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Asegurar la eliminación completa de las armas químicas

10-04-2013 Declaración

Declaración de Christine Beerli, vicepresidenta del CICR. Tercera Sesión Especial de la Conferencia de Estados Partes encargada de examinar el funcionamiento de la Convención sobre las Armas Químicas (Tercera Conferencia de Examen), La Haya, Países Bajos.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) agradece la oportunidad de dirigirse a los Estados partes en la Convención sobre las Armas Químicas en esta Tercera Conferencia de Examen. Hacemos uso de la palabra como la organización a la cual los Estados han encomendado proteger y asistir a las víctimas de conflictos armados y otras situaciones de violencia, y promover y fortalecer el derecho internacional humanitario.

El CICR exhorta a todas las delegaciones hoy presentes aquí a concentrarse en el desafío de largo plazo de asegurar la eliminación completa de las armas químicas, prevenir su reaparición y crear la capacidad internacional para responder en el caso de uso o amenaza de uso de armas químicas."

El CICR tiene una larga experiencia en el apoyo al fortalecimiento de la prohibición de las armas químicas. Nuestro llamamiento de febrero de 1918 contra el empleo de gases venenosos reflejó el rechazo público de esta práctica durante la Primera Guerra Mundial y ayudó a impulsar la adopción del Protocolo de Ginebra de 1925. La Convención sobre las Armas Químicas prohíbe en forma absoluta el desarrollo, la producción, la adquisición, el almacenamiento, la conservación, la transferencia y el uso de armas químicas. La prohibición del uso de armas químicas forma parte del derecho internacional humanitario consuetudinario, que es vinculante para todas las partes en todos los conflictos armados.

Sin embargo, los Estados deben mantenerse atentos para asegurar el cumplimiento del objetivo y el propósito de la Convención, esto es, "excluir completamente la posibilidad de que se empleen armas químicas". Desde la última Conferencia de Examen, el mundo ha sido testigo del reconocimiento tácito de la posesión de armas químicas, del descubrimiento de una reserva no declarada de agentes para la guerra química, y del constante riesgo de que ciertos Estados o actores no estatales utilicen armas químicas.  

Los Estados Miembros y la Secretaría Técnica de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) han supervisado con éxito la destrucción del 75 por ciento de las reservas de armas químicas declaradas. Para finalizar esta tarea cuanto antes, será necesario mantener con firmeza el compromiso adoptado. Si bien el desarme alcanzará su punto final, los esfuerzos por garantizar la adhesión universal a la Convención y el pleno respeto de sus disposiciones son parte de un contrato permanente entre los Estados partes y requieren recursos económicos y humanos de largo plazo.

El CICR insta a todos los Estados que no lo han hecho a que ratifiquen o se adhieran a la Convención sobre las Armas Química y a que retiren todas las reservas restantes formuladas con respecto al Protocolo de Ginebra. Además, debemos acrecentar los esfuerzos encaminados a lograr que los Estados miembros adopten leyes nacionales eficaces para penalizar los actos prohibidos por esta Convención.  

Pese a estos esfuerzos, debemos estar preparados para el posible uso, amenaza de uso o supuesto uso de armas químicas, como se reconoce en la Convención. En una evaluación realizada por el CICR en 2007, se puso de manifiesto la falta de una capacidad de respuesta internacional adecuada para asistir a las víctimas en caso de que se empleen armas nucleares, radiológicas, biológicas o químicas. En 2010, comenzamos a desarrollar la capacidad de proporcionar una respuesta limitada al empleo en pequeña escala o a la amenaza de empleo de armas de ese tipo. Esta capacidad inicial ya ha demostrado su valor en la labor humanitaria desplegada por el CICR en varios países, en coordinación con otras organizaciones humanitarias.

Nuestra experiencia señala la importancia de la coordinación entre las organizaciones que participan en la respuesta al uso, amenaza de uso o supuesto uso de armas químicas. Habida cuenta del cometido de la OPAQ, sus conocimientos especializados, experiencia y recursos deben ser plenamente aprovechados para ayudar a desarrollar una capacidad de respuesta de nivel internacional.

Otro desafío que afronta la Convención se relaciona con prevenir la reaparición de las armas químicas. Para ello, es necesario evaluar los avances científicos y tecnológicos, tanto positivos como negativos, como así también tener en cuenta los cambios que tienen lugar en el entorno de la seguridad. En este sentido, al CICR le preocupa el interés de las fuerzas policiales, armadas y de seguridad en el uso de sustancias químicas tóxicas -principalmente, drogas anestésicas peligrosas- como armas para el mantenimiento del orden público diseñadas para que las víctimas queden inconscientes o severamente incapacitadas.

De conformidad con la Convención, estas sustancias no son "agentes para la represión de disturbios" sino sencillamente "sustancias químicas tóxicas". El CICR expresó por primera vez su preocupación con respecto a los denominados "agentes químicos incapacitantes" hace 10 años, en una declaración preparada para la Primera Conferencia de Examen. Posteriormente, la cuestión se ha analizado y debatido en profundidad, particularmente en dos reuniones de expertos internacionales convocadas por el CICR.

Gracias a los intercambios mantenidos por el CICR a lo largo de los años con los Estados, expertos médicos, profesionales del ámbito del mantenimiento del orden y otros interesados, la Institución ha identificado tres importantes riesgos que presentan estas armas. En primer lugar, causan graves peligros para la vida y la salud. Las personas expuestas a esas armas corren el riesgo de morir y quienes las sobreviven pueden sufrir lesiones sumamente severas, como el daño cerebral permanente.  

En segundo lugar, existe el grave riesgo de que la proliferación de estas armas socave la prohibición del empleo de armas químicas. La dosis letal de algunas sustancias químicas consideradas "agentes químicos incapacitantes" es equivalente a la de los agentes utilizados en la guerra química. Debemos preguntarnos qué mensaje envía esta práctica al mundo sobre la prohibición absoluta de las armas químicas. Del mismo modo que el envenenamiento no es un arma aceptable para la guerra, tampoco puede serlo para el mantenimiento del orden.

El tercer riesgo serio es el de crear un "terreno resbaladizo" hacia la reintroducción de las armas químicas en los conflictos armados. Para comprender este riesgo, sólo es necesario analizar las situaciones en las que se realizan actividades de mantenimiento del orden dentro del marco de un conflicto armado más amplio, donde una situación pasa del mantenimiento del orden a la conducción de hostilidades, donde no hay acuerdo acerca de la categorización de la situación, y donde las fuerzas militares realizan funciones de mantenimiento de la ley. Imaginemos que las diferentes fuerzas involucradas en estas situaciones cuentan con armas que liberan sustancias químicas altamente tóxicas. ¿Adónde puede llevar este escenario?

Las leyes internacionales y, en primer lugar, la Convención sobre las Armas Químicas, brindan la principal protección contra estos riesgos. La Convención permite el uso de agentes de represión de disturbios, comúnmente conocidos como gases lacrimógenos, como medio lícito para "el mantenimiento del orden, incluida la represión interna de disturbios". Sin embargo, el uso de otras sustancias químicas tóxicas como armas para el mantenimiento del orden no estaba previsto en la negociación de la Convención y, en opinión del CICR, ese uso socavaría el objetivo y el propósito del instrumento.

También son aplicables al mantenimiento del orden público otros ámbitos del derecho internacional, en particular el derecho de los derechos humanos y el derecho internacional del control de drogas. En opinión del CICR, este marco jurídico global es muy limitativo y deja poco o ningún margen para el uso legítimo de sustancias químicas tóxicas (fuera de los agentes de represión de disturbios) como armas.

El 6 de febrero de 2013, 95 años después del llamamiento lanzado en 1918, el CICR exhortó a todos los Estados a reafirmar las políticas nacionales que limitan el uso de sustancias químicas tóxicas como armas para el mantenimiento del orden exclusivamente a los agentes de represión de disturbios. Ésta es la práctica casi universal de todos los Estados hasta hoy. La exhortación del CICR constituye, por ende, un esfuerzo preventivo para proteger a las generaciones futuras.

Además, instamos a esta Conferencia de Examen a que inicie un proceso de aclaración entre los Estados partes en relación con el uso de sustancias químicas tóxicas para el mantenimiento del orden. En este proceso, habría que tener en cuenta la totalidad del derecho internacional aplicable, las implicancias en lo que respecta a prevenir la readquisición de armas químicas y, en particular, los graves riesgos que éstas representan para la vida y la salud, así como para la prohibición universal de las armas químicas.

El CICR exhorta a todas las delegaciones hoy presentes aquí a concentrarse en el desafío de largo plazo de asegurar la eliminación completa de las armas químicas, prevenir su reaparición y crear la capacidad internacional para responder en el caso de uso o amenaza de uso de armas químicas.