Página archivada:puede contener información desactualizada
  • Enviar
  • Imprimir

Darfur: es necesario mejorar las condiciones de seguridad

04-04-2007 Declaración por Jakob Kellenberger

En este editorial, el presidente del CICR, Jakob Kellenberger, hace un llamamiento para que se mejoren las condiciones de seguridad en Darfur y explica la razón por la cual la Institución ha tenido que reanudar una mayor gama de actividades de asistencia en favor de aquellos que viven en el campamento para personas desplazadas, en Gereida.

 

Durante mi reciente visita al campamento de Gereida, en Darfur Meridional, donde más de 120.000 desplazados viven en refugios improvisados y débiles, me impresionó la resistencia de las mujeres que cuidan de sus familias en esas difíciles condiciones. Impresiona su habilidad para procurarse en un desordenado gran asentamiento de palos y lonas cuanto se necesita para sobrevivir: suficientes alimentos, agua limpia, condiciones básicas de higiene y atención de salud. Logran vivir de los socorros y servicios de urgencia que les proporcionan las organizaciones humanitarias. 

Habida cuenta de la vulnerabilidad de estas mujeres y de sus familias es más escandaloso aún el ataque del pasado mes de diciembre contra el personal humanitario en Gereida. Dio lugar a gran ansiedad entre la población del campamento, sin mencionar el traumatismo de los que fueron blanco del ataque. La evacuación de más de 70 trabajadores humanitarios ese mismo día causó consternación entre los jeques y residentes del campamento, quienes sintieron que quedaban en el olvido. Así pues, sobre el terreno sólo el CICR tenía aún expatriados sobre el terreno. 

Las personas en el campamento dijeron que aumentaba cada vez más su inquietud sobre su futuro, especialmente sobre el hecho de quedarse desprovistos de alimentos. Aunque, en ese momento, había un índice más bien bajo de malnutrición en el campamento, sin los suministros básicos de víveres y de agua, y sin asistencia de salud, pronto correría riesgo su condición de salud.

A finales de enero, aunque no había sido parte de nuestra planificación para 2007, decidimos asumir la responsabilidad de abastecer de agua y víveres y supervisar los servicios de salu d, la gestión de desechos y otros servicios en el campamento, hasta el regreso de otras organizaciones de ayuda.

En 2004, el CICR comenzó su trabajo en los campamentos de Darfur para personas desplazadas, pero cuando otras organizaciones llegaron para ayudar a los desplazados, nos retiramos progresivamente hacia las zonas rurales, para prestar asistencia a las personas que aún vivían en sus poblados. Para nosotros, era y es aún una prioridad ayudar a las personas a permanecer en sus hogares, y que no vayan a los campamentos. 

Sin embargo, mantuvimos una presencia continua en Gereida, dirigiendo, conjuntamente con las Cruz Roja Británica y la Cruz Roja Australiana, programas de nutrición y de asistencia primaria de salud, y efectuando distribuciones de víveres hasta que el Programa Mundial de Alimentos comenzó a trabajar allí en agosto de 2006. Ahora, situación ha vuelto a cambiar y el CICR otra vez está administrando todos los servicios en el campamento.

Los haraposos refugios de Gereida ilustran la tragedia que ha sobrevenido sobre la población de Darfur. Esparcidos en los tres estados de Darfur, hay campamentos similares más pequeños, atestados de gente. Habrá más si continúa la actual violencia generalizada. O empeorarán las condiciones de vida en esos campamentos.

En febrero, regresé a Sudán principalmente para ver cómo habían cambiado las condiciones desde 2004, la última vez que había estado en Darfur. Tras un viaje al sur de Sudán, visité Al Fashir, Nyala y Gereida en Darfur Septentrional y Darfur Meridional. Me reuní con las autoridades locales, con jefes rebeldes y jefes tribales y de la comunidad. Me preocupó mucho la inestabilidad de la seguridad en muchas zonas. Me preocupó aún más el terrible sufrimiento de la población civil en toda la región. Y era frustrante comprobar las dificultades con que el CICR y otros organismos humanitarios tropezaban en sus intentos para prestar ayuda. Compartí estas preocupaciones con cuantos me reuní sobre el terreno y con ministros gubernamentales y otras personas cuando regresé a Jartum. 

La principal responsabilidad de proteger a la población incumbe al Gobierno de un país. Pero, en tiempo de conflicto armado internacional, el derecho humanitario obliga a todas las partes a respetar sus normas. Cada parte debe distinguir en particular entre la población civil y los combatientes, y ninguna parte puede nunca atacar directa o indiscriminadamente a los civiles. También está prohibido destruir, dañar o saquear los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como víveres, cosechas y ganado. 

Este fue el mensaje que transmití a todos mis interlocutores durante mi visita. También les expliqué claramente que la presencia continua del CICR sobre el terreno no es incondicional, y que las garantías de seguridad, una vez otorgadas, han de ser respetadas por todas las partes.

Ahora que estoy de regreso de Darfur, recuerdo la historia de una desplazada, sobre la cual me informaron en Gereida. Llamémosla Aisha. Es un ejemplo del valor y la tenacidad de tantas mujeres que afrontan la adversidad.

Cuando Aisha huyó al campamento con su familia en 2004, a raíz de un ataque contra su poblado, había perdido todo. Los días que siguieron al ataque tuvo que buscar víveres, pedir a sus vecinos que le presten ollas, y arreglárselas sin letrina o sin agua para lavar, hasta que llegaron los organismos de ayuda para socorrerla. Todo lo que conservaba entonces era su deseo de sobrevivir.

Hoy, se ha adaptado a la vida en el campamento. Uno de sus bienes más útiles es un bidón donde puede guardar agua para lavar y cocinar. Incluso ha llegado a pensar que es un " hogar " su desvencijado refugio, cubierto con plástico. Ahora tiene otro bebé a quien cui dar.

Como muchas otras mujeres, ha asumido responsabilidades que nunca antes había tenido. Administra los recursos del hogar, recoge las raciones mensuales de víveres, de los cuales vende una parte, a fin de obtener dinero para atender a otras necesidades. Ha encontrado una pequeña ocupación como asesora de otras mujeres en salud infantil. La mejoría en su situación económica significa que ya no tiene que aventurarse para recoger hierba o leña más allá del perímetro de seguridad relativa del campamento. Otra mujeres no son tan afortunadas.

Cuando ella o sus hijos se enferman, atraviesa el polvoriento campamento hasta la clínica del CICR de atención primaria de salud, donde se presta asistencia preventiva y curativa. Además de prestar asesoramiento sobre los tratamientos a las mujeres que han sufrido ataques violentos, hay, con regularidad, campañas de inmunización, consultas médicas externas y otros servicios.

En el centro de alimentación úbicado en la cercanía, además de prestarse asistencia a niños que padecen desnutrición tanto moderada como grave, se imparte a las mujeres educación para la salud y se fomenta el amamantamiento. 

Lo que hoy hace más falta a Aisha y a su familia ya no es satisfacer las necesidades básicas para vivir, sino seguridad. Sin ésta, quedan pocas esperanzas para que algún día regresen a su hogar en el poblado. A fin de garantizar esta seguridad, todas las partes en el conflicto deben respetar cabalmente las normas y las disposiciones del derecho internacional humanitario. Actualmente, se cometen violaciones de ese derecho en todos los lados. Ha llegado el momento de que cesen. Se habla de los procesos de paz y de soluciones políticas que pueden encontrarse, o no, pronto; independientemente de esto, mientras continúa el conflicto armado, todos deben respetar las normas del derecho internacional humanitario.