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Los desafíos contemporáneos en la relación entre civiles y militares: ¿complementariedad o incompatibilidad?

30-09-2004 Artículo, Revista Internacional de la Cruz Roja, por Raj Rana

El período posterior a la Guerra Fría se caracterizó por una "militarización" creciente de la acción humanitaria. Actualmente, se despliegan fuerzas armadas en el marco de misiones de mantenimiento de la paz con el objetivo de realizar actividades humanitarias. Así pues, se diluye paulatinamente la distinción entre la acción militar, la acción política y la acción humanitaria. En este artículo, se examina la visión que el CICR tiene sobre la relación entre civiles y militares en el ámbito humanitario contemporáneo.

 

Raj Rana trabaja con la Unidad de Relaciones con las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Comité Internacional de la Cruz Roja. Las consideraciones expuestas en este artículo reflejan exclusivamente las opiniones del autor, no las del CICR.  
 

" La violencia dirigida contra los trabajadores humanitarios se produce en un contexto en el que la coalición apoyada por Estados Unidos intenta permanentemente utilizar la ayuda humanitaria con miras a conseguir apoyo para sus ambiciones políticas y militares. MSF denuncia los intentos de la coalición por apropiarse de la ayuda humanitaria y utilizarla para " granjearse los corazones y las mentes " de la población. Debido a esta posición, proporcionar ayuda ya no se percibe como una acción independiente y neutral, lo que pone en peligro tanto la vida de los trabajadores voluntarios humanitarios como la ayuda para las personas que la necesitan. El pasado 12 de mayo de 2004, MSF condenó públicamente la distribución de panfletos por parte de las fuerzas de la coalición en el sur de Afganistán, instando a la población a proporcionar información acerca de los talibanes y al Qaeda si deseaban que continuasen las actividades de ayuda " (Declaración de MSF, del 28 de julio de 2004) [1] .

" La defensa de una acción humanitaria independiente y neutral también supone exigir que se mantenga una clara distinción entre la acción humanitaria y la acción política y militar. No porque el CICR huya de lo militar; por el contrario, queremos tener, y por lo general tenemos, un diálogo flu ido con los militares. Tampoco porque sostengamos que en circunstancia alguna, cuando otros actores no pueden cumplir su misión, una unidad militar pueda ser un último recurso. Pero queremos evitar que se elimine esa distinción debido a que se caracterizan como humanitarias las campañas militares de " corazones y mentes " o los esfuerzos de reconstrucción. En ese sentido, el CICR tiene un problema con los Equipos de Reconstrucción Provincial en Afganistán. No en lo que respecta a los objetivos militares o de seguridad propiamente dichos que se han fijado. En virtud de nuestra neutralidad, no es ése un aspecto que deseamos comentar. Sin embargo, estamos preocupados porque incorporan las respuestas humanitarias en un concepto militar y de seguridad general, en el que responder a las necesidades de partes de la población puede ser un componente de una estrategia para derrotar a un adversario o a un enemigo. (Declaración del CICR, del 31 de marzo de 2004) [2] .

El decenio de 1990 ha sido testigo del comienzo de una integración más estrecha entre las actividades políticas y las militares en los esfuerzos multinacionales por manejar y resolver los conflictos, así como de una nueva tendencia en la que se confieren funciones y cometidos humanitarios a las fuerzas militares multinacionales. Tanto en Bosnia-Herzegovina como en Somalia, hubo un alto riesgo de que estas tendencias debilitasen la imagen y la realidad de la acción humanitaria imparcial, independiente y neutral tanto a los ojos de los beligerantes como de los beneficiarios. Era difícil para los organismos humanitarios ser neutrales e independientes cuando, por ejemplo, utilizaban los elementos logísticos de las fuerzas de mantenimiento de la paz que, en última instancia, se transformaban en beligerantes en los mismos conflictos que supuestamente debían mitigar.

Antaño, las fuerzas armadas no deseaban o no podían enfrentar el desafío " humanitario " de los Balcanes o de Somalia con la doctrina y el adiestramiento que poseían en ese entonces. Pero para el momento en que la OTAN llevó a cabo acciones militares en Kosovo, en 1999, la práctica " humanitaria " de las fuerzas armadas se había adaptado para hacer frente al desafío. Las fuerzas militares de la OTAN, fuertemente presionadas por los respectivos Gobiernos para que fueran vistas " haciendo el bien " , actuaron con presteza al confrontarse con una crisis humanitaria. Se desenvolvieron con igual rapidez que los organismos humanitarios en la entrega de alimentos a los refugiados en Albania, se interpusieron en las actividades de coordinación de la ayuda humanitaria e intentaron presentar sus operaciones militares como una " intervención humanitaria " . A medida que los actores humanitarios seguían a las fuerzas terrestres encabezadas por la OTAN que se adentraban en Kosovo, la confusión entre las funciones de los trabajadores humanitarios y las de las fuerzas armadas llegó a su apogeo.

En 2001, el CICR adoptó las Líneas directrices del CICR para las relaciones cívico-militares, basadas en las experiencias del decenio anterior [3] . Si bien es natural que una organización que trabaja en contextos de conflictos armados mantenga relaciones con las fuerzas armadas, se hacía especialmente necesario abordar tanto la complejidad de las operaciones de mantenimiento de la paz multidimensionales como la creciente tendencia a integrar las actividades de los actores políticos, militares y humanitarios. Las Líneas Directrices del CICR (véase el Anexo) abordan los riesgos y las amenazas que plantean las misiones militares multinacionales que llevan a cabo actividades humanitarias o que se despliegan con un cometido humanitario, cuando existe la posibilidad de que esas misiones se transformen en un participante activo en las hostilidades.

Los contextos contemporáneos, como Afganistán e Ira k, confirman la validez y la persistencia de las cuestiones y preocupaciones fundamentales anteriores [4] . Algunas reflexiones sobre los acontecimientos más recientes:

  • Para las fuerzas armadas, las operaciones humanitarias se han convertido en una función de base, ajena al combate, que se emplea por igual en las hostilidades y en operaciones de estabilización o como parte de los planes de consolidación de naciones. Prestar ayuda a la población civil o influir en las actividades humanitarias y de reconstrucción de terceros se consideran como medios para la " multiplicación de fuerzas " o " protección de fuerzas " [5] . Las autoridades políticas esperan que las fuerzas armadas mejoren su capacidad civil y militar para cumplir con sus obligaciones en el marco del derecho internacional humanitario, y que se integren en las actividades políticas y de reconstrucción globales que emprenden, tras los conflictos, las autoridades locales, los organismos civiles estatales y las organizaciones humanitarias, entre otros.

  • El fenómeno de las fuerzas armadas que emprenden acciones humanitarias surgió en el decenio de 1990 como un concepto novedoso y cambiante, que a la sazón, carecía de una planificación determinada, y había margen para que los organismos humanitarios cuestionaran la " militarización " de la asistencia humanitaria que percibían. Hoy en día, los actores militares y políticos están más seguros acerca de la forma en que desean intervenir y consideran cada intervención armada como una nueva oportunidad para ensayar nuevos enfoques integrados de la gestión de los conflictos. Las organizaciones humanitarias que no se alinean con esos planteamientos globales son percibidas como atrincheradas en la inflexibilidad de sus cometidos, o como simplemente desfasadas en el tiempo.

  • Tanto en el plano nacional como regional, se trabaja activamente por agilizar y unificar la capacidad estatal y militar para realizar futuras intervenciones armadas. Éstas se basan en el concepto de que los militares puedan pasar de hacer la guerra a realizar operaciones de mantenimiento de la paz y de ayuda humanitaria el mismo día, y a veces, hasta en la misma ciudad. Se incorporan expertos civiles en las estructuras militares para apoyar las funciones de policía, administración civil y reforma política, para desempeñarse como asesores de las fuerzas armadas e incluso para actuar como donantes de los actores humanitarios, de reconstrucción y del sector privado. 

Como se desprende de las citas de las declaraciones de Médicos sin Fronteras y del director de Actividades Operacionales del CICR, la contracción del entorno humanitario y las crecientes preocupaciones relacionadas con la seguridad de los trabajadores humanitarios han de atribuirse, en parte, a la participación de las misiones militares multinacionales, que asumen funciones que van más allá de garantizar la seguridad o empeñarse en combate.

En este artículo, se examina la visión que el CICR tiene sobre la relación entre civiles y militares en los ámbitos humanitarios contemporáneos , basada en una reciente reconsideración de la estrategia del CICR respecto de la relación cívico-militar [6] . Si bien las líneas directrices adoptadas en 2001 [7] permanecen inalteradas, resulta claramente imprescindible reconsiderar el marco analítico dentro del cual resultan pertinentes. A partir de los intentos del decenio de 1990 por realizar actividades humanitarias, las fuerzas armadas han pasado a considerar dichas tareas como responsabilidades normales que les competen en todos los contextos.

Para analizar la relación entre las misiones militares multinacionales y los actores humanitarios en tiempo de conflicto armado, las tendencias actuales y las posibles consecuencias, es necesario adoptar un razonamiento creativo. Ya no alcanza con limitar el debate a la forma en que los organismos humanitarios y las misiones militares multinacionales podrían cooperar o coordinar sus acciones. Los actores humanitarios han de comprender la evolución de la doctrina que rige las acciones no relacionadas con el combate, así como las operaciones y los objetivos de las fuerzas militares, con las cuales deben compartir el entorno de trabajo. Lo que es más importante, las relaciones entre civiles y militares ya no se pueden considerar como un tema aislado. Para comprender sus efectos en la actualidad y, fundamentalmente, en los próximos cinco a diez años, es necesario examinar cómo ha evolucionado la forma en que las fuerzas armadas evalúan su capacidad de asumir funciones y tareas civiles, en el marco de las tendencias más generales de la consolidación de naciones y de los enfoques integrados de la gestión de conflictos.

En la primera sección del presente artículo se examina la visión que las fuerzas armadas tienen de su papel cuando asumen tareas no relacionadas con el combate y la doctrina que lo determina. Se ofrecen ejemplos concretos de las operaciones militares no relacionadas con el combate que el CICR encuentra sobre el terreno. En la segunda sección, esta evolución se sitúa dentro de las tendencias más generales de las intervenciones armadas multinacionales y de la conducción de las hostilidades. La tercera sección echa una mirada crítica sobre la imagen que las fuerzas armadas tienen de la acción humanitaria neutral e independiente y presenta ciertos factores de creciente importancia para el CICR en relación con la pertinencia de su labor.

  ¿Cómo ven los militares su papel?    

     

Hay abundantes textos que describen la relación entre los actores militares y los humanitarios en tiempo de conflicto armado [8] . Los temas abarcados comprenden los aspectos humanitarios y políticos de la relación, las diferencias culturales entre el mundo humanitario y el militar, y ciertas cuestiones persistentes que estos dos grupos deben resolver sobre el terreno. Algunas de las cuestiones mencionadas en segundo término son el mejoramiento de la coordinación para evitar la duplicación de actividades, los aspectos sensibles del intercambio de información en materia de seguridad, o las acciones de " contacto " básicas destinadas a superar la reticencia de los dos actores que comparten el mismo entorno de trabajo. Curiosamente, hay relativamente poco material escrito acerca de la forma en que las fuerzas armadas entienden su función cuando asumen tareas civiles. Pero sin un examen más detallado de la idea que los militares tienen acerca de su función evolutiva en el marco de las actividades humanitarias, los organismos humanitarios no podrán saber exactamente con quién están tratando. Además, en el complejo mundo de las jerarquías y acrónimos militares, es imprescindible comprender la forma en que la interacción militar con los organismos humanitarios encaja en las operaciones militares más generales. Por consiguiente, a continuación se examinan algunas definiciones de la práctica militar de funciones no relacionadas con el combate, con inclusión de la provisión de ayuda humanitaria por las fuerzas armadas, y se intenta comprender su importancia para el presente debate [9] .

" Cooperación civil-militar " (CIMIC) y " Asuntos civiles " (CA) son los nombres que utilizan, respectivamente, la OTAN y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para describir las funciones de su s fuerzas armadas que son ajenas al combate y que se relacionan con funciones civiles, o que implican que las fuerzas armadas asuman tareas normalmente realizadas por las autoridades civiles, ONG u organizaciones humanitarias internacionales. A fin de evitar confusiones con la terminología militar, el CICR eligió deliberadamente el término " relaciones cívico-militares " para describir la relación entre las organizaciones humanitarias y las misiones militares multinacionales en situaciones relacionadas con conflictos armados.

Es de imaginar que las fuerzas armadas han elaborado esta doctrina con miras a mejorar su capacidad de cumplir sus obligaciones para con la población civil conforme a las disposiciones del derecho internacional humanitario. Esta rama del derecho no aborda expresamente la cuestión de la relación cívico-militar ni la provisión de ayuda por las fuerzas armadas, ni prohíbe que una parte en un conflicto o que una potencia ocupante satisfaga las necesidades de la población civil valiéndose de sus fuerzas armadas. Concretamente, las partes en un conflicto y/o las potencias ocupantes tienen la obligación de asegurar la provisión de alimentos, material sanitario, ropa de vestir y de cama, alojamientos de urgencia y otros suministros que sean esenciales para la supervivencia de la población civil que se encuentra bajo su control [10] . Cuando se examina la cooperación civil-militar y los asuntos civiles, la cuestión clave, desde el punto de vista del derecho internacional humanitario, es evaluar si la población civil está recibiendo estos elementos básicos en forma imparcial y sin distinciones adversas [11] .

Cabe destacar que los conceptos de la cooperación civil-militar y de los asuntos civiles no son fenómenos nuevos. Ambos han formado parte de las principales operaciones militares del siglo XX. Por ejemplo, los Equipos de Reconstrucción Provinc ial, creados en Afganistán, en 2004, tienen sus raíces en el Proyecto Estratégico Hamlet, implementado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, durante la guerra de Vietnam. En este ejemplo, se desplegó a miembros de las Fuerzas Especiales junto con representantes civiles de USAID [12] , en una campaña de " corazones y mentes " destinada a proporcionar ayuda para el desarrollo al mismo tiempo que se llevaba adelante una campaña contra la insurgencia. El período posterior a la Guerra Fría ha sido testigo de la creciente importancia de la cooperación civil-militar y de los asuntos civiles, que se han transformado en una actividad de base de las fuerzas armadas.

Sus respectivas definiciones, en el ámbito militar, son las siguientes:
 

  • " La Cooperación civil-militar (CIMIC) consiste en la coordinación y la cooperación, en apoyo de una misión, entre el comandante de la OTAN y las poblaciones civiles, con inclusión de las autoridades nacionales y locales, así como las organizaciones y organismos internacionales, nacionales y no gubernamentales " [13] .

  • " Los Asuntos civiles (CA) son las actividades militares interrelacionadas que abarcan la relación entre las fuerzas armadas y las autoridades y poblaciones civiles. Las misiones de asuntos civiles comprenden las operaciones civiles-militares y la administración civil (...) Los asuntos civiles son las actividades que los comandantes militares realizan para establecer y mantener relaciones entre sus fuerzas y las autoridades civiles y la población en general, los recursos y las instituciones, en las zonas amistosas, neutrales u hostiles donde trabajan esas fuerzas. Los comandantes planifican y llevan a cabo actividades de asuntos civiles para facilitar las operaciones militares y respaldar los objetivos político-militares determinados por los intereses de la seguridad nacional de EE.UU. El establecimiento y el mantenimiento de relaciones entre militares y civiles pueden entrañar la interacción entre las fuerzas de seguridad estadounidenses, multinacionales y locales, incluidos los organismos gubernamentales y no gubernamentales, como parte de las misiones encargadas a un Comando de Fuerzas Conjuntas. Estas actividades pueden tener lugar antes, durante, después o en ausencia de otras acciones militares " [14] .

Evidentemente, hay diferencias entre el alcance de la doctrina de la cooperación civil-militar y el de la doctrina de los asuntos civiles. La OTAN consideraba la cooperación entre civiles y militares como un nexo, cuyo primer y principal objetivo era mejorar la coordinación y reducir las duplicaciones con las organizaciones civiles y las autoridades. La doctrina no contenía un llamamiento explícito a " conducir " proyectos humanitarios ni establecía una " exclusión " estricta de dichos proyectos, siempre que éstos respaldaran la misión militar.

Resulta más difícil categorizar el enfoque de asuntos civiles adoptado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que se describe arriba. El propósito de este enfoque es influir en el entorno civil en favor de las fuerzas armadas de Estados Unidos mediante, por ejemplo, los intentos por granjearse los corazones y las mentes, o el uso de tácticas destinadas a quebrar la moral del enemigo o reducir el apoyo que recibe de la población civil. Las operaciones de asuntos civiles pueden, deliberadamente, sustituir a las autoridades y organizaciones civiles, si esa práctica apoya la intención (y los objetivos) del comandante con respecto a la población civil. El personal y las operaciones de asuntos civiles traen consigo conocimientos y modalidades que se pueden considerar como orientados hacia la ocupación o hacia la conquista de los corazones y las mentes de la población civil para combatir un movimiento insurgente.

Estas dos modalidades están evolucionando, en términos generales, hacia la convergencia o, cuando menos, tienen suficientes puntos en común como para resultar compatibles. La generación de oficiales de la OTAN, que actuó durante la Guerra Fría y que apoyaba la cooperación civil-militar, pero restringida a una función de nexo, está siendo reemplazada por una generación de oficiales cuyos años de formación transcurrieron en las complejas situaciones de los Balcanes, Sierra Leona, Somalia y Afganistán. La generación actual de misiones militares multinacionales, que practican la cooperación civil-militar y que llevan a cabo operaciones de asuntos civiles, no ve contradicción alguna en que una fuerza de combate conduzca, en forma activa, operaciones humanitarias ni en desempeñar este rol en situaciones que percibe como " vacíos humanitarios " , en contextos como los de Irak.

La cooperación civil-militar y los asuntos civiles no deben considerarse como funciones militares totalmente benignas o aisladas de las funciones de combate y de recopilación de inteligencia. Con la reestructuración de las fuerzas armadas, que tuvo lugar durante el decenio anterior, la cooperación civil-militar y los asuntos civiles se sumaron al conjunto principal de operaciones ajenas al combate, que forman parte de las herramientas de un comandante para hacer la guerra, denominadas globalmente " operaciones de información " (InfoOps). La cooperación civil-militar y los asuntos civiles complementan la otra función pública denominada " operaciones con los medios " (MediaOps), en tanto que las " operaciones psicológicas " (PsyOps) y la " guerra electrónica " se emprenden, a menudo, en apoyo de los objetivos de inteligencia. Con este planteamiento, no puede existir una separación completa entre las actividades humanitarias y la recopilación de inteligencia. Esta tendencia se extiende también a las fuerzas armadas que participan en operaciones de paz llevadas a cabo en virtud de mandatos conferidos a las Naciones Unidas [15] .

Los conceptos de cooperación civil-militar y de asuntos civiles están comenzando a difundirse. En las fuerzas armadas de los países de Occidente, ya no se limitan a un pequeño grupo de especialistas. Sobre todo en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, las fuerzas de combate generales son cada vez más activas en el ámbito de la asistencia. En Asia, algunas fuerzas armadas nacionales consideran la cooperación civil-militar o los asuntos civiles como uno de los tres pilares de su doctrina, junto con la recopilación de inteligencia y el combate. En África, la doctrina de la cooperación civil-militar se está desarrollando de acuerdo con los lineamientos de las operaciones de paz " tradicionales " del decenio de 1990, pero inevitablemente, adoptará las operaciones " humanitarias " como un complemento normal de las funciones que desempeñan las fuerzas armadas en relación con la seguridad y la estabilidad.

Para los actores humanitarios, la cooperación civil-militar y los asuntos civiles se pueden explicar de la siguiente manera:

  • son el nexo que facilita la unificación de las actividades realizadas por las fuerzas armadas y las entidades civiles pertinentes, incluidas las autoridades locales, nacionales o regionales y las organizaciones no gubernamentales e internacionales;

  • sirven como centro de coordinación dentro de las fuerzas armadas para supervisar e influenciar la situación general y humanitaria con que se enfrenta la población civil;

  • los miembros del personal de cooperación civil-militar y de asuntos civiles se desempeñan como diplomáticos humanitarios y actúan como la conciencia de su comandante, pero con una función de apoyo de combate, no como encargados de adoptar decisiones operacionales;

  • la cooperación civil-militar y los asuntos civiles forman parte de una gama más amplia de herramientas diferentes a las utilizadas en la función de combate, que el comandante emplea para dominar cualquier situación con que se confronte: los medios de comunicación (nacionales/internacionales), la población civil (granjearse el apoyo para las propias fuerzas/restar apoyo al enemigo) y la inteligencia, y también para apoyar los objetivos políticos más amplios (consolidación de naciones, enfoque integrado, etc.);

  • en lo que se refiere a su ejecución, los actuales proyectos humanitarios de cooperación civil-militar y de asuntos civiles conducidos por las fuerzas armadas son casi idénticos a los de las organizaciones humanitarias [16] . El modus operandi de sus equipos comprende la evaluación de necesidades, la definición de proyectos, la obtención de fondos (donantes militares o nacionales), la búsqueda de socios o contratistas para la puesta en práctica y la evaluación de las repercusiones de sus proyectos.

Los siguientes son ejemplos concretos de las situaciones relacionadas con la cooperación civil-militar y los asuntos civiles que los actores humanitarios deben afrontar en los contextos contemporáneos.

  Afganistán: Equipos de Reconstrucción Provincial  

USAID describe a los Equipos de Reconstrucción Provincial como " unidades civiles-militares conjuntas, que fortalecen el alcance del Gobierno central a través del mejoramiento de la seguridad y la facilitación de las actividades de reconstrucción y desarrollo " [17] .

Los Equipos de Reconstrucción Provincial se pueden considerar como un tipo de anexo civil-militar adosado a una fuerza militar, y su función está orientada hacia la consolidación de naciones, c omo parte de los objetivos políticos y de la estrategia militar. Son empleados tanto por las fuerzas de la OTAN, en el marco de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), creada por el mandato conferido a la ONU, como por las Fuerzas de la Coalición, que participan en la operación Libertad Duradera. Hay representantes civiles de los Estados y de los donantes que se han incorporado en los Equipos de Reconstrucción Provincial como miembros permanentes y que mantienen cierta autoridad sobre los proyectos y la modalidad aplicada.

Con más de 180 millones de dólares EE.UU. disponibles para financiar diez Equipos de Reconstrucción Provincial en 2004, éstos poseen gran influencia y medios sustanciales. Funcionan como una suerte de plataforma de seguridad desde la cual los representantes civiles seleccionan proyectos, que son ejecutados por la Organización Internacional para las Migraciones (en la zona norte de Afganistán) y por las Oficinas de Servicios para Proyectos de Naciones Unidas (UNOPS) (en la zona sur de Afganistán). Los proyectos se orientan mayormente hacia la infraestructura y comprenden carreteras, oficinas y escuelas. Sólo una pequeña parte de los fondos de financiación se utiliza para la provisión directa de ayuda humanitaria por parte de las tropas de combate.

  Misión de las Naciones Unidas en Liberia (UNMIL): Proyectos de Impacto Rápido (QIP)  

Citamos las palabras del comandante de la guarnición pakistaní de la UNMIL en Voinjama, Liberia: " Por razones humanitarias y como un gesto de buena voluntad, hemos distribuido algunas bolsas de arroz y algo de ropa a la población local que encontramos aquí, para aliviar sus sufrimientos " [18] .

Los contingentes militares de la UNMIL muestran que las misiones militares realizadas como parte de una misión de la ONU tambi én proporcionan ayuda humanitaria como una tarea integral. Las fuerzas armadas llevan a cabo diversos Proyectos de Impacto Rápido con pequeños presupuestos, como gestos de buena voluntad, que presumiblemente se integran en las acciones de ayuda más generales desplegadas por otros actores humanitarios [19] . Además, como participantes activos en el proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción, los diferentes contingentes militares de la UNMIL han llevado adelante un programa de intercambio de alimentos o dinero por armas, con resultados disímiles (por ejemplo, amotinamientos de los soldados en vías de desmovilización y las consecuentes preocupaciones con respecto a la seguridad de la población civil).

Algunos aspectos de la relación con los organismos humanitarios reflejan las cuestiones del decenio de 1990, sobre todo la falta de coordinación entre los actores militares y humanitarios. Por ejemplo, un batallón de la UNMIL decidió, en forma unilateral, proporcionar asistencia médica en un hospital donde ya estaba trabajando el CICR. Finalmente, para evitar la duplicación de las actividades, el CICR optó por abandonar su programa y dejó el apoyo del hospital civil en manos de las tropas de la ONU [20] .

Pese a no tener un mandato explícito de las Naciones Unidas con respecto a la realización de operaciones humanitarias, el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU dispone, al parecer, de un millón de dólares EE.UU. para que los diversos contingentes militares de la ONU en Liberia lleven a cabo proyectos humanitarios en esa región.

  Las relaciones cívico-militares en un marco más amplio  

Durante el último decenio, la relación entre los organismos humanitarios y las misiones militares multinacionales se podía comprender median te un examen relativamente simple de las diferencias y complementariedades de los dos grupos que, de vez en cuando, desempeñaban funciones similares. Hoy en día, esta cuestión debe considerarse desde una perspectiva más amplia, que permita comprender la complejidad del entorno en que trabajan los actores humanitarios y los riesgos conexos.

La cooperación civil-militar y los asuntos civiles y, en general, las operaciones militares no relacionadas con el combate, son solamente un subconjunto de tendencias más generales en el ámbito humanitario, dentro del cual preocupan al CICR las relaciones cívico-militares. En la proyección de las tendencias actuales que se reseña a continuación, se ofrece una perspectiva de los futuros entornos de conflicto, que probablemente se caractericen por una mayor confusión de las funciones, los papeles y los cometidos. Éste es el tipo de entorno con que los organismos humanitarios tendrán que confrontarse en el futuro.

  La creciente complejidad de las fuerzas armadas  

" En un momento dado, los miembros de nuestro servicio distribuirán víveres y ropa a refugiados desplazados, es decir, proporcionarán ayuda humanitaria. En otro, separarán a dos tribus en guerra, es decir, mantendrán la paz. Más tarde, lucharán en una batalla altamente letal de mediana intensidad. Todo esto en un mismo día, y todo en tres manzanas de una misma ciudad " [21] .

Las fuerzas armadas se entrenarán y combatirán adaptándose a la compleja situación descrita por el Gral. Krulak, en el párrafo anterior. Incluso los comandantes de combate de nivel inferior tendrán que prestar creciente atención a las operaciones de mantenimiento de la paz y de la estabilidad y a la ayuda humanitaria. Las funciones ajenas al c ombate se considerarán como tareas básicas en todos los contextos, incluso en situaciones de conflicto armado. Las operaciones de las fuerzas armadas con los medios de comunicación (campañas de información) tendrán una presencia aún mayor en el ámbito público, ocultando las realidades y los costos humanos de la guerra, con frases lapidarias relativas a las acciones humanitarias y de reconstrucción. Las fuerzas armadas seguirán utilizando la imagen y el símbolo de sus actividades de asistencia y de reconstrucción como una forma de granjearse el apoyo en el plano local y regional, y más importante aún, en su propio país.

Pese a sus esfuerzos por incrementar la profesionalización de las fuerzas armadas para poder hacer frente al desafío de las operaciones multifacéticas, las fuerzas armadas seguirán dependiendo de la integración de especialistas y de funciones civiles en sus estructuras militares. Los civiles incorporados en las misiones cobrarán una importancia aún mayor; se desempeñarán como asesores civiles de los Estados en cuestiones humanitarias, políticas o de reconstrucción, como contratistas privados para desempeñar funciones tradicionales de apoyo de combate, y como representantes de los Estados donantes sobre el terreno. 

Para mantenerse a la par de las cambiantes realidades de los conflictos, el CICR deberá llamar la atención de un espectro más amplio de actores con respecto a sus obligaciones en el marco del derecho humanitario durante un conflicto. No será suficiente con dirigirse sólo a los Estados partes en un conflicto; también tendrá que invertir más tiempo en diálogos constructivos, por ejemplo, con empresas de servicios militares o de seguridad privadas, contratistas privados, fuerzas policiales, instructores y otros interlocutores pertinentes. 

La integración de civiles en las fuerzas armadas puede ofrecer algunos aspectos positivos. Los civiles pueden fomentar una mayor sensibilidad cultural en las f uerzas armadas, promover la sensibilización acerca de los efectos de los conflictos en las poblaciones civiles, proporcionar asesoramiento técnico y político y sensibilizar acerca de las necesidades y de la acción humanitaria durante el desarrollo de una guerra. La inclusión de civiles, de expertos contratados y de recursos de apoyo en las fuerzas armadas puede mejorar el cumplimiento de las responsabilidades de los Estados en materia de derecho internacional humanitario, pero también podría suceder lo contrario.

  Instrumentalización de la ayuda humanitaria y de la reconstrucción  

Cuando las fuerzas armadas (y los encargados de adoptar decisiones políticas) perciben la existencia de un " vacío humanitario " , pueden intentar llenarlo ellas mismas o encontrar soluciones a corto plazo que favorezcan los propios objetivos militares. Es probable que la respuesta se base en las experiencias adquiridas en contextos como Afganistán e Irak, donde los organismos humanitarios no pueden funcionar debido a la falta de un nivel adecuado de seguridad o porque no pueden actuar conforme a su modus operandi .   La creencia, cada vez más firme, de que la ayuda humanitaria es una herramienta de la que se puede sacar ventaja posiblemente pase a ser una de las consideraciones predominantes de las fuerzas armadas.

Mientras que, en la mayoría de los casos, los organismos humanitarios continuarán proporcionando, en forma imparcial, ayuda basada en las necesidades de las personas afectadas por conflictos, las fuerzas armadas a veces emplearán la ayuda humanitaria como un medio para alcanzar un fin militar estratégico o táctico. Las fuerzas armadas pueden utilizar, con la población civil, la táctica del trueque de ayuda por inteligencia, para mejorar la protección de su propia fuerza, par a granjearse los corazones y las mentes, o como un medio para forzar la cooperación o premiarla. Por consiguiente, existe el riesgo de que, en contextos de conflicto armado, coexistan planteamientos de la ayuda humanitaria que sean incompatibles entre sí. Es posible que los actores humanitarios se vean obligados a modificar sus respectivas políticas de ayuda o tengan que considerar la posibilidad de retirarse de contextos demasiado sensibles desde el punto de vista político o excesivamente inseguros como para poder funcionar con eficacia, y dejar la tarea de la ayuda humanitaria en manos de las fuerzas armadas que, de hecho, son total o parcialmente responsables de la inseguridad y también de la parcialidad que perciben en esos mismos organismos.

" Barno [comandante de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de la operación Libertad Duradera, en Afganistán ] sugirió que era hora de que los grupos de ayuda humanitaria aceptaran que no podían permanecer neutrales después de una sucesión de ataques deliberados contra personas que trabajaban eliminando minas o cavando pozos de agua (...)'Probablemente tengan que darse cuenta –y lo están haciendo- de que están trabajando en un mundo diferente', dijo " [22] .

En el caso de conflictos que suscitan la atención de los medios de comunicación, las partes en el conflicto hacen grandes esfuerzos por influir sobre la prensa, embarcándose en actividades que tradicionalmente conducen los organismos civiles y compitiendo para promover una relación de " con nosotros o contra nosotros " con los actores humanitarios.

  La consolidación de naciones y los enfoques integrados de la gestión de conflictos  

El Gobierno del Reino Unido ha propuesto " (...) el establecimiento de la Unidad de Reconstrucción Posterior a Conflictos (PCRU), que trabajará en estrecho contacto con la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth y el Ministerio de Defensa. La PCRU incluirá personal del Departamento de Desarrollo Internacional (DFID), de la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth (FCO) y del Ministerio de Defensa (MoD). Planificará y ejecutará estrategias, incluido el despliegue de civiles, para las tareas de reconstrucción emprendidas tras los conflictos y durante el período de transición entre regímenes militares y civiles, que incluirán el reclutamiento, la formación, el despliegue y la administración de personal civil experimentado y de los recursos apropiados. Un Grupo Directivo de Funcionarios Superiores proporcionará políticas estratégicas y directivas operacionales " [23] .

Las intervenciones armadas y las operaciones de paz multinacionales se irán transformando en ejercicios cada vez más complejos. Como se vio en Afganistán, las fuerzas armadas multinacionales (tanto la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad como las Fuerzas de la Coalición) encontrarán mayores sinergias con las autoridades nacionales y los órganos políticos de la ONU. La cooperación puede abarcar desde la coordinación de la campaña informativa hasta el apoyo a procesos electorales y la consolidación de la autoridad de un gobierno nuevo. Si bien no se trata de un fenómeno reciente, la distinción entre los organismos civiles y los actores militares gradualmente perderá importancia a los ojos de la población y de las autoridades. Sencillamente, se esperará que las organizaciones y los trabajadores humanitarios se integren en las actividades más generales realizadas por la comunidad internacional, aunque se ponga en peligro la neutralidad o la independencia.

En la relación concreta entre los actores humanitarios y las misiones militares multinacionales se corre el riesgo de que crezca la brecha entre la política y la práctica. Algunos actores humanitario s resistirán, con dificultades, a las presiones políticas y financieras por integrarlos en las acciones más generales. Otros simplemente aceptarán que no son ni neutrales ni independientes, y adaptarán sus modus operandi a las realidades de la situación. Para una comunidad de organismos humanitarios con cometidos divergentes, posiblemente resulte difícil establecer un diálogo colectivo y constructivo sobre las relaciones cívico-militares.

  Contratación de tareas en los conflictos armados  

" Dos proyectos de reconstrucción postconflictiva, ambos altamente complejos y de vital importancia, como son las elecciones de la Loya Jirga y el Programa Nacional de Cambio de Moneda, fueron planificados y ejecutados por la compañía [Global Risk Strategies – PSC ] en nombre de la ONU y de los Gobiernos de Estados Unidos y de Afganistán. Mediante el control y la utilización de diversas aeronaves, vehículos y equipos de comunicaciones y logística, así como la coordinación de las acciones en más de treinta lugares del país con todos los niveles del Gobierno y de las fuerzas armadas en el plano nacional y local, el personal de la compañía logró que estos importantes proyectos se desarrollaran con éxito " [24] .

Sobre todo en el caso de Irak, la ausencia de trabajadores humanitarios debido a preocupaciones relacionadas con la seguridad está fortaleciendo la percepción militar de que las organizaciones humanitarias carecen de voluntad para enfrentarse con los peligros. Los Estados clave, las fuerzas armadas y, posiblemente, los actores humanitarios ejercerán presión para que se haga un uso aún mayor de los servicios de contratistas civiles para la realización de actividades humanitarias y de reconstrucción, exte rnalizando así los riesgos, las funciones y las responsabilidades.

Los organismos civiles estatales (departamentos de asuntos exteriores, de desarrollo, etc.) también adoptarán la idea de externalizar sus programas mediante contrataciones con el sector privado. Esta modalidad permitirá un mayor grado de control político sobre la ejecución y la selección de los proyectos y de las poblaciones destinatarias, y por inducción, limitará la responsabilidad y la rendición de cuentas. Por extensión, las organizaciones humanitarias corren el riesgo de transformarse en organismos de ejecución del sector privado, particularmente en programas de desarrollo estructural en gran escala, e incluso en contextos que todavía se califican como conflictos armados.

  ¿Recetas de antaño para un mundo nuevo?  

     

" En estos tiempos generalmente difíciles, es mejor concentrarnos en nuestras intenciones humanitarias que en las quejas. En lugar de lamentarnos sobre las fuerzas en nuestra contra, tendríamos que hacer planes y preparativos, construir relaciones y tejer alianzas, persuadir a nuestros adversarios o ser más listos que ellos. Hemos de actuar con táctica: vencer donde podemos y retirarnos cuando no es posible. No es el momento, como aconsejan algunos, de invertir tiempo en más debates interminables que sólo nutren la cultura de la queja o intentar redefinir la acción humanitaria desde sus principios básicos. Tampoco es el momento de atrincherarnos para defender los valores humanitarios. En realidad, no están tan amenazados. Pero sí es el momento de tomar decisiones acerca de dónde podemos trabajar y dónde no podemos hacerlo, y de ser innovadores en nuestra forma de hacer las cosas. Es el momento de ser creativos en el ámbito humanitario en lugar de sumirnos en la angustia humanitaria " [25] .

Hugo Slim ha identificado claramente los retos con que se enfrentan hoy los actores humanitarios en contextos complejos como Afganistán e Irak, y prescribe un remedio sencillo: un compromiso renovado. La exhortación a " vencer donde podemos y retirarnos cuando no es posible " describe, tal vez penosamente, el modus operandi que se impone a las organizaciones humanitarias en esos dos contextos [26] . Aunque se preste mucho crédito a la idea pragmática de que las organizaciones humanitarias elijan los contextos donde trabajar o encuentren soluciones innovadoras a problemas de larga data, también hay límites inamovibles en cuanto a la medida en que el CICR u otras organizaciones pueden " hacer excepciones a las normas " para encarar nuevos desafíos. Para una organización como el CICR, cuyo cometido es proteger y ayudar a las víctimas de conflictos con imparcialidad, sin distinciones de nacionalidad, raza, religión, credo político u otros criterios, la elección del lugar donde trabaja se basa, fundamentalmente, en el lugar donde se encuentran las víctimas. Así pues, tal vez no se trate de cómo las organizaciones humanitarias se pueden adaptar a la realidad, sino, ante todo, de si deben hacerlo.

En la última sección del presente documento se reseña la imagen que las audiencias militares tienen del CICR y del tipo de acción humanitaria que le es propia, a la luz de la evolución de la doctrina y del entorno donde se despliega la acción humanitaria. El CICR y su estricta adhesión a la neutralidad y a la independencia resultan un tanto anacrónicos para las fuerzas armadas, adiestradas para comprender e integrar mejor todas las acciones políticas, militares y humanitarias, cualquiera sea su misión.

A continuación, se parafrasea la relación del CICR con las misiones militares multinacionales. Para esta relación, el CICR se basa en los siguientes principios:

  • mantener su independencia con respecto a la toma de decisiones y a las acciones que se emprendan;

  • mantener una clara distinción entre los roles y los actores humanitarios, políticos y militares en tiempo de conflicto armado, y

  • mantener el diálogo, en todo momento y nivel, con las misiones militares multinacionales, cualquiera sea su carácter en el conflicto.

A la luz de la evolución de la doctrina y de las operaciones de cooperación civil-militar y de asuntos civiles, y teniendo en cuenta las tendencias generales de las operaciones de paz y de la gestión de conflictos, no sorprende que algunos Estados y fuerzas armadas a menudo perciban al CICR como obstinadamente resistente al cambio o simplemente obsoleto. Cualquiera sea esa percepción, la posición del CICR está limitada por principios [27] que excluyen tanto la cooperación más estrecha como la subordinación de las acciones humanitarias propias del CICR a objetivos políticos más amplios o a nuevas tendencias en la conducción de la guerra y en las intervenciones multinacionales. Sin embargo, esa posición no excluye el diálogo y el compromiso.

El CICR posee una Unidad de Relaciones con las Fuerzas Armadas y de Seguridad formada por un grupo de especialistas en temas militares y policiales, que guían a la Institución en sus contactos con las fuerzas armadas, de seguridad y de policía en todo el mundo [28] . La Unidad trabaja en forma constante para dar a conocer la función concreta y la identidad del CICR a las fuerzas armadas en todo el mundo [29] , sobre todo a las desplegadas en misiones en el extranjero, a los nivel es superiores de mando y a las personas que poseen influencia en niveles estratégicos de la política y del adiestramiento.

Si se emplean los contextos de Europa occidental como barómetro de esa percepción, la reacción ante las actividades de difusión del CICR es cada vez más animada. Esto se debe, en gran medida, al hecho de que las fuerzas armadas disponen de una creciente experiencia operacional en contextos compartidos con actores humanitarios, y abundante experiencia personal (tanto positiva como negativa) en relación con las posibilidades de lograr la coordinación y la complementariedad entre las acciones militar y humanitaria. Éstos son algunos ejemplos de las reacciones habituales de las fuerzas armadas ante las presentaciones del CICR:

  • a menudo, hay cierto grado de sorpresa cuando se enfrentan con la estricta defensa de la neutralidad y la independencia por parte del CICR. Hay escepticismo entre los oficiales a quienes sus autoridades políticas piden conducir la " guerra en tres manzanas " (es decir, conducir la guerra, realizar operaciones de paz y proporcionar ayuda humanitaria, todo ello en tres manzanas de una ciudad), sólo para enterarse de que no todas las organizaciones civiles se sienten cómodas al entrar en zonas que los militares han transformado en " permisivas " (en el sentido de la seguridad). Algunas de las audiencias más serias comienzan a poner en tela de juicio la esencia misma de la acción humanitaria, y señalan que las misiones y funciones militares que ellos desempeñan también se guían por principios de neutralidad, independencia e imparcialidad;

  • se resisten a aceptar que, si todos " nosotros " trabajamos por los mismos objetivos, no podamos ( " nosotros " ) trabajar juntos [30] . Las fuerzas armadas frecuentemente suponen que existe un estado final deseado para la misión militar que se les ha confiado: la estabilidad, la segur idad, las elecciones, etc. Los " Enfoques Integrados Conjuntos " , es decir, la unidad de acción del poder militar, diplomático y económico, representa, para las fuerzas armadas, el lugar que ocupan en los enfoques integrados más generales destinados a la consolidación de naciones. Es interesante comprobar que su enfoque consiste, a menudo, en centrar su objetivo estratégico y el estado final en la misma población destinataria: las víctimas de la guerra. Es difícil explicar que el CICR tiene el mismo interés permanente en ayudar a las víctimas de conflictos, aunque sin necesidad de integrarse en la estrategia política militar de los otros, pero siempre consciente de las acciones que realizan.

El quid de la cuestión puede resumirse del siguiente modo: " Ustedes [el CICR ] temen que nosotros [las fuerzas armadas ] nos aprovechemos de ustedes con fines de inteligencia; ustedes preferirían que nos mantuviéramos al margen de los asuntos humanitarios; ustedes quieren trabajar en favor del mismo objetivo, que es ayudar a las personas, pero no con nosotros . ¿Qué desean que hagamos? "

Es comprensible que haya cierta frustración ante una organización que da la impresión de pedir todo y también lo opuesto. Por un lado, el CICR espera mantener una relación bien definida y un debate sobre temas de interés para las fuerzas armadas, cualquiera sea su carácter en el conflicto (acceso del CICR a las víctimas, detención por las fuerzas armadas, etc.) [31] . También preocupa al CICR que la confusión de funciones y de actores pueda hacer creer que ha tomado partido en el conflicto, lo que pondría en peligro tanto a la Institución como a su personal. No existe una manera unívoca de aclarar la forma en que se perciben el CICR y su posición [32] .

  Consideraciones clave para seguir avanzando  

     

Los conceptos de neutralidad e independencia suscitan, cada vez más, interpretaciones erróneas o se distorsionan para que encajen en otros programas de acción. Para el CICR, el desafío del futuro será encontrar los medios que lo distingan de todos los demás actores. Algunas de las consideraciones clave relacionadas con las misiones militares multinacionales, que, de hecho, el CICR preconiza incluso más allá del ámbito de la relación entre civiles y militares, son las siguientes:

  • En un mundo cada vez más polarizado, la acción humanitaria neutral e independiente como la realizada por el CICR es imprescindible para limitar los medios utilizados en la guerra, así como el costo humano de la guerra y de la violencia armada.

  • La presencia de actores humanitarios neutrales e independientes en tiempo de conflicto armado sigue siendo necesaria; la neutralidad es un aspecto clave de la acción humanitaria; no es un concepto que se pueda abandonar y retomar a voluntad.

  • Es fundamental mantener la distinción entre la actividad humanitaria y la ayuda prestada por motivaciones políticas.

  • Si bien hay margen para las diferentes modalidades de la ayuda humanitaria y para la reconstrucción en tiempo de conflicto armado, todos los actores deben comprender que sus acciones afectan a todos aquellos con quienes comparten el mismo ámbito geográfico y humanitario. El compromiso y el diálogo representan la solución fundamental.

  • Es esencial granjearse la aceptación y la confianza de todas las partes en un conflicto, cualquiera sea su situación en él, para poder acceder a las personas afectadas por ese conflicto y proporcionarles protección y ayuda. Se acepte o no el tipo de acción humanitaria del CICR, éste necesita mantener la imagen de su neutralidad e independencia, que le permite bri ndar protección y asistencia a ambos lados de las líneas del frente, sean éstas reales o potenciales.

  Observaciones finales  

La conclusión a la que podemos llegar está reflejada, en muchos sentidos, en las Líneas directrices del CICR para las relaciones cívico-militares (véase el Anexo), que siguen rigiendo las relaciones de la Institución con las misiones militares multinacionales en tiempo de conflicto armado, a pesar de la evolución que se registra en ese entorno. Sin embargo, cabe añadir algunas reflexiones finales.

Hoy en día, la contracción del entorno humanitario que el CICR experimenta, tanto en Afganistán como en Irak, puede atribuirse, en parte, a la participación de fuerzas armadas multinacionales que asumen funciones que van más allá de proporcionar seguridad o empeñarse en combate. En ambos contextos, las fuerzas armadas desempeñan una actividad cada vez mayor en funciones normalmente desempeñadas por civiles. La distinción entre la acción humanitaria, política y militar se vuelve confusa cuando se percibe a las fuerzas armadas como actores humanitarios, cuando se incorporan civiles en las estructuras militares y cuando se crea la impresión de que las organizaciones humanitarias y su personal son meras herramientas dentro de enfoques integrados de la gestión de conflictos.

Si los casos de Afganistán e Irak constituyen un nuevo punto de referencia con respecto a los desafíos que el CICR afronta en materia de relaciones cívico-militares, esta situación debiera ser motivo de preocupación, porque, aunque no aumente el número de esas situaciones, en años futuros sí se multiplicarán los problemas que estas situaciones generan para los organismos humanitarios. Los encargados de adoptar decisiones políticas y militares están consolidando las experiencias adquiridas y proponen sinergias aún más generales entre las acciones políticas, humanitarias y militares.

La cooperación civil-militar y los asuntos civiles, así como la importante cuestión de mejorar la sinergia entre las acciones militares y civiles en las intervenciones multinacionales, constituirán una prioridad clave tanto para los Estados como para las fuerzas armadas. En los conceptos de las operaciones futuras, las fuerzas armadas trabajarán en estrecho contacto con sus homólogos civiles nacionales hacia una forma de " enfoque integrado " en los planos nacional, regional e intergubernamental.

Hoy, los desafíos de la relación cívico-militar no pueden resolverse mediante consultas efectuadas solamente entre los actores humanitarios y los militares. Si el CICR desea mantener su posición como uno de los principales actores humanitarios, con el cometido de trabajar en situaciones de conflicto armado y violencia, es necesario plantear el asunto de forma más general a diversos e influyentes líderes políticos y formadores de opinión.

El CICR se ha comprometido a concentrar su diálogo con los círculos políticos y las fuerzas armadas mediante el enfoque " volvamos a lo básico " , y a explicar claramente la función y la identidad de la Institución. Aunque tal vez no sea posible persuadir a ninguna de las partes que adopte los principios del " adversario " , cada una de ellas debe comprender y respetar las nociones de complementariedad y de distinción.

  Anexo: Líneas directrices del CICR para las relaciones cívico-militares  

  Contexto general  

El punto de partida del CICR en la definición de sus relaciones con los militares son los Principios Fundamentales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja al igual que las disposiciones pertinentes del derecho internacion al humanitario. Estos sitúan el contexto general para la naturaleza y el alcance de esa relación.

El CICR trabaja independientemente de cualquier objetivo de índole política o militar. Sus actividades abarcan no apenas la asistencia a las víctimas de los conflictos armados y de la violencia interna sino –y fundamentalmente– la protección de éstas, atendiendo tanto al derecho como a los principios humanitarios.

Los tres aspectos que se puntualizan a continuación son importantes para el CICR. Tratan de la respectiva naturaleza de la intervención militar y de la acción humanitaria del CICR, así como de la relación entre ambas y de las posibilidades para una cooperación.
 

  • El objetivo de la acción humanitaria del CICR no es la resolución de conflictos sino la protección de la dignidad y de la vida humanas. Las actividades humanitarias del CICR no pueden en modo alguno estar supeditadas a objetivos y consideraciones de orden político o militar.

  • El objetivo primordial de las misiones militares multinacionales, desde el punto de vista del CICR, debiera consistir en establecer y mantener el orden y la seguridad, y facilitar la resolución global del conflicto.

  • El CICR debe preservar su independencia de acción y decisión, sin dejar de mantener estrechas consultas con las misiones militares internacionales que se encuentren desplegadas en la misma zona de operaciones. La consulta debe darse en cada fase, tanto en el plano estratégico como operacional.

En el seno del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, el CICR pretende ejercer una función central en lo que hace a las políticas y a los aspectos operacionales de las relaciones cívico-militares en tiempos de conflicto armado. En particular, ha formulado directivas claras para las relaciones entre las S ociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja que actúan como " Sociedades Nacionales de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja participantes " (esto es, que contribuyen a la ejecución de una operación de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja en suelo extranjero) y los contingentes militares de sus respectivos países. En caso de que esa relación resultara problemática en lo que atañe al respeto de los Principios Fundamentales del Movimiento, el CICR adoptará las medidas que correspondan, de conformidad con los Estatutos del Movimiento [33] y con el Acuerdo de Sevilla [34] .

  La cooperación en la práctica  

  Diálogo con los responsables militares y políticos de la adopción de políticas y decisiones  

El CICR pretende trabar y sostener un diálogo con los círculos políticos y militares donde se formulan las políticas que rigen la intervención militar en las emergencias derivadas de conflictos armados. El adelanto del diálogo entre los organismos y las dependencias competentes de las Naciones Unidas, la OTAN y la Unión Europea es objeto de particular atención. El objetivo fundamental de ese diálogo es promover la visión que tiene el CICR de la acción humanitaria y, de ser necesario, fomentar y mantener contactos de utilidad para la cooperación operacional y para impulsar el respeto del derecho internacional humanitario.

Además, el CICR también busca ese diálogo fuera del mundo occidental, especialmente en regiones donde existe el marcado deseo de conferir un carácter regional al mantenimiento de la paz.

     

  Cooperación operacional con las fuerzas de mantenimiento de la paz  

Siempre que resulta factible, el CICR promueve contactos con miras al intercambio de información pertinente, en particular en situaciones en las cuales lleva a cabo actividades en la misma zona de operaciones que las fuerzas militares. Cuando procede, el CICR asigna a uno o más responsables para ocuparse del enlace con el mando militar sobre el terreno y a otras personas que, en la sede, asumen idénticas funciones respecto del mando militar supremo de que se trate.

El CICR mantiene igualmente contacto con las autoridades políticas y militares pertinentes, exhortándolas a la clara determinación del cometido de las fuerzas de mantenimiento de la paz en lo que a las consecuencias humanitarias de ese se refiere, de manera que se obvie toda ambigüedad con relación al cometido y a la función del CICR. Intenta cerciorarse, en particular, de que la acción militar no vulnere el carácter imparcial, neutral e independiente de su trabajo. Se empeña, asimismo, en velar por el respeto del derecho internacional humanitario por parte de las misiones militares internacionales.

Sin recurrir como norma (que puede ser dispensada en casos excepcionales) a la protección armada para sus operaciones, incluidos los convoyes de suministros de socorro, el CICR acoge con beneplácito todo esfuerzo que inviertan las misiones militares internacionales para crear un entorno seguro para las actividades humanitarias.    

     

  Protección de equipo e instalaciones del CICR por guardias armados  

El CICR no excluye el recurso a guardias armados para la protección de su equipo y sus instalaciones en situaciones en las cuales se considere indispensable tal protección (por ejemplo, en medio de intensa crimina lidad). No obstante, las repercusiones que pudieran conllevar tales medidas en cuanto a la imagen de la neutralidad y de la imparcialidad del CICR son objeto de evaluación regular.

     

  Utilización por parte del CICR de recursos militares o de la defensa civil  

En general, el CICR ejerce cautela en el uso de recursos militares o de la defensa civil, considerando que la necesidad, y no la disponibilidad, debe dictar tal opción. El CICR no objeta la utilización de esos recursos por parte de otras organizaciones humanitarias, siempre y cuando ello no entorpezca sus propias actividades.

Cuando el CICR usa esos recursos (porque se ofrecen en condiciones que aportan una clara ventaja, o porque no se dispone de recursos civiles comparables), se cerciora de que esta decisión no perjudique la imagen de neutralidad e imparcialidad de que goza y de que guarde consonancia con la estrategia y los principios operacionales.

     

  Contribución del CICR a la formación  

A través de cursillos sobre el derecho internacional humanitario y los principios básicos que rigen la acción humanitaria, el CICR aspira a ejercer influencia en la formación de personal militar asignado a misiones militares en el extranjero o a participar directamente en ella. Con este propósito, forja y mantiene relaciones institucionales directas con las academias militares y demás establecimientos que imparten formación a personal civil y militar para tales misiones. Establece la dimensión de la cooperación que estima apropiada según las circunstancias, en una gama que va desde las contribuciones puntuales hasta la cooperación formal a largo plazo (como en el caso del programa ini ciado con SHAPE).

El CICR también se empeña en aprovechar sus programas de formación para familiarizar a su personal con los distintos aspectos de las misiones militares internacionales y los diferentes conceptos de la cooperación civil-militar que se aplican en el terreno.

     

  Participación del CICR en conferencias y relación entre acción militar y acción humanitaria  

Mediante su dinámica participación en conferencias multilaterales y de otra índole que tratan de la relación entre la acción militar y la acción humanitaria, el CICR aspira a promover su enfoque del manejo de crisis y a compartir la experiencia operacional que ha adquirido. Busca también desarrollar y mantener una red de contacto entre quienes se ocupan de asuntos relacionados con la seguridad internacional.

La participación del CICR en acontecimientos de esta naturaleza depende de la posibilidad que se le brinde para contribuir a las deliberaciones o del interés que tenga para la organización el tema que se proponga examinar.

     

  Participación del CICR en ejercicios de adiestramiento militar  

El CICR participa –de manera selectiva– en ejercicios de adiestramiento militar cuando se le invita a hacerlo y cuando el propósito de esos ejercicios sea servir de cauce para la formación en el manejo militar de crisis que abarque la relación entre el sector humanitario y el sector militar. En estas ocasiones, la meta es dar a conocer mejor el cometido y las actividades del CICR y divulgar el conocimiento del derecho internacional humanitario. La contribución del CICR debiera comenzar en la fase de planificación. Se concede prioridad a los ejer cicios internacionales.

  [1] “MSF pulls out of Afghanistan”, Médicos Sin Fronteras, 28 de julio de 2004; puede consultarse en: http://www.msf.org/countries/page.cfm?articleid=8851DF09-F62D-47D4-A8D3EB1E876A1E0 (consultado por última vez el 28 de julio de 2004).

  [2] Seguridad de la acción humanitaria: una cuestión de aceptación y percepción de la Institución, del comportamiento... " Discurso pronunciado por el director de Actividades Operacionales del CICR en el Foro Humanitario de Alto Nivel, Palacio de las Naciones, Ginebra, 31 de marzo de 2004.

  [3] Meinrad Studer, “El CICR y las relaciones cívico-militares en los conflictos armados " , Revista Internacional de la Cruz Roja, No. 158, junio de 2001, pp. 103-123. También puede consultarse en el sitio del CICR en español, www.cicr.org/esp. El CICR ha adoptado el término relaciones cívico-militares para describir la relación específica entre los actores humanitarios y las misiones militares multinacionales en tiempo de conflicto armado. Se trató de una elección deliberada, destinada a diferenciar el término del CICR de los términos militares " cooperación civil-militar " (CIMIC-OTAN) y " asuntos civiles " (CA – Fuerzas Armadas de Estados Unidos), que remiten a la doctrina y la práctica militares.

  [4] En el decenio de 1990, se consolidaron las cuestiones fundamentales de la cooperación entre el CICR y las misiones militares multinacionales en situaciones de conflicto armado. Las cuestiones básicas de esta relación son, entre otras:

  • el acceso a las víctimas,

  • las visitas a personas detenidas por fuerzas militares multinacionales,

  • el in tercambio de información (seguridad, situación general),

  • el cometido del CICR de ofrecer instrucción a las fuerzas armadas y difundir el derecho internacional humanitario, y

  • el apoyo y la ayuda del CICR en el tratamiento de los enfermos y heridos.

  [5] “El llamamiento de Colin Powell a que las organizaciones no gubernamentales actúen como un'multiplicador de fuerzas para nosotros (...) una parte importante de nuestro equipo de combate'en Irak demuestra los peligros " (Traducción del CICR). Martin Woolacott, “Humanitarians must avoid becoming tools of power”, The Guardian , 2 de abril de 2004.

  [6] El autor, que asume plena responsabilidad por el contenido del presente artículo, se ha tomado ciertas libertades al reflexionar sobre las directrices del CICR, que antes se limitaban a considerar la forma en que la Institución se relaciona con las misiones militares multinacionales en conflictos armados, y proyecta estas cuestiones sobre un horizonte más amplio de cuestiones interrelacionadas y preocupaciones relativas a la acción humanitaria en el decenio venidero.

  [7] Studer, op. cit . (nota 1), pp. 120-123.

  [8] Una visión transversal de las relaciones entre civiles y militares comprende las siguientes obras: Sarah E. Archer, “Civilian and military cooperation in complex humanitarian operations”, Combined Arms Center Military Review , marzo-abril de 2003; puede consultarse en: http://www.leavenworth.army.mil/milrev/ English/MarApr03/indxma03.htm > (recomienda mejorar la sinergia, la cooperación y la co ordinación entre las fuerzas armadas y las organizaciones humanitarias para alcanzar estados finales comunes); “Armed forces as humanitarian aid workers? Scope and limits of co-operation between aid organizations and armed forces in humanitarian aid”. Verband Entwicklungspolitik Deutscher Nichtregierungs-Organisationen e. V ., mayo de 2003; puede consultarse en: http://venro.org/publikationen/archiv/Position%20Paper%20Armed%20Forces%20and%20Humanitarian%20A.PDF (consultado por última vez el 10 de marzo de 2004) (panorama exhaustivo de la relación entre civiles y militares, centrado en la tendencia a la militarización de la ayuda humanitaria); Jane Barry y Anna Jefferys, “A bridge too far: Aid agencies and the military in humanitarian response”, Humanitarian Practice Network , 6 de mayo de 2004; puede consultarse en: http://www.odihpn.org/ report.asp?ID=2398 (15 de junio de 2004) (aclara las cuestiones clave que son objeto de debate, y propone un diálogo más amplio sobre cuestiones políticas y prácticas); Eric James, “Two steps back: Relearning the humanitarian-military lessons learned in Afghanistan and Iraq”, The Journal of Humanitarian Assistance , octubre de 2003; puede consultarse en: http://www.jha.ac/articles/a125.htm (pone en tela de juicio la cohesión de la relación entre los actores humanitarios y militares y sugiere que se puede considerar que la creciente discordia ha causado " un retroceso de dos pasos " en la relación; Damian Lily, “The peacebuilding dimension of civil-military relations in complex emergencies: A briefing paper”, International Alert , agosto de 2002, (recomienda mejorar la cooperación entre los actores militares y humanitarios); Michael Pugh, “The challenge of civil military relations in international peace operations”, Disasters , vol. 25, nº. 4, 2001, pp. 345-357 (reseña el criterio integrador que han adoptado las fuerzas armadas en sus intentos por institucionalizar la relación entre civiles y militares); Adam Siegel, “Civil-military marriage counseling: Can this union be saved?”, Special Warfare , diciembre de 2002, pp. 28-34; puede consultarse en: http://www.jha.ac/articles/a140.pdf (se centra en la imagen que tienen los militares de sus homólogos civiles).

  [9] Se eligieron como ejemplos las doctrinas de la OTAN y de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, porque son de dominio público y son pertinentes con respecto a los contextos clave de Afganistán e Irak, y porque el CICR ha tenido experiencia práctica sobre el terreno con estas fuerzas armadas en tiempo de conflicto armado.

  [10] Párrafo 2 del artículo 69 del Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados internacionales, del 8 de junio de 1977 ( " Protocolo Adicional I " ).

  [11] Párrafo 1 del artículo 69 del Protocolo Adicional I.

  [12] Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Equipos de Socorro en caso de Desastres (Disaster Assistance Response Teams, " DART " ): “Un DART es un equipo de respuesta rápida, compuesto por especialistas en socorros en caso de desastres que realizan evaluaciones, identifican y atribuyen prioridad a las necesidades, dirigen las actividades de ayuda sobre el terreno, recomiendan acciones de respuesta y realizan acciones de coordinación con las organizaciones de socorro del país afectado y otras organizaciones. Normalmente, los equipos se despliegan después de catástrofes devastadoras de gran magnitud. Se han desplegado equipos DA RT en todo el mundo, por ejemplo, en Irak, inmediatamente después del reciente conflicto; en Angola, entre la población afectada por la guerra civil de 27 años, y en Etiopía, para proporcionar ayuda humanitaria a comunidades afectadas por la sequía " (Traducción del CICR). “USAID Disaster Assistance Response Team (DART) Deploys to Liberia”, 6 de agosto de 2003; puede consultarse en: http://www.usaid.gov/press/releases/2003/pr030806.html.

  [13] “AJP-9: NATO Civil-Military Co-operation (CIMIC) Doctrine”, Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), junio de 2003; puede consultarse en: http://www.nato.int/ims/docu/AJP-9.pdf (consultado por última vez el 24 de junio de 2004).

  [14] Biblioteca de los Jefes de Estado Mayor Conjunto, 20 de junio de 2004; puede consultarse en: http://www.dtic.mil/doctrine (consultado por última vez el 24 de junio de 2004).

  [15] Algunos ejemplos de estas operaciones son las misiones militares de la Fuerza Multinacional de Estabilización (SFOR) y la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), que controlan los periódicos, la radio y la televisión. Desde estas plataformas, pueden controlar el flujo de " buenas noticias " a la población local y tratar de influenciar la opinión pública y el comportamiento de la población a su favor y en apoyo de objetivos políticos más amplios.

  [16] En Afganistán, los ejemplos son muchos: la ISAF mantiene diez equipos de cooperación civil-militar (CIMIC) con un presupuesto total de 1.200.000 dólares EE.UU. Cada equipo CIMIC tiene asignado su propio distrito de seguridad en la provincia de Kabul; cada uno encuentra proyectos de pequeña escala y de corto pla zo que puede financiar: suministrar muebles a una escuela, rehabilitar una clínica, etc. La modalidad general del sistema CIMIC consiste en coordinar los Equipos de Reconstrucción Provincial con la comunidad de organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales y las autoridades nacionales y locales. 

  [17] Presentación en PowerPoint de USAID para el CICR en Kabul, abril de 2004. La presentación describe en detalle las tareas específicas de los Equipos de Reconstrucción Provincial: " Construcción de relaciones; Supervisión y presentación de informes; Apoyo en materia de seguridad a los procesos de Bonn; Informes sobre seguridad/intercambio de información; Mediación; Asignación de prioridad a las actividades de reconstrucción y desarrollo; Ejecución de proyectos de ayuda; Aproximadamente 125 millones de dólares EE.UU. para la financiación de proyectos en 2004 " (Traducción del CICR) . Además de los fondos provistos por los Estados donantes, las fuerzas armadas disponen de 40 millones de dólares EE.UU. a través de programas del Departamento de Defensa administrados por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Véase también otro ejemplo, tomado de un artículo publicado durante la Cumbre de la OTAN, celebrada en Estambul, en 2004: " Con Afganistán, la idea es que ustedes aprendan de la experiencia, de cosas que han funcionado; mucha gente está de acuerdo con los Equipos de Reconstrucción Provincial " , dijo el Sr. Cagaptay. “Piensan que es una gran idea, que se trata de una unión exitosa entre equipos civiles y militares. También es excelente para las relaciones públicas, porque, cuando realmente se realizan proyectos sobre el terreno, se puede convencer a la gente de que se está trabajando para ellos, y creo que la gente quisiera que esta idea se continuara aplicando en Afganistán y también en otros lugares, siempre que participe la OTAN " (Traducción del CICR) . Meredith Buel, “Europe NATO summit expected to focus on Iraq, Afghanistan”, Voice of America News , 23 de junio de 2004.

  [18] “Liberia: Key northern Liberian town faces relief crisis”, Integrated Regional Information Network (IRIN), 19 de mayo de 2003; puede consultarse en: http://www.reliefweb.int/w/rwb.nsf/0/89a7aa1f5fc3d78085256e9900705551?OpenDocument.

  [19] El llamado Informe Brahimi recomienda claramente que “el jefe de la misión [tenga ] autoridad para aplicar un pequeño porcentaje de los fondos de la misión en " proyectos de efecto inmediato " dirigidos a producir mejoras reales en la calidad de vida en la zona de la misión (...) " . Lakhdar Brahimi, Informe del Grupo sobre las Operaciones de Paz de las Naciones Unidas , 21 de agosto de 2000, UN Doc. A/55/305 (2000).

  [20] Una situación similar se produjo en Kunduz, Afganistán, donde las fuerzas de los Equipos de Reconstrucción Provincial pertenecientes a la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad, desplegada en el marco del mandato de la ONU, decidieron de nuevo prestar apoyo a un hospital que formaba parte de los programas de asistencia médica permanente del CICR. Nuevamente, el CICR optó por retirarse para evitar la duplicación de actividades y reducir el riesgo de que una organización humanitaria (el CICR) fuera confundida con las fuerzas militares. El CICR tuvo que reanudar su apoyo cuando, en la siguiente rotación de las fuerzas de la ISAF, se decidió que el programa ya no se ajustaba a sus objetivos ni a su presupuesto. 

  [21] Charles C. Krulak (ex comandante, Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos), “Three block warfare: Fighting in urban areas”, discurso pronunciado ante el Club Nacional de Prensa, Washington, 10 de octubre de 1997.

  [22] “General plans changes in Afghan strategy”, Associated Press , 20 de diciembre de 2003.

  [23] “Director for UN, Conflict and Humanitarian Division”, Sitio Web del DFID, Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido . 6 de julio de 2004; puede consultarse en: www.dfid.gov.uk/Recruitment/ files/jaextdirunchjobdescript.doc. V. también: Ministerio de Defensa del Reino Unido, “Public Service Agreement 2005-06 to 2007-08”, julio de 2004; puede consultarse en: http://www.mod.uk/linked_files/issues/finance/psatechnotes_2005-2008.pdf: " Objetivo 2.1 (...) la Oficina de Asuntos Exteriores y del Commonwealth (FCO), el Departamento de Desarrollo Internacional (DFID) y el Ministerio de Defensa (MoD) trabajarán en conjunto (y, en caso necesario, con otros departamentos del Gobierno) para mejorar las repercusiones de las actividades generales del Gobierno de Su Majestad en las zonas afectadas por conflictos violentos, o donde haya tensiones que puedan llevar a conflictos violentos. También obliga a dichas entidades, como parte de este trabajo, a mejorar la eficacia de las acciones emprendidas por la comunidad internacional para prevenir o poner fin a conflictos violentos. Esto representa una labor en todas las esferas de actividad a las que el Gobierno de Su Majestad contribuye en diferentes partes del ciclo del conflicto. La Unidad de Reconstrucción Posterior a Conflictos (PCRU), que se creará en 2004 con el fin de coordinar el trabajo que llevan a cabo FCO/DFID/MOD después de un conflicto, tiene por objeto asegurar una mejor planificación, ejecución y gestión de la contribución del Reino Unido a las situaciones que surgen después de un conflicto, sobre todo cuando se han desplegado fuerzas del Reino Unido. En la PCRU participarán, sobre todo, funcionarios de los tres departamentos mencionados, pero cuando sea necesario se recurrirá a otros departamentos del Gobierno. La PCRU entrará en funcionamiento gradualmente y alcanzará su plena capacidad a principios de 2006 " ( Traducción del CICR) .   En el Informe Brahimi, ya mencionado, se pueden encontrar sugerencias similares: " El Grupo recomienda que se establezcan equipos de trabajo integrados, con personal adscrito de todo el sistema de las Naciones Unidas, para planificar nuevas misiones y ayudarles a desplegarse plenamente, de manera de aumentar considerablemente el apoyo de la Sede a las operaciones sobre el terreno. En la actualidad, no hay una dependencia integrada de planificación o apoyo en la Secretaría que reúna a encargados de actividades de análisis político, operaciones militares, policía civil, asistencia electoral, derechos humanos, desarrollo, asistencia humanitaria, refugiados y personas desplazadas, información pública, logística, finanzas y contratación”. Brahimi, op.cit . (nota 13), Resumen ejecutivo.

  [24] “Our experience”, Global Risk Strategies , 30 de junio de 2004, http://www.globalrsl.com/.

  [25] Hugo Slim, “A call to alms: Humanitarian action and the art of war”, Centre for Humanitarian Dialogue , febrero de 2004. http://www.hdcentre.org/index.php?aid=85. (consultado por última vez el 31 de julio de 2004).

  [26] En 2003, un delegado del CICR fue asesinado en Afganistán, lo que obligó a la Institución a reducir drásticamente su presencia y las actividades que realizaba en el sur del país. De modo similar, después del ataque con un coche bomba perpetrado en octubre de 2003 contra la delegación del CICR en Bagdad, la Institución se vio obligada a reducir su visibilidad, su personal y sus programas porque, dado el contexto, no le era posible llevar a cabo todas sus actividades de protección y de asistencia en condiciones seguras.

  [27] “El punto de partida del CICR en la definición de sus relaciones con los militares son los Principios Fundamentales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja al igual que las disposiciones pertinentes del derecho internacional humanitario. Estos sitúan el contexto general para la naturaleza y el alcance de esa relación”. Studer, op. cit. (nota 1), p. 120.

  [28]     Con respecto a las actividades de la Unidad de Relaciones con Fuerzas Armadas y de Seguridad del CICR, v. : “Integración del derecho de los conflictos armados " , CICR, Ginebra, mayo de 2003: “Cometido del CICR: En 1977, la comunidad internacional confirió al CICR el cometido de apoyar los programas nacionales adoptados por los Estados para la integración del derecho internacional humanitario   en la enseñanza, el adiestramiento, la doctrina y las operaciones de las fuerzas armadas en el mundo.

Modalidad de dos vías: con el tiempo, el CICR ha elaborado dos modalidades diferentes, pero complementarias, hacia las fuerzas armadas:

  • Actividades de difusión (PREDIS): tienen por objeto que las partes comprendan las actividades del CICR y garanticen la seguridad y el acceso a las víctimas.

  • Actividades de integración (PREIMP): tienen por objeto que las fuerzas armadas adopten mecanismos o medidas concretos para garantizar el respeto de los principios del derecho internacional humanitario, en especial con respecto a las personas y a los objetos protegidos, y asegurar también los medios necesarios para este fin.

Según la situación de seguridad imperante en el país y sus necesidades operacionales, la delegación del CICR podrá dar preferencia a una u otra modalidad, o incluso a una combinación de ambas " .

El CICR emplea a 27 delegados en el mundo, que apoyan las actividades de adiestramiento de más de 100 fuerzas armadas y de seguridad.

  [29] Habitualmente, una presentación comprende los siguientes elementos: (i) una introducción al cometido del CICR, para explicar su función específica en relación con contextos de guerra y de violencia interna, sobre la base de los Convenios de Ginebra; (ii) una presentación de la estructura del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, para explicar las diferentes entidades de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja que podrían hallarse presentes en un contexto determinado donde se despliegue una misión militar multinacional; (iii) una explicación de los principios de neutralidad e independencia, para preparar el camino hacia la presentación y ayudar a explicar a las audiencias la posición del CICR de que se mantenga una distinción entre la acción militar, la política y la humanitaria; (iv) una explicación del modus operandi del CICR, para destacar que se trata de una organización humanitaria previsible, que funciona de la misma manera en todo el mundo, y una presentación de sus actividades básicas; (v) para cerrar, una explicación de la posición del CICR sobre las relaciones cívico-militares y sus inquietudes con respecto a los hechos que se describen en el presente a rtículo. Un mensaje clave para las fuerzas armadas es que, para una organización como el CICR, que actúa en las zonas de conflicto del mundo, la relación con las fuerzas armadas es algo totalmente natural.

  [30] Un ejemplo de esas reacciones: “En mi opinión, las ONG, las organizaciones internacionales y las fuerzas armadas, las coaliciones, la ISAF, parecen tener todas el mismo objetivo. Porque, trabajemos juntos o no, tenemos los mismos objetivos, y trabajaremos para lograr el mismo objetivo independientemente de la coordinación que se logre entre esos grupos (...) Nadie quiere trabajar en un entorno inseguro. Nadie quiere que la población afgana tenga la economía que tiene ahora. Todos quieren más estabilidad y más prosperidad; y precisamente porque tenemos los mismos objetivos, nos verán marchando juntos, independientemente de lo que quieran o no quieran las ONG o los militares. Ambas partes están considerando hacer lo mismo y por las mismas buenas razones, pero no están en conflicto. Sus acciones se suman y se combinan, y eso es bueno " . “Afganistán: Entrevista con el centro de coordinación civil-militar de la coalición encabezada por Estados Unidos " (Traducción del CICR). IRIN News , 9 de abril de 2004; puede consultarse en: http://www.IRINNew.org.

  [31] V. nota 9 supra .

  [32] Ya en 2001 se analizaba, en el marco de las relaciones cívico-militares, la cuestión de la imagen que tienen del CICR otros actores que trabajan en la misma zona en tiempo de conflicto armado. Se utilizó el término " ecumenismo " para describir las realidades de la postura pragmática del CICR con respecto a las cambiantes relaciones cívico-militares: " El ecumenismo –p olítica que preferimos– es una suerte de tercera vía, por la que de hecho ha optado con frecuencia el CICR. De manera más clara se reconoce que existe una tendencia hacia la cooperación más estrecha entre la acción humanitaria y la acción militar, en particular en el contexto de las Naciones Unidas, dentro de la cual se intenta dar cabida y no doblegar o ignorar esa cooperación, y por lo tanto se sitúa a medio camino entre el " control de daños " y la " participación constructiva " . El CICR debiera hacer gala de tolerancia ante otros enfoques y resistir la tentación de creer que exclusivamente su política humanitaria es la correcta. Las diferencias en cuanto a percepción plantean desafíos conceptuales para el CICR, a saber para determinar cuál es la esencia de la acción humanitaria y cuál es apenas una opción pragmática en virtud del contexto.” Studer, op. cit . (nota 1), p. 386.

  [33] Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, 1986

  [34] Acuerdo sobre la organización de las actividades internacionales de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, 26 de noviembre de 1997, publicado en la Revista Internacional de la Cruz Roja, Nº 145, edición española, marzo de 1998, pp. 173-191. Puede consultarse también en el sitio Web del CICR en español, www.cicr.org/esp.




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