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El CICR desde 1945: Cuba, la revolución y el período inmediatamente posterior

28-07-2005

Reseña de las circunstancias en las que el CICR entró en contacto con las fuerzas revolucionarias cubanas, supervisó la entrega de prisioneros heridos y visitó cárceles en la Cuba post-revolucionaria.

A fines de 1957, el movimiento rebelde encabezado por Fidel Castro mantenía el control sobre una parte del territorio cubano, hasta entonces en poder de las fuerzas del Gobierno de Batista. Preocupado por las consecuencias humanitarias del conflicto, el CICR envió un mensaje a la Cruz Roja Cubana en 1958, preguntando qué podía hacerse para ayudar a las víctimas.

La Institución no recibió una respuesta directa, pero en un telegrama enviado a principios de julio, Fidel Castro solicitó al CICR que ayudase a organizar la liberación y la entrega de prisioneros heridos de las fuerzas gubernamentales, a quienes sus médicos no podían asistir debido a la falta de suministros. Dijo que los soldados heridos necesitaban ayuda con urgencia.

Ese contacto fue seguido de un intercambio de mensajes enviados vía Caracas, la capital de Venezuela, por medio del servicio de onda corta de la radio suiza. El CICR compartía estos mensajes con la Cruz Roja Cubana, y el 9 de julio envió a Cuba a uno de sus delegados, Pierre Jequier. La misión del delegado era ofrecer ayuda práctica a la Sociedad Nacional, promover el respeto del artículo 3 común a los Convenios de Ginebra, relativo a los conflictos internos, determinar las necesidades de ayuda humanitaria de los rebeldes y tomar las disposiciones pertinentes a fin de garantizar la distribución de los socorros.

  La emisora de radio de los rebeldes  

     

Después de una reunión con el jefe de Estado, el presidente Batista, Pierre Jequ ier obtuvo autorización para organizar la transferencia de los heridos. Las autoridades propusieron que la entrega se realizara en los alrededores de la ciudad meridional de Bayamo, en la región cercana al territorio controlado por los rebeldes. La propuesta fue enviada a las fuerzas de Castro a través de la sede del CICR y de una estación de radio en Caracas, sintonizada con la emisora de los rebeldes situada en la Sierra Maestra. Los rebeldes rechazaron el lugar sugerido porque necesitarían varios días de marcha por las montañas, y propusieron otro sitio para la cita.

Pasaron varios días antes de que las partes se pusieran de acuerdo sobre el lugar de encuentro, pero finalmente se declaró una tregua, los días 23 y 24 de julio. Pierre Jequier y un nuevo colega llegado de Ginebra se trasladaron al lugar indicado por Castro, un puesto avanzado del ejército cubano.  " Vieron llegar una mujer a caballo que llevaba una bandera blanca y que les anunció que había cincuenta prisioneros heridos cerca de allí. Pero poco después llegó el Che Guevara, quien informó a los delegados que, un poco más lejos, había doscientos prisioneros más... " .

Todos los prisioneros fueron entregados al ejército cubano bajo la supervisión del CICR y la Cruz Roja Cubana, cuyos médicos prestaron los primeros auxilios a quienes los necesitaban. Antes de finalizar su misión y regresar a Ginebra, los delegados donaron a la Cruz Roja Cubana fondos para la compra de suministros médicos destinados al ejército rebelde.

Dos semanas después, un representante del movimiento revolucionario cubano (el Frente Cívico Revolucionario) viajó a Ginebra e instó al CICR a visitar tanto a los rebeldes detenidos por el Gobierno como a los miembros del ejército gubernamental retenidos por las fuerzas castristas. En septiembre, un delegado viajó a La Habana y realizó gestiones ante las autoridades, pero al no obtener la autorización necesaria para realizar visitas u otr as actividades, regresó a Ginebra. No obstante, el CICR prosiguió sus diligencias ante los representantes del Gobierno cubano para poder emprender nuevas actividades, pero éstas no dieron ningún resultado.

  Llamamiento del CICR  

     

El 30 de diciembre de 1958, víspera de la caída del régimen de Batista, el CICR hizo un llamamiento a ambas partes, instándolas a respetar el espíritu de los Convenios de Ginebra de 1949 y aplicar las disposiciones del artículo 3. Dos días después, los nuevos dirigentes de la Cruz Roja Cubana tomaron contacto con la Institución, que decidió que Pierre Jequier viajara nuevamente a La Habana.

El delegado del CICR fue recibido por el Dr. Urrutia, el nuevo presidente, quien se comprometió a respetar las disposiciones de los Convenios de Ginebra relativas al trato debido a los " prisioneros militares " . Al día siguiente, el delegado visitó un campo de internamiento donde estaban detenidos unos 400 prisioneros, tanto militares como civiles.

A pesar de este comienzo prometedor, el nuevo ministro de relaciones exteriores de Cuba expresó al delegado su decepción por el hecho de que el CICR no hubiera intervenido para proteger a los civiles detenidos por la policía antes del colapso del régimen anterior. El delegado explicó las restricciones que enfrenta el CICR en situaciones de conflicto interno, destacando que sólo puede actuar con la aprobación de las autoridades, y señaló que las gestiones realizadas en ese sentido ante el régimen depuesto no habían tenido éxito. En ese momento se suspendieron las visitas, pero se reanudaron el 9 de marzo en La Cabaña, la principal cárcel del país, donde estaban recluidos unos mil detenidos. 

  Mejora de las condiciones de detención  

     

Más tarde, Pierre Jequier, junto con otro delegado de Ginebra, elaboró un plan completo para visitar los lugares de detención de todo el país sin aviso previo. Cuando fueron a La Cabaña por segunda vez, comprobaron que, desde la primera visita, las condiciones habían mejorado. Después de visitar todas las prisiones, en julio de 1959 regresaron a Ginebra.

A principios del año siguiente, en el contexto del deterioro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el CICR recibió solicitudes de ayuda de los cubanos exiliados en Estados Unidos, quienes señalaban que las condiciones de detención estaban empeorando y pedían la intervención de la Institución. A pesar de reiterados intentos, el CICR no pudo obtener permiso para realizar nuevas visitas.

La situación se agudizó durante la operación de la Bahía de los Cochinos, en la cual exiliados cubanos, con el respaldo de Estados Unidos, intentaron invadir Cuba mediante un desembarco. Los invasores fueron derrotados y casi todos sus efectivos capturados. El CICR volvió a solicitar autorización al Gobierno para visitar las prisiones, pero, nuevamente, sus gestiones fueron infructuosas.

En marzo de 1962, cuando los combatientes capturados estaban a punto de ser juzgados, el presidente del CICR exhortó a Fidel Castro a aplicar íntegramente las disposiciones del artículo 3 de los Convenios de Ginebra. En el mensaje, la Institución de nuevo pedía permiso para visitar a los prisioneros. Se efectuaron otras gestiones, pero las puertas de las prisiones de Cuba se mantuvieron firmemente cerradas para el CICR.