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Perspectiva funcional sobre la Convención de armas biológicas y la Convención de armas químicas

11-12-2006 Declaración

Presentación por el Comité Internacional de la Cruz Roja, Reunión especial sobre el combate a la proliferación de las armas nucleares, químicas y biológicas, sus sistemas vectores y materiales relacionados, Comisión de Seguridad Hemisférica del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos, Washington, 11 de diciembre de 2006.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) agradece esta oportunidad de dirigirse a la Comisión de Seguridad Hemisférica de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en relación con un tema que interesa y preocupa a ambas instituciones.

La prohibición del empleo de veneno está consagrada en los códigos de guerra de diversas tradiciones y culturas desde hace más de dos mil años. Más recientemente, el Protocolo de Ginebra de 1925 no sólo reafirmó la antigua prohibición de utilizar gases tóxicos y asfixiantes, sino que la amplió para abarcar las armas bacteriológicas. Con la adopción de la Convención sobre las armas biológicas, en 1972, y la Convención sobre las armas químicas, en 1993, los Estados reforzaron esa prohibición, al proscribir también el desarrollo, la producción y el almacenamiento de esas armas.

Si bien existen normas y reglas de derecho consuetudinario bien establecidas contra el envenenamiento y la propagación deliberada de enfermedades, por muchas razones debemos seguir estando alerta. Con gran rapidez, se están produciendo avances en microbiología, ingeniería genética, biotecnología y bioquímica. Muchos creen que el siglo XXI conocerá una " revolución biotecnológica " . Los resultados de esa revolución podrían facilitar el desarrollo y el uso de armas biológicas y químicas en conflictos armados o como medio para sembrar el terror en la población civil.

Así pues, el CICR insta a los Estados a que actúen con decisión para excluir por completo la posibilidad de que se empleen, en el futuro, agentes biológicos o sustancias químicas como armas. Los Estados podrían:

 
  • en primer lugar, hacer mayores esfuerzos para garantizar la adhesión universal a la Convención sobre armas biológicas y la Convención sobre armas químicas;
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  • en segundo lugar, adoptar medidas para la aplicación de esos tratados a nivel nacional, si aún no lo han hecho;
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  • en tercer lugar, procurar comprometer a todos los actores nacionales pertinentes en la aplicación de ambos tratados y en la realización de los esfuerzos de prevención.
 

Con respecto a la adhesión universal, el CICR invita a los Estados americanos que aún no participan en la Convención sobre armas biológicas y en la Convención sobre armas químicas a efectuar los procedimientos administrativos y políticos necesarios para adherirse a ambos tratados. Tres Estados americanos aún no son Partes en la Convención sobre armas biológicas de 1972, y otros tres aún no son Partes en la Convención sobre armas químicas de 1993.

Prevenir efectivamente, mediante la ratificación universal de los tratados, el uso de armas biológicas y químicas como medio de guerra sólo podrá lograrse si las obligaciones establecidas en la Convención sobre armas biológicas y la Convención sobre armas químicas se aplican al nivel nacional. Los Estados deben adoptar medidas legislativas y administrativas, como la promulgación de legislación penal, así como garantizar la seguridad y el control de los agentes que causan enfermedades, conocidos como patógenos. Esas medidas deberían elaborarse de forma tal que permitan la identificación de los avances técnicos en los campos de la biología y la química que podrían utilizarse con fines hostiles, a fin de contrarrestar eficazmente esa amenaza.

Por lo que respecta a la Convención sobre armas biológicas, todos los Estados de la región cuentan con legislación que permite la aplicación de, por l o menos, algunas de sus disposiciones. Sin embargo, sólo un pequeño número de esas normas permite el cumplimiento cabal de los requisitos de la Convención, sobre todo en relación con la seguridad y la protección de los laboratorios, así como con las medidas de sensibilización destinadas al sector de la salud y a las comunidades científica e industrial.

Por lo que respecta a la Convención sobre armas químicas, treinta Estados americanos han designado una autoridad nacional encargada de hacer respetar la Convención. Sin embargo, de los treinta y dos Estados Partes en la Convención, sólo cinco parecen haberse dotado de los medios necesarios para la plena observancia del tratado.

Asimismo, cabe señalar que, a fines de lograr una mayor aplicación nacional, se realizó una reunión regional de expertos sobre armas y derecho internacional humanitario, en Buenos Aires, el mes de agosto de 2006. Participaron en esa reunión 68 expertos de 18 países de la región, así como el presidente de la Comisión de Seguridad Hemisférica de la OEA, y un representante de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Esperamos que los profundos debates e intercambios de opiniones que tuvieron lugar entre los expertos gubernamentales en relación con los requisitos para aplicar ambas convenciones, se traduzcan en acciones concretas por parte de los Estados en un futuro muy cercano.

Como siempre, el CICR está dispuesto a apoyar y asesorar a los Gobiernos sobre el desarrollo de medidas nacionales de aplicación, a través de su Servicio de Asesoramiento Jurídico. En este continente, la oficina principal del Servicio de Asesoramiento está en la ciudad de México. Pueden ponerse en contacto con ella a través de nuestras delegaciones y, en particular, la delegación de Washington.

Los avances científicos y técnicos en los campos de la química o las ciencias biológicas incumben a muchos actores. De modo que es fundame ntal para los Estados entablar el diálogo con todos ellos: el sector de la salud pública, el sector industrial, los científicos, los organismos encargados de hacer cumplir la ley, los organismos de defensa y seguridad. Sólo si se adopta un enfoque multidisciplinario, estos actores podrán comprender el papel que tienen como socios ineludibles.

El CICR espera que los primeros contactos que se han establecido, a partir del año pasado, en la reunión de expertos entre sesiones de la Convención sobre armas biológicas, entre los funcionarios gubernamentales y la comunidad científica, se fortalezcan en los próximos años. Los pilares jurídicos son, sin duda, la Convención sobre armas biológicas y la Convención sobre armas químicas, pero sólo se logrará una prevención eficaz si todos los actores comprenden cabalmente los riesgos que conllevan los avances científicos y técnicos. Ello debería conducir al surgimiento de una " cultura de responsabilidad " en la comunidad científica e industrial. El CICR considera que esa " cultura de responsabilidad " es el medio más directo y eficaz para garantizar que la humanidad se beneficie, en última instancia, de los adelantos científicos. Asimismo, es obviamente necesario procurar que todas las universidades que ofrecen programas en química y ciencias biológicas incluyan, por lo menos, una asignatura obligatoria sobre los riesgos, las normas pertinentes de derecho nacional e internacional, y las responsabilidades de los científicos en cuanto a impedir que se utilicen sus investigaciones y aplicaciones prácticas con fines hostiles.

Los Estados Partes en la Convención sobre armas biológicas pronto adoptarán el Documento Final de la sexta Conferencia de Examen. El CICR espera que la Declaración Final reafirme sin ambigüedades la obligación de los Estados Partes de respetar y hacer respetar la prohibición absoluta de las armas biológicas. Además, es muy probable que los Estados Partes definan conjuntamente un pr ograma de trabajo entre sesiones, en el período previo a la próxima Conferencia de Examen, en 2011. Ese programa entre sesiones sobre diversos temas de relevancia para la Convención sin duda contribuirá a universalizar la adhesión a ese instrumento y fortalecerlo en los planos nacional e internacional.

Con respecto a la Convención sobre armas químicas, el CICR espera sinceramente que ya en 2007 comience a prepararse la segunda Conferencia de Examen, que se celebrará en 2008, a fin de garantizar que los Estados Partes puedan abordar debidamente todas las cuestiones pertinentes en la Conferencia de Examen, en particular las cuestiones relativas a los adelantos científicos y que podrían tener efectos considerables en la pertinencia permanente de la Convención sobre armas químicas.

En resumen, habida cuenta del aumento significativo del número de agentes potencialmente peligrosos y su proliferación entre múltiples actores, la humanidad corre el riesgo de perder la lucha contra el envenenamiento y la propagación deliberada de enfermedades. Pero esto no es inevitable. Podemos reducir al mínimo ese riesgo, aunando nuestros esfuerzos por reafirmar las normas éticas y jurídicas existentes, y promoviendo el compromiso no sólo de los expertos gubernamentales, sino también de todos los científicos y de la industria, en los esfuerzos cooperativos de prevención.

Para terminar, volvamos atrás en el tiempo. Tras el empleo de armas químicas en la Primera Guerra Mundial, en 1918, el CICR hizo un llamamiento vehemente, en el que afirmó que si se aceptaba el envenenamiento como medio de guerra, cito, " no veremos sino enfrentamientos que superarán todas las barbaries hasta ahora conocidas. El CICR expresa su absoluto repudio contra ese medio de guerra".  

     

Hoy en día, ese llamamiento sigue siendo tan válido como entonces.

Muchas gracias.