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Fortalecimiento de la coordinación de la asistencia humanitaria y de socorro en casos de desastre de la ONU: declaración del CICR ante la ONU, 2011

14-12-2011 Declaración

Asamblea General de las Naciones Unidas, 66 sesión plenaria, tema 70(a) del orden del día, declaración del CICR, Nueva York, 14 de diciembre de 2011.

Fortalecimiento de la coordinación de la asistencia humanitaria y de socorro en casos de desastre que prestan las Naciones Unidas, incluida la asistencia económica especial: fortalecimiento de la coordinación de la asistencia humanitaria de emergencia que prestan las Naciones Unidas

Señor Presidente,
Excelencias, señoras y señores:

El Comité Internacional de la Cruz Roja acoge con satisfacción la oportunidad que se le brinda de dirigirse a esta Asamblea para presentar el importante tema de la coordinación humanitaria.

Los últimos años han sido particularmente agitados, lo que ha puesto en evidencia la complejidad creciente del entorno humanitario en el que despliega sus actividades el CICR. Los conflictos prolongados y las crisis coexisten con los estallidos de violencia y los desastres naturales, poniendo a prueba muy a menudo la capacidad de las organizaciones humanitarias para anticipar, desplegar y coordinar sus esfuerzos. En este entorno imprevisible, el CICR ha logrado reiteradamente movilizar sus recursos, a fin de seguir prestando asistencia oportuna y contribuyendo a la protección de las personas necesitadas. Así pues, hemos podido llevar a cabo o intensificar actividades en conflictos armados y otras situaciones de violencia, como los registrados en Côte d'Ivoire, Libia, Yemen, Siria y Somalia, por citar sólo algunas de las principales operaciones que hemos realizado este año.

Los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia observados por el CICR sustentan su capacidad para actuar y constituyen el marco que le permite interactuar con otras entidades.

Señor presidente:

Entre las diversas situaciones que son motivo de preocupación en el plano humanitario, cabe destacar los desastres naturales, los conflictos armados y otras situaciones de violencia, la creciente vulnerabilidad y el desplazamiento debido, por ejemplo, a la concentración urbana, las grandes desigualdades económicas, la fluctuación del precio de los alimentos, la degradación ambiental y el aumento de la delincuencia en algunas partes del mundo.

El uso de la etiqueta de “humanitario” se ha extendido desde el socorro en casos de emergencia hasta la preparación para desastres, pasando por la recuperación inicial, el fortalecimiento de la capacidad, la acción judicial y la reconstrucción institucional, y se ha puesto más énfasis en las causas y las consecuencias estructurales de las crisis.

Los actores son múltiples: además de las organizaciones que participan en el socorro y la asistencia, hay otros, cuya razón de ser no reside en una acción estrictamente humanitaria, pero cuya acción, en algunos casos, puede tener un efecto significativo. Nos referimos aquí a los actores privados, ya sea que actúen por iniciativa propia o bien que sean contratados con esa finalidad, así como al despliegue de recursos militares o de defensa civil. Ahora bien, con respecto al uso de esos recursos, es de suma importancia que se respeten las directrices acordadas internacionalmente y el principio de último recurso.

En este entorno, el CICR, fundándose en su experiencia y su cometido, desea señalar dos aspectos fundamentales de su enfoque. El primero es que la capacidad de actuar no es algo que se da, sino que se debe construir y depende de muchos factores. La experiencia demuestra que el acceso del CICR y su capacidad para actuar no sólo dependen de la constante y estricta observancia que tenga de los principios rectores antes mencionados, sino también del conocimiento de las realidades sobre el terreno, del acceso directo a las poblaciones afectadas y de las asociaciones locales. El segundo aspecto consiste en reafirmar incansablemente que la responsabilidad de proteger a la población civil de las violaciones graves del derecho internacional humanitario recae principalmente en los Estados concernidos, así como en cualquiera de las otras partes en un conflicto armado. Por consiguiente, el CICR hace un llamamiento a todas las partes en los conflictos armados para que respeten las normas por las que se protege a las personas civiles, basando este llamamiento en motivos estrictamente humanitarios y en el derecho internacional humanitario.

Señor presidente:

Cuando estallan conflictos armados y otras situaciones de violencia, la acción humanitaria procura proteger la integridad física y la dignidad de las personas afectadas. Los beneficiarios de la acción humanitaria son hombres, mujeres y niños que se encuentran en una situación de vulnerabilidad y que tienen todo el derecho de esperar una respuesta rápida desvinculada de cualquier programa político. Para el CICR, por lo tanto, los objetivos de la acción humanitaria en situaciones de conflicto armado y otras situaciones de violencia deben distinguirse de los objetivos de carácter militar, político o judicial. Del mismo modo, dicha acción no debe estar supeditada a la consecución de objetivos de más largo plazo de buen gobierno o reconstrucción institucional, por más legítimos y deseables que sean.

En cuanto a la relación entre acción humanitaria y desarrollo, el CICR se ve enfrentado a este desafío en la mayoría de sus operaciones y actividades. Con demasiada frecuencia debe aplicar ambos planteamientos, a fin de satisfacer adecuadamente las necesidades de las personas y comunidades afectadas en el mismo país. Ello depende no sólo de las necesidades humanitarias, sino también de la capacidad y resiliencia existentes, que procuramos identificar y apoyar, más bien que sustituir. El CICR comparte ampliamente la aspiración de mejorar y hacer más eficaz la labor realizada por todos los actores internacionales, regionales, nacionales y locales. Considera que ello forma parte de un planteamiento integral con el triple objetivo de combatir la pobreza, fomentar el desarrollo y lograr la estabilidad política. No obstante, aunque la acción humanitaria debería aspirar naturalmente a adaptar y facilitar esfuerzos más amplios destinados a reducir la vulnerabilidad y promover el desarrollo duradero, esa perspectiva general no siempre es factible, y la realidad es que depende de las circunstancias, las necesidades y las capacidades.

La labor del CICR es de índole estricta y exclusivamente humanitaria y civil. Se funda en los principios de humanidad e imparcialidad, es decir se lleva a cabo sin discriminación y según las necesidades más urgentes. El CICR se sustenta en su neutralidad e independencia con objeto de obtener acceso a las personas afectadas y alcanzar sus objetivos de prestar asistencia y protección. Independencia significa que cuando el CICR entabla un diálogo regular con las autoridades competentes, formula e implementa sus políticas y actividades independientemente de las políticas y acciones de los gobiernos. Al ser neutral, el CICR, concentrado en su misión exclusivamente humanitaria, se abstiene deliberadamente de realizar acciones o declaraciones que pudiesen interpretarse como una toma de posición en favor de una u otra parte. Con respecto a los principios de imparcialidad, neutralidad e independencia, el CICR pide que se preste especial atención a cómo se utilizan esos principios en las operaciones y a la necesidad de esclarecer si la realidad coincide con el discurso.

Señor presidente:

El CICR siempre actúa de manera totalmente transparente con el Estado concernido, cimentando una relación de confianza mediante el diálogo con los Estados y adoptando un enfoque exclusivamente humanitario basado en los principios expuestos en el presente discurso. Para cumplir su misión y sus objetivos humanitarios, el CICR también entabla contactos con los actores no estatales que tienen una influencia de facto en las zonas donde viven las comunidades necesitadas. Esto es esencial para lograr que se acepten la presencia y las actividades del CICR, así como para obtener acceso a las personas afectadas.

El CICR despliega su acción tras un análisis de las necesidades, basado en las evaluaciones que conjugan las observaciones directas de sus colaboradores y asociados, y la información recabada entre las personas afectadas. En todas las fases de la acción, procura consultar y hacer participar a la población y a las autoridades encargadas. Entre otras preocupaciones, los actores humanitarios tienen el deber de evitar que se ponga en peligro una mejora duradera de la situación, o que se produzcan otros efectos negativos. Dicho con otras palabras, el CICR adopta el principio de “no causar daño”.

El CICR se esfuerza por responder a las situaciones de emergencia y se centra también en la prevención de las violaciones del derecho internacional humanitario, la preparación para desastres y la recuperación inicial. La decisión de pasar a la acción, basada en los principios expuestos más arriba, siempre se toma tras evaluar la capacidad del CICR para aportar una contribución significativa, ya sea mediante el socorro de emergencia o bien mediante iniciativas de largo plazo, adaptando su experiencia a la situación local.

El CICR está empeñado también en promover los esfuerzos humanitarios de manera más general. Es la finalidad de la campaña que se inició recientemente con objeto de sensibilizar acerca de la asistencia de salud en peligro. Las crisis recientes han puesto de manifiesto, una vez más, hasta qué punto la violencia puede perturbar la asistencia de salud precisamente cuando más se necesita. Combatientes y civiles mueren a causa de heridas, cuando habrían sobrevivido si hubieran podido recibir a tiempo la atención médica a la que tienen derecho.

Por último, el CICR sitúa las asociaciones en el centro de sus prácticas, como lo demuestran no sólo su apoyo a muchas de las estructuras y servicios gubernamentales, como hospitales, sino también las operaciones conjuntas que lleva a cabo en cooperación con los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Este ha sido el caso de la estrecha colaboración forjada, por ejemplo, para las operaciones de una importancia crucial en el transcurso de este año en Libia, Yemen, Somalia, Colombia y Afganistán, con las Sociedades Nacionales de cada uno de esos países. Las asociaciones son la clave para lograr llegar a las personas necesitadas. Son también un medio para el fortalecimiento sostenido de la capacidad no sólo de las estructuras gubernamentales y de su personal, sino también de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en los países donde el CICR despliega actividades.

Señor presidente:
El CICR defiende el principio de cooperación con todos los actores operativos en un espíritu de complementariedad de los mandatos y actuaciones, con el propósito exclusivo de satisfacer las necesidades humanitarias. El CICR ha adoptado un enfoque pragmático respecto de la coordinación, basado en la realidad y orientado a la acción.
Para el CICR, la coordinación no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un fin. La coordinación que practica el CICR se basa en un análisis de las organizaciones presentes sobre el terreno. La coordinación debería permitir al CICR y a las otras organizaciones cumplir mejor sus responsabilidades. Para el CICR, la coordinación significa adaptarse al contexto, cobrando diversas formas dependiendo de si el CICR es uno de los pocos actores capaces de intervenir en una situación de emergencia determinada, o bien si actúa en un contexto más amplio de manera complementaria con múltiples organizaciones.

El CICR sustenta su participación en la coordinación humanitaria en los principios siguientes: las necesidades de las víctimas han de ser atendidas por aquellas organizaciones que estén en mejor posición para hacerlo en términos operativos. La coordinación con los asociados del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en primer lugar con las Sociedades Nacionales de los países afectados, es una prioridad. En todas las situaciones, el CICR se encarga de velar por mantener un equilibrio entre su compromiso con el proceso de coordinación y la preservación de la independencia a la hora de tomar de decisiones. Por último, el CICR promueve la coordinación que reconoce plenamente el papel de las autoridades competentes, respetando el espíritu del derecho internacional humanitario y de la resolución 46/182 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El CICR se ha fundado sobre esta base para participar en los debates y el trabajo del Comité Permanente entre Organismos en los últimos 20 años. Esta base ha servido también a los equipos del CICR sobre el terreno para interactuar con los mecanismos de coordinación existentes, incluidos los de las Naciones Unidas.

Señor presidente:

El creciente número de actores implicados hace que sea cada vez más difícil garantizar la eficacia de la respuesta humanitaria y proseguir los esfuerzos de coordinación que preservan la calidad de la asistencia prestada. La dificultad consiste en evitar cualquier confusión que a la larga pueda perjudicar a las personas, a las que tenemos el deber de ayudar. La complejidad actual significa que sólo la coordinación eficaz puede transformar la diversidad de enfoques en una respuesta adecuada. Respetando los principios de la acción humanitaria y manteniendo el diálogo con todas las partes interesadas son la forma de poder hallar la mejor respuesta a las necesidades urgentes y lograr una mejora duradera del bienestar de las poblaciones afectadas.

En este entorno cada vez más complejo e impredecible, el CICR seguirá robusteciendo su capacidad para proseguir una acción de protección y asistencia estricta y exclusivamente humanitaria. Estos esfuerzos se centrarán también en la rapidez y la calidad de su respuesta operativa, en la promoción de las leyes y los reglamentos pertinentes haciendo el seguimiento del derecho internacional humanitario, así como en su compromiso, junto con otros actores, de mejorar los mecanismos de interacción y coordinación, en la medida en que lo permita la independencia del CICR.

Gracias.