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Armas – Declaración del CICR en las Naciones Unidas, 2012

16-10-2012 Declaración

Debate general sobre desarme y seguridad internacional. Asamblea General de las Naciones Unidas, 67º período de sesiones, Primer Comité, Nueva York, 16 de octubre de 2012.

Señor Presidente:


Se avecinan cambios decisivos en el debate internacional sobre las armas nucleares. Durante décadas, el debate en torno a estas armas se centró fundamentalmente en la doctrina militar y en cuestiones de seguridad. Sin embargo, en la actualidad se tiene una mayor conciencia de sus consecuencias nefastas para la salud pública, la seguridad de las personas y el medio ambiente. Cada vez son más los Estados que reconocen y manifiestan su deseo de analizar más a fondo las “consecuencias humanitarias catastróficas” de cualquier uso de las armas nucleares. Este reconocimiento se plasmó por primera vez en 2010, en la declaración final de la Conferencia de las Partes encargada del examen del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, y en mayo de 2012, en una declaración formulada por Suiza, en nombre de 16 Gobiernos, ante el Comité Preparatorio de la Conferencia de 2015 de las Partes encargada del examen del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares. La decisión de Noruega de organizar el año próximo una conferencia intergubernamental para abordar los costes humanos y medioambientales de las armas nucleares es una muestra más de esta tendencia. A juicio del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), se trata de avances importantes y alentadores.   

 ...en la actualidad se tiene una mayor conciencia de sus consecuencias nefastas para la salud pública, la seguridad de las personas y el medio ambiente. 

El CICR lleva abogando por que se tome conciencia del incalculable coste humano que supone el empleo de las armas nucleares desde que en 1945 prestó ayuda a las víctimas del bombardeo atómico de Hiroshima. Nuestro reconocimiento de los peligros y oportunidades actuales llevó hace poco al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Roja a reiterar su llamamiento en pro de la eliminación de las armas nucleares. El Movimiento, compuesto por el CICR, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de 188 países adoptaron esta postura en la reunión del Consejo de Delegados del Movimiento celebrada en noviembre de 2011. Dicha postura, fundamentada en resoluciones previas del Movimiento, destaca el enorme sufrimiento que acarrearía cualquier uso de las armas nucleares, y la ausencia de una capacidad de respuesta internacional adecuada para prestar ayuda a las víctimas si estallase una bomba nuclear. Esta postura invoca la Opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia de 1996, en la que la Corte dictaminaba que la amenaza o el empleo de estas armas sería generalmente contrario, en general, a los principios y normas del derecho internacional humanitario. Por último, el Movimiento exhorta a los Estados a que velen por que nunca se vuelvan a utilizar las armas nucleares y a que prosigan las negociaciones para prohibir y eliminar las armas nucleares mediante un acuerdo internacional jurídicamente vinculante.
 

El CICR desea expresar su decepción por el hecho de que los Estados no fueran capaces de adoptar un Tratado sobre el Comercio de Armas en la Conferencia Diplomática de julio de 2012. No obstante, acogemos con agrado muchas de las disposiciones del texto del proyecto de tratado presentado por el presidente de la Conferencia el 26 de julio de 2012. Uno de los aspectos más alentadores del borrador es el reconocimiento del imperativo humanitario que supone un Tratado sobre el Comercio de Armas y su objetivo de impedir que el comercio internacional de armas convencionales contribuya a infligir sufrimientos innecesarios y a que se cometan violaciones graves del derecho internacional humanitario. A nuestro parecer, un tratado eficaz debería exigir un análisis riguroso de todas las transferencias de armas convencionales y de sus municiones.

Mientras sigan sin regularse debidamente las transferencias internacionales de armas, persistirá el ingente coste humano que conllevan para las personas y comunidades de todo el mundo.

Pese a la ausencia de resultados en la Conferencia Diplomática de julio, la necesidad de un Tratado sobre el Comercio de Armas sigue siendo acuciante. Mientras sigan sin regularse debidamente las transferencias internacionales de armas, persistirá el ingente coste humano que conllevan para las personas y comunidades de todo el mundo. Instamos a los Estados a que pongan todo su empeño en culminar las negociaciones relativas a un Tratado sobre el Comercio de Armas a principios del año próximo. El CICR se compromete a colaborar con los Estados, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, las Naciones Unidas y otras organizaciones para lograr que se adopte sin demora un Tratado sobre el Comercio de Armas sólido.

El Programa de Acción de las Naciones Unidas para prevenir, combatir y eliminar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras en todos sus aspectos también resulta crucial para atajar el coste humano que conlleva la disponibilidad de armas. Sus compromisos vendrían a completar las obligaciones previstas en un futuro Tratado sobre el Comercio de Armas en muchos aspectos. Durante la Segunda Conferencia para examinar los progresos alcanzados en la ejecución del programa de Acción, los Estados reafirmaron su voluntad de aplicar diversas medidas en el plano nacional, regional y mundial. Instamos a todos los Estados a que adopten estas medidas con la mayor celeridad y destinen los recursos necesarios para cumplir sus compromisos en este ámbito.
 

Este año se conmemora el 15º aniversario de la adopción de la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción. Este histórico tratado ha permitido salvar innumerables vidas, al prohibir el empleo de minas antipersonal y disponer que se limpien las zonas minadas y se destruyan los arsenales. También otorga un mayor protagonismo a la asistencia a las víctimas de las minas antipersonal.
 

El CICR exhorta a los Estados Partes a que reafirmen su compromiso de aplicar plenamente la Convención sobre la Prohibición de las Minas Antipersonal y cumplan la promesa que hicieron hace 15 años de “poner fin al sufrimiento y las muertes causadas por estas armas”. También exhorta a los 36 Estados que aún no son Partes a que se adhieran a esta Convención y, entretanto, a que manifiesten su apoyo a sus objetivos humanitarios votando a favor de la resolución anual de la Asamblea General sobre la aplicación de la Convención. De hecho, en los últimos años, cerca de la mitad de esos Estados votaron a favor.  No vemos ninguna razón por la que este número no pueda seguir aumentando en 2012.
 

La última cuestión que el CICR desea plantear son los problemas humanitarios que puede ocasionar la guerra cibernética, es decir, el recurso a medios y métodos de guerra basados en las tecnologías de la información y utilizados en el contexto de un conflicto armado. Aunque no se conoce a ciencia cierta el potencial militar del ciberespacio, parece que, técnicamente, sería posible dirigir ataques cibernéticos contra sistemas de transporte, redes eléctricas, presas y plantas químicas o nucleares. Ataques de este calibre podrían acarrear consecuencias muy graves, pues podrían ocasionar incontables víctimas civiles y daños considerables.

Dada la interconectividad del ciberespacio, al CICR le preocupa que la parte atacante sea incapaz de distinguir entre sistemas informáticos militares y civiles a la hora de lanzar un ataque cibernético. Es más, podría ser imposible dirigir el ataque únicamente contra la red informática militar y, aunque así fuese, resultaría muy difícil evaluar los efectos indirectos que un ataque a las redes militares podría tener sobre las redes civiles.

Así las cosas, es indefectible respetar las normas del derecho internacional humanitario si se utilizan estas nuevas tecnologías en los conflictos armados. No existe ningún vacío legal en el ciberespacio. Al igual que cualquier otra nueva tecnología, las operaciones cibernéticas deben avenirse con el derecho internacional humanitario, en particular con los principios de distinción, proporcionalidad y precaución. Con ello no descartamos que pueda ser necesario desarrollar el derecho a medida que las tecnologías vayan evolucionando o se vayan conociendo mejor sus consecuencias humanitarias. Eso lo tendrán que decidir los Estados.

Muchas gracias.