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Vivir en un mundo libre de minas antipersonal se está convirtiendo en un objetivo viable

04-12-2009 Declaración

Declaración de la señora Christine Beerli, VicepresidentaComité Internacional de la Cruz Roja, Segunda Conferencia de Examen de los Estados Partes en la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal, Cartagena, Colombia, 30 de noviembre a 4 de diciembre de 2009

Desde hace casi dos décadas, el sufrimiento y el valor de los supervivientes de las explosiones de minas han servido de impulso para nuestra labor de formulación y aplicación de esta histórica Convención de derecho internacional humanitario. Tenemos muchas razones para sentirnos alentados tras el examen efectuado esta semana. La estigmatización del uso de las minas antipersonal, establecida por los 156 Estados Partes, ha salvado innumerables vidas y extremidades al impedir el uso de cientos de miles de minas y asegurar la destrucción de decenas de millones de esas armas. Enormes zonas de tierras anteriormente contaminadas sirven ahora para cultivar el alimento de algunas de las comunidades más pobres del mundo, en lugar de sembrar el terror entre ellas. Hace apenas 15 años, esos logros parecían un sueño imposible.

 
"Nuestros desafíos comunes son considerables. Para superarlos será preciso que todos perseveremos en un amplio compromiso personal, y que sea posible contar con más recursos que los aportados hasta la fecha. Es particularmente importante que los Estados Partes mantengan sus elevados niveles de compromiso(...)" 
 

Asimismo, los problemas que subsisten son ahora más claros que nunca. Una de las principales dificultades consiste en asegurar la protección de la vida de un mayor número de víctimas de las explosiones de minas, y dar a los supervivientes de ese tipo de accidentes en todos los países más afectados, la posibilidad de una auténtica mejora en su vida cotidiana. La visión de nuestra Presidenta noruega, y la penosa experiencia del país que nos acoge, Colombia, nos han impuesto el reto de situar l a asistencia a las víctimas como elemento central de la labor de esta Cumbre y de los planes para los próximos cinco años.

Para responder al reto planteado por la Presidencia y Colombia, el CICR y la Cruz Roja Noruega convocaron en junio del año en curso una reunión internacional de supervivientes y profesionales del ámbito de la asistencia a las víctimas. La reunión finalizó su labor con un llamamiento dirigido a la presente Conferencia de Examen. El llamamiento llega a la conclusión de que, si bien el número total de nuevas víctimas de las minas terrestres ha disminuido a escala mundial, y se ha reducido también drásticamente en los países partes en la Convención, siguen siendo demasiadas las personas que mueren en el lugar en que resultan lesionadas, o mientras son trasladadas a lugares distantes para recibir atención médica de emergencia. Ese llamamiento pone de relieve también que aún queda mucho por hacer para mejorar de forma significativa la vida de la mayoría de los supervivientes y su acceso a la atención médica, la rehabilitación física, el apoyo psicológico, los servicios sociales, la educación y el empleo.

Tras diez años de aplicación, y a pesar de las numerosas mejoras que se han alcanzado en determinados países o comunidades, sigue siendo difícil notar progresos importantes a escala mundial o en muchos de los países afectados. En pocas palabras, a pesar de nuestros esfuerzos, las esperanzas que la mayoría de los supervivientes de explosiones de minas cifraban en esta Convención todavía no se han materializado. La presente Cumbre puede, y debe ser, el punto decisivo para que esa realidad empiece a cambiar.

El Plan de Acción de Cartagena que están adoptando aquí, esta semana, incluye una hoja de ruta para el cambio en la esfera de la asistencia a las víctimas. Compromete a los Estados Partes a prestar asistencia accesible, aseq uible, y sostenible a las víctimas con el fin de asegurar su plena y efectiva participación e inserción en la sociedad. El Plan de Acción y Declaración de Cartagena nos compromete a todos a hacer más, a invertir más y a lograr mejores resultados en favor de las víctimas, sus familiares y las comunidades en los próximos cinco años.

 
"El CICR acoge con beneplácito los firmes compromisos contraídos con las víctimas. Pero queda por delante la tarea más difícil de convertir las palabras en resultados concretos." 
 

El CICR acoge con beneplácito los firmes compromisos contraídos con las víctimas. Pero queda por delante la tarea más difícil de convertir las palabras en resultados concretos. En los próximos cinco años, nuestra acción, o falta de acción, en ese ámbito, determinará si la Convención ha significado un verdadero cambio en la vida de los supervivientes. El CICR tiene el compromiso de apoyar a los Estados Partes para asegurar que así sea, por ejemplo, prestando asistencia a los servicios médicos y de rehabilitación física en las zonas afectadas.

El Plan de Acción de Cartagena también contiene un enérgico mensaje sobre el cumplimiento de las obligaciones que estipula la Convención en relación con la remoción de minas y la destrucción de las existencias de minas. Ésas son algunas de las obligaciones fundamentales de la Convención. Los retrasos en el cumplimiento, aún cuando a veces puedan explicarse en términos prácticos, socavan los objetivos de carácter humanitario de esta Convención y pueden poner en entredicho nuestro compromiso colectivo. Exhortamos a todos los Estados con responsabilidades en relación con la remoción de minas a que las cumplan urgentemente y dentro de sus plazos originales o prorrogados. Y exhortamos a los Estados que no han cumplido sus plazos para la destrucción de sus existencias de minas, a que cumplan esa obligación sin demora.

El elemento común entre las dificultades actuales a que se hace frente en las esferas de la asistencia a las víctimas, la remoción de minas y la destrucción de las existencias de minas son los recursos, tanto nacionales como internacionales. El éxito en cada una de esas esferas requerirá más recursos, así como una mejor utilización de los recursos existentes. Exigirá una reflexión colectiva sobre el modo en que, en el contexto de las actuales dificultades financieras, se podrá movilizar recursos en los planos nacional e internacional, lo que incluye la evaluación de las repercusiones de la actual tendencia a alejarse de la financiación específica de acción contra las minas. Un futuro Comité Permanente sobre los recursos podría contribuir a abordar ese problema crucial y a fortalecer la colaboración entre los Estados afectados y los donantes en el futuro.

El éxito de la Convención sobre la prohibición de las minas siempre se ha medido en términos del número de niños y familias cuyas vidas no han sido devastadas por accidentes ocasionados por las minas, de los alimentos que obtienen los agricultores que ya no temen plantar sus cultivos en terrenos anteriormente plagados de minas, y de la esperanza y las oportunidades que tienen de nuevo los supervivientes de explosiones de minas. El éxito de la Cumbre de Cartagena, sobre todo de los compromisos adoptados en el Plan de Acción de Cartagena, también se medirá en esos términos.

Nuestros desafíos comunes en los próximos cinco años son considerables. Para superarlos será preciso que todos perseveremos en un amplio compromiso personal, y que sea posible contar con más recursos que los aportados hasta la fecha. Es particularmente importante que los Estados Partes mantengan sus elevados niveles de compromiso, ahora que la posibilidad de vivir en un mundo libre de minas antipersonal se está convirtiendo en un objetivo viable. Y los resultados, en término s de vidas humanas y de comunidades de todo el mundo, merecen el esfuerzo. Es así como los sueños imposibles se hacen realidad.