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Convención sobre Municiones en Racimo: el CICR acoge con satisfacción la firma de un acuerdo histórico

03-12-2008 Declaración

Declaración de Jakob Kellenberger, Presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja. Convención sobre Municiones en Racimo, Conferencia de firma de la Convención, Oslo, 3 de diciembre de 2008

  Cotéjese con la versión del orador  

     

Comenzaré rindiendo homenaje al Gobierno de Noruega, al grupo de Estados que guió con éxito este proceso, y a Irlanda que tan acertadamente acogió y presidió la negociación de esta Convención en Dublín. Quiero también felicitar a los Estados que aprobaron la " Declaración de Oslo " en 2007 y a los que se unieron posteriormente al proceso de Oslo. Por último, rindo homenaje a la labor de las Naciones Unidas y de las muchas organizaciones no gubernamentales que integran la Coalición contra las Municiones en Racimo. Aunando nuestros esfuerzos, hemos logrado cambiar para siempre la visión de los Estados, del público y de la historia respecto de las municiones de racimo.

 

   
"...el camino a Oslo no termina en esta ciudad. Acabará cuando cese el uso de estas armas, cuando se hayan eliminado los arsenales, cuando se hayan limpiado las zonas contaminadas y cuando las víctimas hayan recibido ayuda para rehacer sus vidas." 

 

El " camino a Oslo " comenzó cuando las municiones en racimo fueron utilizadas por primera vez contra el puerto de Grimsby en Gran Bretaña, hace 65 años. Un 75% de las submuniciones lanzadas desde aeronaves no estalló como estaba previsto y tuvieron que ser recogidas. Había submuniciones por todas partes: en las carreteras, en los techos y e ntre las ramas de los árboles. Las submuniciones se cobraron 61 víctimas, de las cuales más de 45 después de la ofensiva y no durante el ataque. Los niños volvían a sus casas con esas " bombitas " en las manos, y algunos escaparon por muy poco a la muerte. Recogerlas requirió ingentes recursos.

El " camino a Oslo " también atraviesa las montañas y los arrozales del sudeste asiático donde cientos y cientos de millones de submuniciones fueron lanzadas y donde hoy sigue habiendo millones y millones. Este camino cruza también las vidas de la población civil de Laos, Camboya y Vietnam, la cual vive bajo la amenaza de estas submuniciones sin estallar desde hace cuarenta años. Miles han perdido la vida, una pierna o un brazo, y miles lloran la muerte de un ser querido. En los últimos años, este camino de contaminación y pérdida de vidas humanas también ha pasado por Afganistán, Georgia, Irak, Kuwait y Líbano, entre otros países, donde las personas civiles han tenido que hacer frente a las trágicas consecuencias de esas armas.

Otro camino a Oslo comenzó, hace 140 años, en San Petersburgo cuando una comisión militar internacional declaró que el único objetivo legítimo en la guerra es debilitar a las fuerzas militares del enemigo, y estableció el principio de que, para ciertas armas, " las necesidades de la guerra deben detenerse ante las exigencias de la humanidad " . El camino continuó con la aprobación, en 1977, de los dos Protocolos adicionales a los Convenios de Ginebra. El Protocolo I dispone que la población civil debe gozar " de protección general contra los peligros procedentes de operaciones militares " y que, para protegerla, se tomen " todas las precauciones factibles " , lo que también incluye la elección de las armas. También conforman este camino los pioneros precedentes sentados por la Convención relativa a la prohibición de las minas antipersonal y el Protocolo sobre los restos explosivos de guerra. De conform idad con estos instrumentos, los Estados tienen la obligación de prevenir y poner remedio a los sufrimientos que ocasionan a los civiles " estas armas que siguen causando la muerte " .

Esos dos caminos convergen hoy aquí con la firma de la Convención sobre las Municiones en Racimo. El hecho de que tantos Estados la firmen es seña de que los sufrimientos de las víctimas y de los países afectados no han pasado desapercibidos. La Convención dispondrá la prohibición de estas armas y será un baluarte contra su mayor proliferación. Podrá también cambiar la práctica de los Estados que tienen estas armas, pero que aún no pueden ser partes en la Convención. Tengo el convencimiento de que incluso estos Estados las utilizarán cada vez menos.

El camino a Oslo, sin embargo, no termina en esta ciudad. Acabará cuando cese el uso de estas armas, cuando se hayan eliminado los arsenales, cuando se hayan limpiado las zonas contaminadas y cuando las víctimas hayan recibido ayuda para rehacer sus vidas. Medidas para lograr esos objetivos son la ratificación, la aprobación de legislación nacional y cambios en la doctrina y la práctica militares. Para ello, el CICR pone a disposición de los participantes en esta Conferencia carpetas de ratificación y una ley modelo para los Estados de common law .

La Convención sobre las Municiones en Racimo tiene su origen en la indescriptible experiencia de las víctimas y de los países afectados. Y el camino de vuelta debe ir en su dirección en la forma de un vigoroso esfuerzo internacional de los Estados Partes y de otros Estados, destinado a limpiar las tierras contaminadas y asistir a esas víctimas y a sus comunidades. La firma de la Convención es, sin duda alguna, un éxito importante, pero el verdadero logro será la forma en que cambie la vida de esas personas y comunidades en los próximos meses y a ños. Es un honor para el CICR haber participado en este extraordinario proceso e importante desarrollo del derecho internacional humanitario. Esperamos con interés seguir aunando nuestros esfuerzos con todos los aquí presentes para que las promesas de esta Convención sean una realidad en el más breve plazo.