• Enviar
  • Imprimir

Los principios bajo fuego: ¿sigue teniendo sentido ser neutral?

31-12-2003 Artículo, Humanitarian Exchange, por Marion Harroff-Tavel

En este artículo, Marion Harroff-Tavel, directora adjunta del Departamento de Derecho Internacional y Cooperación en el Movimiento del CICR, pasa revista a cinco argumentos que con frecuencia se esgrimen en contra del principio de neutralidad. El texto fue publicado originalmente en la edición de 2003 de Humanitarian Exchange (Reino Unido).

La neutralidad, un principio del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja que por lo general no se comprende correctamente, vuelve a estar en la línea de fuego.

Sin embargo, quienes trabajamos para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) creemos firmemente que la neutralidad proporciona una base sólida para que la Institución pueda realizar su acción.

En este artículo, se examinan cinco argumentos que con frecuencia se sostienen en contra de la neutralidad y se plantean algunas otras cuestiones, en un momento en que las posiciones, en el plano mundial, se están volviendo cada vez más enfrentadas y, por ende, dejan poco espacio a la neutralidad.

  El CICR y la neutralidad  

En primer lugar, algunas palabras sobre la neutralidad, tal como la entendemos en nuestro trabajo cotidiano. Para el CICR, la neutralidad no supone distancia, sino compasión respecto de las víctimas de la guerra; compasión en su sentido etimológico de " sufrimiento con " , de estar al lado de ellas. La neutralidad tampoco supone frialdad o falta de sentimientos.

Precisamente porque los sentimientos que tenemos hacia el sufrimiento de los que pretendemos asistir no son " neutrales " , debemos respetar el principio de neutralidad en los planos político, religioso e ideológico, pues es lo que nos permite tener acceso a ellos. Porque nos negamos a aceptar un mundo escindido por conflictos de intereses, ideologías y civilizaciones, luchamos para convencer a todas las partes de que nuestra acción es imparcial y no puede , bajo ningún punto de vista, interpretarse de otra manera.

Ése es nuestro modo de tender puentes en un mundo sumamente polarizado. Las personas no nacen neutrales, deciden serlo. Y no luchan contra la propia naturaleza sin una buena razón para hacerlo. Negarse a perder todas las esperanzas en la humanidad puede denotar una falta de realismo, pero negarse a tomar partido no significa una falta de coraje.

  Cinco ideas falsas sobre la neutralidad  

  La neutralidad es ingenua  

Hay quienes sostienen que es ingenuo creer que la acción humanitaria pueda ser neutral, pues esa acción es necesariamente política, dado que tiene un efecto político.

Desde ese punto de vista, la acción humanitaria apolítica ya no es posible. La máxima según la cual la acción humanitaria y la acción política deben mantenerse separadas sin duda no ha logrado dar cuenta de la cabal complejidad de las cuestiones subyacentes, pero ha puesto en evidencia el hecho de que los organismos humanitarios no tienen programas políticos propios y de que su labor es desinteresada.

A pesar de que, por ejemplo, la visita a un miembro conocido de un grupo de oposición que se encuentra detenido puede tener repercusiones políticas, la finalidad que la Institución persigue al efectuarla es de índole absolutamente humanitaria. En ese caso, la neutralidad significa que el CICR no formula comentario alguno sobre los fundamentos en que se basa la detención ni sobre cuestiones ideológicas.

  La neutralidad es una cortina de humo  

El segundo argumento esgrimido contra la neutralidad deriva de la creencia de que los organismos humanitarios, aunque reivin diquen ser neutrales, no sólo tienen inclinaciones políticas, sino que también pertenecen a una " oposición " vagamente definida que utiliza la defensa de los derechos humanos como una cortina de humo para ocultar el propio programa político, sea éste derrocar un régimen o ejercer presión sobre una potencia ocupante.

El error, en este caso, consiste en considerar en bloque a una multitud de organizaciones que se consideran a sí mismas humanitarias, pero que en realidad tienen identidades, cometidos y principios de acción diferentes. Algunas están asociadas a movimientos políticos, mientras que otras, como el CICR, son independientes.

Entre las que tienen inclinaciones políticas, algunas se oponen a los gobiernos respectivos, mientras que otras son instrumentos de éstos.

Si bien los delegados del CICR tienen opiniones políticas personales, que sin duda abarcan un amplio espectro, en su calidad de representantes de una organización neutral, no pueden expresarlas. Por ello, es importante analizar todos los aspectos del problema y evitar las generalizaciones rápidas.

Ese argumento plantea la cuestión de si el término " humanitario " debería aplicarse solamente a organizaciones que reúnen un conjunto específico de criterios. Considerando que esto es precisamente lo que se necesita para preservar la integridad de la acción humanitaria, algunas organizaciones se han dotado de un código de conducta.

Algunos criterios son considerados especialmente importantes; por ejemplo, la asistencia debe responder a las necesidades existentes y prestarse sin discriminación; la organización puede abrazar ciertas opiniones políticas o religiosas, pero la ayuda que presta no puede ser utilizada para promover esas opiniones; y las organizaciones humanitarias no pueden servir como instrumentos de la política exterior de los gobiernos.

Al ad optar un código de conducta, esas organizaciones explicitaron y dejaron fuera de toda duda su posición relativa a esas cuestiones. Es mucho más constructivo reconocer las diferencias existentes que emplear indistintamente el calificativo de " humanitarias " para hacer referencia a una amplia gama de actividades que realizan organizaciones diversas.

  La neutralidad es pasividad  

El tercer argumento que suele esgrimirse es que ser neutral es lo mismo que no tomar posición ante un comportamiento que merece ser condenado o, aún peor, que equivale a una vergonzosa capitulación de principio.

Desde ese punto de vista, la neutralidad es considerada como un cobarde, si no cómplice, silencio ante actos de agresión o violaciones del derecho humanitario. Dado el resurgimiento de la noción de guerra total, es sumamente urgente responder a esa crítica.

La neutralidad no debería confundirse con la confidencialidad. La neutralidad del CICR persigue un propósito muy específico: permitir que la Institución se gane la confianza de todas las partes en un conflicto, más allá de sus orientaciones, para poder prestar asistencia a todas las víctimas. La neutralidad es, simplemente, un medio que permite alcanzar ese fin. Si no fuera neutral, el CICR no podría evacuar a los heridos o repatriar a los prisioneros atravesando las líneas de frente. Si transportara soldados armados en sus ambulancias, éstas serían inmediatamente atacadas.

La confidencialidad, por su parte, es un método de trabajo, un medio de persuasión que es la modalidad preferida por el CICR. La Institución concierta acuerdos basados en la confianza con las partes en un conflicto, por los que se compromete a comunicarles confidencialmente toda violación que compruebe en lugares bajo la autoridad de las partes, particularmente las cárceles, y éstas, a su v ez, se comprometen a poner fin a esas violaciones.

Esto no significa silencio, cobardía o complicidad. Es más difícil decir a un ministro de seguridad que las cárceles de su país son insalubres, que están sobrepobladas y dirigidas por personal que tortura a los detenidos, que publicar en la prensa un artículo donde se denuncien esos hechos.

De todos modos, la confidencialidad tiene límites. En casos donde los delegados del CICR observan violaciones graves y repetidas del derecho humanitario, sus gestiones confidenciales no logran resultados y el CICR estima que hacerlas públicas beneficiaría a las personas que se propone asistir y proteger, la Institución informa a los Estados Partes en los Convenios de Ginebra de 1949 sobre la situación y les recuerda la obligación que les incumbe en virtud de esos tratados de hacer respetar el derecho humanitario.

CICR es plenamente consciente de que la persuasión tiene sus limitaciones y de que la denuncia pública, el medio de acción elegido por organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, a veces, no siempre, puede ser más efectiva.

Cuando el CICR decide tomar públicamente posición sobre violaciones del derecho humanitario, porque sus esfuerzos de persuasión no han sido fructíferos, no se aleja del principio de neutralidad, sino de la práctica de la confidencialidad.

El CICR puede oponerse públicamente a ataques contra civiles, a la destrucción de casas y a ejecuciones sumarias, por ejemplo, sin tomar partido respecto del conflicto que ha provocado esas tragedias, siempre y cuando lo haga con objetividad y sobre la base de principios aplicados equitativamente.

Dicho de otro modo, debería entenderse que quienes critican al CICR porque no condena públicamente las violaciones del derecho humanitario cuestionan no su neutralidad, sino su postura de confiar demasiado, en un determinado conflicto, en la persuasión como medio efectivo para poner fin a las violaciones. 

Y a veces tienen razón, como el CICR ha reconocido con respecto a su acción durante la Segunda Guerra Mundial. Por ello, tal vez sea útil cuestionar la posición del CICR. Pero al poner en duda la neutralidad de la Institución, los críticos involuntariamente perjudican la causa que desean defender. La decisión del CICR de sostener el principio de neutralidad es el resultado de muchos años de firme resolución y de experiencia.

Una organización humanitaria no puede ser neutral de manera parcial o intermitente. No obstante, en determinas ocasiones puede hacer excepciones a la norma de confidencialidad, siempre que lo haga de conformidad con criterios claramente definidos.

  La neutralidad y la "guerra justa"  

El cuarto argumento se basa en la noción de " guerra justa " , que ha resurgido en los últimos tiempos. Quienes creen que tienen buenas razones para hacer una guerra tienden a no comprender los motivos de quienes, por su neutralidad, no los apoyan. Si una causa es justa, sostienen, la guerra es legítima y el fin justifica los medios. Por ello, todo el mundo debería apoyarlos en su lucha.

Sin embargo, en nuestra opinión, la noción de " guerra justa " hace que la neutralidad se vuelva más necesaria para una organización cuyo objetivo es prestar asistencia a las víctimas de los conflictos en el terreno. Son pocos los beligerantes que no consideran que su guerra es justa, pero esto no la vuelve justa para sus adversarios.

   

El CICR no debe caer en la trampa de afirmar que algunas guerras son justas y otras no, lo que equivaldría a pronunciarse sobre cuestiones de ius ad bellum , el derecho que reglamenta el recurso a la guerra. Se le ha encomendado, en cambio, garantizar solamente el respeto del ius in bello , es decir las normas que se aplican en tiempo de guerra.

Quienes realizan las llamadas intervenciones humanitarias pueden hacerlo en nombre de elevados ideales, o para poner fin a violaciones de los derechos humanos, pero, al mismo tiempo, pueden estar defendiendo intereses nacionales o geoestratégicos.

Asimismo, quienes luchan en nombre de motivos ideológicos, étnicos o religiosos, pueden emplearlos como un medio para apropiarse de los recursos naturales del enemigo. Pero las organizaciones humanitarias deben abordar con gran precaución la cuestión de la legitimidad de una causa.

El CICR no puede tomar posición sobre las razones de un conflicto o sobre la licitud de una guerra con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, por ejemplo; sólo puede determinar lo que es correcto o incorrecto en relación con el comportamiento de los beligerantes durante las hostilidades, sobre la base del derecho humanitario y de consideraciones de humanidad.

El CICR no puede hacer discriminaciones entre las víctimas en función de su preferencia por la parte " buena " o la parte " mala " .

  La neutralidad y la "culpa"  

Los defensores del quinto argumento sostienen, sobre la base de fundamentos éticos, que algunas de las personas que tienen derecho a recibir protección en virtud del derecho internacional humanitario la merecen menos que otras, en particular quienes han cometido atrocidades antes de resultar heridos o enfermos, o de ser capturados.

Si el CICR siguiera ese razonamiento, debería juzgar a quienes se propone ayudar y, por lo tanto, distinguir entre " inocentes " y " culpables " .

Ésta es una pendiente peligrosa, que podría conducir a que se juzgue a las personas en virtud de su pertenencia a un grupo y no de su comportamiento individual, lo cual contradiría el principio de imparcialidad, piedra angular del derecho y la acción humanitarios.

Si bien los delegados del CICR pueden tener poca simpatía por algunas causas o desaprobar algunos actos cometidos por personas con las que tienen que ponerse en contacto, luchan para dejar de lado ese sentimiento y poder prestar a esas personas la protección y la asistencia a la que tienen derecho todos los seres humanos.

La labor de los delegados del CICR se basa en la premisa de que la integridad moral, física y espiritual, la dignidad, de todas y cada una de las personas ha de ser respetada sin distinción alguna, de conformidad con los tratados internacionales relativos a la protección de los individuos.

En todo caso, distinguir entre " inocentes " y " culpables " sería imposible, pues requeriría que las organizaciones humanitarias presumieran culpables a algunas personas antes de que se las someta a un procedimiento judicial. El CICR no es un tribunal y sus delegados no son jueces. Además, el papel de la Institución consiste, precisamente, en proteger a esas personas de las que algunos Estados o grupos pueden querer vengarse.

  Las complejidades de la neutralidad  

Así pues, la neutralidad sigue siendo un principio tan válido como siempre. ¿La adhesión a este principio le facilita la vida al CICR? Ojalá las cosas fueran tan simples...

En primer lugar, la neutralidad conlleva una lamentable connota ción de distancia, de frialdad. Sin embargo, no supone una ausencia de sentimientos. El CICR puede y debe hablar del sufrimiento humano, pero ¿en qué medida sus delegados pueden mostrar lo que sienten cuando se confrontan con ese sufrimiento, sin que parezca que toman partido?

Además, se puede creer erróneamente que la neutralidad significa que se debe hallar un equilibrio perfecto cada vez que se adopta públicamente una posición o que se formula una advertencia. Pero ¿cómo se podría lograr ese equilibrio?

Por último, los conflictos del futuro probablemente estén cada vez más acompañados de actos de sabotaje y de terrorismo que, sin duda, requerirán de manera más acuciante que se los condene públicamente. Si bien es legítimo condenar actos destinados a sembrar el terror, esa crítica hace que sea más difícil mantener la confianza de la población local, que puede considerar a los perpetradores como héroes.

Por otro lado, los que apoyan la lucha contra el terrorismo a veces desconfían del esfuerzo por que se respete el derecho que confiere protección a personas que presuntamente han cometido crímenes de esa índole.

Lo cierto es que nuestra labor dista de ser fácil y que las organizaciones humanitarias pueden tener opiniones diferentes acerca de lo que la neutralidad conlleva.

   

Nos confrontamos con dilemas y, a veces, debemos evaluar diferentes opciones, sabiendo que no existen respuestas perfectas. Por ello, el diálogo entre organizaciones humanitarias puede proporcionar mayor información para elegir entre esas opciones. Sea como sea, de algo estamos seguros: no debe permitirse que la acción humanitaria independiente, neutral e imparcial se convierta en víctima de una guerra total. 

  Lecturas recomendadas  

  • " Gestiones del CICR en caso de violaciones contra el derecho internacional humanitario " , Revista Internacional de la Cruz Roja (RICR), no. 221, marzo-abril de 1981, pp. 79–87.

  • " Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales (ONG) " , aprobado por el Consejo de Delegados, Birmingham, 29–30 de octubre de 1993. Véase también J. Borton (ed.), Code of Conduct for the International Red Cross and Red Crescent Movement and NGOs in Disaster Relief , Network Paper 7, 1994.

  • La neutralité, sésame humanitaire?, Médicos sin Fronteras (MSF), informe sobre un debate público realizado el 19 de mayo de 2001 durante la Asamblea General de la rama suiza de MSF.

  • Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, aprobado por la XXV Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Ginebra, 1986; bajo el principio de neutralidad, en el preámbulo de los Estatutos se afirma: ‘Con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico " .

  • François Bugnion, The International Committee of the Red Cross and the Protection of War Victims, Ginebra, CICR / Macmillan, octubre de 2003.

  • Marion Harroff-Tavel, " Neutralidad e imparcialidad: de la imparcialidad y la dificultad, para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de guiarse por estos principios " , RICR, no. 273, noviembre-diciembre de 1989, pp. 536–52.

  • Jean Pictet, " Los Principios Fundamentales de la Cruz Roja: comentario " , Ginebra, Instituto Henry Dunant, 1979.




Secciones relacionadas

Páginas relacionadas