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Discurso de apertura de Massimo Barra, presidente de la Comisión Permanente de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

28-11-2011 Declaración

XXXI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Ginebra, del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 2011

Esta XXXI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se reúne en torno al lema: 'Nuestro mundo. Tu acción – por la humanidad'. Por nuestra humanidad común, por el mundo que compartimos y que nuevamente se ve enfrentado a inmensos desafíos: guerras y conflictos armados, peligros ambientales, crisis financiera, escasez de alimentos… por no mencionar sino algunos de ellos. Esos retos no sólo amenazan el funcionamiento de los Gobiernos, sino también el de organizaciones como las nuestras y –aun más grave– la vida cotidiana de las personas, en particular la de las personas más vulnerables de nuestras sociedades, quienes, en definitiva, son quienes acaban pagando las consecuencias de todas las crisis.

Esta reunión de los Gobiernos con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja como representantes de las sociedad civil es única, en el sentido estricto de la palabra. En ninguna otro lugar, en ninguna estructura conocida, ambas partes se sientan a una misma mesa, codo a codo, en pie de igualdad, a analizar y debatir preocupaciones humanitarias comunes. Por añadidura, esto tiene lugar en un contexto en el que se dejan afuera las controversias e intereses políticos, lo que contribuye a crear un entorno que no es precisamente el de la práctica cotidiana, en especial para los representantes de los Estados. El hecho de que sea el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja quien fija el orden del día destaca más aún el carácter extraordinario de esta Conferencia.

Si reflexionamos sobre cómo esto es posible en el mundo de hoy, tan a menudo dividido, veremos que todo se resume a un concepto: la confianza. Confianza mutua, confianza entre Estados y Sociedades Nacionales individuales, confianza en un diálogo abierto y honesto, en el que ninguno de los participantes teme que se aprovechen de él o que se lo utilice para obtener ventajas políticas mezquinas, aunque los Gobiernos persigan sus fines políticos y el Movimiento sus prioridades humanitarias.

Los objetivos de la Conferencia son fortalecer el derecho humanitario y fortalecer la acción humanitaria a nivel local. Quisiera subrayar la palabra "fortalecer". En la percepción del público, el derecho humanitario y la acción humanitaria están desde siempre íntimamente ligados a la Cruz Roja/Media Luna Roja. En el pasado, esta Conferencia ha sido crucial para el desarrollo del derecho humanitario, poniendo énfasis en la adhesión al DIH y velando por que se aplique eficazmente en las situaciones para las que ha sido concebido. De la misma manera, en la imaginación popular, la labor de las Sociedades Nacionales, que llega hasta las comunidades más pequeñas y remotas en todos los países del mundo, es casi un sinónimo de acción humanitaria.

Volvamos a la confianza: los beneficiarios, pero también los donantes, los asociados y otras personas que apoyan al Movimiento, confían en que el Movimiento será fiel, en todas sus
acciones, a sus Principios Fundamentales, en particular a los de humanidad, imparcialidad y neutralidad. De hecho, la Cruz Roja/Media Luna Roja es vista como "el bien común" en todo el mundo. He tenido ocasión de experimentarlo personalmente en una serie de situaciones en las cuales voluntarios capacitados, que llevan con orgullo su emblema, han socorrido a personas necesitadas –ya se trate de migrantes que arriban a la isla de Lampedusa, de víctimas de terremotos e inundaciones o de consumidores de drogas rescatados en las calles.

A pesar de nuestros considerables logros, como todo en la vida, nuestra labor siempre podría ser mejor. Nuestras deliberaciones y debates durante estos cuatro días terminarán por aclarar a qué aspiramos, exactamente, cuando hablamos de "fortalecimiento", y ustedes serán los arquitectos que contribuirán vitalmente a ese proceso.

La Conferencia precedente, en 2007, logró hacer avanzar considerablemente la agenda humanitaria. También demostró con fuerza que las grandes preocupaciones humanitarias son prioridades que compartimos todos, tanto los Estados como nuestro Movimiento. Otro hito fue el reconocimiento de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja como auxiliares de los poderes públicos en el ámbito humanitario. Esta función no sólo se sustenta en razones formales y jurídicas; un mandato de este tipo resulta tal vez aún más de la dimensión de nuestra labor a nivel nacional, regional y mundial.

Nuestros Estatutos exigen que, para obtener el reconocimiento del Movimiento, una Sociedad Nacional preste servicios en todo el territorio de su país. Pero aún más importante es que podamos tener acceso a las personas vulnerables que, por cualquier motivo, necesitan nuestro apoyo y nuestra asistencia humanitaria. Esto hace que el Movimiento sea un asociado indispensable para los Gobiernos, tanto para hacer frente a calamidades y desastres y para reducir el riesgo de desastres naturales o el impacto del cambio climático, como para movilizar a las comunidades mediante actividades de promoción de la salud y de lucha contra la discriminación y la intolerancia. La gama de actividades es amplia, y varía de un país a otro, de acuerdo a las necesidades y prioridades locales. Nuevamente, la función de auxiliar se basa en la confianza: en la confianza de las autoridades que tratan de ofrecen servicios eficientes y necesitan asistencia, y en la confianza de los beneficiarios, que saben que la Cruz Roja/Media Luna Roja es un proveedor de servicios fiable.

En el marco que ofrece la función de auxiliar, una buena cooperación entre las Sociedades Nacionales y sus respectivos Gobiernos puede, sin duda, fortalecer la acción humanitaria a nivel local. Millones de voluntarios aportan su energía, contribuyendo a movilizar los recursos que yacen tal vez ocultos o adormecidos en las comunidades que los rodean. Hemos escuchado hace poco que en Burundi se lleva a cabo una notable labor de este tipo. Hoy tenemos entre nosotros a varios representantes de ese país, acompañados de voluntarios igualmente comprometidos, que dedican su tiempo y su atención a las personas, que dan un rostro y un nombre a la humanidad. Rindamos homenaje a esos voluntarios, cuya valía es enorme, no sólo por el valor intrínseco de su humanidad, sino también por el valor económico que representa su aporte. No es posible subestimarse su contribución a la sociedad. Ellos personifican lo que formuló así Albert Einstein: "Sólo una vida vivida para los demás es digna de vivirse".

Cuando los Gobiernos y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja trabajan juntos en cualquier operación de asistencia humanitaria, afianzan sus lazos. Su cooperación puede expandir las fronteras; lo hemos visto en desastres de gran envergadura y en operaciones de respuesta a las necesidades humanitarias en conflictos armados y disturbios. Un sobreviviente del terremoto en Turquía, o en Haití, o una víctima de las inundaciones en Pakistán o de la sequía en Somalia pasa a ser un vecino que necesita ayuda; también un hombre, una mujer, una niña o un anciano que sufren durante los conflictos que socavan la seguridad de sus vidas y los convierten en individuos vulnerables que necesitan ayuda y protección. Los Gobiernos conocen la capacidad del Movimiento para canalizar la prestación de asistencia a través del mundo y le otorgan su confianza.

Pueden fortalecerlo aún más si se dotan de marcos normativos nacionales para facilitar las acciones internacionales en casos de desastre o suministrar recursos para programas locales en su propio entorno inmediato.

La labor humanitaria no se limita a la protección y la asistencia. También contribuye a construir un mundo sin temor y sin prejuicios. Como bien sabemos, el primero lleva a los segundos; el temor está en la raíz de los prejuicios, la intolerancia y, en definitiva, de la discriminación y la xenofobia. La violencia engendra la violencia. Los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y, en particular, los numerosos jóvenes entre ellos, portadores de los Principios Fundamentales de los que hablábamos hace un momento, también son mensajeros de una cultura de paz, comprensión y aceptación de distintas culturas y distintos pueblo, así como de resolución de conflictos y diferencias a través del diálogo.

El lema de la Conferencia nos exhorta a la acción – por la humanidad. El cambio, se ha dicho siempre, comienza en casa. En los próximos días, intentaremos poner el marcha el cambio en todos los ámbitos que se van a debatir en este Centro de Conferencias. Asumamos nuestro liderazgo e indiquemos el camino. Inspirémonos en el poder de la humanidad. Cada uno de nosotros puede marcar una diferencia, en beneficio de millones de personas que necesitan cada día nuestra asistencia y nuestros servicios. En palabras de Winston Churchill: "Nunca, nunca, nunca te rindas".

Les deseo una Conferencia exitosa y fructífera.