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El CICR en África: contexto y desafíos

31-12-2003 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Christoph Harnisch

(artículo completo en español) En África se libran numerosos conflictos armados en un entorno que de por sí es difícil para que las personas vivan con decoro y los países se desarrollen. Desde hace mucho tiempo, el CICR despliega numerosas actividades en ese continente. En este artículo, se describe, en primer lugar, el contexto general en que tienen lugar muchos conflictos africanos y se reseña brevemente la posición de África en lo que respecta a las políticas mundiales y a las condiciones socioeconómicas imperantes.

 

Luego, se examina la índole –principalmente interna– de los conflictos armados que afectan el continente. Si bien la intensidad de muchos de ellos parecen haber disminuido, la calma relativa sigue siendo muy frágil. Tras indicar algunas de las principales características de los conflictos armados en el continente, el autor analiza las repercusiones del interés que despierta de nuevo África tras la "guerra global contra el terrorismo". Por último, se examinan diferentes aspectos de la labor que el CICR realiza en África: cómo se percibe a la Institución en el continente, qué actividades despliega y, sobre todo, cuáles son los obstáculos que se interponen a la asistencia y la protección humanitaria efectivas y los desafíos que se plantean para el futuro. 
 

La población de África subsahariana es, actualmente, de unos 675 millones de habitantes, lo que corresponde al 10% de la población mundial. Desde hace 40 años, se registran en ese continente los índices de crecimiento demográfico más elevados del mundo. Sin embargo, desde hace años, esa zona vive al margen de la política internacional. Además de las malas administraciones y la debilidad política que forman el telón de fondo en muchos de los países que la integran, tiene una fuerte dependencia económica, por causas diversas: baja cotización de las materias primas, condiciones climáticas difíciles, pandemia del VIH/SIDA, inestabilidad política, insuficiente ayuda de emergencia y escasa ayuda al desarrollo. Los africanos mismos han desplegado esfuerzos para sacar al continente de su aislamiento económico, político y diplomático; lamentablemente, esos esfuerzos han tenido pocos efectos tangibles en la población africana, a causa de la falta de eficiencia de Instituciones como la NEPAD y la Unión Africana. A causa de hechos recientes como la lucha mundial contra el terrorismo, iniciada como reacción a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, y la guerra en Irak, así como de la existencia de reservas petroleras en África, este continente ha vuelto a suscitar el interés de las grandes potencias.
 

El mayor número de conflictos abiertos se registran en África. Se trata, en lo esencial, de conflictos internos y de conflictos transfronterizos que tienen trágicas consecuencias para la población civil, que ya sufre a causa de la difícil situación general en el continente. Excepto en África occidental, esos conflictos se han estabilizado o su intensidad ha disminuido en los últimos años, pero aún no se han hallado soluciones duraderas para los problemas de fondo. El CICR ha mantenido un índice de actividad elevado en 29 países africanos. En 2003, efectuó importantes actividades operacionales, sobre todo en Etiopía, Côte d'Ivoire y Liberia.
 

En el presente artículo, describiremos, para empezar, el entorno político y económico en que el CICR desempeña su labor en África. Luego, examinaremos la naturaleza de los conflictos que asuelan el continente. Por último, analizaremos la posición del CICR en África, así como los principales obstáculos y desafíos que se plantean a la conducción de las actividades operacionales de la Institución.

  Contexto general de los conflictos africanos  

   
África y el mundo: marginación y existencia periférica
 

 
África sigue siendo un continente que vive al margen de la política internacional. Los recientes acontecimientos en este continente han puesto de manifiesto que es más un espectador de la política internacional que un actor. De ello son prueba la cumbre del Grupo de los 8 en Evian, el año 2003, y el arduo diálogo entre el mundo industrializado y algunos dirigentes africanos que estuvieron en la cumbre para promover su plan de recuperación económica (NEPAD); la frágil posición de los Estados africanos en el comercio internacional, puesta en evidencia en la Conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Cancún el año 2003, y el viaje del presidente estadounidense a África: este continente no influye de manera decisiva en el programa de la política internacional; asume las consecuencias.
 

Ello no quiere decir que África esté totalmente olvidada. La lucha contra el terrorismo iniciada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la guerra en Irak y las reservas petroleras africanas han suscitado de nuevo el interés de las grandes potencias en África, que había perdido su importancia estratégica tras el término de la guerra fría. Estados Unidos, por ejemplo, reforzó su presencia en todo el continente y, sobre todo, en el Cuerno de África. Sin embargo, las promesas del presidente estadounidense de destinar 100 millones de dólares (por una duración de 15 meses) para combatir el terrorismo en Kenia, Etiopía, Yibuti, Uganda y Tanzania, y de invertir 15.000 millones de dólares en la lucha contra el SIDA durante los próximos cinco años fueron recibidas con prudencia en África. Francia también hizo una reaparición considerable en el escenario africano, por ejemplo en Côte d'Ivoire, República Centroafricana y en la República Democrática del Congo (en el distrito de Ituri).

  Una situación económica menos sombría que lo previsto en un África muy dependiente de la economía mundial  

 
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), los países de África subsahariana han resistido de forma notoria a la recesión de la economía en los países ricos gracias, sobre todo, a mejores políticas económicas y a la firmeza de las cotizaciones de las materias primas que exportan. África subsahariana (salvo Sudáfrica) registró un crecimiento económico del 3,1% en 2002, y debería elevarse al 3,6% en 2003. Por consiguiente, a pesar de la sequía en África austral y en el Cuerno de África, así como de las crisis que afectan a Zimbabue y Côte d'Ivoire y que repercuten gravemente en los países vecinos, el continente se beneficiará este año de la frágil recuperación que se esboza en los países industrializados.
 

Este panorama, más bien positivo, sorprende a quienes trabajan en el África de los conflictos. Allí, los temas de debate son, con más frecuencia, la economía informal, la corrupción, la falta de servicios públicos o su estado desastroso –particularmente en los ámbitos de la salud y la educación–, el pillaje de los recursos por las elites políticas o la banalización de la guerra como modo de acumulación o supervivencia económica. Esa realidad es visible e innegable, pero coexiste con la realidad macroeconómica que describe el FMI. Por ello, ese organismo recomienda a los africanos una mejor gestión de sus recursos naturales y propone a los países productores de petróleo que aprovechen los períodos fastos para ahorrar una parte de sus ingresos y compensar, cuando haga falta, una baja de las cotizaciones. Sin que cause asombro, y de conformidad con lo dicho por los observadores de la política africana, el organismo comprueba que una mejor administración y una mayor transparencia pueden facilitar la gestión de la mayor parte de los recursos naturales.
 

Para los países que viven un conflicto, así como para los que gozan de situaciones estables, el principal desafío sigue siendo, no obstante, la reducción sostenible de la pobreza. En los últimos años no se han producido grandes cambios al respecto. A pesar de las declaraciones de intención formuladas en la Cumbre Francia-África y en la última reunión del Grupo de los 8 en Evian, difícilmente se vislumbran signos positivos de una mejora considerable del clima para las inversiones, la cual es una condición sine qua non para una aceleración del crecimiento económico. Por otra parte, sería conveniente que se haga realidad la NEPAD, iniciativa africana que se basa en principios como la buena administración, el respeto de los derechos humanos y la transparencia en la gestión económica, los cuales se han convertido en requisitos indispensables para la ayuda multilateral y bilateral, antes de que los africanos puedan ver las ventajas que esa iniciativa conlleva en su vida cotidiana.

  Los conflictos africanos: calma frágil  

 
Durante el último año, no ha aumentado el número de conflictos en el continente, e incluso estos han tendido a disminuir en intensidad. Han terminado los pocos conflictos armados internacionales que se estaban librando y los conflictos armados internos internacionalizados son ahora, desde el punto de vista jurídico, conflictos internos, habida cuenta del retiro de las tropas extranjeras (por ejemplo, en la República Democrática del Congo). La víctima es, en la mayoría de los casos, la población civil. Cabe señalar que las zonas de conflictos son también zonas afectadas por la hambruna, la concentración de personas desplazadas o refugiadas y, a menudo, la desnutrición y la escasez de alimentos. Una de las causas de fondo de los conflictos africanos sigue siendo la pobreza.
 

Podemos presentar esquemáticamente nuestras recientes observaciones de la manera siguiente. En ciertos contextos, las hostilidades se han atenuado gracias a actividades diplomáticas de la comunidad internacional, pero el futuro a mediano plazo sigue siendo aleatorio. En esa categoría se cuentan Sudán, la República Democrática del Congo, Côte d'Ivoire y las consecuencias del conflicto internacional entre Etiopía y Eritrea. En una segunda categoría, pueden incluirse los contextos de conflictos crónicos y de larga data, como los de Somalia, Uganda, Burundi, Liberia y la República del Congo. Una tercera categoría abarca las situaciones que podrían deteriorarse, en particular Zimbabue, Eritrea, Guinea, Etiopía (en el plano interno), Nigeria, Togo, la República Centroafricana y Chad. Por último, existen contextos donde la resolución de los conflictos está bien encaminada y es probable recuperar la estabilidad política, como Sierra Leona, Ruanda, Angola y Madagascar.

Si bien se registra una disminución tanto del número como de la intensidad de los conflictos en el continente, la calma sigue siendo sumamente frágil.

  Características comunes de los conflictos africanos  

 
A pesar de que tienen rasgos específicos, los conflictos africanos también tienen características comunes. Trataremos de identificar aquí algunas de ellas.
 

  • En varios países africanos, se continúa cuestionando la legitimidad del Estado mediante manifestaciones violentas. Pensemos, por ejemplo, en las rebeliones en Liberia, Côte d'Ivoire y la República Democrática del Congo, las revueltas en Nigeria, los motines en Níger, los golpes de Estado o intentos de golpe de Estado en Santo Tomé y Príncipe, la República Centroafricana y Guinea-Bissau, o los movimientos autonomistas y separatistas en Casamance (Senegal), Darfur (Sudán-Chad) y Cabinda (Angola).

  • Los movimientos de oposición armada han perdido, por lo general, el apoyo externo, es decir el que habían recibido en el pasado de terceros Estados. Ahora tienen que emplear los recursos de su país –lo que se traduce en la explotación de los campesinos y el pillaje de la población civil– y a menudo están involucrados en el tráfico de armas, drogas, oro, diamantes y maderas preciosas. Además, el móvil de los combatientes de los conflictos actuales es mucho más el afán de lucro que la ideología. De modo que las guerras se han transformado, para quienes tienen el poder y para quienes lo cuestionan, en un modo de control del poder, de acumulación de riquezas y de supervivencia económica.

  • La irrupción de la religión, y no sólo del Islam, es, cada vez más, una realidad en los conflictos africanos. Con frecuencia se utiliza la religión como un elemento de movilización política y, en las sociedades muy desestabilizadas donde es difícil identificar al Estado, como un medio de incorporarse en la mundialización (de formar parte de una comunidad internacional). El resurgimiento del aspecto religioso en el espacio político es innegable, sea en los discursos del marfileño Laurent Gbagbo, el liberiano Charles Taylor o el malgache Ravalomanana.

  • Se percibe el papel que desempeñan las sociedades de iniciación tradicionales en los conflictos, particularmente en África occidental y en África central: los kamajor en Sierra Leona, los poro en Liberia, los dozo en Côte d'Ivoire, los mai mai en la República Democrática del Congo o los karamojong en Uganda. En la República del Congo (Congo-Brazzaville), se conoce una sociedad tradicional mística, los nsilulu o ninjas del Pastor Ntoumi.

  • La regionalización de los conflictos y la internacionalización de su gestión son las características más visibles de las nuevas crisis africanas. Ello ocurre en todas las zonas, especialmente en África oc cidental, donde la crisis marfileña ha mostrado la marcada imbricación de la crisis liberiana y las rebeliones del norte y el gran oeste marfileño. Cabe señalar, sin embargo, que todos los intentos que se han realizado en África para organizar la seguridad colectiva –con el apoyo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, a través de programas bilaterales de entrenamiento militar, así como del nuevo Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana, de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) o de la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC)– se han visto contrariados por la falta de recursos financieros y por la reticencia de los Estados a ceder una parte de su soberanía.

  • Actualmente, África occidental es la zona que causa mayor preocupación en el continente y el futuro es aún muy incierto. Esa zona ha vivido turbulencias constantes. Liberia, en particular, sigue planteando retos considerables. Además, Côte d'Ivoire, que por mucho tiempo había sido un país estable en un África occidental conmocionada por el sangriento conflicto en Sierra Leona –que se extendió a Liberia y a Guinea–, se halla asolado por los enfrentamientos armados desde septiembre de 2002. Esa situación puede perjudicar no sólo la economía marfileña, sino también la economía de los países vecinos, en particular Burkina Faso y Malí.

  Recursos petroleros y guerra contra el terrorismo: se recobra el interés por África  

 
Continente al margen de las relaciones internacionales, África tiene, sin embargo, cierta importancia geopolítica, sobre todo por dos razones: por un lado, la existencia de petróleo en el Golfo de Guinea y, por otro, la mayor importancia de ciertas zonas africanas en el marco de la guerra contra el terrorismo. Son dos desafíos estratégicos importantes en las relaciones internacionales. Por ejemplo, el Golfo de Guinea produc e hoy el 15% del oro negro que consume Estados Unidos, o sea la misma cantidad que este país importará de Arabia Saudita este año. Según las estimaciones de especialistas, el Golfo de Guinea abastecerá el 25% del consumo estadounidense en 2015. Sin embargo, aún no es posible decir si el petróleo del Golfo de Guinea puede constituir una alternativa válida al petróleo de Oriente Próximo, sobre todo porque las cantidades globales extraídas hasta ahora en África son menores.
 

Durante el año pasado, se puso de manifiesto que África, y el Cuerno en particular, sobre todo Somalia, podrían constituir un eje de infiltración para los extremistas islámicos que encuentran asilo en las comunidades musulmanas de la zona. Se considera, desde el 11 de septiembre de 2001, que África en general es una zona de inestabilidad que puede constituir un refugio, un reservorio y una fuente de financiación oculta para la red Al Qaeda. 

  El CICR en África: desafíos y obstáculos  

     

Actualmente, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) tiene 13 delegaciones operacionales (Angola, Burundi, Camerún, Eritrea, Etiopía, Guinea, Liberia, Uganda, República Democrática del Congo, República del Congo, Ruanda, Somalia y Sudán), tres misiones (Goma, Madagascar y Addis Abeba/Unión Africana) y siete delegaciones regionales (Abiyán, Abuja, Dakar, Freetown, Harare, Nairobi y Pretoria) en el continente africano. Su plantilla está formada por unos 500 delegados expatriados y unos 3.500 colaboradores locales. Desde hace varios años, una parte considerable de los gastos operacionales del CICR corresponden a África (entre el 40 y el 48% de los gastos totales), y el presupuesto de la Institución para las actividades operacionales es del orden de 300 millones de francos suizos.
 

Las activi dades se relacionan con las dos vertientes del cometido del CICR: la asistencia y la protección de las víctimas de conflictos armados. Se realizan distribuciones de víveres y programas de saneamiento y abastecimiento de agua y se presta asistencia sanitaria y ayuda a las personas desplazadas dentro del territorio del propio país. Se efectúan visitas a personas detenidas por motivos relacionados con un conflicto, se presta protección a los niños no acompañados, y se despliegan esfuerzos para restablecer el contacto entre familiares separados por un conflicto. Se llevan a cabo actividades de sensibilización al peligro que conllevan las minas antipersonal y los residuos explosivos de guerra, y programas de difusión del derecho internacional humanitario para las fuerzas armadas y de seguridad, las autoridades políticas, los medios de información y el público en general. Se presta apoyo y se contribuye al desarrollo de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y se trabaja en cooperación con ellas. En cuanto a la diplomacia humanitaria, se realizan gestiones ante los Gobiernos e instituciones regionales de África [1] .

  La identidad y las actividades del CICR en África  

 
¿Qué distingue al CICR de otros actores humanitarios que despliegan actividades en las mismas situaciones de conflicto? ¿Existen diferencias importantes? ¿O el CICR es, como se le describe en un documento interno, " un organismo de ayuda más " ? Estas cuestiones remiten a un problema con que tropieza el CICR en los contextos donde se ha desarrollado y sigue expandiéndose una verdadera industria humanitaria, donde los organismos humanitarios se copian las actividades, adoptan modalidades de trabajo estándar y luchan por atraer la atención de los medios de información, sin necesariamente destacarse por acciones concretas en favor de las víc timas, como se pudo observar recientemente en Liberia.
 

El CICR realiza actividades en el continente africano desde que comenzó el período de la descolonización (la acción del CICR en Etiopía de 1935-1936 es una excepción). Comenzó a establecer una red de delegaciones operacionales y zonales en África oriental (las grandes operaciones de socorro en Sudán, Etiopía y Somalia) y África portuguesa (las operaciones en Angola y Mozambique) a partir de los años 1980, y después, en los años 1990, en África occidental. Hoy en día, el CICR tiene una muy buena base operacional en África, que le permite actuar en todos los conflictos, antiguos y nuevos, que tienen lugar en el continente. Esa presencia también le permite, a través de las delegaciones zonales, seguir de cerca todas las situaciones de inestabilidad política y adaptar rápidamente, en caso de necesidad, su dispositivo en función de los propios análisis. Así ocurrió, por ejemplo, en 2002-2003 en Côte d'Ivoire, en la República Centroafricana y en la región de Darfur en Sudán.
 

Un análisis superficial nos llevaría a formular de la siguiente manera la identidad del CICR, tal como se la percibe en el continente: el CICR es una organización occidental con un cometido claro, eficiente gracias a su personal y su logística, un poco secreta, rica e independiente. Por supuesto, hay que afinar mucho esa percepción; ante todo, debe ser analizada en el contexto global de la identidad de los actores humanitarios en África.
 

En veinte años, la acción humanitaria en el continente ha experimentado transformaciones de fondo. Se ha recorrido un largo camino desde las grandes distribuciones de alimentos en Etiopía, el año 1986, hasta la crisis liberiana de este año. Ha habido, asimismo, una evolución de los que " realizan " la acción humanitaria, de los primeros trabajadores humanitarios, en gran medida voluntarios y políticamente muy comprometidos con los movimientos de oposi ción armada, a los tecnócratas, cuyo único credo es la eficiencia.
 

Hoy en día, se observan varios hechos inquietantes por lo que respecta a la acción humanitaria en África. Por un lado, dista, en una gran medida, de satisfacer todas las necesidades. Peor aún, con frecuencia son los actores humanitarios los que determinan las necesidades. Además, la acción humanitaria está cada vez más incorporada en las tácticas y estrategias de las partes en conflicto, que están acostumbradas a ver a los actores humanitarios en sus campos de acción y a aprovecharlos en su beneficio. El ámbito humanitario (el sistema de la ONU, el mundo de las ONG y los diferentes componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja) es, mal o bien, considerado por los africanos como rico y politizado, es decir como un instrumento político que utilizan los Estados, con programas ocultos. Además, los métodos utilizados por los organismos humanitarios en la asignación de la ayuda son cada vez más criticados en lo que respecta a las evaluaciones, las modalidades y la naturaleza de las distribuciones. Los africanos también ven de manera cada vez más crítica los efectos a veces nefastos de la asistencia humanitaria en sus sociedades y comienzan a cuestionar el condicionamiento impuesto por los Estados donantes de la asistencia, así como los costos exorbitantes de la gestión de esa asistencia.
 

El CICR ha seguido un camino particular en su evolución, y su identidad ha sido moldeada por las crisis humanitarias importantes de los años 1980 y 1990: tras las grandes distribuciones de ayuda alimentaria en Etiopía, Sudán, Angola, Mozambique y Somalia, se llevó a cabo una operación excepcional de asistencia y de protección en Ruanda y, después, se realizaron actividades en relación con las crisis de los Grandes Lagos. La época de la acción humanitaria supuestamente todopoderosa, y basada ante todo en la cantidad de asistencia distribuida, tuvo una interrupción brusca hacia finales de los años 1990. Tras graves incidentes de seguridad, la profesionalización del personal y el aprendizaje de la gestión de la seguridad pública de las acciones del CICR contribuyeron a una reflexión sobre la naturaleza misma de la acción humanitaria y propiciaron el esbozo de acciones más equilibradas en los planos de la asistencia y la protección. Actualmente, el CICR está en camino de convertirse en una organización que realiza grandes distribuciones de víveres, que también sabe responder de manera adecuada a las necesidades de las poblaciones destinatarias, a través de acciones de protección o de asistencia.

  Desafíos y obstáculos que se plantean a la conducción de las actividades operacionales  
 

  • Adecuación entre las necesidades humanitarias y la acción del CICR

¿Qué asistencia ha de prestarse y para qué víctimas? Ésa es la cuestión que el CICR se plantea permanentemente sobre África. Es evidente que las necesidades humanitarias de los grupos de población que son víctimas de los conflictos en un marco de subdesarrollo son innumerables. La acción del CICR no puede satisfacerlas todas. Por ello, existe una gran distancia entre las necesidades de las víctimas y lo que el CICR concretamente puede ofrecer. La evolución reciente de los conflictos ha puesto en evidencia una disminución del número de víctimas directamente afectadas por las hostilidades; en conjunto, hay menos heridos de guerra, pero hay más personas desplazadas y residentes cuyas necesidades se sitúan en el orden tanto de la urgencia como de la ayuda estructural. El CICR debe adaptar su acción a las necesidades más importantes, teniendo en cuenta el análisis político y económico y la acción de los otros actores humanitarios. Ese desafío es importante para su política de asistencia y de protección. Además, esa política debe darse a conocer entre las víctimas, las autoridades y otro s actores, a fin de que sepan lo que el CICR hace y no hace y los motivos de esas decisiones. La acción que el CICR ha realizado en Etiopía los dos últimos años es, en ese sentido, fundamental: no sólo ha puesto de manifiesto, una vez más, las competencias de la Institución en materia de distribución de víveres en una situación de conflicto, sino que también, y sobre todo, ha demostrado la capacidad del CICR de efectuar una evaluación independiente y de adoptar una modalidad original (a saber, la distribución de simientes y de víveres) en un entorno donde la mayor parte de los otros actores se ha concentrado únicamente en la distribución de víveres. La acción también ha mostrado la importancia de conocer las políticas agrícolas y sus efectos negativos, así como la necesidad de considerar las cuestiones estructurales como tema de debate con quienes son sus responsables.

  • La proximidad con las víctimas y la seguridad del personal

Liberia ha sido una prueba: permanecer cerca de las víctimas del conflicto en Monrovia en una situación extrema y actuar para salvar vidas humanas. Esa prueba también se plantea en otros lugares, de manera menos dramática. En 2003, el CICR decidió mantenerse activo en situaciones extremas durante el mayor tiempo posible. Esa decisión no sólo supone la aceptación del riesgo, sino también la mejora constante de los dispositivos de seguridad en las delegaciones. Toda organización humanitaria necesita dotarse de políticas operacionales que garanticen tanto una acción decisiva para las víctimas como una seguridad aceptable para su personal.
 

Aunque el CICR trata de permanecer el mayor tiempo posible en las zonas de conflicto, razones de seguridad, lamentablemente, le impiden actuar en ciertos lugares. Ello ocurrió en el nordeste de la República Democrática del Congo y el norte de Uganda. El asesinato de seis colaboradores del CICR en 2002 tuvo graves consecuencias en el plano de las actividades operacionales: el CICR no está presente en las regiones del nordeste de la República Democrática del Congo y en Uganda siguen suspendidas las actividades operacionales en el norte y el sudoeste del país.
 

La anticipación del peligro y de los riesgos es una prioridad absoluta en la gran mayoría de las actividades operacionales. Esa prioridad es ahora reconocida y aplicada por todos. Al respecto, los desafíos se relacionan con el análisis independiente del entorno en que el CICR debe evolucionar, el establecimiento y el mantenimiento de contactos fiables y constantes con todos los actores de una crisis y la evaluación permanente de la aceptabilidad de la acción del CICR. La definición de una política operacional y de los modos de acción debe responder eficazmente a las necesidades de las víctimas. Desde hace muy poco tiempo, se ha comenzado a incorporar esas nuevas amenazas tanto en el análisis como en los dispositivos de seguridad.

  • La importancia fundamental del análisis político independiente

Evidentemente, a través de los contactos directos con los beligerantes, del diálogo con las partes en conflicto y el establecimiento de contactos informales con personas de confianza, el CICR puede hacer un análisis político que le permite tomar decisiones operacionales adecuadas. Desde hace un año, se ha puesto de manifiesto el deslizamiento, cada vez más pronunciado, hacia los análisis periodísticos y académicos a veces muy distantes de la realidad sobre el terreno. El CICR debe desarrollar las competencias que le garanticen análisis políticos lo más cercanos posibles a la realidad sobre el terreno, donde se tomen en consideración las influencias externas.

  • La importancia de la comunicación

Hoy más que en el pasado, la comunicación debe ser incorporada a la reflexión operacional. En 2003, quedó en evidencia la importancia del análisis del entorno y su incidencia en las políticas de comunicación en las delegaciones. Ejercicios de comunicación en Sudán y en Guinea dieron prueba de su utilidad y convencieron a los delegados de la necesidad de efectuar una reflexión sobre los contenidos y las formas de comunicación de la acción del CICR. Esa práctica debe intensificarse a fin de mejorar la presencia del CICR en África a través de un trabajo político de las delegaciones en la promoción de una red indispensable que también será fundamental para lograr una mejor comprensión de los contextos y los desafíos globales.

  Perspectivas  

 
Los principales desafíos de la política internacional, en particular la lucha contra el terrorismo, los desafíos económicos como las reservas petroleras del continente y, en menor medida, la lucha contra la pobreza y el VIH/SIDA dominarán probablemente la evolución política y social de África en los años por venir. La conflictividad tal vez tienda a disminuir en África, salvo en África occidental y en África central, donde posibles crisis de sucesión, la existencia de instituciones estatales sumamente frágiles y la falta de intereses estratégicos son riesgos suplementarios de desestabilización.
 

Para el CICR, será importante seguir de cerca la evolución política, económica y general, a fin de poder reaccionar rápidamente en caso de que se produzca una situación de conflicto. Esa visión también permitirá hacer un detenido análisis de las necesidades de las víctimas y de los obstáculos que se plantean en la conducción de las actividades operacionales. Por último, será posible trazar una política operacional eficiente y adecuada. Hay que fortalecer y apoyar los esfuerzos desplegados para esclarecer la identidad del CICR y situar a la Institución entre los diferentes actores humanitarios para servir mejor a las víctimas de los conflictos armados.
 

  Notas  

  [1] Para más información sobre el CICR y las actividades que despliega en África, véase: Actividades operacionales: África .


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