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Prohibición de las municiones en racimo: de la visión política a la acción práctica

13-09-2011 Declaración

Declaración de Christine Beerli, vicepresidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, segunda reunión de los Estados Partes en la Convención sobre Municiones en Racimo, Beirut, 11 a 16 de septiembre de 2011.

Señor presidente, señoras y señores:

Habida cuenta de que la reunión de los Estados Partes en la Convención sobre Municiones en Racimo se ha trasladado de Laos a Líbano, cabe reflexionar acerca de la experiencia que atraviesan estos dos países al encarar el grave impacto de las municiones de racimo en sus poblaciones. El uso masivo de municiones en racimo en estos dos países tuvo lugar con treinta años de diferencia. Sin embargo, las consecuencias han sido las mismas: extensas zonas contaminadas con submuniciones sin estallar e ingentes números de víctimas civiles. Laos afronta, desde hace más de tres décadas, la abrumadora tarea de limpiar las tierras contaminadas. Líbano, con una superficie contaminada mucho menor, realiza tareas de limpieza desde hace cinco años.

En las tres décadas transcurridas desde el final de la guerra en Laos y el final de la guerra en Líbano, el legado de las municiones en racimo y los daños que éstas ocasionan a las poblaciones se fueron reiterando a medida que se contaminaban nuevos países o regiones, entre ellos Afganistán, Chechenia, Eritrea, Etiopía, Irak, Kosovo y Serbia. Casi treinta otros lugares del mundo corrieron la misma suerte. El problema de Laos quedó prácticamente olvidado fuera de ese país. Las municiones en racimo eran generalmente aceptadas como arma esencial y los inaceptables daños que causan se consideraban inevitables. Los problemas humanitarios ocasionados por las municiones en racimo se encaraban por medio de innovaciones técnicas como los "mecanismos de seguridad", introducidos para mejorar su fiabilidad.

La experiencia de Líbano cambió por completo esta situación. Mostró al mundo que, con los sistemas de ataque modernos, era posible contaminar extensas zonas con millones de submuniciones, en cuestión de días. Esa experiencia demostró que las viejas municiones en racimo siguen exhibiendo tasas masivas de falla y que incluso los "mecanismos de seguridad" más modernos no siempre funcionan. Ilustró las repercusiones que la contaminación por municiones en racimo puede ocasionar en todos los aspectos de la vida civil, desde la producción de alimentos hasta la reconstrucción posconflicto y la atención de salud, en zonas que necesitan esos servicios con urgencia.  La amplia difusión que los medios de comunicación dieron a esta cuestión hizo que el mundo le prestara atención. En pocos meses, 25 Estados exhortaron a adoptar un nuevo instrumento de derecho internacional para encarar este problema. Cuando esa iniciativa fue bloqueada, el proceso de Oslo allanó el camino para la prohibición de las municiones en racimo que causan "daños inaceptables" a la población civil. En muchos aspectos, la Convención sobre Municiones en Racimo nació de los padecimientos que estas armas causaron en Líbano.

Los Estados Partes y los Signatarios tienen justas razones para enorgullecerse de lo que han logrado en relativamente poco tiempo. El uso de las municiones en racimo ha sido estigmatizado, lo cual repercute también en las prácticas de los Estados que aún no han podido adherirse a este Convenio. La enérgica respuesta de los Estados Partes y de diversas organizaciones al reciente uso de municiones en racimo en Libia y en los enfrentamientos entre Tailandia y Camboya ha servido para fortalecer la estigmatización de estas armas. Se han adoptado nuevos y sustanciales compromisos encaminados a ayudar a los Estados gravemente afectados y responder a las necesidades de otros Estados Partes. El efecto combinado de las reuniones de los Estados Partes celebradas en Vientiane y en Beirut garantizará que, en las reuniones formales e informales que se celebrarán en forma anual, se presenten informes sobre los progresos logrados en materia de destrucción de reservas de municiones en racimo, limpieza y asistencia a las víctimas y hará también que esas actividades sean objeto de seguimiento y de apoyo. Si bien quedan ingentes tareas por realizar, sobre todo en los países más severamente afectados, los Estados Partes han de mantener su confianza en el valor histórico y en las repercusiones de las normas que han creado.

Las prioridades del Comité Internacional de la Cruz Roja en esta reunión en Beirut y en el marco del proceso general de aplicación de la Convención son las siguientes:

  • en primer lugar, implementar en forma expeditiva los compromisos sujetos  a un plazo, en los ámbitos de la limpieza y la destrucción de reservas de municiones en racimo;
  • en segundo lugar, garantizar el logro de progresos medibles en materia de asistencia a las víctimas en los Estados Partes más afectados, y
  • en tercer lugar, alcanzar la universalización de la Convención y de las normas que contiene.

Con respecto a los compromisos sujetos a un plazo establecidos en la Convención, el Informe de Situación de Beirut ofrece valiosa información sobre la implementación del Plan de Acción de Vientiane. Aunque el Plan se adoptó hace tan sólo 10 meses, las tendencias que se observan son muy alentadoras e indican que, como consecuencia directa de la Convención, ya se han destruido casi 65 millones de submuniciones. Los Estados Partes que tienen obligaciones de limpieza están adoptando medidas destinadas a encarar el impacto que las municiones en racimo causan en sus respectivos países. Casi todos esos Estados están en vías de formular o implementar los planes, presupuestos y mecanismos necesarios para cumplir las prescripciones establecidas por la Convención en estas esferas.

Con respecto a la asistencia que se ha de prestar a las víctimas en los Estados más afectados, la experiencia ha demostrado que la clave del éxito sigue siendo la identificación nacional con esta cuestión, la participación de los sobrevivientes en la formulación de las prioridades en materia de asistencia a las víctimas y el apoyo de largo plazo de los organismos internacionales y los donantes. Este último elemento es fundamental, habida cuenta de que los países más afectados también se cuentan entre los más pobres.

Los progresos en los ámbitos que he mencionado también dependerán de que todas las actividades de implementación, sean formales o informales, se concentren en los verdaderos problemas de cada país. No son las directrices, sino los planes y proyectos concretos y la asignación específica de recursos lo que garantizará la plena aplicación de la Convención. Es alentador observar que, según el Informe de Situación de Beirut,  varios Estados Partes y Signatarios han asignado fondos para la implementación de la Convención. Alentamos a todos los Estados y a las organizaciones regionales donantes a mantener esta tendencia, puesto que, en los años por venir, harán falta muchos más recursos.

Con respecto a la cuestión de la universalización, durante los últimos diez meses, se ha verificado un continuo aumento en el número de Estados Partes en la Convención, que pasó de 46 a 61. Este avance refleja los constantes esfuerzos realizados por muchos Estados Partes, la Coalición contra las Municiones en Racimo, las Naciones Unidas y el Comité Internacional de la Cruz Roja. Sin embargo, creemos que los Estados pueden mejorar estos resultados promoviendo esta Convención a nivel regional y a través de los diferentes foros multilaterales en los que participan. También esperamos que los Estados Partes y los Signatarios no condonen, promuevan ni acepten que otros Estados sigan utilizando precisamente las mismas municiones en racimo, particularmente las que cuentan con un único mecanismo de seguridad, que han prohibido mediante esta Convención. Los Estados Partes en la Convención sobre Municiones en Racimo han prohibido el uso de estas armas en razón de que causan "daños inaceptables a los civiles".

Señor presidente:

El camino de Vientiane a Beirut se recorrió en tan sólo diez meses. Pero, para hacer el camino de Laos a Líbano se necesitaron más de tres décadas. La labor de esta reunión y de los Estados Partes en los meses y años por venir ayudará a determinar si, dentro de otras tres décadas, las municiones en racimo prohibidas por esta Convención seguirán causando "daños inaceptables a los civiles". Al adherirse a la Convención, los Estados Partes han adoptado una decisión política. Ahora, nuestra tarea es pasar de la visión política a la acción práctica.


Fotos

 

Sra. Christine Beerli, vicepresidenta del CICR
© CICR

 

© CICR