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Terminar definitivamente con el sufrimiento que causan las municiones en racimo

09-11-2010 Declaración

Declaración de Christine Beerli, vicepresidenta del CICR, primera reunión de los Estados Partes en la Convención sobre Municiones en Racimo, Vientiane, República Democrática Popular de Lao.

Señor presidente, señoras y señores:

" Décadas de fracaso, décadas de sufrimiento entre la población civil " . Estas son las palabras que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) empleó, el año 2007, para calificar las municiones en racimo, cuando en el marco del " proceso de Oslo " revitalizó sus esfuerzos para poner fin al sufrimiento causado por estas armas. En ningún otro lugar la realidad de estas palabras cobra más fuerza que aquí, en la República Democrática Popular de Lao, donde las municiones en racimo utilizadas hace 40 años continúan causando un ingente número de muertos y heridos, privando de tierras para la agricultura y obstaculizando el desarrollo. Sin embargo, ayer, en la provincia de Xienghuang, me impresionó lo que tuve la oportunidad de presenciar, y doy fe de ello: a pesar de que aún queda mucha labor por realizar, hay valerosos hombres y mujeres que efectúan una gran labor, y a ellos deseo encomiar hoy aquí.

Para las personas y las comunidades de Lao afectadas por estas terribles armas, nuestra presencia aquí hoy representa un mensaje de que la comunidad internacional se ha hecho eco de su sufrimiento y se compromete, finalmente, a ponerle término. Nuestra presencia aquí también nos da la oportunidad de encomiar la determinación y el liderazgo internacional del Gobierno de Lao en su esfuerzo por llamar la atención sobre los costos humanos y sociales derivados de las municiones en racimo, en su contribución al desarrollo de una Convención firme que prohíbe estas armas y en su acogida de esta culminante Primera Reunión de Estados Partes.

«Hoy, nos reúne un tratado histórico. Su finalidad es 'poner fin definitivamente al sufrimiento y a las muertes causadas por las municiones en racimo' y prestar asistencia a cada una de las víctimas y a sus comunidades" 

La Convención sobre Municiones en Racimo también constituye una respuesta para las comunidades de Camboya y de Vietnam, que durante mucho tiempo han sido víctimas de los efectos de estas armas, así como para la población de Afganistán, de Irak, de Chechenia, de los Balcanes, del Líbano y de las zonas fronterizas de Etiopía y Eritrea y otros lugares, cuya vida ha sido arruinada por estas armas. El mensaje de esta Convención es que el mundo no hace oídos sordos al sufrimiento innecesario que provocan las armas de guerra.

La Convención sobre Municiones en Racimo llega con un retraso de algunas décad as para aquellos cuyas vidas ya están afectadas por estas armas. De todos modos, representa una gran victoria en materia de prevención. A pesar de que un creciente número de fuerzas armadas las consideró armas esenciales, las municiones en racimo, que fueron empleadas por primera vez en la Segunda Guerra Mundial, han quedado estigmatizadas como inaceptables en la actualidad, en virtud de dicha Convención. Los Estados Partes destruirán millones de submuniciones. Más de la mitad de los Estados del mundo han rechazado estas armas al firmar la Convención. En muchas regiones del mundo, se ha puesto coto a la proliferación de municiones en racimo y al sufrimiento que causan, el cual era muy probable que continuara sin cesar. 

La norma absoluta de la Convención sobre Municiones en Racimo ya ha inducido a los principales poseedores de reservas de estas armas que todavía no pueden adherirse a dicha Convención a revisar la política sobre municiones en racimo, así como su doctrina y tecnología. Estoy convencida de que, en adelante, incluso emplearán con menos frecuencia las municiones en racimo. Los Estados Partes deben permanecer comprometidos para velar por que esto se cumpla, dando la máxima prioridad a la universalización de la Convención y garantizando que las normas y las prácticas no evolucionan de modo contrario a sus disposiciones.

La Convención sobre Municiones en Racimo, al igual que la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal, no constituye únicamente un conjunto de prohibiciones, aunque estas se consideran fundamentales para su éxito, sino que es también una promesa a las comunidades afectadas, a las víctimas y a los supervivientes, de que sus vidas van a mejorar, gracias a la reducción de riesgos, la limpieza de tierras contaminadas, la atención médica, la rehabilitación, el apoyo psicosocial, y las oportunidades económicas. La competencia profesional requerida para obtener resultados en todos estos ámbitos está bien establecida y es de sobra conocida. Lo que es necesario en prácticamente todos los países afectados es fortalecer la capacidad y movilizar los recursos de modo que se facilite el trabajo.

Al movilizar recursos y fortalecer la capacidad, instamos a los Estados Partes a que permanezcan centrados en las necesidades reales del reducido número de países afectados. Lo que mejorará las vidas de la gente no será tanto el desarrollo de directrices o la concertación de acuerdos en reuniones multilaterales sino una planificación nacional, la movilización de los recursos en los países afectados, y el apoyo a estos esfuerzos por todos los Estados Partes. Además, la mayor parte del aprendizaje en este ámbito ya se ha hecho bajo la Convención sobre la prohibición de minas antipersonal y en programas de remoción de municiones en racimo que se han realizado en la mayoría de los países afectados durante muchos años. Esperamos tener más noticias sobre tales esfuerzos, esta semana. Instamos a todos los Estados que pueden prestar su ayuda a que anuncien compromisos específicos relativos al apoyo a los países afectados, durante esta reunión o después de ésta con la mayor premura. Los beneficios de esta Convención deberían ser patentes el año 2011, de modo que la segunda reunión de Estados Partes sólo debería tratar de planes futuros y resumir los progresos significativos logrados en los ámbitos de la remoción y de la asistencia a las víctimas.

En la aplicación de esta Convención a nivel nacional, los Estados Partes deberán adoptar diversas medidas. Primero, y ante todo, se requiere la legislación nacional mediante la cual se garantice la penalización y el castigo, a nivel nacional, de todos los actos prohibidos por la Convención. Serán necesarias las medidas administrativas para registrar y presentar los informes requeridos por la Convención. Respecto de los que antes han recurrido a las municiones en racimo, deberán revisarse la doctrina militar y las reglas de enfrentamiento, y deberá modificarse la formación militar. Para dichos Estados, los programas de remoción y destrucción de armas se pondrán en funcionamiento pronto, a fin de garantizar que se respeta el plazo establecido de ocho años. Mediante sus delegaciones por todo el mundo, el CICR está preparado para ayudar a los Estados a desarrollar su legislación nacional.

También hemos elaborado una ley tipo para los Estados del common law, que la delegación del CICR pone aquí a disposición, en todos los idiomas oficiales.

Señor presidente, señoras y señores:

"Ahora disponemos de las herramientas – en el marco de esta Convención – para poner fin a décadas de sufrimiento civil (...).     Si lo logramos, esta puede ser la década en que se ponga fin, de una vez por todas, al flagelo de las municiones en racimo." 

Hace treinta y cinco años, en Lao y en otros países afectados de esta región, la acción humanitaria relativa a las municiones en racimo consistía en la acción desarrollada por la población local y algunas ONG pioneras, como el Comité Central Menonita y Quakers. Estas organizaciones sencillamente proporcionaron palas en lugar de azadones, para reducir las posibilidades de que los agricultores hicieran detonar municiones en racimo cuando labraban sus tierras. La acción humanitaria también consistió en un conjunto de siete países encabezados por Suecia, que, infructuosamente, instaron a la prohibición de las bombas en racimo antipersonal, durante una conferencia diplomática relativa al derecho internacional humanitario en la década de 1970. Hace diez años, después del conflicto de Kosovo, el CICR instó sin éxito a los Estados a suspender el uso de municiones en racimo hasta que se negociaran nuevas normas para proteger a los civiles de sus efectos. De nuevo, estas décadas de fracaso fueron décadas de sufrimiento entre los civiles.

Hoy, nos reúne un tratado histórico, firmado por 108 Estados y ratificado, hasta la fecha, por 46. Su finalidad es " poner fin definitivamente al sufrimiento y a las muertes causadas por las municiones en racimo " y prestar asistencia a cada una de las víctimas y a sus comunidades. Este notable logro es un reconocimiento a la colaboración desarrollada entre los Gobiernos, la sociedad civil encabezada por la Coalición sobre las municiones en racimo, y al personal encargado de la remoción, a las Naciones Unidas y a sus organismos y al Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Ahora disponemos de las herramientas –en el marco de esta convención– para poner fin a décadas de sufrimiento civil. Utilicémoslas. Hacer realidad las promesas de esta Convención no resultará una tarea fácil. Para ello, se requerirá el mismo tipo de determinación y de colaboración que fue necesario para elaborar la propia Convención. Y se necesitan muchos más recursos. Si lo logramos, esta puede ser la década en que se ponga fin, de una vez por todas, al flagelo de las municiones en racimo.


Fotos

 

Sra. Christine Beerli, vicepresidenta del CICR
© CICR

Laos. Un padre observa a su hija, herida por submuniciones; la madre y un hermano de la joven también sufrieron heridas, y otro hermano murió. 

Laos. Un padre observa a su hija, herida por submuniciones; la madre y un hermano de la joven también sufrieron heridas, y otro hermano murió.
© CICR / J. Holmes / la-e-00938

Laos. Material bélico oxidado que incluye bombas, morteros y submuniciones sin estallar, apilado afuera de una fundición de metales en la provincia de Xieng Khouang.  

Laos. Material bélico oxidado que incluye bombas, morteros y submuniciones sin estallar, apilado afuera de una fundición de metales en la provincia de Xieng Khouang.
© CICR / J. Holmes / la-e-00952

Laos. En los campos de la provincia de Xieng Khouang, un equipo especializado en desminado utiliza un detector para encontrar estos artefactos y otros objetos metálicos. 

Laos. En los campos de la provincia de Xieng Khouang, un equipo especializado en desminado utiliza un detector para encontrar estos artefactos y otros objetos metálicos.
© CICR / P. Herby / la-e-00953