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¿Quién socorrerá a las víctimas de las armas nucleares?

04-03-2013 Declaración

Declaración de Peter Maurer, presidente del CICR, Conferencia Internacional sobre las consecuencias de las armas nucleares en el plano humanitario, 4 y 5 de marzo de 2013.

El 30 de agosto de 1945, el Dr. Marcel Junod, jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Japón, recibe un telegrama aterrador de un delegado del CICR en Hiroshima, que dice lo siguiente: "Condiciones espantosas. Ciudad arrasada. Ochenta por ciento hospitales destruidos o con graves daños. Visita a dos hospitales de emergencia, condiciones indescriptibles. Efectos de bomba misteriosamente graves. Muchas víctimas parecían recuperarse pero sufrieron recaída fatal por descomposición glóbulos blancos y otras lesiones internas. Grandes números de muertos. Más de cien mil heridos todavía en hospitales de emergencia en alrededores. Carecen de todo, apósitos, medicamentos..."

Al llegar a Hiroshima, Marcel Junod se ve ante la atroz realidad de prestar asistencia médica en una ciudad devastada por un bombardeo atómico que no dejó fuera la infraestructura sanitaria. La explosión destruyó o dañó todos los hospitales, como se indica en el telegrama, pero también tuvo consecuencias graves para las personas encargadas de prestar asistencia a los heridos y los enfermos. En Hiroshima, el 90 por ciento de los médicos resultaron muertos o heridos, al igual que el 92 por ciento de los miembros del personal de enfermería y el 80 por ciento de los farmacéuticos. Se necesitaba sangre con urgencia, pero era imposible realizar transfusiones sanguíneas, ya que la mayor parte de los donantes potenciales habían muerto o estaban heridos. Concretamente, la capacidad de la ciudad de atender a las víctimas se redujo a la nada. La prestación de salud estaba limitada o era incluso inexistente inmediatamente después de la explosión.

Nos espera este mismo escenario, o incluso peor, en caso de que vuelvan a emplearse armas nucleares. La potencia destructiva de esas armas aumentó considerablemente durante la Guerra Fría, pero la capacidad de los Estados y las organizaciones internacionales de ayudar a las víctimas potenciales no ha seguido la misma evolución. Como escucharán mañana, a lo largo de los últimos seis años, el CICR ha realizado un análisis profundo de su capacidad y de la de otras organizaciones de prestar asistencia a las víctimas de armas nucleares, radiológicas, biológicas y químicas. Llegamos a la conclusión de que actualmente no existe a nivel nacional ni puede preverse a nivel internacional ningún medio eficaz para socorrer a un elevado número de sobrevivientes de una explosión nuclear, garantizando al mismo tiempo la seguridad de los socorristas. Por lo demás, es muy poco probable que algún día se autoricen las enormes inversiones que supondría la implantación de semejante capacidad de acción. Y si se las autorizara, sin duda esas inversiones serían insuficientes.

...no existe a nivel nacional ni puede preverse a nivel internacional ningún medio eficaz para socorrer a un elevado número de sobrevivientes de una explosión nuclear"

En abril de 2010, mi antecesor, Jakob Kellenberger, abordó esta problemática en una declaración realizada ante el cuerpo diplomático de Ginebra. En ese discurso, el CICR hizo hincapié en cuatro aspectos clave:

  • Las armas nucleares son únicas por lo que respecta a su poder de destrucción, al sufrimiento humano indecible que causan, a la imposibilidad de controlar sus efectos en el espacio y en el tiempo, a los riesgos de escalada de la violencia que conllevan y a las amenazas que representan para el medio ambiente, las generaciones futuras y la supervivencia de la humanidad.
  • Es difícil pensar que el empleo de armas nucleares, en la forma que sea, pueda atenerse a las normas del derecho internacional humanitario.
  • Los Estados deben velar por que nunca se utilicen las armas nucleares, independientemente de su punto de vista en cuanto a la licitud de su empleo.
  • La prevención del empleo de las armas nucleares depende del respeto de una obligación existente: la obligación de continuar las negociaciones tendientes a adoptar un tratado internacional jurídicamente vinculante a fin de prohibir y eliminar totalmente esas armas.

Nos congratulamos de las repercusiones que ha tenido el llamamiento formulado por el CICR en 2010. Desde entonces, los 190 Estados Partes en el Tratado de no proliferación de las armas nucleares reconocieron "las consecuencias catastróficas que tendría en el plano humanitario el empleo de armas nucleares" y la pertinencia del derecho internacional humanitario al respecto. Esos mismos Estados reafirmaron también el llamamiento formulado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en su reunión cumbre de 2009, así como por los presidentes Obama y Medvedev previamente ese mismo año, para lograr un mundo sin armas nucleares. En 2011, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, por su parte, también formuló un llamamiento histórico sobre las armas nucleares, en la misma línea que el del CICR. El Movimiento Internacional se proponía sensibilizar a la opinión pública, los científicos, los profesionales de la salud y los responsables de tomar decisiones acerca de las preocupaciones que le generaban las armas nucleares, así como promover la norma de la no utilización y la eliminación de esas armas ante los Gobiernos y la opinión pública. En octubre de 2012, 34 Estados se hacían eco de las preocupaciones del Movimiento Internacional en una declaración formulada ante la Primera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El CICR se congratula de la iniciativa del Gobierno de Noruega de convocar esta conferencia sobre las consecuencias de las armas nucleares en el plano humanitario. Si bien estas armas son objeto de debates en el plano militar, técnico y geopolítico desde hace varias décadas, no deja de sorprender que los Estados nunca antes se hayan reunido para examinar sus consecuencias en el plano humanitario.

 En el caso de las armas nucleares, la prevención, sobre todo mediante la elaboración de un tratado jurídicamente vinculante destinado a proscribir y eliminar esas armas, es la única vía posible hacia el futuro." 

Consideramos que es imposible adoptar una posición política o jurídica fundada sobre el tema de las armas nucleares sin comprender debidamente los efectos inmediatos que esas armas tienen en los seres humanos y la infraestructura médica, en particular. Además, es fundamental comprender sus consecuencias a largo plazo para la salud humana y el patrimonio genético de los sobrevivientes, consecuencias que han sido confirmadas por las investigaciones realizadas, pero que también han sido comprobadas y atendidas durante casi setenta años por los hospitales de la Cruz Roja Japonesa en Hiroshima et Nagasaki.

Por otro lado, no podemos ignorar los avances de la ciencia climática moderna en cuanto al efecto que tendría el empleo de armas nucleares en el medio ambiente y la producción de alimentos en todo el mundo. Por último, aunque no por ello menos importante, ¿quién socorrerá a las víctimas de las armas nucleares y cómo podrá hacerlo? Los dos próximos días brindan una oportunidad única e histórica para examinar estas cuestiones fundamentales.

Estoy convencido de que los participantes analizarán estas cuestiones con la misma determinación del CICR de evitar todo empleo de las armas nucleares. Espero, asimismo, que los motive la oportunidad que representa esta conferencia y la convicción de que las consecuencias de las armas nucleares en el plano humanitario deben ocupar el centro de este debate. Es un momento importante para tomar conciencia de esas consecuencias y comprenderlas, a fin de que se les dé la debida consideración en los debates futuros.

Cabe añadir, de todos modos, que no alcanzará con esa toma de conciencia para evitar el empleo de armas nucleares y lograr su eliminación definitiva. Es crucial sensibilizar a la opinión pública, suscitar el interés de los medios de comunicación y lograr un compromiso duradero de parte de las autoridades estatales competentes. La comunidad internacional no siempre ha sabido aprovechar las oportunidades para evitar el sufrimiento humano. Sin embargo, en el caso de las armas nucleares, la prevención, sobre todo mediante la elaboración de un tratado jurídicamente vinculante destinado a proscribir y eliminar esas armas, es la única vía posible hacia el futuro.