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La globalización: análisis del fenómeno y de sus incidencias para la acción humanitaria

30-09-2004 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Jean-Luc Blondel

En este artículo, se examina el fenómeno de la globalización y sus consecuencias para la acción humanitaria. El proceso de globalización no sólo conlleva riesgos, sino también posibilidades. Aunque es difícil medir las consecuencias de ese proceso de manera precisa, no cabe duda de que es un elemento constitutivo de numerosos conflictos contemporáneos. La acción humanitaria tiene una dimensión internacional fundamental y, por ello, resulta afectada por la globalización, que tiene repercusiones en la gestión de los riesgos y los peligros potenciales.

 

El autor es asesor personal del presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja. Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no las del CICR.  
 

Mundialización, globalización. ¿Eslóganes o realidades? Ambas cosas a la vez, pues esos conceptos combinan elementos reales, objetivos, y percepciones más subjetivas. Es imposible determinar, de manera irrefutable, la fecha en que se originó el fenómeno. Según las diferentes percepciones, la globalización comenzó con el descubrimiento de América en 1492, al terminar la Primera Guerra Mundial, con el desarrollo de la aviación civil, con la fundación de las Naciones Unidas, con la caída del muro de Berlín o con la invención de Internet. Esta variedad demuestra que estamos ante un proceso y no ante un hecho puntual y fácilmente identificable.

No trataremos de definir aquí el fenómeno de la globalización; recordaremos más bien sus elementos constitutivos. Luego, examinaremos los efectos que esta (nueva) dimensión de la vida internacional tiene en los conflictos armados y, paralelamente, en la acción humanitaria.

  Análisis del fenómeno  

     

    La globalización es, por así decirlo, tanto una manera de ver el mundo como el mundo mismo. Sin pretender ser exhaustivos, podemos distinguir, por lo menos, las siguientes características de ese fenómeno:

un " sin fronterismo " de principio en los intercambios comerciales;

la difusión, a nivel mundial, de los modos de producción y de consumo capitalistas;

una liberalización de los intercambios, las inversiones y los flujos de capitales;

una disminución del margen de maniobra de los Estados en ámbitos que antes caían estrictamente bajo su soberanía: ciencia e investigación, defensa (debido a la dependencia de los adelantos tecnológicos), sistema de contribuciones, gestión de las crisis económicas, política monetaria;

una extensión de la red Internet, de las redes mediáticas, del marketing y de la publicidad en el plano mundial (que transmiten los valores del mercado); en el mismo sentido, una dominación progresiva del inglés como lengua de comunicación en el plano internacional;

innovaciones tecnológicas que generan más interacciones y una mayor densidad en la comunicación entre sociedades.

Los numerosos autores que han estudiado el fenómeno suelen hacer hincapié en sus aspectos económicos: desarrollo de los mercados financieros, crecimiento de las empresas transnacionales, que poco a poco parecen dominar las economías nacionales [1] . Ese proceso hace que las relaciones internacionales, en general, se vuelvan más complejas, debido, sobre todo, a la multiplicidad de actores, así como a las responsabilidades variables y, tal vez, definidas de manera incierta.

En el plano social, la globalización es, cuando menos, equívoca [2] : es, indudablemente, un instrumento de desarrollo económico, pero al mismo tiempo provoca una mayor polarización en las relaciones sociales; hace que las economías nacionales débiles se vuelvan más vulnerables aún a los movimientos de capitales. Así, la limitación de la soberanía de los Estados se manifiesta radicalmente en el ámbito de la protección social: la búsqueda de ganancias y la consiguiente movilidad de los capitales no está acompañada, ni en el plano nacional ni en el internacional, por medidas correspondientes de protección de los trabajadores. Ya nos son conocidos los movimientos de personas de la " periferia " hacia el " centro " : campesinos, sobre todo, pero también trabajadores de otros oficios y competencias, que dejan el campo para instalarse en la ciudad, en busca de mejores condiciones de vida. A ello se añaden ahora, en gran escala, los movimientos transnacionales hacia polos económicos: el número de los llamados migrantes económicos está en constante aumento, mientras que los países " de acogida " están, a menudo, lejos de ofrecerles la seguridad social y económica que buscan, o incluso un trato respetuoso de su dignidad y su salud [3] .

La comunicación es otro aspecto significativo de la globalización: la rapidez de la comunicación y la multiplicidad de informaciones disponibles en una " biblioteca " como la red Internet favorecen los intercambios académicos, la investigación científica, la formación. La globalización representa, sin duda, un factor positivo de innovación. Sin embargo, esa misma rapidez y la disponibilidad sin control eficaz de las informaciones sensibles, también posibilitan la comunicación entre redes mafiosas o terroristas y que éstas pongan a disposición de criminales, entre otras cosas, métodos de fabricación de armas y de venenos.

La frecuencia del recurso a las búsquedas y a los intercambios por la red Internet, la presencia casi constante de imágenes televisadas (y su corolario pernicioso: " Es verdad, lo vi en la tele " ) repercuten en la comunicación de las ideas mismas. Se vuelve difícil explicar la complejidad de las relaci ones internacionales o de las causas de un conflicto, por ejemplo, o debatir ideas a fondo. Los discursos y los análisis suelen volverse simplistas. Asimismo, el discurso intelectual comienza a verse afectado por una mentalidad " fast-food " (¡y se convierte, a veces, en un " fast-thought " !): se debe hacer todo con rapidez, cambiar constantemente de tema, de interés, de moda.

Como sabemos, la globalización también halla resistencias. Los movimientos " antiglobalización " son, además, producto de esta globalización y actúan, en gran medida, en el plano mundial. En cierto sentido, representan, a escala planetaria, una suerte de " sociedad civil " de resistencia que propone valores alternativos (o presentados como tales) a la dominación económica de grupos restringidos. Esos movimientos también actúan, en gran parte al menos, como abogados de los derechos humanos, de la democracia, de la participación de los pueblos en la construcción del propio destino. Organizaciones de proyección mundial, gubernamentales o no, contribuyen a la difusión de las ideas y los valores democráticos, del sentido de la justicia (condena de la inmunidad por abuso de poder, denuncia de crímenes contra la humanidad, etc.), y se esfuerzan por promover una mayor apertura, tolerancia y comunicación entre las culturas.

No obstante, la liberalización de los intercambios no va acompañada de normas en el nivel internacional, como tampoco en el plano económico ni en el plano político: falta un equivalente internacional de la función reguladora que el Estado ejerce en el plano nacional. La Organización de las Naciones Unidas, también signo de una internacionalización política, intenta ejercer cierto arbitraje en los ámbitos económico y social, pero no está (aún) en condiciones de cumplir esa tarea. Lo mismo ocurre con otras organizaciones regionales o sectoriales. La Organización Mundial del Comercio, relativamente nueva en el ámbito internacional, se esfu erza por desempeñar un papel positivo en esa regulación, pero lo menos que puede decirse es que su tarea es inmensa, como quedó demostrado una vez más en la reciente conferencia de Cancún (2003).

  Globalización, tensiones políticas y conflictos  

     

    Los conflictos armados no esperaron la época actual para tener un carácter global. Las dos guerras mundiales, la colonización, las guerras napoleónicas, incluso las cruzadas o la expansión del imperio romano son conflictos cuya dimensión global es innegable. Hoy en día, es difícil determinar en qué medida la globalización constituye una causa " directa " en el origen o en la continuación de los conflictos que vive nuestro mundo. Desde luego, no podemos ignorar que las opciones dominantes en materia económica favorecen las tensiones y, como señalamos más arriba, a veces generan resistencias violentas. Lo que los pueblos o los países, incluso en el plano continental, notan es la exclusión, la no participación en las decisiones globales, la marginación. Si tomamos como ejemplo el continente africano, podemos observar un discurso del tipo: somos productores de bienes que exportamos hacia el " norte " , pero no participamos en los mecanismos de fijación de precios ni en los sistemas de intercambios, mantenemos una relación de dependencia [4] .

 Sin embargo, los análisis relativos al aumento o a la disminución de la pobreza a raíz de la mundialización no son concluyentes. Como señala Amartya Sen, la relación de causalidad entre miseria y violencia (incluso la bélica) no está establecida, en absoluto; y de todas maneras, la pobreza es un mal lo suficientemente terrible como para que la lucha por su erradicación no dependa de otros j ustificativos [5] . Los conflictos contemporáneos parecen tener, sin embargo, una dimensión económica más importante que en el pasado o, por lo menos, entre las múltiples razones de hacer la guerra, las que se relacionan con el acceso a los recursos económicos ocupan un lugar importante [6] .

 En cambio, el vínculo entre pobreza y conflictos es más evidente si examinamos las consecuencias de la violencia armada, que aumenta la vulnerabilidad y la indigencia de los pueblos. Numerosos países africanos, latinoamericanos o de Oriente Próximo se empobrecieron en el último decenio. ¿Causa o consecuencia de la mundialización? ¿Causa o consecuencia de conflictos? Sin duda, un poco ambas cosas. Pero la pregunta es, en cierta medida, retórica y, sin duda, poco importante para las poblaciones afectadas, que sobre todo, y ante todo, desean salir de la miseria, dar una buena educación a sus hijos, vivir y no sólo sobrevivir.

 Examinemos brevemente en este contexto la cuestión del terrorismo: actualmente presentado como un fenómeno global, el terrorismo no tiene, sin duda, como causas primeras la globalización ni la pobreza. Los pobres no son todos terroristas, y muchos terroristas no son pobres. En su " combate " , algunos emplean en amplia medida los instrumentos de la globalización, tanto en el plano material (uso de Internet) como en los planos psicológico y político (recurso a la " caja de resonancia " que constituyen los medios de comunicación, a una amenaza global) [7] . La frecuencia de los actos de terrorismo (y el vínculo, supuesto o demostrado, entre varios de esos actos) y la intensificación de la lucha de los Estados contra ese fenómeno añaden una nueva dimensión a los conflictos armados locales, nacionales y regionales, y a la preservación de la seguridad.

 Del mismo modo , las redes mafiosas operan en el plano global: tráfico de estupefacientes, de personas y materiales de todo tipo. Esos tráficos se alimentan, al menos en parte, de situaciones de crisis, de zonas de " no derecho " afectadas a su vez por la violencia o por un conflicto. La lucha policial contra esa forma de criminalidad también depende de intercambios de información y de colaboraciones transnacionales más importantes.

 La globalización es un fenómeno que debe comprenderse a partir de sus ambivalencias y contradicciones. Considerada como instrumento (y no como una ideología), puede:

mediante la difusión de los derechos humanos, contribuir a que las personas gocen de mayores libertades, a que los organismos que transmiten esos valores cooperen en mayor medida;

mediante la imposición de modelos económicos y culturales uniformes, hacer desaparecer economías tradicionales originales, destruir culturas;

favorecer los intercambios científicos, mantener un contacto estrecho entre los miembros de familias separadas o, en sentido inverso negativo, facilitar la concertación entre organizaciones criminales.

A pesar de que es difícil determinar de qué manera la continuación de ciertos conflictos estaría influenciada en forma causal y directa por la globalización, no hay duda de que el mundo resulta afectado por los efectos o por la percepción de la globalización. No todos los conflictos que vive el mundo cambian, y en todo caso no de la misma manera, a raíz de la globalización. Sin embargo, la percepción que tenemos de ellos o la manera en que son presentados o vinculados entre ellos son, actualmente, diferentes. Sin duda, la lucha global contra " el " terrorismo es la que más influye en nuestra percepción de los conflictos: por ejemplo, los conflictos en el Cáucaso del Norte, en Colombia o en Indonesia, incluso en Irak, han sido " integrados " en la lucha contra el terrorismo. Si países como Afganistán y Somalia pudieron servir de base a grupos terroristas que actúan en el plano internacional, analizar a partir de un solo modelo todos los conflictos armados internos, o todos los atentados cometidos en el mundo, no ayuda probablemente a comprender las motivaciones verdaderas de esos grupos (por otra parte, diversos) y, por ende, no permite identificar los medios adecuados para luchar de manera eficaz contra esa forma de violencia. Por otro lado, es imperioso comprender, en la mayor medida posible, la especificidad de las situaciones caracterizadas por conflictos armados o por tensiones, a fin de identificar los mejores medios de responder de manera válida y duradera a esas crisis, en particular para poder socorrer a la población civil afectada por la violencia.

 Los llamados análisis globales no explican todo. Lo mismo ocurre cuando se examinan las fuentes de los conflictos. Mencionamos más arriba la cuestión de las resistencias a la globalización. Una de ellas se manifiesta por la afirmación y la voluntad de preservar identidades particulares. Esa voluntad puede llegar hasta el empleo de medios violentos [8] . Ese aspecto también debe ser percibido y comprendido por los actores, por ejemplo por las organizaciones humanitarias, que actúan en las zonas de conflicto. 

La insistencia que hoy en día se hace sobre la llamada lucha global contra " el " terrorismo no debe hacernos olvidar que la seguridad (personal o de una comunidad nacional) no se reduce únicamente a la dimensión militar o policial. Como recuerda la Comisión sobre la seguridad humana: " La seguridad humana, en el sentido más amplio del término, implica mucho más que la ausencia de conflictos violentos. Engloba los derechos humanos, la buena gobernanza, el acceso a la educación y a la atención médica y el hecho de que los individuos puedan contar con las oportunidades y las opciones que les permita n realizar su potencial. Cada paso en esta dirección es también un paso en la lucha contra la pobreza, hacia el crecimiento económico y la prevención de los conflictos. Estar al resguardo de la pobreza y del miedo, dejar a las generaciones futuras un medio ambiente natural salubre, son elementos que, relacionados, contribuyen a la seguridad humana y, por lo tanto, a la seguridad nacional " [9] .

  Globalización: incidencias en la acción humanitaria  

     

 La acción humanitaria, uno de cuyos actores es, por su naturaleza y sus principios, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), tiene, sin duda, una dimensión universal, al tiempo que se apega firmemente a la defensa local y regional de las personas y las poblaciones afectadas por la adversidad. Se basa, a la vez, en valores " tradicionales " (en el sentido de fundadores, fundamentales) y " modernos " (siguen siendo o vuelven a ser actuales): considerar al ser humano como elemento central de la motivación para actuar, proteger y promover la dignidad humana, estar cerca de las víctimas, proteger la vida y la salud, hacer participar a las personas afectadas por la violencia o por una catástrofe en la búsqueda de soluciones, escuchar y apoyar a los hombres y las mujeres sumidos en el sufrimiento, conducir una acción responsable y honesta, fiable y eficaz.

 El CICR, que procura llevar adelante, en el plano universal, una acción humanitaria imparcial, neutral e independiente [10] , se apoya, para ello, en los elementos siguientes:

en primer lugar, dado el fundamento jurídico de su acción, en el derecho internacional humanitario, que hoy en día goza de reconocimiento universal, no tanto por lo que respecta a su aplicación (¡lejos estamos de ello!), pero al menos por el hecho de que casi todos los Estados han ratificado los Convenios de Ginebra de 1949;

en segundo lugar, dada la aspiración de que los principios y la acción de una Institución como el CICR tengan un carácter universal, en su pertenencia al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, red que cubre prácticamente todo el planeta; 

por último, en una razón muy práctica: la universalidad del sufrimiento y la igualdad fundamental de los hombres ante ese sufrimiento, al que responde la acción humanitaria, neutral e independiente del CICR (el principio de imparcialidad es la consecuencia práctica de esta modalidad de acción: se otorga prioridad a las necesidades más urgentes).

El CICR debe proceder a un análisis global de los riesgos (y también, en un aspecto que concierne menos la seguridad, de la relación entre fenómenos sociales y decisiones políticas y económicas) porque es también una Institución cuyo radio de acción es universal, porque actúa en casi todos los conflictos y situaciones de violencia armada que conmocionan al mundo. Garantiza una presencia permanente en ochenta países; su personal (unas 12.000 personas, contratadas en los países donde actúa o expatriadas) representa un centenar de nacionalidades. La dimensión internacional del personal del CICR y de los numerosos colaboradores locales no sólo aporta una ventaja suplementaria evidente a la universalidad que se pretende en la acción, contribuyendo de ese modo a la creación, dentro de la Institución misma, de una cultura del diálogo, sino que también constituye una valiosa herramienta para aprehender las culturas particulares, favorecer la comunicación entre los delegados y las personas y las poblaciones para quienes despliega su misión.

 Del mismo modo, gracias a la red que forman las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, con las que colabora, el CICR mantiene vínculos muy importantes con otras culturas, mentalidades y sistemas políticos. Las informaciones que recaba de esa manera, además del apoyo operacional que recibe de (y presta a) las Sociedades Nacionales, son un elemento esencial de la seguridad y la eficacia de la acción humanitaria.

 Los medios de comunicación que buscan, procesan y difunden la información en el plano global obligan a las organizaciones a adaptar su acción humanitaria en el plano operacional. Así pues, la acción humanitaria debe tomar en consideración el hecho de que todo o casi todo es público: gracias a los medios de comunicación, todo el mundo puede estar informado en tiempo real sobre los acontecimientos que tienen lugar en todo el planeta. La irrupción de imágenes televisadas en nuestras casas deja suponer que nos concierne a todos y que, de alguna manera, somos " partes en los conflictos " . Por ejemplo, la acción del CICR en favor de los prisioneros de las fuerzas de la coalición en Irak (sobre todo, en el caso de la prisión de Abu Ghraib), fue difundida por los medios de comunicación a partir de mayo de 2004, en todo el planeta, y numerosos delegados de la Institución, que estaban desplegando su labor en otras partes del mundo, tuvieron que explicar detalladamente a sus interlocutores habituales el significado de confidencialidad en las gestiones del CICR. Por otra parte, el asesinato de colaboradores del CICR en Afganistán y en Irak, por sólo mencionar los casos más recientes (2003), fue comentado en otros países donde el CICR actúa, incluso en regiones donde poco tiempo antes la Institución había sufrido la muerte violenta de algunos de sus empleados.

 Esta situación provoca un difuso sentimiento de inseguridad: en nuestro país o en otro, cerca o lejos, lo que ocurre es (casi) igual; en todos lados la misma guerra (los mismos soldados, los mismos coches bomba, etc.). Ese sentimiento resulta intensificado por la visión, esencial mente aunque no exclusivamente, estadounidense de la " guerra " contra el terrorismo, presentada como global. Así pues, la globalización de la amenaza, que no puede situarse en lugares precisos y localizados, se vive universalmente o como si pudiera surgir en cualquier momento y lugar. En ese aspecto, la acción humanitaria también resulta afectada:

en el plano de la gestión de los riesgos: el análisis local debe ir acompañado por un análisis más amplio, regional y global (mundial);

en el plano de la comunicación: una institución humanitaria como el CICR debe dotarse, en ese ámbito, de estrategias regionales y globales que le permitan ser comprendida, reconocida y aceptada por las víctimas de los conflictos armados y por todos los protagonistas que recurren a la fuerza armada o a otras formas de violencia armada.

De manera general, la dimensión global de la comunicación, y por ende la " visibilidad " constante a la que se exponen las organizaciones, obliga a los actores humanitarios, el CICR entre ellos, a mantener suma coherencia en la acción y en la toma de la palabra: los medios de comunicación, los Gobiernos, los grupos de oposición, y muchos otros observan, comparan, critican. Por eso, es indispensable ser (y parecerlo, en el espacio y en el tiempo) coherentes, constantes y creíbles en la acción y en las razones que la fundamentan (incluso, y sobre todo, en caso de excepción a las normas doctrinales u operacionales).

Del mismo modo, la internacionalización del personal, cuyos efectos positivos hemos mencionado, impone a una organización como el CICR un esfuerzo permanente de formación, de coaching para los cuadros superiores, a fin de mantener una unidad de pensamiento y la adhesión a las orientaciones estratégicas de la Institución, garantía de la coherencia de las elecciones en el plano operacional y de la eficacia de la acción.

  Conclusión: analizar globalmente y actuar localmente  

     

    Al concluir estas reflexiones sobre la globalización y su incidencia en la acción humanitaria, identificamos el principal desafío que se plantea, en tal contexto, a esta acción: analizar globalmente y actuar localmente. Pero también: saber que nuestra acción local podrá ser conocida y tener repercusiones más allá del contexto de una intervención particular. Esa tensión entre " exterior " e " interior " se manifiesta, por otra parte, en la concepción misma de la acción humanitaria, tal como la concibe el CICR: una acción independiente de los intereses políticos y económicos particulares, que sin embargo la Institución debe conocer muy bien, y que debe permanecer cerca de las personas afectadas por los conflictos armados, estar atenta a sus necesidades, a las que debe responder con imparcialidad, rapidez y eficacia.

     

  Notas  

  [1] V., en particular, George Soros, George Soros On Globalization , Public Affairs, Nueva York, 2002 ; Sean Kay, " Globalization, power, and security " , Security Dialogue , vol. 35, n.° 1, marzo de 2004, pp. 9-23.

  [2] V. Pierre de Senarclens, Mondialisation, souveraineté et théorie des relations internationales , Armand Colin, París, 1998, en particular, el capítulo 4: " Aspects sociaux de la mondialisation " . Del mismo autor, v. también: " Las cuestiones humanitarias y la globalización " , Revista Internacional de la Cruz Roja, Selección de artículos 2000, pp. 105-115. Para un análisis crítico, v. también: Serge Halimi, Le grand bond en arrière , Fayard, París, 2004.

  [3] También debemos mencionar aquí otro " movimiento " de población, en un sentido geográficamente inverso: el turismo, que por supuesto puede favorecer el contacto entre las personas y su cultura, pero que también provoca efectos en las culturas originarias. En otro plano, muy real también, existe una " globalización de las enfermedades " , pues nuestro mundo se ha vuelto más sensible a las epidemias o incluso, simplemente, a la transmisión transnacional y rápida de las enfermedades.

  [4] V. Garth Abraham, "'Africa, the tragedy; Africa, the challenge’, NEPAD and the new humanitarian agenda " , Revue internationale de la Croix-Rouge , vol. 85, n.° 852, pp. 717-736, y Christoph Harnisch, " El CICR en África: contexto y desafíos " , Revista Internacional de la Cruz Roja, Selección de artículos 2003 , pp. 227-239 (también disponible en www.cicr.org/spa).

  [5] Amartya Sen, " Guerres et famines : divisions et incitations " , Désarmement (ONU), vol. XIX, N° 3, 1997, pp. 16-31; de la misma autora " Global inequality and persistent conflicts " , Comunicación presentada en el Simposio del Centenario del Premio Nobel de la Paz, Oslo, diciembre de 2001. V. también Gilbert Etienne, " Globalization and poverty in developing countries: Myths and facts " , The Geneva Forum , junio-septiembre, 2003, pp. 4-15; Sylvie Brunel, Famines et Politique , Presses de sciences politiques, París, 2001.

  [6] V., en particular: Forum: War, Money and Survival , Comité Internacional de la Cruz Roja, Ginebra, 2000; Herfried Münkler, Les guerres nouvelles , Alvik éditions, París, 2003; y del mismo autor, " Las guerras del siglo XXI " ; Revista Internacional de la Cruz Roja, Selección de artículos 2003 , pp. 11-27 (también disponible en: www.cicr.org/spa). 

  [7] V., en particular, Karin von Hippel, " Définir les origines du terrorisme : un débat transatlantique ? " , La revue internationale et stratégique , n.° 51, otoño de 2003, pp. 103-113; Steven Metz, " La guerre asymétrique et l’avenir de l’Occident " , Politique étrangère , 1/2003, pp. 25-40.

  [8] V., en particular, François Thual, Les conflits identitaires , Éditions Ellipses, París, 1995.

  [9] Sadako Ogata y Amartya Sen, La sécurité humaine maintenant. Rapport de la Commission sur la sécurité humaine , Presses de sciences politiques, París, 2003, p. 18.

  [10] Para un análisis general de la acción y los desafíos que se plantean al CICR en la actualidad, puede consultarse la obra de Michèle Mercier, Le Comité international de la Croix-Rouge. L’action humanitaire dans le nouveau contexte mondial, Colección " Le savoir suisse " , Presses polytechniques et universitaires romandes, Lausana, 2004.




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