror y dolor tan difícil de describir.
 

Hacía ya tiempo, se percibía que la situación empeoraría del otro lado de la frontera, y se preveía que el cruce de esa frontera tendría graves consecuencias en el ámbito humanitario. Los acontecimientos acaecidos en la primera mitad de 1998 –cuando 25.000 kosovares procedentes, principalmente, de las zonas fronterizas llegaron a Albania- ya habían sido una señal, que incitaba a prepararse.

  ¿Estaba preparada la Cruz Roja de Albania para afrontar la nueva situación?  
 

Habían transcurrido nueve años desde que la Cruz Roja de Albania había reanudado sus actividades. Anteriormente, de 1967 a 1989, le había sido prohibido y se le había impedido desempeñar sus funciones. En el marco de la primera Asamblea General celebrada luego de la reorganización, se declaró que la preparación para actuar en cas o de desastre sería prioritaria en materia de desarrollo. Entonces, el país atravesaba momentos de suma dificultad, a causa del cambio de régimen, y aspiraba a superar el estado de pobreza absoluta en el que se encontraba, para orientarse a una economía de mercado.
 

Al principio, era inconcebible, incluso increíble, que se pudieran lograr resultados tangibles en materia de preparación para actuar en caso de desastre, al tiempo que la Sociedad Nacional se encontraba en plena reorganización. Es cierto que contaba con el apoyo de un número importante de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, pero el tiempo seguía siendo un factor apremiante. Sin embargo, pudieron hacerse algunos progresos, y se demostró así que las cosas cambiaban. 

Se aprobó la política de la Sociedad Nacional en materia de preparación y de intervención en caso de desastre, y se inició una serie de entrenamientos. En el depósito central, se logró reunir una reserva de socorros de urgencia a corto plazo, suficiente para cubrir las necesidades de 5.000 personas, y se la fue renovando periódicamente.
 

La Sociedad Nacional logró definir sus estructuras: en cada distrito del país, se instaló un comité local de la Cruz Roja dirigido por un consejo del comité local. Este consejo estaba integrado, principalmente, por voluntarios elegidos, así como por un secretario y un administrador, también voluntarios. Solamente nueve comités, es decir un cuarto de los comités locales de todo el país, tenían uno o dos empleados a tiempo completo.
 

Gracias al número creciente de voluntarios y al apoyo de muchas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, se desarrollaron actividades humanitarias en la mayoría de las regiones. Numerosos comités locales fueron incluidos en programas nacionales de desarrollo en materia de asistencia social y de salud; la finalidad de estos programas era incorporar y formar voluntarios que, posterior mente, podrían ofrecer sus servicios a las personas vulnerables. La mayoría de los voluntarios eran jóvenes, y esa juventud se consideraba la fuerza de la Sociedad Nacional. Aun con capacidades limitadas, la CRA era la asociación local más desarrollada, que gozaba tanto de buena reputación como de una gran credibilidad en el país. Se realizaron progresos importantes en la implementación de un sistema de gestión, y el equipo de gestión financiera, en particular, alcanzó un muy buen nivel de profesionalismo.
 

Durante 1995 y 1996, la CRA se mantuvo activa en relación con las inundaciones que afectaron a varios distritos del país. Además de los socorros de urgencia entregados a los damnificados, la CRA desarrolló un proyecto trimestral de ayuda a unas mil familias en varios distritos. Este proyecto fue financiado por la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO), mediante la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
 

A lo largo de 1997, cuando tuvieron lugar disturbios en todo el país, a raíz del desmoronamiento de las sociedades financieras llamadas “piramidales”, la CRA cumplió una función importante en la acción humanitaria coordinada por el CICR, prestando ayuda a los establecimientos de salud y de asistencia social, así como a las familias más afectadas por la crisis financiera.
 

Asimismo, la CRA tuvo un papel muy activo hacia mediados de 1998, durante la primera afluencia de refugiados provenientes de Kosovo. Gracias a una excelente coordinación de sus actividades con las de la Federación y las del CICR, pudo prestar asistencia a casi dos tercios de los 25.000 refugiados que habían llegado a Albania.
 

La mayoría de los comités locales pudo disponer de oficinas, gracias al apoyo de los donantes. A partir de 1993, se implementó un proyecto de cooperación con la Cruz Roja de Noruega, que permitió instalar casas prefabricadas en los diez distritos fronterizos del noreste, las cuales funcionarían como centros de información en caso de afluencia de refugiados. Mientras tanto, se utilizaban como oficinas de trabajo o como salas de reunión para los voluntarios.
 

Se establecieron enlaces radiofónicos entre Tirana y varios distritos, como los de Kukes y Tropoje.

  Los preparativos previos a la crisis  
 

En junio de 1998, tras la primera afluencia masiva de refugiados al distrito de Tropojë y previendo una nueva afluencia, se emprendió una serie de actividades al final de 1998 y al comienzo de 1999 en los distritos de Kukes y Has, situados en la frontera con Kosovo. Estos preparativos fueron más intensos en el comité local de Kukes, cuyas capacidades ya eran relativamente buenas. Las del distrito de Has, en cambio, eran más débiles y, por lo tanto, los preparativos fueron más modestos. En el distrito de Tropojë, también limítrofe con Kosovo, las asociaciones humanitarias habían suspendido sus actividades desde hacía casi un año por razones de seguridad, mientras que la Cruz Roja de Albania seguía desarrollando su labor, gracias a la presencia del comité local. Sus actividades, sin embargo, eran muy limitadas y se centraban, sobre todo, en la búsqueda de los refugiados de 1998. También se ocupaba de prestar ayuda a las familias indigentes y de difundir mensajes sobre la protección de la salud de las mujeres encintas y de los niños.
 

Los preparativos previos a la crisis abarcaban varios aspectos:

  • dotar a los comités locales de la capacidad para seguir de cerca la evolución de la situación, basándose en toda fuente de información, y que mantuvieran a la sede al corriente de esa evolución;

  • organizar cursos de primeros auxilios para la formación de los volunt arios, así como cursos de perfeccionamiento para los que ya habían recibido formación;

  • seleccionar a jóvenes voluntarios y entrenarlos para su incorporación en los diferentes servicios de la Sociedad Nacional;

  • trasladar del depósito central a Kukes una reserva de productos alimentarios y no alimentarios, así como artículos de higiene;

  • hacer una lista de los comercios capaces de proveer productos alimentarios frescos y agua, especialmente;

  • hacer una lista de los medios de transporte y de los depósitos existentes, y estudiar la posibilidad de firmar contratos de subcontratación en caso de necesidad;

  • transferir, en forma anticipada, fondos que se podrían utilizar en caso de urgencia en los distritos de Kukes y de Has, a la cuenta del comité local de Kukes;

  • en los primeros días de la crisis, designar tres empleados de la sede para que colaboren con los comités de Kukes y de Has.

 
Paralelamente, otros comités locales organizaron cursos teóricos y prácticos de nivelación, relativos a las intervenciones en caso de desastre.
 

Cuando 460.000 refugiados –o sea el 15% de la población local- llegaron de Kosovo en menos de dos meses, la CRA, integrada por un equipo de 45 empleados y unos 2.500 voluntarios, estaba preparada para recibirlos. Además, en el depósito central, tenía 500.000 toneladas de alimentos, cerca de 15.000 mantas y una cantidad considerable de artículos de higiene y de vestimenta. Además, desde hacía un año, una pequeña delegación de la Federación y otra del CICR se encontraban en el lugar para secundar a la CRA.

  Medidas tomadas por la Cruz Roja durante el período de urgencia  
 

Los principales puntos de paso de la frontera por los que los refugiados entraban a Albania eran el distrito de Kukes (cerca de 100.00 0 habitantes y unas 20.000 familias) y el distrito de Has (25.000 habitantes y cerca de 5.000 familias). Más tarde, un pequeño número de refugiados llegó también al distrito de Shkoder por Montenegro, y otro, al de Korce por Macedonia. En estos casos, los comités locales de la Cruz Roja de esos distritos tuvieron el honor de representar a la Cruz Roja, pues ellos asumieron la difícil tarea de manejar la situación desde el primer momento. Los voluntarios de los comités locales de Kukes y de Has, particularmente, todavía recuerdan las difíciles pruebas que debieron pasar en esos días.
 

Los recién llegados eran mujeres, ancianos y, sobre todo, niños. Estaban agotados y abrumados por el dolor de haber dejado todo tras ellos. Muchos se habían quedado sin nada, pues habían visto cómo sus casas y todos sus bienes eran devorados por las llamas. Habían viajado días y noches, a pie, en tractores, en carros o en automóviles, con sólo un poco de agua y de pan para los niños y los ancianos, y a veces, con alguna ropa: era el único bien que poseían en ese momento. Muchos viajaban sin documentos de identidad, pues les habían sido confiscados, junto con el dinero y las alhajas que habían querido llevar con ellos. No sólo habían sufrido daños materiales, sino que también se sentían ultrajados y heridos en lo más profundo de su persona.
 

La CRA nunca antes había conocido un drama semejante, en el que tenía que intervenir para tratar de aliviar el sufrimiento de esas personas. El cariz de la situación superaba las previsiones más pesimistas. Para ayudar a los dos comités locales, tres empleados de la sede y dos delegados del CICR acudieron, en primer lugar, a los distritos de acogida. Más tarde, llegaron otros delegados de la Federación y del CICR como refuerzo. La solicitud y la abnegación de los voluntarios de la Cruz Roja, así como la hospitalidad de las familias albanesas, son indescriptibles.
 

Con el apoyo de los empleados de la Cruz Roja, los voluntarios hicieron cuanto pudieron para ayudar a esas personas: las reconfortaron y distribuyeron agua y otras bebidas entre los niños y los ancianos deshidratados por el largo viaje. Asimismo, acompañaron a los enfermos, los alojaron en casas de familia o en locales improvisados, les entregaron víveres y mantas, y les dieron los primeros auxilios cuando fue necesario. Trabajaron día y noche, pues, a menudo, debían estar disponibles dieciocho horas diarias seguidas. No bien llegaban a sus hogares para descansar, se los solía llamar de nuevo, pues habían arribado miles de otras personas que necesitaban ayuda. En esos días, no era raro ver a los voluntarios distribuir mantas a las dos o a las cuatro de la madrugada, entre las personas que habían llegado durante la noche.
 

En las dos primeras semanas, los socorristas de la Cruz Roja fueron la fuerza principal de los voluntarios que trabajaban en Kukes. Participaron activamente en la distribución de los víveres que habían suministrado las autoridades, el ACNUR   y el PMA, y también en otras actividades, como la instalación de las carpas en los campamentos. La colaboración de muchos refugiados, principalmente de los jóvenes, fue de gran utilidad. Se unieron a los grupos de voluntarios de la CRA en todas sus actividades. Más tarde, se pudo ver la misma voluntad de participación en los demás distritos.
 

Cuando la actividad humanitaria apenas había comenzado, tropezamos con las primeras dificultades. Sólo una parte de los víveres que habíamos almacenado en Kukes (conservas), se podía consumir sin procesamiento. Los productos alimentarios preparados para consumir no estaban disponibles. El mercado local tenía capacidades muy limitadas y no podía satisfacer las necesidades de los refugiados, además de las de la población local. Los distritos de Kukes y de Has, alejados y pobres, no podían afrontar la crisis, que los afectaba más que a nadie. Indepen dientemente de los esfuerzos realizados, sólo una pequeña parte de los víveres necesarios estaba disponible en el lugar: pan, queso y conservas. Sin embargo, estos productos también llegaban lentamente al mercado local, el cual solía abastecerse con productos procedentes de otros distritos del país y especialmente de Tirana. Así pues, no podíamos satisfacer las necesidades de los refugiados, aunque todas las panaderías y algunas unidades móviles de panificación del servicio de protección civil y del ejército se habían puesto a plena disposición. Todos los días, convoyes de camiones cargados de víveres partían de numerosos distritos del país y llegaban a Kukes. Incluso nuestro equipo que trabajaba en Kukes tuvo dificultades, al cabo de unos días, para procurarse los víveres que se les había enviado desde Tirana para su propio consumo, pues había tenido que distribuirlos entre niños hambrientos. Nuestros voluntarios guardarán impresos en la memoria los innumerables ejemplos de solidaridad y de respeto de la dignidad humana que pudieron ver entre los refugiados, que sólo tomaban una parte de su ración diaria familiar para dejar el resto a los recién llegados, más cansados y hambrientos.
 

Muy rápidamente, las casas prefabricadas de la Cruz Roja, cercanas al centro de Kukes y de Has y únicos locales que la Cruz Roja tenía al principio de las actividades, comenzaron a ofrecer todo tipo de “servicios”. Atendían a quienes no habían recibido alimentos en el punto de distribución que les correspondía; oficiaban de centro de información no sólo para los refugiados, sino también para muchos organismos y asociaciones humanitarias que llegaban unas después de otras, y muchas de las cuales tenían el primer contacto con Albania en el distrito de Kukes. La misma casita de 25 m² se transformaba por la noche en un “hotel” donde entre diez y quince personas pasaban la noche bajo una manta: socorristas de la Cruz Roja que se ocupaban de recibir a los refugiados, empleados de la sede, delegados de otra s Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, incluso, empleados de otros organismos humanitarios que no habían hallado un lugar mejor para dormir.
 

La cantidad de personas que llegaban a los dos distritos aumentó rápidamente y, en unos pocos días, cuando la crisis tocó su punto máximo, llegó a ser de tres a cuatro veces superior a la de los residentes locales en las dos ciudades. Si se contaban también los refugiados instalados en los poblados, la población de los dos distritos se había duplicado. Había refugiados por todos lados: en casas de parientes o de allegados residentes en Albania, en casas de familias hasta ese momento desconocidas, pero que habían abierto sus puertas, en centros colectivos improvisados, en fábricas abandonadas, en edificios públicos, en escuelas, en los aleros de los edificios, y en las calles, a la intemperie, bajo carros volcados, en automóviles o en carpas plásticas instaladas improvisadamente sobre plataformas de camiones.
 

Los recién llegados necesitaban, ante todo, alimentos, alojamiento, condiciones sanitarias mínimas y, en muchos casos, asistencia médica. Aunque se encontraron soluciones para el problema de los víveres, el alojamiento y la asistencia médica, la higiene continuó siendo uno de los grandes problemas no resueltos hasta el final del período de urgencia, particularmente en Kukes.
 

Muy rápidamente, se comenzó a organizar el traslado de los refugiados a otros distritos que, mientras tanto, se habían preparado para recibirlos. En el transcurso de este período, la CRA realizó el mismo tipo de actividades, por así decirlo, en todos los distritos, principalmente en los centros de recepción y en los centros colectivos recientemente creados. En general, las circunstancias en esos centros eran más favorables, pues el número de refugiados que llegaban a esos distritos era mucho más bajo. Los comités locales habían tenido más tiempo para los últimos preparativos, la formación de los socorris tas y la incorporación de nuevos voluntarios.
 

La situación se volvió más difícil en los comités de Tirana y de Durres, en la región central de Albania, donde el número de refugiados había aumentado considerablemente en poco tiempo, tras el traslado desde Kukes. Efectivamente, otros organismos que tenían recursos financieros, víveres y otros productos, pero no una red operacional, solicitaron a la Cruz Roja que se ocupara de ellos. Así pues, en Tirana, unos 2.000 refugiados fueron trasladados en dos días de un centro de deportes que funcionaba como centro de recepción a un campamento de carpas instalado por el servicio de protección civil. Tras la distribución de una primera comida, no había una estructura capaz de distribuir los alimentos entre los refugiados del campamento. Gracias al apoyo sumamente importante de la población, el comité local de Tirana y sus voluntarios lograron proveer los víveres y los artículos de higiene necesarios, y organizaron la distribución de tres comidas por día durante una semana. Continuó ofreciendo sus servicios y poniendo voluntarios a disposición, incluso después de que otro organismo se hizo cargo de la administración del campamento. Por tres semanas consecutivas, el comité local de Tirana organizó un servicio de asistencia las veinticuatro horas del día en el centro de recepción, donde más de 2.000 personas pasaban la noche. Nunca olvidaré una de las primeras noches en que un grupo de refugiados llegó a Tirana: cerca de las 11.00 h, el jefe de delegación de la Federación, que asistía a una reunión en las oficinas del ACNUR sobre los problemas de abastecimiento de agua, me preguntó si sería posible organizar durante la noche una entrega de socorros para el comitÚ de Tirana, pues esa noche habían llegado 800 personas de Kukes y se las había instalado en el centro colectivo de Mullet, a 15 kilómetros de Tirana; no habían recibido ningún alimento en todo el día. Dos panaderías y varios comercios trabajaron toda la noche para preparar y embalar raci ones de víveres que pudieron distribuirse a las 7.30 h de la mañana.
 

Al mismo tiempo, la sede de la Cruz Roja de Albania puso a disposición de los comités locales fondos provenientes de sus propias reservas, así como fondos en efectivo ofrecidos por representantes de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, que habían acudido inmediatamente a Albania. Esos fondos se utilizaron para comprar productos de primera necesidad en el mercado local durante los primeros días. Ello se hizo en coordinación con otros organismos, mientras se esperaba que se pusiera en práctica la coordinación de la ayuda a nivel de los distritos y del país. Dada la envergadura de las necesidades, la ayuda que la Cruz Roja y otros organismos pudieron proporcionar fue absolutamente insuficiente, pero, afortunadamente, la generosidad de las familias albanesas compensó esa falta. Asimismo, compañías albanesas y extranjeras ofrecieron víveres, artículos de aseo y fondos. Muchas de ellas prefirieron hacerlo mediante la Cruz Roja, y esa decisión se tradujo en una gran motivación para los voluntarios, que trabajaban sin descanso. Gracias a este impulso de solidaridad, fue posible afrontar la situación sin grandes problemas en el ámbito humanitario.
 

Tras una repartición sumaria de las tareas con los otros organismos humanitarios, en el transcurso de la primera semana de abril, la acción de la Cruz Roja comenzó a organizarse, sobre todo tras el establecimiento de la delegación común Federación / CICR. Concentró sus actividades en las cinco prefecturas más grandes, que abarcaban los quince distritos donde se encontraba la mayor parte de los refugiados. En esa época, la asistencia, que apenas comenzaba, se prestaba en todos los lugares donde era necesaria y, en particular, en los centros colectivos que se creaban a diario.
 

La urgencia de los primeros días generó numerosos problemas –previstos e imprevistos- relativos a las capacidades logísticas, a los recur sos humanos y a la organización de la asistencia. También surgieron dificultades de comunicación. Efectivamente, las líneas telefónicas de la sede (en esa época, tres en total) estuvieron constantemente ocupadas desde los primeros días, pues los allegados de los refugiados que vivían en diferentes lugares del mundo llamaban a la Cruz Roja con la esperanza de obtener alguna información sobre la suerte de los suyos, y se bloqueaban así otras comunicaciones. Este problema pudo resolverse en parte, cuando se duplicó la cantidad de líneas –pero sobre todo, porque no se difundieron los nuevos números de teléfonos. La misma situación se presentó en el comité local de Kukes, que sólo tenía una línea telefónica y con el cual sólo podíamos comunicarnos por la noche. En muchos otros distritos, el servicio telefónico no era directo, sino que pasaba por un conmutador, lo cual entorpecía aún más la comunicación. Los teléfonos celulares habían hecho su aparición en Albania dos años antes, pero el territorio cubierto todavía era muy limitado. El uso de los teléfonos satelitales, en cambio, facilitó la labor de los delegados.
 

A pesar de todos los preparativos, los comienzos de la organización de la asistencia y de los servicios destinados a los primeros refugiados fueron difíciles. Efectivamente, no había un plan de acción detallado que coordinara a todos los agentes humanitarios. Además, la situación era muy diferente de nuestras experiencias anteriores. 

  Medidas tomadas por la Cruz Roja de Albania para la asistencia a largo plazo  
 

Ante la envergadura de la crisis desencadenada por la afluencia de refugiados, la CRA fue, desde los primeros días, un agente importante de la amplia operación realizada por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja –la primera de ese tipo desde la aprobación del Acuerdo de Sevilla. La visita de quienes entonces eran lo s presidentes de las dos instituciones centrales del Movimiento, es decir Cornelio Sommaruga, del CICR, y Astrid Heiberg, de la Federación, no sólo fue entendida como una señal de apoyo a nuestra labor como colaboradores de la Cruz Roja, sino también como una garantía de la función muy importante que todo el Movimiento iba a desempeñar durante la crisis.
 

En muy poco tiempo, se formó la delegación integrada del Movimiento, y la respuesta al llamamiento hecho en favor de las víctimas de la crisis de los Balcanes fue muy positiva.
 

La imagen que la Cruz Roja tenía en Albania, la ausencia de una red organizada de ONG y de otros organismos humanitarios operacionales sobre el terreno, así como las necesidades crecientes, hicieron que las expectativas respecto de la Cruz Roja fueran altas y que la CRA se viese ante un desafío que afrontar. La situación exigía que ésta asumiera una función más importante que la prevista. Al contrario de lo que había ocurrido en otras crisis en el mundo, solamente un tercio de los refugiados se instaló en los campamentos construidos para ellos. Los demás preferían quedarse en casa de las familias que los habían acogido al llegar. Este contingente sería atendido por la Cruz Roja, pues así lo había pedido también el grupo de gestión de la urgencia.
 

La experiencia había demostrado, por una parte, que un comité local podía prestar asistencia hasta 400 o 500 personas por día, a través de un punto de distribución de socorros alimentarios, y, por otra, que los comités más desarrollados no habían logrado administrar más de tres puntos de distribución simultáneamente. La situación de Kosovo exigía un ritmo de trabajo diferente, que no se podía seguir con los recursos humanos disponibles en ese momento. Gracias al apoyo que les prestaron las comunidades respectivas, los comités locales asumieron con optimismo nuevas responsabilidades, que trascendían las que antes habían ejercido. Desde nuestro punto de vista, la CRA podía organizar una asistencia en productos alimentarios y no alimentarios para 150.000 a 200.000 personas por mes. Sobre esta base, se decidió que la Cruz Roja asistiría a los refugiados alojados en casas de familia, así como a las familias mismas, y se firmó un acuerdo entre la Cruz Roja, al ACNUR y el PMA.

Más tarde, sin embargo, surgieron algunas dificultades, dado que el número de refugiados no se había indicado con precisión en el acuerdo y que resultó casi el doble del que inicialmente se había previsto. La situación se hizo particularmente delicada hacia fines de abril y principios de mayo, cuando se comprobó que los socorros no satisfacían las necesidades de los refugiados ni correspondían a los términos del acuerdo, y que nuestras estructuras eran cualitativamente inadecuadas para realizar la operación de asistencia, en particular en los distritos más afectados, como Kukes, Tirana y Durres. Los problemas se resolvieron en parte, mediante la distribución de víveres para una semana, en primer lugar, luego para dos semanas y, por último, para un mes.

  Organización de la asistencia a largo plazo  
 

Los refugiados fueron repartidos en los treinta y seis distritos del país, pero la distribución no se hizo equitativamente. La mayoría fue ubicada en los distritos cercanos a la frontera y en la región central del país, donde las condiciones eran mejores. La CRA tuvo que organizarse para dar abasto ante el gran volumen de trabajo. El organigrama de la sede se adaptó a las necesidades de las poblaciones refugiadas y al organigrama de la delegación integrada del Movimiento. Se crearon seis centros regionales para colaborar con los comités locales y apoyarlos en la organización de su labor. Para cada centro había un coordinador de las operaciones en la región correspondiente, que tenía el apoyo de varios servicios, como los de logística, administración y agencia d e búsquedas. Cada centro organizaba la asistencia de los refugiados en su propio territorio. Como la distribución de los refugiados era diferente en cada distrito, los centros regionales cubrían territorios que abarcaban entre dos y doce comités locales. Como coordinadores de los centros, se designó a los secretarios de los comités de los distritos donde se habían establecido los centros regionales, pues tenían cierta experiencia en la organización de las actividades de asistencia. En uno de los centros situados en el norte, en el punto de entrada de los refugiados a Albania, especialmente en Kukes, se abrió una subdelegación de la Federación para los distritos de Kukes y de Has. Además, había por lo menos un delegado por centro, a fin de ayudar a organizar el conjunto de las actividades.
 

El equipo de la sede de la CRA contribuyó en la instalación de los centros y trabajó con los delegados para preparar el conjunto de las actividades. Mientras seguían su propio entrenamiento, el equipo y los nuevos colaboradores que se integraron a los centros ayudaban al comité local del distrito correspondiente a aprovechar la experiencia adquirida previamente y a adaptarla a la situación del momento.
 

Si bien se presentaron dificultades en las etapas de creación y de puesta en funcionamiento de los centros regionales, con el paso de los días y de las semanas, se pudo comprobar la eficacia y los valores de su organización. Los colaboradores albaneses, que conocían bien el terreno, trabajaron conjuntamente con los delegados, que tenían la experiencia de situaciones similares. En un sólo día, los comités pudieron proporcionar socorros a entre 4.000 y 5.000 personas por punto de distribución, o sea una cantidad diez veces superior a la anterior. En general, la colaboración entre los delegados del CICR, los de la Federación y el equipo albanés fue cordial y fructuosa. Sin embargo, en algunos casos, la falta de armonía entre el trabajo desempeñado por el coordinador alb anés y el del delegado nos llevó a modificar el plan inicial para lograr los resultados esperados. Más tarde se realizaron algunos estudios, que demostraron que esta forma de colaboración era adecuada en esas circunstancias particulares y que daba resultados positivos.
 

En cuanto a la organización del trabajo, tropezamos con bastantes dificultades que se debieron, unas veces, a la propia Cruz Roja, y otras, a causas ajenas a ésta. La mayoría de estas dificultades pudieron resolverse en el transcurso de la operación; las más complicadas surgieron al principio, a causa de la falta de experiencia y de recursos humanos y materiales.
 

La nueva estructura estaba integrada por trescientas personas distribuidas de la siguiente manera: el equipo de la sede, el equipo local que asistía a la delegación de la Federación, y el equipo encargado de los centros regionales. Si bien esta estructura era seis veces más grande que la habitual, no tenía la experiencia propia de la Cruz Roja y, al principio, no fue tan eficaz como se esperaba, por lo que, con frecuencia, surgieron algunos problemas. La formación de los miembros de una estructura de esas características requería tiempo, pero el tiempo era justamente el bien más preciado y más difícil de hallar en ese momento. Durante dos a tres semanas, el equipo y los voluntarios tuvieron que trabajar hasta dieciocho horas por día y, en algunos casos, no se pudieron evitar las tensiones y las dificultades que provocaba la necesidad de satisfacer los pedidos y las necesidades de los recién llegados.
 

Habíamos considerado que era una ventaja el hecho de contar con 2.500 voluntarios antes de la crisis. Pero cuando ésta ocurrió, comprobamos que gran parte de ellos sólo podía comprometerse en forma parcial. Efectivamente, algunos trabajaban también en otros establecimientos de ayuda a los refugiados y ya estaban haciendo horas suplementarias, mientras que otros eran estudiantes y estaban preparando sus exámenes de fin de año. La organización de la asistencia a los refugiados que habían sido alojados en el campo fue particularmente difícil, ya que nuestra Sociedad Nacional no tenía experiencia de trabajo en el medio rural, ni había podido establecer allí sus propias estructuras ni una red de voluntarios. Por lo tanto, hubo que incorporar nuevos voluntarios, especialmente en las ciudades. Tenían una fuerte disposición para integrarse a los equipos, pero conocían poco la Cruz Roja, sus principios y su funcionamiento, por lo que tuvieron que trabajar junto a voluntarios más experimentados.
 

Una de las dificultades con que tropezamos fue que, a menudo, teníamos que trabajar con listas de beneficiarios inexactas -esas listas habían sido elaboradas por otros organismos -, y ello podía poner en tela de juicio la credibilidad de la Cruz Roja ante la opinión pública y los donantes. Sin dejar de transmitir nuestra preocupación por esa cuestión a los grupos de gestión de la crisis en los distritos, tuvimos que proceder a verificar los datos de los refugiados cuando se realizaban las tarjetas familiares de distribución y la distribución misma, a fin de reducir los efectos negativos que provocaba la inexactitud de las listas.
 

La preparación de los comités locales a nivel logístico, en particular la administración de los depósitos y la redacción de los informes de los comités y de los centros regionales, era más débil que en otros aspectos. Sin embargo, se pudo mejorar gracias a la ayuda que los delegados prestaron a los empleados de la CRA.
 

Habida cuenta del excelente nivel profesional de los empleados de finanzas de la sede de la CRA y de la correspondencia entre nuestro sistema y el de la Federación, no tropezamos con ninguna dificultad técnica. En cambio, se necesitó cierto tiempo para que los empleados de finanzas de los distritos se formaran y alcanzaran el mismo nivel de competencia que los de la sede. El sistema banca rio, sin embargo, nos planteó algunos problemas, ya que las transferencias de fondos a los centros regionales llevaban entre diez y catorce días, y así el trabajo se complicaba, sobre todo al principio. A menudo, los empleados de la sede tuvieron que transportar en automóvil importantes sumas de dinero a las regiones, corriendo los riesgos que implicaba la inseguridad reinante en el país. En algunos casos, los empleados o los voluntarios de la Cruz Roja asumieron por su cuenta los pagos urgentes que debían realizarse al contado, pero, a veces, los prestatarios de servicios aceptaban que se les pagara varios días después.

  La coordinación  
 

Si muchas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja reaccionaron rápidamente en el momento de la crisis, la coordinación de la acción humanitaria del Movimiento resultó difícil e insuficiente. Incluso dentro del Movimiento, fue difícil coordinar las actividades a lo largo de toda la crisis. Según se estipula en el Acuerdo de Sevilla, la carga de la coordinación incumbía, sobre todo, al organismo director que, en Albania, era la Federación.
 

En una carta remitida al comienzo de la crisis por la Secretaría de la Federación a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, el presidente de la CRA pidió que todos los socorros se enviaran a Albania por Ginebra. Aunque esta cuestión no sea objeto del presente artículo, me gustaría señalar algunos problemas que se plantearon a nuestra Sociedad sobre este particular y que tuvimos que resolver.
 

Desde los primeros días de la crisis, representantes de decenas de Sociedades Nacionales llegaron a Albania para evaluar la situación y ofrecer su ayuda, la cual –en algunos casos- fue rápida y eficiente. Ello representaba una carga enorme para la CRA, que tenía dificultades para organizar el acompañamiento de los represent antes de esas Sociedades Nacionales sobre el terreno, especialmente cuando la delegación de la Federación todavía no estaba completa. Las dificultades eran de índole logística y se debían a la falta de personal que pudiera acompañar a nuestros colegas de las otras Sociedades Nacionales a los diferentes distritos.
 

Una dificultad particular se presentó cuando llegaron al puerto de Durres o a otro puesto de la frontera cargas de socorros, a menudo enviadas directamente por otras Sociedades Nacionales, sin que nosotros estuviéramos avisados. Las formalidades para retirar esas cargas de la aduana no se habían realizado en forma previa de conformidad con la legislación local, sobre todo al principio de la crisis. Otro problema era que, en muchos casos, la ayuda enviada no correspondía a nuestras necesidades en la crisis. Sin embargo, al cabo de unas semanas, la coordinación mejoró y se hizo más eficiente. Algunos proyectos delegados a otras Sociedades Nacionales de la Cruz Roja dieron buenos resultados.

  Otras actividades de la Cruz Roja  
 

Además de las actividades descritas más arriba y en función de las capacidades de los comités locales, se pudo realizar una serie de otras actividades en favor de los refugiados. Por lo demás, muchas actividades en favor de los grupos vulnerables de la población local continuaron en 1999, como se había previsto. Consecuentemente, unos 100 voluntarios fueron contratados para asistir a los delegados del CICR en las actividades de la agencia de búsquedas de la Institución en Kukes y en otros distritos, donde se ocupaban de recoger los mensajes de los refugiados alojados en los campamentos o de las familias de acogida. Esos mensajes se difundían luego en las radios locales o extranjeras.
 

En la región septentrional del país, donde se habían sembrado minas durante los combates, los voluntarios comenzaron a sensibilizar acerca del peligro de las minas a las personas que llegaban de Kosovo, así como a las familias que aún estaban en las zonas fronterizas.
 

El comité local de Tirana creó un centro de información que funcionaba en forma permanente y donde los refugiados, sobre todo los que acababan de llegar, buscaban diferentes informaciones sobre los servicios prestados por la Cruz Roja y podían obtener asesoramiento sobre problemas corrientes.
 

La mayoría de los comités locales comenzaron a realizar tareas de índole sanitaria. Paralelamente a la instalación de dos hospitales de campaña en Kukes y en Shkoder, y de varias unidades sanitarias de diferentes asociaciones, a fin de prevenir ciertas enfermedades participaron en actividades organizadas por la CRA: charlas con grupos de refugiados, colocación de carteles y distribución de folletos publicados especialmente durante la crisis. Algunos comités locales organizaron cursos de primeros auxilios para los refugiados interesados en la cuestión, visitas por parte de los refugiados a las familias locales y viceversa, encuentros entre niños locales y niños refugiados. Los voluntarios distribuyeron materiales escolares o de recreación que otras asociaciones habían proporcionado. Estas actividades, así como otras del estilo, se hicieron más frecuentes, tras la partida rápida de la mayoría de los refugiados al final de junio y a lo largo de julio de 1999. Se organizaron actividades suplementarias: cursos de informática o de idiomas para jóvenes y adultos, cursos de costura, campamentos de vacaciones en la playa para niños, excursiones, etc.
 

Algunos comités locales apoyaron a las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la construcción de los campamentos y los ayudaron a contratar el personal local. Grupos de voluntarios realizaron actividades diversas y contribuyeron a la implementación de programas psicosociales.
 

Las activid ades destinadas a los grupos vulnerables de la población local, como el programa “una comida gratis para los más necesitados” en tres comités locales y los cursos de costura en otros tres comités, continuaron incluso en los momentos más duros de la crisis. En el transcurso del segundo semestre de 1999, mientras el número de refugiados disminuía mes a mes, la mayoría de los comités reanudaron todas las actividades previstas, al tiempo que implementaban los programas desarrollados tras los acontecimientos acaecidos en Kosovo, con el apoyo de diversas asociaciones, como el programa de asistencia a la población afectada por la crisis y un programa alimentario realizado en ocho distritos en favor de los ancianos que vivían solos y cuyo nivel de vida había disminuido considerablemente a causa de la crisis.

  Conclusión  
 

La crisis de Kosovo no tuvo precedentes por lo que respecta tanto a su envergadura como a la manera en que se desarrolló. Al término de la crisis, la CRA procedió a examinar su acción, identificó sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y determinó las orientaciones de su trabajo futuro, a fin de aumentar sus capacidades y su rendimiento. La experiencia adquirida fue de mucha utilidad, y la CRA la tuvo en cuenta al presentar su Estrategia para el período 2000-2004, que actualmente está poniendo en práctica con el apoyo de numerosas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de otros países.
 

La estima y el reconocimiento respecto de la acción desarrollada por la Cruz Roja que manifestaron los refugiados mismos, las altas autoridades internacionales, los representantes de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y el pueblo albanés, así como las dos prestigiosas condecoraciones que el presidente albanés entregó a la Federación y a la Cruz Roja de Albania, son para nuestra Sociedad Nacional el mejor aliciente y la mejor fuente de inspir ación para proseguir su desarrollo.

  Pandora Ketri es la secretaria general de la Cruz Roja de Albania




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