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Afganistán: la población civil corre cada vez más riesgos

02-03-2009 Conferencia de prensa

Tras una visita de seis días en Afganistán, Pierre Krähenbühl, director de Operaciones del CICR, expresó su preocupación por la posibilidad de que la población civil se vea directamente afectada si se intensifica el conflicto. Hizo las siguientes observaciones a modo de introducción a una conferencia de prensa en Kabul.

     
© ICRC/L. Pochon/v-p-af-e-01344h 
   
Provincia de Kunar, campamento de Tanar. Bomba de agua manual construida por el CICR. 
           


       
© ICRC/M. Kokic/v-p-af-e-00795h 
   
Provincia de Kandahar. Sala de terapia intensiva del hospital Mirwais. Niño de seis años hospitalizado por heridas causadas por un dispositivo explosivo improvisado que encontró cerca de su casa.  
           


       
©ICRC/N. Danziger/v-p-af-e-01417h 
   
Kabul, delegación del CICR. Personas hablando con un familiares detenidos, a través de videoconferencia. 
           


       
©ICRC/A. Noorani/v-p-af-e-01445h 
   
Provincia de Balkh, distrito de Sholgara, aldea de Hajji Kalan Olia. Promoción de los principios del DIH entre los aldeanos. 
           
     
 
   
Pierre Krähenbühl, director de Operaciones del CICR 
         

Tras una misión de seis días en Afganistán, deseo presentarles una síntesis de las preocupaciones prioritarias del CICR en relación con el conflicto.

Me referiré, en particular, a la situación de los civiles afectados por las persistentes hostilidades que siguen intensificándose, las cuestiones de detención y las actividades del CICR en el país. Antes de abordar estos aspectos, permítanme hacer algunos comentarios de orden general.

  • Trabajé en Afganistán a mediados de los años 1990, específicamente durante la batalla de Kabul en 1994, donde se enfrentaron las diferentes facciones de los mujaidín por el control de la capital. Recuerdo haber pensado entonces en las repercusiones que catorce años de guerra podrían tener sobre el p ueblo afgano. Hoy hablamos de una guerra que perdura desde hace treinta años.Treinta años de violencia, de inseguridad y de pérdidas casi permanentes. Más allá de las estadísticas, lo que está en juego es la vida de las personas. Cada herido del que hablamos después de un atentado suicida o de bombardeos aéreos tiene un nombre, una familia, una historia.

  • Nunca podré recalcar demasiado los terribles sufrimientos individuales y colectivos que los afganos, hombres, mujeres y niños, han soportado durante tres décadas y que siguen soportando hoy, de una manera que está más allá de todo entendimiento.

  Evolución del conflicto y amenazas para los civiles  

     

Ello nos lleva a la cuestión crucial de los civiles que están amenazados por el conflicto actual. En los últimos tres años, el CICR ha señalado en múltiples ocasiones que el conflicto tiene repercusiones cada vez más dramáticas en la población civil.

Hoy en día, estamos más preocupados que nunca. El conflicto se intensifica y se extiende a otras regiones del territorio afgano, mientras que el número de víctimas civiles es sin lugar a dudas más elevado que hace un año.

El día a día de las personas que viven en las zonas de combate es constantemente alterado, por ataques aéreos, por redadas nocturnas, por atentados suicida o por el empleo de dispositivos explosivos improvisados. Además, las diferentes partes en el conflicto utilizan medidas de intimidación en contra de la población, que soporta presiones o es cooptada por alguna de las partes.

Muchas vidas e stán amenazadas porque es difícil recibir atención médica en zonas donde los puestos de salud fueron cerrados o destruidos.

He prestado particular atención a este problema durante mi visita. Expresé las profundas preocupaciones del CICR en cuanto a la protección de los civiles a los generales McKiernan y Schloesser, jefes de las fuerzas armadas norteamericanas y la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) respectivamente. Les recordé, en particular, la obligación de distinguir, en todo momento, entre las personas que participan en las hostilidades y las que no participan o han dejado de participar directamente (como los heridos o los combatientes capturados).

Tuve la impresión de que mis dos interlocutores fueron receptivos a las observaciones y las preocupaciones del CICR.

Espero poder seguir conversando sobre estas cuestiones en las próximas semanas, en el marco de un diálogo regular que mantengo con el Comandante central de las fuerzas norteamericanas (CENTCOM). Este es un aspecto importante de nuestro trabajo.

También expresé las precupaciones del CICR en cuanto a los efectos del conflicto en los civiles, en el marco de una reunión con representantes de la oposición armada, en particular los talibán. Insistí en la gravedad de las consecuencias de los atentados suicida perpetrados en lugares muy concurridos, del empleo de dispositivos explosivos improvisados y de los obuses que afectan sin distinción a civiles y objetivos militares. Hice hincapié en la necesidad de tomar medidas para evitar exponer a los civiles a los efectos de los ataques armados.

Me pareció que era posible dialogar sobre estas cuestiones con los talibán.

En los últimos meses, el CICR ha intensificado sus operaciones en las zonas afectadas por el conflicto, en particular:

  • ha prestado un apoyo cada vez más importante a los hospitales especializados en cirugías, como el hospital Mirwais en Kandahar;

  • ha intensificado el programa de asistencia a los heridos de guerra;

  • ha reforzado los puestos de primeros auxilios en las zonas de conflicto, como recientemente hizo en Wardak;

  • ha facilitado las campañas de vacunación contra la poliomielitis en las zonas de conflicto;

  • ha prestado apoyo a los socorristas comunitarios y voluntarios de la Media Luna Roja de Afganistán;

  • ha efectuado distribuciones de urgencia de alimentos y artículos domésticos de primera necesidad a familias desplazadas a causa de los enfrentamientos, como hizo recientemente en Herat;

  • ha intensificado los esfuerzos destinados a mejorar su presencia en algunas zonas, como en Kunduz, Maimana, Farah y, apenas sea posible, en Helmand.

En numerosos reuniones mantenidas en los últimos días, así como en los medios de comunicación, he oído hablar en varias ocasiones del despliegue inminente de nuevas tropas internacionales, sobre todo norteamericanas, y del riesgo real de que el conflicto se intensifique.

Las partes en los conflictos, así sean las fuerzas nacionales afganas, los contingentes militares internacionales o la oposición armada, deben hacer mucho más en varios aspectos para respetar las obligaciones que les incumben en virtud del derecho internacional humanitario. De otro modo, el CICR teme que la población afgana se vea duramente afectada por la escalada de la violencia, que puede sumir a muchas personas en una penuria extrema.

  Personas privadas de libertad  

Ahora me gustaría abordar cuestiones relativas a la detención. Desde el comienzo de esta nueva etapa del conflicto afgano, el CICR visita a personas detenidas en la base de Guantánamo y en Bagram. Desde 2002, ha efectuado 127 visitas de una semana en el centro de internamiento de Bagram.

A lo largo de los años, el CICR ha planteado con regularidad cuestiones relativas a las condiciones de detención de las personas privadas de libertad y al trato que se les brinda. Se han hecho avances al respecto. La sensación general es que las fuerzas armadas norteamericanas se han mostrado más receptivas respecto de varias recomendaciones importantes del CICR y que las han tomado en consideración.

Por ejemplo, después de varios años de diálogo, las autoridades norteamericanas han aceptado permitir que las personas privadas de libertad tengan contacto con sus familiares por medio de un sistema de videoconferencia y de visitas " cara a cara " .

Se efectuaron más de 2.000 llamadas por videoconferencia y se organizaron más de 100 visitas " cara a cara " en 2008. Esos contactos fueron muy positivos. Varios detenidos con los que hablé hace tres días en Bagram me lo confirmaron.

Además, quisiera señalar que el CICR ha efectuado visitas a centros de detención ubicados en bases de operaciones avanzadas.

La cuestión más preocupante sigue siendo la incertidumbre en cuanto a la situación futura de los detenidos y a los sufrimientos que les genera a ellos y a sus familiares. En las reuniones que mantuve en el centro de internamiento de Bagram y con el general Schloesser, insistí en que era necesario definir el estatuto de las personas internadas en Bagram y determinar lo que se hará con ellas. Para ello, deben aplicarse garantías procesales que aseguren la transparencia y la imparcialidad del proceso de examen de los casos de intern amiento.

En otras palabras, las personas detenidas tienen derecho a conocer los motivos de su internamiento, cuestionarlo y solicitar que se los revise periódicamente. Expresé mi agradecimiento al general Schloesser por la apertura que demostró durante la reunión y por su compromiso con el diálogo sostenido que mantiene con el CICR en torno a esas cuestiones.

  Acción humanitaria neutral e independiente del CICR  

Para terminar, permítanme hacer algunas observaciones sobre la modalidad operacional del CICR. En 2003, el CICR perdió colaboradores en Afganistán y en Irak. La Institución tuvo que afrontar numerosas cuestiones relativas al valor agregado que su neutralidad y su independencia podían seguir aportando en zonas de conflicto críticas de comienzos del siglo XXI.

Gracias a su neutralidad, el CICR ha podido tener acceso a todas las partes desplegadas en una zona de conflicto con miras a que se respeten todas nuestras actividades de protección y de asistencia en favor de las personas afectadas.

Al término de esta visita, estoy más convencido que nunca de la importancia de esa modalidad. En efecto, le permite al CICR resolver problemas humanitarios delicados, en particular:

  • evacuación de los heridos;

  • el CICR apoya a la red de socorristas voluntarios de la Media Luna Roja de Afganistán y ha instalado puestos de primeros auxilios, atendidos por colaboradores del CICR; ayuda a la Media Luna Roja de Afganistán a recoger restos humanos;

  • participación como intermediario neutral en tomas de rehenes;

  • diálogo sobre las denuncias de malos tratos sufridos por civiles.

El CICR mantiene su firme decisión de realizar actividades operacionales para responder a las necesidades más urgentes de la población afgana.

Les agradezco su atención.