Colombia: tierras robadas, vidas robadas
25-07-2011 Galería de fotos
En Colombia, hay más de tres millones de personas desplazadas. El desplazamiento constituye una amenaza particular para los indígenas, que representan una pequeña fracción de la población del país. Viven en las zonas más remotas, donde los grupos armados y otras partes en el conflicto colombiano luchan por obtener el control.
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Los indígenas afrontan dificultades particularmente graves en lugares como el departamento de Guaviare, en la región amazónica, donde la presencia de las fuerzas armadas y de grupos armados ha obligado a familias enteras a huir de sus tierras ancestrales porque sus vidas corrían peligro, porque sus tierras estaban infestadas de minas antipersonal y de armas trampa, o porque algunos de sus miembros corrían el riesgo de ser reclutados para combatir, a veces por la fuerza.
Los indígenas desplazados se establecen de manera transitoria o permanente en las principales ciudades de la región, como San José del Guaviare, o terminan en Bogotá, la capital del país.. -

Aquí conviven elementos de ambos mundos. Esta mujer entreteje hojas para techar su vivienda, junto a una niña montada en un triciclo de plástico.
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Inicialmente, eran nómades y constituían el único grupo de este tipo en Colombia. Las circunstancias han hecho de ellos un pueblo sedentario, alejado de sus actividades tradicionales como la caza, puesto que las minas y las armas trampas los han obligado a abandonar sus tierras ancestrales. Ahora que viven en estrecho contacto con la vida urbana, su antigua cultura está desapareciendo con rapidez y ya ha dejado de influir en la mayoría de los jóvenes nukak, que empiezan a sentirse más cómodos en su nuevo mundo.
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Los agricultores son propietarios de las tierras vecinas, y acceder a ellas es difícil. La ayuda escasea, y los miembros de los grupos indígenas reciben muy poca asistencia.
Los indígenas varones del asentamiento El Barrancón, cercano a San José del Guaviare, volvieron de buscar comida. Sólo encontraron este cocodrilo, demasiado pequeño para alimentar a los 48 miembros de su clan.
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Viven en asentamientos provisionales y en viviendas precarias aferradas a las laderas de escarpadas colinas.
El graffiti en la pared dice: "Muerte al sapo (traidor) Moirin". La mera sospecha de que cooperan con las fuerzas armadas o con cualquiera de los grupos armados puede dar lugar a amenazas anónimas, lo que induce a los desplazados a huir una vez más.
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En Bogotá, indígenas recién llegados esperan que la oficina abra sus puertas.
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Pese a haber llegado finalmente a su lugar de destino, todavía están desorientados.
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Siguen adelante con la esperanza de que, al final del camino, haya alguna ayuda para ellas.
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Marta, voluntaria de la Cruz Roja Colombiana desde hace 12 años, distribuye cupones de alimentos y productos de higiene a una familia indígena que llegó hace diez días.
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Milagrosamente, la niña sobrevivió. "La vida era tan linda antes", dice Anna. "Éramos una familia feliz. Vivíamos en nuestra hacienda, en el campo".
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Como no tiene suficiente espacio para los niños, éstos viven con su cuñado en Granada, a unas pocas horas por carretera. Anna los visita cada vez que tiene un día libre.
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Cuando un grupo armado los amenazó, los familiares de Jaime huyeron a Villavicencio. La vivienda de un solo ambiente que se ve en la foto alberga a 14 miembros de la familia. "Lo que más extraño es la comida", dice Jaime. "A veces, logramos hacer panqueques de yuca (mandioca), pero aquí, la harina es cara".
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"Mi hijo murió en un enfrentamiento tras haber sido reclutado por la fuerza. Mi marido fue asesinado por un grupo armado. Abandoné todo y huimos en busca de seguridad. Villavicencio, el primer lugar al que llegamos, no era bueno para nosotros. Estábamos acostumbrados a vivir en el campo, y a mis hijos no les gustaba la ciudad; el más pequeño estaba enfermo todo el tiempo, así que nos fuimos. Un año y medio después de habernos asentado en otra región, apareció allí un grupo armado. Una vez más, tuvimos que huir para salvar la vida". -

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"Muchas veces, me devuelve parte del dinero para que pueda comprar cosas para mi familia. Le estoy muy agradecida. Cuando llegamos a Villavicencio, en 2004, una pareja nos acogió en su casa. Nos llevaron a la Cruz Roja Colombiana, que nos ayudó durante tres meses. Pero sólo cuando llegué a Bogotá me enteré de que tenía derecho a solicitar una vivienda subvencionada por el Estado. Presenté la solicitud, pero aún sigo esperando".
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Cuando les pregunto si querrían regresar al lugar de donde vinimos, sólo la pequeña responde que le gustaría volver a vivir en nuestra tierra y pescar y bañarse en el río. Pero los otros dicen: "Nunca más. Si regresamos, nos obligarán a unirnos a los grupos armados y tus hijos dejarán de ser tuyos".
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"Es muy difícil comer en la ciudad cuando uno no tiene dinero", dice. "Allá, en nuestra tierra, solíamos pescar, recoger frutos y hortalizas y criar nuestros propios pollos. Nada de eso es posible aquí. Pero estoy tratando de transmitir nuestra cultura a mis hijos. Les enseño nuestro idioma y les cuento historias del pasado".
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"Estoy bien integrado aquí, pero deseo mantener vivas nuestras creencias", dice. "Para nosotros, es muy importante respetar a la Pachamama, la Madre Tierra. La mayoría de nuestras tribus proviene de la tierra; por ejemplo, nuestra familia pertenece a la raza de los tigres".
Carlos muestra el tradicional tocado de los chamanes: "Realmente quiero empezar a usar el tocado tradicional del chamán", dice, "pero tengo que esperar hasta aprender todo lo que necesito saber".
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