Honduras: volver a empezar después de la tragedia
22-06-2012 Galería de fotos
Las personas migrantes centroamericanas que, en su travesía por México, se lanzan sobre los trenes que van hacia Estados Unidos, corren muchos peligros en el camino. Wilmer es un hondureño de 26 años de edad que perdió las piernas y el brazo derecho hace más de un año en un accidente ferroviario. Hoy se encuentra en proceso de rehabilitación física.
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Wilmer prepara los vendajes que tiene que poner en sus muñones antes de poner sus prótesis. Wilmer dejó su aldea, Las Joyas, en octubre de 2010, para irse a Estados Unidos. Después de atravesar Guatemala, tomó el tren en Tenosique, en el sur de México. El primero de una larga serie de trenes. “En una vuelta, el tren frenó, hubo como un tronido, un solo tronido y en el suelo estaba. Sentí como cuando un animal lo muerde a uno.” Intentó salir de debajo el tren, pero se dio cuenta de que le faltaba un brazo.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00068
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Wilmer prepara los vendajes que tiene que poner en sus muñones antes de poner sus prótesis. Wilmer dejó su aldea, Las Joyas, en octubre de 2010, para irse a Estados Unidos. Después de atravesar Guatemala, tomó el tren en Tenosique, en el sur de México. El primero de una larga serie de trenes. “En una vuelta, el tren frenó, hubo como un tronido, un solo tronido y en el suelo estaba. Sentí como cuando un animal lo muerde a uno.” Intentó salir de debajo el tren, pero se dio cuenta de que le faltaba un brazo.
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Dinabel, su hermana, ayuda Wilmer a poner sus prótesis. Como acaba de recibirlas, todavía le duele al colocárselas. En el hospital de Monterrey, Wilmer descubrió que había perdido también las dos piernas. Hasta hoy no entiende cómo sucedió el accidente, después de tantos meses en los trenes. Pero explica que “uno va cansado, porque el tren no para hasta llegar a otro estado. Es el sueño que más le mata a uno, no es tanto las ganas de comer, sino el sueño!”
© CICR / O. Moekli
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Dinabel, su hermana, ayuda Wilmer a poner sus prótesis. Como acaba de recibirlas, todavía le duele al colocárselas. En el hospital de Monterrey, Wilmer descubrió que había perdido también las dos piernas. Hasta hoy no entiende cómo sucedió el accidente, después de tantos meses en los trenes. Pero explica que “uno va cansado, porque el tren no para hasta llegar a otro estado. Es el sueño que más le mata a uno, no es tanto las ganas de comer, sino el sueño!”
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Wilmer camina en el pasillo de su casa, para practicar. “La gente de la Cruz Roja me dijo que me iban a poner prótesis”, cuenta Wilmer. Desde 2009, el CICR gestiona un programa de rehabilitación física para migrantes que, como Wilmer, son víctimas de accidentes en México. En 2011, 54 personas recibieron prótesis. El proceso de rehabilitación fue muy largo; recibió las prótesis un año después del accidente. “Los dos primeros días con las prótesis, quería mover, pero nada”, explica, "después, ya conseguí hacer dos, tres pasos". El quinto día, pidió prestada una muleta y salió caminando, despacio.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00056
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Wilmer camina en el pasillo de su casa, para practicar. “La gente de la Cruz Roja me dijo que me iban a poner prótesis”, cuenta Wilmer. Desde 2009, el CICR gestiona un programa de rehabilitación física para migrantes que, como Wilmer, son víctimas de accidentes en México. En 2011, 54 personas recibieron prótesis. El proceso de rehabilitación fue muy largo; recibió las prótesis un año después del accidente. “Los dos primeros días con las prótesis, quería mover, pero nada”, explica, "después, ya conseguí hacer dos, tres pasos". El quinto día, pidió prestada una muleta y salió caminando, despacio.
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María, su madre, dice que Wilmer a menudo ha estado deprimido desde que regresó a casa, hace un año. “Solía ser muy activo y era muy trabajador”, cuenta. “Ahora tenemos que ayudarlo y a menudo se siente inútil.” Pero desde que recibió las prótesis, Wilmer demostró una gran voluntad de superar su condición y vivir una vida lo más normal posible. “Uno puede aprender todo, paso a paso", asegura Wilmer. “Aunque me caiga, y me caigo un montón de veces, no me quita la gana hasta que aprenda algo.”
© CICR / O. Moekli / hn-e-00059
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María, su madre, dice que Wilmer a menudo ha estado deprimido desde que regresó a casa, hace un año. “Solía ser muy activo y era muy trabajador”, cuenta. “Ahora tenemos que ayudarlo y a menudo se siente inútil.” Pero desde que recibió las prótesis, Wilmer demostró una gran voluntad de superar su condición y vivir una vida lo más normal posible. “Uno puede aprender todo, paso a paso", asegura Wilmer. “Aunque me caiga, y me caigo un montón de veces, no me quita la gana hasta que aprenda algo.”
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Wilmer aprendió a tocar la guitarra con la lengua. Aprendió a tocar así porque no quería parar de tocar música. Su padre toca varios instrumentos; de él, Wilmer heredó el amor por la música.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00057
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Wilmer aprendió a tocar la guitarra con la lengua. Aprendió a tocar así porque no quería parar de tocar música. Su padre toca varios instrumentos; de él, Wilmer heredó el amor por la música.
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Wilmer cruza, a caballo, el río que atraviesa el valle, entre su hogar y su finca. La casa de Wilmer está aislada en la montaña, el pueblo más cercano está a 20 kilómetros. El terreno es empinado y pedregoso, y siempre será difícil para él moverse. Por eso, tiene que ir a caballo. Las prótesis lo ayudan a mantener el equilibrio.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00064
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Wilmer cruza, a caballo, el río que atraviesa el valle, entre su hogar y su finca. La casa de Wilmer está aislada en la montaña, el pueblo más cercano está a 20 kilómetros. El terreno es empinado y pedregoso, y siempre será difícil para él moverse. Por eso, tiene que ir a caballo. Las prótesis lo ayudan a mantener el equilibrio.
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Como su padre y sus dos hermanos, Wilmer tiene una pequeña finca de café y plátanos.
“Me quería ir a Estados Unidos para poder seguir con mi trabajo aquí, hacer una finca más grande y construir mi casa”, dice. “Pero uno no sabe las consecuencias antes de salir… Uno va con la meta, pero el camino le enseña también a uno.”
© CICR / O. Moekli / hn-e-00063
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Como su padre y sus dos hermanos, Wilmer tiene una pequeña finca de café y plátanos.
“Me quería ir a Estados Unidos para poder seguir con mi trabajo aquí, hacer una finca más grande y construir mi casa”, dice. “Pero uno no sabe las consecuencias antes de salir… Uno va con la meta, pero el camino le enseña también a uno.”
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Wilmer ya puede hacer trabajos básicos en su finca. Espera que con la prótesis del brazo, que todavía tiene que recibir, pueda hacer aún más cosas.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00062
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Wilmer ya puede hacer trabajos básicos en su finca. Espera que con la prótesis del brazo, que todavía tiene que recibir, pueda hacer aún más cosas.
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Su padre y su hermano lo ayudan a subir y bajar del caballo. Para hacer muchas cosas, Wilmer todavía necesita el apoyo de su familia.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00065
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Su padre y su hermano lo ayudan a subir y bajar del caballo. Para hacer muchas cosas, Wilmer todavía necesita el apoyo de su familia.
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Wilmer habla con su papá Feliciano, mientras él le da un masaje en el muñón. “Desde que he vuelto, mi familia me ayuda,” cuenta Wilmer. “Toda la gente me ha echado la mano, no me han dejado", agrega. Ahora Wilmer piensa de nuevo en salir y encontrar un trabajo. “Cualquier trabajo que pueda hacer en mi condición,” explica. “Tengo mi finca, pero no es suficiente, siempre quise algo más en mi vida.” Su mayor reto ahora es lograr tomar el autobús.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00067
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Wilmer habla con su papá Feliciano, mientras él le da un masaje en el muñón. “Desde que he vuelto, mi familia me ayuda,” cuenta Wilmer. “Toda la gente me ha echado la mano, no me han dejado", agrega. Ahora Wilmer piensa de nuevo en salir y encontrar un trabajo. “Cualquier trabajo que pueda hacer en mi condición,” explica. “Tengo mi finca, pero no es suficiente, siempre quise algo más en mi vida.” Su mayor reto ahora es lograr tomar el autobús.
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Wilmer nada en el rio que pasa en el terreno de su finca. Encontrar un trabajo es su sueño. “La gente piensa a veces que estoy loco. Pero si me doy por vencido, me quedo así. Si uno se lo propone, todo se puede, yo no quiero darme por vencido.” Wilmer tiene la certeza de que podrá emprender nuevamente el camino y encontrar un trabajo que pueda hacer con las prótesis.
© CICR / O. Moekli / hn-e-00066
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Wilmer nada en el rio que pasa en el terreno de su finca. Encontrar un trabajo es su sueño. “La gente piensa a veces que estoy loco. Pero si me doy por vencido, me quedo así. Si uno se lo propone, todo se puede, yo no quiero darme por vencido.” Wilmer tiene la certeza de que podrá emprender nuevamente el camino y encontrar un trabajo que pueda hacer con las prótesis.

