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Declaración del CICR ante las Naciones Unidas

09-10-2009 Declaración

Asamblea General de las Naciones Unidas, 64° período de sesiones, Primera Comisión, Puntos 96 & 100, Declaración del CICR ante las Naciones Unidas, Nueva York, 9 de octubre de 2009.

Puntos principales

General and complete disarmament - Convention on Prohibitions or Restrictions on the Use of Certain Conventional Weapons Which May be Deemed to be Excessively Injurious or to Have Indiscriminate Effects  

  Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados    

Cotejar con el discurso pronunciado 


 

Señor Presidente:

Mediante la firma de la Convención sobre municiones en racimo por 94 Estados el pasado mes de diciembre en Oslo, el derecho internacional humanitario constituye ahora un marco global para prevenir y abordar las terribles consecuencias que tienen para la población civil las armas que siguen matando y mutilando mucho tiempo después de que acaban los conflictos. La Convención sobre municiones en racimo, la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal y el Protocolo sobre los restos explosivos de guerra están en distintas fases de implementación. Juntos hacen referencia a todo tipo de artefactos explosivos que representan una amenaza para los civiles, y colectivamente transmiten el mensaje de que todas las partes en un conflicto armado son responsables de las consecuencias que las municiones explosivas que utilizan tienen para el ser humano incluso después del fin de las hostilidades. El CICR insta a todos los Estados que todavía no lo hayan hecho a que se adhieran a estos tres instrumentos fundamentales.

Tras un decenio de aplicación de la Convención sobre las minas antipersonal , la vida de los habitantes de todas las regiones del mundo ha mejorado gracias a la prohibición del uso de estas armas, a la destrucción de existencias y a la limpieza de tierras contaminadas. No obstante, sigue habiendo importantes desafíos que deberán ser tratados en la Segunda Conferencia de Examen de la Convención que se celebrará el próximo mes de noviembre en Cartagena (Colombia). Por ejemplo, aumentar la movilización de los recursos nacionales e internacionales para cumplir las obligaciones que impone la Convención, velar por un mayor respeto de los plazos señalados para la destrucción de las existencias y para la remoción de minas, e incrementar la calidad y la cantidad de los servicios de asistencia a las víctimas.

Si se aplica fielmente, el Protocolo sobre los restos explosivos de guerra anejo a la Convención sobre ciertas armas convencionales puede salvar vidas proporcionando rápidamente al personal encargado de la remoción información esencial sobre las municiones explosivas utilizadas en un conflicto, identificando claramente a los responsables de la remoción, y adquiriendo compromisos a largo plazo con las víctimas. Si bien el Protocolo está en vigor desde 2006, todavía no se ha aplicado plenamente en situaciones de conflicto o posconflicto, y aún debe abordarse de forma concreta el problema de los restos explosivos de guerra existentes. Aunque se ha comenzado a promover la planificación de una serie de medidas nacionales para aplicar el Protocolo, instamos a que en la Conferencia de noviembre, los Estados partes en este instrumento demuestren que se proponen también resolver el problema de los restos explosivos de guerra existentes en los Estados partes afectados; esto es esencial si se pretende que el Protocolo beneficie realmente a las comunidades que viven en zonas contaminadas, a corto y mediano plazo.

Es probable que la Convención sobre municiones en racimo entre en vigor el próximo año. La aprobación de la Convención en Dublín y su firma en Oslo el año pasado marcaron un hito histórico en el empeño de poner fin al uso de armas que causan grandes perjuicios a la población civil por su falta de fiabilidad y por su imprecisión, y por la gran cantidad de submuniciones que pueden esparcir. En 2010, se celebrará la primera reunión de Estados partes. Es loable que la República Democrática Popular Lao, el país más afectado por esta clase de armas, se haya ofrecido como anfitrión de este importante acontecimiento. Los Estados que se han adherido a la Convención pueden hacer mucho antes de la reunión de Estados partes para que ésta tenga éxito; por ejemplo, pueden promover la adhesión de otros Estados, aprobar legislación que regule la aplicación de la Convención y determinar los recursos necesarios para su aplicación. Los Estados que tienen reservas de municiones en racimo pueden preparar planes para destruirlas dentro de los plazos previstos e incluso emprenderlos. La elaboración de planes eficaces para cumplir las obligaciones que impone la Convención respecto a la remoción y a la asistencia a las víctimas redundará en beneficio de los Estados afectados.

Instamos a todos los Estados partes en la Convención sobre ciertas armas convencionales a que velen por que todo protocolo sobre municiones en racimo desarrollado en el marco de la Convención aborde de forma urgente y eficaz los problemas humanitarios que crean estas armas basándose en normas jurídicas claras. Todo protocolo aprobado en este marco debe constituir un complemento de la Convención sobre municiones en racimo.

El CICR apoya firmemente la elaboración de un Tratado de comercio de armas global que establezca normas comunes internacionales que regulen el comercio responsable de armas y municiones convenci onales. Las armas convencionales se utilizan para cometer muchas de las violaciones contra las normas del derecho internacional humanitario y ocasionan sufrimientos indecibles a los civiles durante un conflicto armado y después de que éste ha terminado. Pese a ello, sigue siendo muy fácil acceder a una extensa gama de armas convencionales, incluso para quienes desacatan abierta y constantemente esta legislación. El costo que conlleva para los seres humanos este fenómeno supera en mucho el de cualquiera de las armas cuyo uso está prohibido o reglamentado específicamente por el derecho internacional humanitario. Por lo tanto, consideramos que es urgente que los Estados comiencen a negociar un Tratado de comercio de armas. Tras haber participado este año en las dos reuniones del grupo de trabajo de composición abierta sobre el tratado de comercio de armas, el CICR es consciente de que muchas de las cuestiones conexas son complejas y delicadas; sin embargo, creemos que el mejor medio para tratarlas son las negociaciones.

Señor Presidente:

En agosto de 1945, un delegado del CICR, el doctor Marcel Junod, fue uno de los primeros testigos extranjeros de la destrucción catastrófica que causó en Hiroshima el uso de un arma nuclear. En sus memorias, " El desastre de Hiroshima " , deja constancia de la sobrecogedora devastación y del atroz sufrimiento humano que presenció. Su testimonio nos obliga a velar por que nunca vuelvan a utilizarse armas nucleares. Teniendo esto presente, el CICR no puede menos que acoger con gran satisfacción el hecho de que la eliminación de las armas nucleares vuelva a formar parte del programa internacional. Acoge también con beneplácito, en particular, el acuerdo alcanzado en la Conferencia sobre Desarme de reanudar el examen de los asuntos relacionados con las armas nucleares, la reciente celebración de la cumbre del Consejo de Seguridad sobre no proliferación y desarme nuclear, y las iniciativas tomadas por diferentes Estados antes de la Conferencia de Examen de las Partes en el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares, que se celebrará el año próximo.

El CICR observa que en 1996 la Corte Internacional de Justicia confirmó que los principios de distinción y proporcionalidad enunciados en el derecho internacional humanitario se aplican a las armas nucleares. Al respecto, la Corte llegó a la conclusión de que " el empleo de armas nucleares sería en general contrario a los principios y normas del derecho internacional humanitario " .

Teniendo en cuenta las características singulares de las armas nucleares, el CICR, como organización humanitaria, va más allá del mero análisis jurídico. Las armas nucleares se singularizan por su poder destructor, por el indecible sufrimiento humano que causan, por la imposibilidad de controlar sus efectos en el espacio y en el tiempo, por los riesgos de escalada y por la amenaza que suponen para el medio ambiente, para las nuevas generaciones e incluso para la supervivencia de la humanidad. El CICR hace un llamamiento a todos los Estados para que velen por que estas armas nunca vuelvan a utilizarse, independientemente de las opiniones sobre la licitud de dicho uso.

Prevenir el uso de armas nucleares equivale a prevenir su proliferación y luchar contra la transferencia de los materiales y la tecnología que se necesitan para fabricarlas. Para lograrlo, es necesario cumplir las obligaciones actuales de continuar con las negociaciones encaminadas a prohibir y eliminar completamente estas armas. El CICR insta a todos los Estados a que aprovechen con prontitud y determinación las oportunidades únicas que ahora se presentan para alcanzar esos nobles objetivos.