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Ruanda 1994: "Se podrá matar a todas las personas que se quiera o que se pueda, pero nunca se podrá matar su memoria"

07-04-2004

Discurso pronunciado por Philippe Gaillard, jefe de la delegación del CICR en Ruanda en 1993-1994, en ocasión de la Conferencia para la prevención del genocidio, Londres, enero de 2002, organizada por el Aegis Trust y el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido

" Die Sprache spricht als das Geläute der Stille " < br > (Martin Heidegger, Unterwegs zur Sprache)

En 1994, antes, durante y después del genocidio en el que fueron asesinadas cerca de un millón de personas, en su mayoría civiles, di centenares de entrevistas, reportajes, conferencias dirigidas a toda clase de audiencias, periódicos, cadenas de televisión, de radio, y al público en general. Ahora pienso que eso no sólo era lo que debía hacer, sino también la terapia que necesitaba.

 


Kigali: Niños no acompañados al cuidado del CICR.
    © L'ILLUSTRÉ /Claude Glunz/ref. rw-d-00020-16      
 

A fines de 1994, decidí no hablar más del genocidio ruandés y rechacé todos los pedidos que se me hicieron en ese sentido. Sólo quería volver a una situación de silencio e invisibilidad, como corresponde a un delegado del CICR, y también porque soy más bien tímido y discreto.

Han pasado casi ocho años desde el genocidio y hoy aquí volveré a hablar del tema. No es que hoy sea menos tímido que hace ocho años ni que necesite volver a ser visible –me gustaría no volver a serlo nunca-, pe ro tengo aún una especie de deuda o, más bien, cierto deber respecto de todas las personas que murieron en Ruanda en 1994 y a las que luego se ha prestado tan poca atención, que algunos de nosotros piensan que el genocidio ruandés puede examinarse como un " estudio de caso " . Obviamente, para los que murieron y, sobre todo, para los que han sobrevivido, ese genocidio nunca será un " estudio de caso " . Por ellos hoy estoy aquí. Se podrá matar a todas las personas que se quiera o que se pueda, pero nunca se podrá matar su memoria. La memoria es la materia más invisible y más resistente que se puede hallar sobre la tierra. No se la puede cortar como los diamantes, no se puede disparar contra ella, porque es invisible, y sin embargo está en todos lados, alrededor de nosotros, en un enorme silencio, en sufrimientos callados, en murmullos, en miradas ausentes. A veces podemos olerla y, entonces, esa memoria habla claramente, como el murmullo del silencio. A veces, el olor es insoportable, incluso cuando las cosas se han olvidado durante decenios.

  Prevención, neutralidad e información mediática  

En julio de 1993, dos semanas antes de la firma del acuerdo de paz de Arusha por el presidente Habyarimana y Alexis Kanyarengwe, nos habíamos reunido con el presidente Habyarimana. Cuando hablamos del peligro de las minas antipersonal en la línea de frente, nos dijo que era plenamente consciente de ello, pero agregó que, en realidad, el principal peligro era el hecho de que el corazón y el espíritu del pueblo ruandés estaban minados . Era un mensaje " preventivo " .

Un mes más tarde, tras la firma del acuerdo de paz de Arusha, me reuní con Matthieu Ngirumpatse, el presidente del MRND, el partido gubernamental, y le pregunté qué pensaba de ese reciente acuerdo. Me respondió que no creía mucho en eso y que, por lo general, en África, los acuerdos de paz no eran más que trozos de papel . Otro mensaje de " prevención " .

Unas dos semanas más tarde, unos cincuenta civiles eran asesinados en la zona desmilitarizada y vigilada por las tropas de las Naciones Unidas que dirigía el general Romeo Dallaire. Inmediatamente, la Radio-Télévision des Mille Collines lanzó una campaña muy agresiva contra el general Dallaire y, con el mayor cinismo posible, lo acusó de ser incapaz de identificar y castigar a los responsables de la masacre. Otro mensaje de " prevención " , que consistió en poner a la población en contra de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU.

En enero de 1994, la situación en Kigali era muy tensa. También lo era en febrero, cuando un ministro, Félicien Katawasi, y el presidente del partido extremista CDR, Martin Bouchiana, fueron asesinados.

Eso significó la interrupción del diálogo entre el gobierno y el Frente Patriótico Rwandés (FPR). En el norte del país, hubo algunos combates esporádicos.

Justo antes de Pascuas, me convocó el decano del cuerpo diplomático. Me aconsejó estar alerta, porque pronto podría suceder algo grave. Prevención. Pedí a mis colaboradores que no salieran de la ciudad.

Como escribía Christoph Plate: "Sólo cuando estalla la guerra, cuando la hambruna causa sus estragos, o cuando ocurre una masacre, la gente empieza a preguntarse por las causas. Es entonces cuando el período previo al desastre se convierte en noticia o da lugar a un artículo de fondo. Los informes en los medios de comunicación pueden influir en los conflictos, pero difícilmente pueden evitarlos." ( " Los informes de los peri odistas no pueden evitar los conflictos " , Revista Internacional de la Cruz Roja , no. 839, septiembre de 2000 – Fragmento traducido por el CICR, disponible en el sitio www.cicr.org/spa ).

Los medios de información, sobre todo los occidentales, dieron tal cobertura al genocidio ruandés, que todo el mundo podía seguir cotidianamente los acontecimientos en la televisión, la radio o los periódicos. Se podría decir que fue transmitido en directo, lo suficiente, al menos, como para informar a los gobiernos y al público sobre lo que realmente estaba pasando en el país.

El CICR contribuyó con esa cobertura mediática y esa información como tal vez nunca antes había hecho en los 130 años de existencia que por entonces tenía. El 28 de abril de 1994, unas tres semanas después del inicio del genocidio, instaba a todos los Gobiernos involucrados, incluidos los miembros del Consejo de Seguridad, a que tomaran todas las medidas necesarias para poner término a las masacres. Las expresiones que utilizó en esa ocasión, " matanza sistemática " , " la exterminación de una parte considerable de la población civil " , no dejaban lugar a dudas sobre lo que estaba pasando.

En la misma época, la BBC de Londres nos llamó a Kigali y nos preguntó cuál era, según nuestras estimaciones, el número de muertos. Respondimos: al menos 250.000. Una semana más tarde, la BBC volvió a llamar. Respondimos: al menos 500.000. La misma pregunta a la semana siguiente. Respondimos: " Más de un millón. Señor, hemos dejado de contar " . Después de eso, nunca más volvieron a hacernos la pregunta.

A comienzos de mayo, el general Romeo Dallaire me invitó a una reunión con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos, el embajador José Ayala-Lasso. Cuando llegamos al tema de las cifras, me dijeron que yo exageraba. Quisiera aprovechar esta oportunidad para rendir homenaje al general Dallaire por su coraje, sus actos y sus consejos, siempre útiles. Salvó numerosas vidas, entre ellas la de nuestro coordinador médico que, el 19 de mayo, fue herido al estallar un obús lanzado por el FPR contra un convoy del CICR en la ruta entre Kigali y Gitarama.

Prevención: cero. Cobertura mediática: ineficaz. Una excepción, tal vez: el 14 de abril, en presencia de las fuerzas armadas ruandesas, unos milicianos mataron a seis civiles que una ambulancia de la Cruz Roja transportaba hacia nuestro hospital. La Radio-Télévision Libre des Mille Collines dijo que la Cruz Roja transportaba enemigos de la República disfrazados de heridos . Explicaciones, protestas; a pedido nuestro, la Sede del CICR emitió un comunicado de prensa vehemente, que inmediatamente fue difundido en todos lados, en particular por la BBC y Radio France Internationale . Efecto bumerán en el terreno, nuevas explicaciones. El Gobierno ruandés y los medios de información se dieron cuenta de las repercusiones considerables que eso tenía en su imagen. Correcciones, campaña de sensibilización sobre el derecho de los heridos a recibir atención médica y sobre el papel de la Cruz Roja...De algún modo, eso fue una prueba: nos podrían haber matado por esa declaración, pero no lo hicieron, y las ambulancias de la Cruz Roja pudieron reanudar sus tareas sin problema. El asesinato de seis heridos nos permitió salvar a miles de otros, 9.000 entre abril y julio según las estadísticas de nuestro hospital improvisado. Siempre es peligroso expresarse en tales situaciones, pero en casos excepcionales puede surtir efecto.

Neutralidad: el punto esencial. Muchos de ustedes se preguntarán: ¿cómo se puede ser neutral ante un genocidio? Por supuesto que no se puede ser neutral ante un genocidio. Pero el genocidio se lleva adelante día a día a la vista de uno. Es un hecho. Como colaborador de la Cruz Roja, uno no tiene, en realidad, los medios políticos, sin hablar de los medios militares, para ponerle término. Todo lo que uno puede intentar hacer es salvar lo que se pueda, los que quedan, los heridos, y sin duda " heridos " no es el término adecuado. Debería decir las personas que no fueron asesinadas a golpes de machete y de destornillador. Pues eso es lo que ocurría las primeras semanas, cuando evacuábamos a los heridos, todos tutsis, a nuestro hospital.

Y ahí comienzan los problemas. La neutralidad humanitaria significa, ante todo, estar del lado de las víctimas, de TODAS las víctimas. Pero cuando todas las víctimas pertenecen a la misma categoría, los verdugos comienzan a mirarlo a uno con sospecha. Sin duda por eso, después de haber dado una entrevista muy difícil a la Radio nacional ruandesa, la Radio-Télévision Libre des Mille Collines empezó a difundir que yo seguramente era belga, lo que significaba, simplemente, una condena de muerte. Estaba en una reunión con las autoridades gubernamentales en Gitarama cuando se me informó lo que pasaba. Les pedí que llamaran inmediatamente a la Radio-Télévision Libre des Mille Collines para solicitarles que corrigieran esa información. La Radio lo hizo de una manera muy eficaz, si no muy elegante, al difundir que yo era demasiado valiente y demasiado inteligente para ser belga . Unos días más tarde, la Radio fue hecha blanco por el FPR. Uno de sus locutores más conocidos, Noël, gra vemente herido en un pie, fue llevado a nuestro hospital... Sentí que estábamos más seguros: nuestro hospital comenzaba a recibir una población más mezclada, y esa tendencia fue aumentando en las semanas siguientes, cuando los milicianos y los miembros de las fuerzas armadas heridos no tuvieron otro lugar donde atenderse más que nuestro modesto hospital improvisado, que de alguna manera se transformó en un lugar sagrado, un poderoso símbolo y testimonio de neutralidad.

A mediados de abril, el nuevo primer ministro, Jean Kambanda, nos pidió que recogiéramos los cadáveres de las calles de Kigali. No acepté ese pedido y lo insté a que primero detuvieran los asesinatos. Las autoridades decidieron entonces utilizar a sus presos comunes para que realizaran esa tarea, pero no tenían combustible para los camiones. Se lo proporcionamos. Unos días más tarde, supe que habían recogido 67.000 cadáveres de las calles de Kigali, ciudad que antes del 6 de abril tenía 200.000 habitantes.

Más tarde, como no había cloro ni sulfato de alumina, Kigali se quedó sin agua. Proporcionamos los productos necesarios y de ese modo pudimos retrasar la agonía de la estación central de bombeo. Éstos, como otros gestos humanitarios, fueron muy apreciados.

Ello tal vez explica porqué, a pedido nuestro, el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jean de Dieu Habimeza, se dirigió personalmente a un orfanato cercano a Gisenyi y, con el apoyo total de las fuerzas armadas ruandesas, salvó a 300 niños de una muerte segura en manos de los milicianos. Tal vez ello también explica que 35.000 personas hayan podido sobrevivir en Kabgayi, otras 8.000 en el campamento de Nyarushishi, únicos sobrevivientes de la prefectura de Cyangugu, y otros 600 huérfanos, sobrevivientes en Butare. Y hay más ejemplos. Probablemente 70.000 personas en total, un milímetro de humanidad en kilómetros de horror y sufrimientos indecibles.

El acontecimiento m ás increíble del que fui testigo personalmente se produjo a comienzos de julio, justo antes de la toma de Kigali por el FPR: seis milicianos armados hasta los dientes llegaron a nuestro hospital. Estaban ebrios pero, sorprendentemente, para nada agresivos. Tenían una prisionera, una joven tutsi. Me dijeron: " Esta mujer está con nosotros desde hace tres meses, es enfermera; nos vamos de la ciudad y decidimos no matarla, aunque es tutsi. Va a ser más útil en su hospital que muerta ... " .

Nunca tuve una prueba mejor del valor de la neutralidad.

Guerra significa destrucción, negación de la vida. La acción humanitaria se inscribe en esa sustracción. Se esfuerza por reducirla. En el caso de un genocidio, puede parecer una apuesta estúpida, pues bien se sabe que la lógica del genocidio es la negación total del espíritu humanitario y del derecho humanitario.

Cada vez que se logra reducir esa negación, se produce un milagro. Y la memoria jamás olvida los milagros.

Philippe Gaillard