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Colombia: tierras robadas, vidas robadas

25-07-2011 Galería de fotos

En Colombia, hay más de tres millones de personas desplazadas. El desplazamiento constituye una amenaza particular para los indígenas, que representan una pequeña fracción de la población del país. Viven en las zonas más remotas, donde los grupos armados y otras partes en el conflicto colombiano luchan por obtener el control.

  • Para una persona indígena, como esta mujer, el hecho de encontrarse en una ciudad como San José del Guaviare puede ser una experiencia traumática.
    • Para una persona indígena, como esta mujer, el hecho de encontrarse en una ciudad como San José del Guaviare puede ser una experiencia traumática.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02096
    Los indígenas afrontan dificultades particularmente graves en lugares como el departamento de Guaviare, en la región amazónica, donde la presencia de las fuerzas armadas y de grupos armados ha obligado a familias enteras a huir de sus tierras ancestrales porque sus vidas corrían peligro, porque sus tierras estaban infestadas de minas antipersonal y de armas trampa, o porque algunos de sus miembros corrían el riesgo de ser reclutados para combatir, a veces por la fuerza.

    Los indígenas desplazados se establecen de manera transitoria o permanente en las principales ciudades de la región, como San José del Guaviare, o terminan en Bogotá, la capital del país..
  • Algunos indígenas desplazados se establecen en los campos situados en los alrededores de San José del Guaviare.
    • Algunos indígenas desplazados se establecen en los campos situados en los alrededores de San José del Guaviare.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02102

    Aquí conviven elementos de ambos mundos. Esta mujer entreteje hojas para techar su vivienda, junto a una niña montada en un triciclo de plástico.

  • Hasta 1988, el pueblo nukak vivía inmerso en su propia cultura.
    • Hasta 1988, el pueblo nukak vivía inmerso en su propia cultura.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02118

    Inicialmente, eran nómades y constituían el único grupo de este tipo en Colombia. Las circunstancias han hecho de ellos un pueblo sedentario, alejado de sus actividades tradicionales como la caza, puesto que las minas y las armas trampas los han obligado a abandonar sus tierras ancestrales. Ahora que viven en estrecho contacto con la vida urbana, su antigua cultura está desapareciendo con rapidez y ya ha dejado de influir en la mayoría de los jóvenes nukak, que empiezan a sentirse más cómodos en su nuevo mundo.

  • Los indígenas varones del asentamiento El Barrancón, cercano a San José del Guaviare, volvieron de buscar comida.
    • Los pobladores indígenas desplazados ya no pueden acceder al bosque fácilmente. Ahora, les resulta casi imposible realizar actividades tradicionales como cazar, pescar, recolectar frutos y cultivar la tierra.
      © CICR / B. Heger

    Los agricultores son propietarios de las tierras vecinas, y acceder a ellas es difícil. La ayuda escasea, y los miembros de los grupos indígenas reciben muy poca asistencia.

    Los indígenas varones del asentamiento El Barrancón, cercano a San José del Guaviare, volvieron de buscar comida. Sólo encontraron este cocodrilo, demasiado pequeño para alimentar a los 48 miembros de su clan.

  • El graffiti en la pared dice:
    • Algunas personas desplazadas que huyeron de la violencia en sus tierras ancestrales viven ahora en las afueras de Villavicencio, en zonas controladas por grupos armados. Una vez más, están expuestas a la violencia, dado que ésta es una zona afectada por la delincuencia.
      © CICR / B. Heger

    Viven en asentamientos provisionales y en viviendas precarias aferradas a las laderas de escarpadas colinas.

    El graffiti en la pared dice: "Muerte al sapo (traidor) Moirin". La mera sospecha de que cooperan con las fuerzas armadas o con cualquiera de los grupos armados puede dar lugar a amenazas anónimas, lo que induce a los desplazados a huir una vez más.

  • En Bogotá, es fácil ser olvidado; lo difícil es ser encontrado.
    • En Bogotá, es fácil ser olvidado; lo difícil es ser encontrado.
      © CICR / B. Heger
  • En Bogotá, indígenas recién llegados esperan que la oficina abra sus puertas.
    • Acción Social es un organismo público que asiste a personas desplazadas en las zonas urbanas de Colombia.
      © CICR / B. Heger

    En Bogotá, indígenas recién llegados esperan que la oficina abra sus puertas.

  • Esta madre y su hijo vagaron durante meses por los laberintos administrativos de Bogotá.
    • Esta madre y su hijo vagaron durante meses por los laberintos administrativos de Bogotá.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02174

    Pese a haber llegado finalmente a su lugar de destino, todavía están desorientados.

  • Las personas indígenas desplazadas, como éstas, tropiezan con procedimientos y normas que las desorientan.
    • Las personas indígenas desplazadas, como éstas, tropiezan con procedimientos y normas que las desorientan.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02175

    Siguen adelante con la esperanza de que, al final del camino, haya alguna ayuda para ellas.

  • Estas personas desplazadas finalmente recibieron un cheque que les ayudará a satisfacer sus necesidades básicas durante un breve período.
    • Estas personas desplazadas finalmente recibieron un cheque que les ayudará a satisfacer sus necesidades básicas durante un breve período.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02177
  • Marta, voluntaria de la Cruz Roja Colombiana desde hace 12 años, distribuye cupones de alimentos y productos de higiene a una familia indígena que llegó hace diez días.
    • La Cruz Roja Colombiana y el CICR dirigen un programa conjunto que ayuda a las personas recién llegadas, en San José del Guaviare.
      © CICR / B. Heger

    Marta, voluntaria de la Cruz Roja Colombiana desde hace 12 años, distribuye cupones de alimentos y productos de higiene a una familia indígena que llegó hace diez días.

  • La historia de Anna ilustra la difícil situación de muchas personas desplazadas en Colombia.
    • La historia de Anna ilustra la difícil situación de muchas personas desplazadas en Colombia. Su marido murió en un tiroteo entre la guerrilla y el ejército, mientras tenía en brazos a su hija menor.
      © CICR / B. Heger

    Milagrosamente, la niña sobrevivió. "La vida era tan linda antes", dice Anna. "Éramos una familia feliz. Vivíamos en nuestra hacienda, en el campo".

  • Tras la muerte de su esposo, Anna y sus cuatro hijos se trasladaron a Villavicencio, donde ella trabaja como empleada doméstica.
    • Tras la muerte de su esposo, Anna y sus cuatro hijos se trasladaron a Villavicencio, donde ella trabaja como empleada doméstica.
      © CICR / B. Heger

    Como no tiene suficiente espacio para los niños, éstos viven con su cuñado en Granada, a unas pocas horas por carretera. Anna los visita cada vez que tiene un día libre.

  • En esta habitación duermen 14 personas.
    • "Todo estuvo tranquilo hasta 1985", dice Jaime. "Mi vida cambió el día que vi un hombre armado por primera vez".
      © CICR / B. Heger

    Cuando un grupo armado los amenazó, los familiares de Jaime huyeron a Villavicencio. La vivienda de un solo ambiente que se ve en la foto alberga a 14 miembros de la familia. "Lo que más extraño es la comida", dice Jaime. "A veces, logramos hacer panqueques de yuca (mandioca), pero aquí, la harina es cara".

  • María aún tiene tres hijos vivos, pero el conflicto armado en Colombia se ha cobrado la vida de su hijo y su esposo.
    • "Mis hijos y yo tuvimos que trasladarnos tres veces", dice María, madre de tres niños.
      © CICR / B. Heger


    "Mi hijo murió en un enfrentamiento tras haber sido reclutado por la fuerza. Mi marido fue asesinado por un grupo armado. Abandoné todo y huimos en busca de seguridad. Villavicencio, el primer lugar al que llegamos, no era bueno para nosotros. Estábamos acostumbrados a vivir en el campo, y a mis hijos no les gustaba la ciudad; el más pequeño estaba enfermo todo el tiempo, así que nos fuimos. Un año y medio después de habernos asentado en otra región, apareció allí un grupo armado. Una vez más, tuvimos que huir para salvar la vida".

  • Maria llama a sus hijos a sus teléfonos móviles si no llegan de la escuela en horario.
    • Aunque la zona donde vive María no es la más peligrosa de Bogotá, los miembros de la familia se mantienen en contacto por medio de teléfonos móviles baratos, una práctica común en Colombia, incluso entre los pobres. "Llamo a mis hijos cada vez que tardan en llegar a casa cuando vienen de la escuela", dice María.
      © ICRC / B. Heger
  • Maria aún espera que el gobierno le entregue una casa. Mientras tanto, le alquila una habitación a un amable hombre mayor.
    • "Este hombre nos alquila la habitación en la que vivo con mis tres hijos", dice María.
      © CICR / B. Heger

    "Muchas veces, me devuelve parte del dinero para que pueda comprar cosas para mi familia. Le estoy muy agradecida. Cuando llegamos a Villavicencio, en 2004, una pareja nos acogió en su casa. Nos llevaron a la Cruz Roja Colombiana, que nos ayudó durante tres meses. Pero sólo cuando llegué a Bogotá me enteré de que tenía derecho a solicitar una vivienda subvencionada por el Estado. Presenté la solicitud, pero aún sigo esperando".

    • "Cuando me pongo triste porque no tengo trabajo, mi hija mayor me consuela: "No te preocupes, mamá", me dice, y me da la comida que recibió en la escuela.
      © CICR / B. Heger

    Cuando les pregunto si querrían regresar al lugar de donde vinimos, sólo la pequeña responde que le gustaría volver a vivir en nuestra tierra y pescar y bañarse en el río. Pero los otros dicen: "Nunca más. Si regresamos, nos obligarán a unirnos a los grupos armados y tus hijos dejarán de ser tuyos".

  • María se beneficia de los servicios que prestan las autoridades municipales, como la cantina en la que come todos los días. Sus hijos comen gratis, en la escuela.
    • María se beneficia de los servicios que prestan las autoridades municipales, como la cantina en la que come todos los días. Sus hijos comen gratis, en la escuela.
      © CICR / B. Heger / v-p-co-e-02168

    "Es muy difícil comer en la ciudad cuando uno no tiene dinero", dice. "Allá, en nuestra tierra, solíamos pescar, recoger frutos y hortalizas y criar nuestros propios pollos. Nada de eso es posible aquí. Pero estoy tratando de transmitir nuestra cultura a mis hijos. Les enseño nuestro idioma y les cuento historias del pasado".

  • Carlos, el sobrino de María, de 17 años, está estudiando para ser chamán; su abuelo es su maestro.
    • Carlos, el sobrino de María, de 17 años, está estudiando para ser chamán; su abuelo es su maestro.
      © CICR / B. Heger

    "Estoy bien integrado aquí, pero deseo mantener vivas nuestras creencias", dice. "Para nosotros, es muy importante respetar a la Pachamama, la Madre Tierra. La mayoría de nuestras tribus proviene de la tierra; por ejemplo, nuestra familia pertenece a la raza de los tigres".

    Carlos muestra el tradicional tocado de los chamanes: "Realmente quiero empezar a usar el tocado tradicional del chamán", dice, "pero tengo que esperar hasta aprender todo lo que necesito saber".

  • El desplazamiento es una tragedia en cualquier lugar del mundo, pero, en el caso de los pueblos indígenas colombianos, puede causar la desaparición de sus culturas e idiomas ancestrales.
    • El desplazamiento es una tragedia en cualquier lugar del mundo, pero, en el caso de los pueblos indígenas colombianos, puede causar la desaparición de sus culturas e idiomas ancestrales.
      © CICR / B. Heger

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Última actualización: 09-08-11