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Protección de los civiles en los conflictos armados: la perspectiva del CICR

22-11-2010 Declaración

Declaración del Sr. Yves Daccord, director general del CICR, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Nueva York, 22 de noviembre de 2010

     

 
   
 
         

Sr. Presidente, Excelencias, damas y caballeros:

Durante la última década, la protección de las personas civiles en los conflictos armados ha ocupado un lugar prioritario en el programa internacional. Por una parte, los progresos logrados han sido muy importantes. Nunca antes hubo tantas declaraciones de política y resoluciones, tanta información y movilización a nivel mundial, ni tal proliferación de actores que pretenden llevar adelante actividades de protección.

Lamentablemente, como todos sabemos, las bellas palabras y las buenas intenciones raras veces se corresponden con la realidad sobre el terreno.

Si bien sigue habiendo opiniones divergentes acerca de la verdadera índole de la protección , no hay duda alguna sobre lo que sucede cuando no la hay. Ésta es la realidad que afronta el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en su trabajo cotidiano, en los demasiado numerosos conflictos armados y otras situaciones de violencia que tienen lugar en todo el mundo.

 
"... la falta de respeto por el derecho internacional humanitario por parte de los Estados y los actores no estatales, sumada a la prevaleciente cultura de la impunidad, es la causa principal del enorme sufrimiento humano que estamos presenciando." 
 

En algunos lugares, la realidad es que los hombres, las mujeres y los niños son asesinados o violados, son obligados a abandonar sus hogares, pierden todas sus pertenencias y viven en un permanente estado de temor. La realidad es que los hospitales son bombardeados y los profesionales de la salud son atacados.

Más allá del hecho de que los civiles son objeto de ataques intencionales, la realidad es, además, que hay innumerables otras víctimas -a menudo olvidadas- que también necesitan protección.

La realidad es que, en la guerra, hay personas que desaparecen. El sufrimiento de estas personas y de sus familiares constituye una grave preocupación para el CICR. Las personas tienen derecho a saber lo que sucedió con sus familiares desaparecidos. Los gobiernos, las autoridades militares y los grupos armados tienen la obligación de proporcionar información y prestar ayuda para que los familiares separados puedan reencontrarse.

Además, no hay que olvidar a los centenares de miles de personas encarceladas o detenidas en relación con los conflictos armados. Garantizarles un trato humano y unas condiciones de detención aceptables es otra de las preocupaciones del CICR y constituye una de sus principales actividades.

Entonces, ¿por qué la realidad sobre el terreno es a menudo tan sombría, en comparación con los importantes adelantos que se observan en la política y la doctrina?

Señor Presidente, la razón fundamental es tan obvia como problemática. La razón es, desde luego, la falta de respeto por el derecho internacional humanitario (DIH) por parte de los Estados y de los actores no estatales. Esa falta de respeto, sumada a la prevaleciente cultura de la impunidad, es la causa principal del enorme sufrimiento humano que estamos presenciando.

Varios factores agravan esta situación. El aumento del número de grupos armados que se registra en algunos contextos es uno de ellos. Cuando los actores armados están motivados por el crimen o el bandidaje, es más difícil hablar con ellos acerca de sus obligaciones de proteger a las personas civiles. La constante evolución de los medios y los métodos de la guerra, a veces acompañada de un irresponsable desprecio por la protección de los civiles, es otro de esos factores. Librar una batalla en medio de una zona urbana densamente poblada -a veces con armas altamente explosivas- es tan sólo uno de los ejemplos que cabe citar.

Sin embargo, pese a las flagrantes infracciones que cometen las partes en los conflictos en todo el mundo, o más bien, a causa de ellas, el CICR está firmemente convencido de que la pertinencia y la importancia del DIH no se debilitan, sino que se reafirman. En efecto, este convencimiento se refleja en los cinco desafíos básicos expuestos por el Secretario General de las Naciones Unidas en sus informes de 2009 y 2010 sobre la protección de los civiles.

El esfuerzo por garantizar el respeto del DIH en situaciones de conflicto armado sigue siendo un elemento central de nuestro cometido y de nuestra misión, y se refleja en la forma en que procuramos proteger y asistir a las víctimas de los conflictos armados.

Efectivamente, para el CICR, la protección y la asistencia son dos aspectos inseparables de su labor. Nuestra presencia operacional en diversos conflictos armados u otras situaciones de violencia asegura nuestra proximidad a las víctimas. Entablamos diálogos confidenciales con los actores estatales y no estatales a fin de defender los derechos de las personas afectadas y hacemos los mayores esfuerzos posibles por prevenir las infracciones. Ese diálogo es facilitado por nuestra estricta adhesión a un enfoque basado en principios. Recordamos a las partes sus obligaciones en lo que respecta a la protección de las personas civiles y promovemos el respeto del DIH en todos los niveles. Esta actividad comprende, en particular, el apoyo a las autoridades para la incorporación del DIH en la legislación nacional y en los manuales de instrucción de las fuerzas armadas. Otro aspecto de esta actividad es la labor que realizamos con miras a aclarar o desarrollar ciertos aspectos del DIH, tarea que exige amplias consultas con los Estados y con otros colectivos interesados.

Al mismo tiempo, el CICR se esfuerza por responder a las necesidades de las víctimas, se trate de alimentos, agua, vivienda, de otras necesidades básicas, o de atención sanitaria; se ocupa de la búsqueda de personas desaparecidas y de restablecer el contacto entre familiares, y vela por que las personas en detención reciban un trato adecuado. La protección puede facilitar la asistencia y viceversa.

Obviamente, el enfoque del CICR es sólo uno de muchos, habida cuenta del creciente número de actores civiles y militares con diferentes mandatos, objetivos y modalidades de trabajo. Pero, para ofrecer una respuesta eficaz en materia de protección es imprescindible que todos los participantes cuenten con las competencias profesionales adecuadas. Teniendo en cuenta este aspecto, en 2009 el CICR elaboró un conjunto de normas profesionales mínimas comúnmente aceptadas. Esas normas se consideran fundamentales para lograr que las tareas de los actores humanitarios y de dere chos humanos sean más eficaces y se complementen mejor. Cabe destacar que, en esas normas, se afirma que las personas en riesgo deben ocupar un lugar central en toda acción que se realice en su beneficio, y que deben desempeñar un papel importante en el análisis, la elaboración y la supervisión de las respuestas de protección que se emprendan ante las amenazas y los riesgos que afrontan.

 
"... en todos los casos, los hombres, las mujeres y los niños que necesitan protección deben verdaderamente ocupar un lugar central en cualquier acción que se emprenda." 
 

Señor Presidente, las Naciones Unidas han hecho importantes avances en lo que respecta a incorporar las actividades de protección en los mandatos de sus misiones de mantenimiento de la paz y mejorar la protección para grupos específicos como las mujeres y los niños, los refugiados y las personas desplazadas. El CICR seguirá obrando en favor de la protección de las personas civiles dentro de los límites de su mandato y de sus competencias particulares, basándose, en forma explícita, en un enfoque neutral e independiente. Los otros actores seguirán actuando de conformidad con sus propios mandatos y modalidades.

Posiblemente sea difícil alcanzar un verdadero consenso entre todos los actores sobre lo que significa la " protección " . No obstante, es fundamental que haya claridad y transparencia con respecto a los objetivos de los diferentes actores, sean civiles o militares, y que se trace una clara distinción entre ambos. A fin de evitar las expectativas poco realistas, es importante distinguir entre la protección física (que los actores humanitarios no pueden proporcionar) y la protección que se alcanza promoviendo el respeto de la ley. Y, en todos los casos, los hombres, las mujeres y los niños que necesitan protección deben verdaderamente ocupar un lugar central en cualquier acción que se emprenda. Todos afrontamos el desafío de transformar las palabras y las intenciones en acciones concretas y significativas, allí donde importa.

Señor Presidente, en última instancia, corresponde a los Estados y a los actores no estatales, todos ellos obligados por el DIH, responder a ese desafío. Para terminar mi alocución, insto sinceramente a los Estados y los actores estatales -y a este Consejo- a demostrar la voluntad política y la buena fe que se necesitan para convertir en realidad las disposiciones jurídicas, y a afrontar con seriedad la obligación de proteger a las personas civiles. Éste sería el progreso más importante de todos.

Muchas gracias.