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El conflicto entre China y Japón

25-11-2002

   
Guerra entre China y Japón 1937-1938. Shanghai. Bombardeo de la estación del Sur.
ref. hist-03332-06

     

     

       

Guerra entre China y Japón 1937-1938. Shangai. Camión de la Cruz Roja transporta siniestrados.

ref. hist-03505-25

 

El 7 de julio de 1937, las tropas chinas y soldados japoneses, presentes desde 1932 en Manchuria, se enfrentan cerca del puente Marco Polo, en las afueras de Pekín. Ese enfrentamiento preludia una guerra, en la que el ejército japonés llegará a ocupar vastos territorios en China, aunque sin lograr nunca quebrar la resistencia de los ejércitos nacionalista y comunista chinos, a pesar de los bombardeos repetidos e indiscriminados a los que se libró, masivamente, su fuerza aérea.

  La acción del CICR  

Desde agosto de 1937, el CICR ofrece sus servicios y los de las Sociedades Nacionales hermanas a la Cruz Roja respectiva de ambos beligerantes. La Sociedad Nacional Japonesa rechaza esa oferta. Entonces, el Comité Internacional decide enviar un delegado, Charles de Watteville, a Shangai. En noviembre de 1937, éste será reemplazado por el Dr. Louis Calame, médico suizo residente en China.

     

  Visitas a los hospitales y a los centros de ayuda  
 
Durante el conflicto, los delegados visitan, con regularidad, los hospitales civiles y militares, ubicados tanto en las principales ciudades como en las cercanías de las líneas de frente, los centros de ayuda para los refugiados, y los centros de distribución organizados por la Cruz Roja China y por organizaciones de asistencia.
 
En el verano de 1938, el Dr. Calame deberá dirig irse a las provincias del norte de China, en razón de gigantescas inundaciones provocadas por el río Amarillo, a fin de informarse al respecto y de verificar los destrozos. Con excepción de ese periplo de cerca de 10.000 km y de la visita a la isla de Amoy (véase más abajo), el CICR nunca estará presente en los territorios ocupados por el ejército japonés.

     

  Acción en favor de las personas detenidas y de la población civil  
 
En lo que respecta a la protección de los cautivos, las gestiones realizadas por el CICR ante los beligerantes, uno de los cuales –Japón- no había ratificado el Convenio de 1929 sobre el trato debido a los prisioneros de guerra, darán escasos resultados. Se autoriza a los delegados a visitar sólo un centenar de prisioneros chinos, militares y civiles, detenidos en la isla de Amoy; otros 32 prisioneros chinos, distribuidos en dos campos japoneses y 21 cautivos japoneses. Del mismo modo, el llamamiento que el CICR emite en marzo de 1939 a fin de instar a los beligerantes a que eviten los bombardeos aéreos contra poblaciones civiles de localidades cercanas a la línea de frente, así como contra las localidades que no constituían objetivos estrictamente militares, no surtirá efecto en ninguno de los gobiernos a los que estaba destinado.