Somalia: los desplazados luchan por sobrevivir
15-08-2011 Galería de fotos
La sequía ha agravado la prolongada crisis humanitaria que afecta a Somalia debido a 20 años de conflicto armado. Cientos de miles de personas se han desplazado dentro de Somalia en busca de refugio y alimentos. La mayoría de los desplazados vive a la intemperie o en campamentos provisionales. Esta pequeña galería de fotos ilustra la índole extrema de la crisis y lo que hace el CICR para aliviar los sufrimientos de la población.
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Durante las últimas semanas, miles de personas se han trasladado a Mogadiscio con la esperanza de conseguir agua y comida. Sólo unas pocas logran que se les permita viajar en uno de los camiones que se dirigen a la capital de Somalia. Muchas tienen que caminar, mientras soportan temperaturas extremas de hasta 40º C.
Puede llevarles hasta una semana llegar a destino. La severa sequía, los efectos de anteriores períodos secos, la alta inflación y el alza mundial de precios de los alimentos y los combustibles han agravado la situación desde comienzos de año.
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Cientos de miles de personas se han desplazado dentro de Somalia en busca de alojamiento y comida. Aquí, en los suburbios de Mogadiscio, la mayoría de los desplazados vive a la intemperie o en campamentos provisionales. Muchos se han desplazado más de una vez. Huyeron de sus hogares debido a los enfrentamientos, regresaron y tuvieron que volver a huir cuando se produjo la siguiente ola de violencia o cuando las sequías y las inundaciones los obligaron a partir. Los desplazados representan una pesada carga para las comunidades de acogida, que comparten con ellos sus escasos recursos, como el agua, las pasturas y la leña.
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En Somalia, hace calor todo el año y el nivel de precipitaciones es bajo en la mayoría de las regiones, incluso en las temporadas normales. En los alrededores de Mogadiscio, la vegetación es escasa y consiste principalmente de matas de pasto, arbustos bajos y árboles de escasa altura, como las acacias, que ofrecen un poco de sombra. Aún se dispone de agua potable, pero en pocas cantidades. Puede encontrarse agua en las perforaciones y en pozos profundos. A menudo, la gente camina varias horas para llegar hasta una fuente de agua, y las personas desplazadas suelen instalarse en torno a ellas.
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Los desplazados normalmente llegan con muy pocas pertenencias; suelen tener consigo sólo artículos básicos, como estos bidones de agua. Casi no les queda nada para vender, y no pueden generar ingresos ni comprar alimentos. Como resultado de esta situación, los índices de desnutrición están alcanzando niveles mayores entre las personas desplazadas que los registrados entre la población general. Los efectos combinados del conflicto, la violencia y los desastres naturales han agotado a gran parte de la población somalí, que ya no es capaz de hacer frente a estas extremas condiciones de vida.
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En colaboración con su organización asociada, la Media Luna Roja de Somalia, el CICR ha distribuido alimentos a 162.000 personas en zonas afectadas por la sequía y la violencia armada, en el centro y sur de Somalia. En Kurtunwarey, la distribución benefició a 21.000 personas. Ésta fue la primera distribución de alimentos en gran escala realizada en esa parte del país desde principios de año. Las distribuciones de alimentos constituyen una respuesta a las necesidades más urgentes. Se integran en un enfoque más sostenible, cuya finalidad es ayudar a la población a seguir subsistiendo sin ayuda externa. Algunos ejemplos de esta modalidad de ayuda son los programas de riego y otros proyectos de infraestructura de tipo "dinero por trabajo", que tienen por objeto reducir la vulnerabilidad de los agricultores a las condiciones climáticas extremas.
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Cada familia recibió una cantidad de arroz, frijoles y aceite comestible suficiente para un mes. Las mujeres suelen ser quienes se llevan los socorros, porque están a cargo del hogar. El CICR organiza las distribuciones junto con las autoridades locales y los ancianos de las comunidades. Las necesidades de ayuda son inmensas, sobre todo en las partes centrales y meridionales del país, donde sólo unas pocas organizaciones humanitarias tienen presencia sobre el terreno.
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Muchos desplazados no se atreven a regresar a sus hogares a causa de la inseguridad y del conflicto armado, sobre todo a lo largo de las fronteras con Kenia y Etiopía, y la falta de agua y de pasturas. Prefieren permanecer en los asentamientos de desplazados, que normalmente son organizados por las autoridades locales. En Sako, hay unas 1.800 familias desplazadas que llegaron a esta localidad hace seis u ocho meses. Vinieron en busca de agua y de trabajo en las explotaciones agrícolas de la zona. Muchos de sus niños están desnutridos y fueron incluidos en el programa de alimentación terapéutica que administra la clínica de la Media Luna Roja de Somalia en Sako. En Sako, también funcionan tres unidades sanitarias móviles que recorren las zonas aledañas todos los días, tratando de acercarse a los menos afortunados, que no pueden llegar hasta Sako para recibir asistencia médica. La asistencia del CICR beneficia tanto a las personas desplazadas como a los residentes de Sako, incluidos los pacientes de la clínica de la Media Luna Roja de Somalia.
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Organizar una distribución de alimentos lleva entre cuatro y seis semanas, como mínimo. Los alimentos se compran principalmente en los países vecinos y se transportan a la zona sur de Somalia desde Kenia, por camión o barco. La situación de Somalia empeorará si la ayuda que se necesita con urgencia no llega pronto. El CICR tiene previsto ayudar a más de un millón de personas a sobrevivir hasta la próxima cosecha, que tendrá lugar en diciembre.

