Guatemala: proyecto comunitario mitiga los efectos de la violencia y la pobreza
05-06-2012 Galería de fotos
Santa Isabel II, una colonia en Villanueva, en la periferia de Ciudad de Guatemala, se estableció en los años '90 para alojar desplazados del conflicto armado. Rápidamente llegaron nuevos habitantes y, como muchos de los barrios periféricos, la colonia se encontró afectada por la violencia armada. Entre violencia y pobreza, las oportunidades son limitadas, especialmente para los jóvenes.
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En 2011, en colaboración con la Cruz Roja española y el CICR, la Cruz Roja Guatemalteca (CRG) empezó el proyecto Niñez y Juventud por una Vida Mejor en Santa Isabel II. El equipo de la CRG se acerca a los jóvenes a través de actividades recreativas y propone acompañamiento a quienes lo necesitan.
Dificultades familiares y escolares, consumo de drogas, delincuencia, violencia y escasez de oportunidades son problemas que encuentran diariamente y que se tratan de minimizar con el proyecto.
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La CRG ofrece apoyo psicológico, talleres en salud, actividades lúdicas y culturales. En 2011, más de 1.000 jóvenes se integraron en algún aspecto del proyecto.
Para ofrecerles oportunidades profesionales, el CICR financia capacitaciones vocacionales de belleza y mecánica automotriz. Sesenta y cinco personas se están formando en esas áreas y 120 se beneficiarán de otros cursos como costura y repostería.
Moisés, Roxana y Darlyn son tres beneficiarios de la formación de belleza.
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Moisés dejó de estudiar a los 12 años por una situación traumática y ha vivido muy aislado en casa. “Tengo miedo de salir a la calle, que me asalten", explica. A los 15 años empezó a trabajar y estudió cocina. Cuando se enteró del curso de belleza, pidió una beca.
“Ese curso fue como una puerta que se abrió para poder salir de casa”, cuenta. “He sufrido durante diez años antes de encontrar a la Cruz Roja. Tenía años de no hablar. Ahora, me comunico con más personas".
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Roxana, de 21 años, está casada y tiene un hijo. Su esposo no tiene empleo y su padre, que trabaja en Estados Unidos, es quien los ayuda.
“Siempre tuve interés en estudiar belleza, porque mi mamá trabajó en esa carrera”, comenta Roxana.
“También tomé el curso porque a la larga me va a ayudar, y también a mi hijo", añade. "Sé que tengo que pagarle estudios. Además, no voy a tener que salir a poner en peligro mi vida".
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“Este año, no puedo estudiar, por problemas económicos", cuenta Darlyn, de 15 años. “Gracias a Dios, la Cruz Roja me dio la beca de belleza".
Siempre soñó con esa carrera pero le parecía imposible". Nunca hablé de eso, es una formación costosa y mi familia no cuenta con tanto dinero”.
El curso cambió mucho en su vida. “Ahora sé que soy capaz de cumplir mi sueño si me lo propongo”, explica. “Tengo más amigas, antes estaba muy alejada de las personas. También aprendí a valorarme a mí misma".
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En el equipo de la CRG, una psicóloga presta apoyo a los jóvenes que lo necesitan. Darlyn dice que recibió una ayuda inmensa.
“El año pasado, yo iba mal, me sentía sola, desolada, como en un cuarto vacío. Tenía muchos problemas con mis papás. La psicóloga me dio ánimo para seguir adelante, porque era mi futuro. Ella me ayudó a comprender que uno tiene que empezar a hacer las cosas por uno mismo”.
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Cuando tenía 8 años, su pequeña hermana falleció por una enfermedad. “Dolió tanto perderla que nos separamos en la familia”, cuenta Darlyn. “Nos gritábamos, nos maltratábamos. La psicóloga me ayudó a controlar mi ira, mi dolor, mi tristeza y los enojos que tenía con mis papás".
Antes de incluir a alguien en el proyecto, se hacen entrevistas al beneficiario como a su familia, para evaluar quien es el que más se beneficiará de la beca.
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“Ya voy poniendo cosas en mi casa, hago manicura, tintes, lo que ya he aprendido”, dice Darlyn. Su papá viaja y le trae material de otros países, donde los productos son más baratos.
“En el futuro, quiero abrir un salón y spa. Por el momento, trabajo en mi casa. Después voy a buscar un lugar aquí en la colonia donde haya un poquito más de gente. Pienso que lo voy a lograr, así, poco a poco".
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Además de su trabajo como cocinero, Moisés también ya abrió un pequeño salón en su casa, sin esperar terminar el curso. “Ya tengo clientes, porque ya conocen mi trabajo".
En paralelo, sigue con su trabajo de limpieza para los vecinos. Como tiene experiencia, también se puso a cocinar para ellos.
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Moisés empezó a dar clases de cocina a diez de las chicas del curso de belleza. “Primero van a hacer solo postres y pasteles. La idea es que los salgan a vender, para poder comprar el material para abrir un salón. Uno de mis sueños es ayudar a esas muchachas. ¡Quiero que ellas luchen por su salón!”
Cuando se enteraron de los cursos de cocina de Moisés, diez señoras del barrio solicitaron poder participar. Ahora, tiene 20 alumnas.
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Le costó a su padre aceptar el interés de Moisés por la estética. “¡En ese entonces, mi papá se enojó conmigo!”
Hace unos meses, Moisés participó a un concurso de maquillaje en un hotel del centro. Ganó el primer premio y su papá ofreció pagar los materiales para abrir su salón. “El curso permitió que mi papá se abriera”, cuenta Moisés. “Hice todos esos esfuerzos para que se diera cuenta de lo mucho que necesito su apoyo. ¡Valió la pena!”
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Roxana pasa mucho tiempo cuidando a su hijo. El tiempo que pasa con el equipo de la Cruz Roja y el curso son oportunidades de salir de casa y encontrar otra gente.
“La maestra nos pone a hacer manicura, pedicura, peinados, colochos de agua, permanentes, ¡todo eso!”, explica Roxana. “Me distrae, me aleja de los problemas familiares. Es un curso que hay que aprovechar, porque no siempre se dan estas oportunidades.”
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Después del curso, Roxana y su mamá quieren abrir un salón juntas. Ella tuvo un salón, pero no pudo mantenerlo y empezó a hacer limpieza en casas.
“Con mi mamá, pensamos abrir un salón en la colonia”, explica Roxana. “Ella ya tiene clientela, ya tiene algo de material". Su mamá piensa que será más fácil trabajar con Roxana. “Si hay una persona joven, ¡viene más gente!”
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Más allá de todo lo que aprenden en el curso, los logros más importantes son el sentido de responsabilidad y la autoestima que adquieren los participantes.
“No llevo una vida fácil”, dice Roxana. “¡Así que la que tiene que luchar soy yo! ¡Tengo que salir adelante, aunque los demás no quieran!”, concluye.

