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Adelanto de la mujer: Declaración del CICR ante la Asamblea General de las Naciones Unidas

13-10-2011 Declaración

Naciones Unidas, Asamblea General, 66° período de sesiones, Tercer Comité, Punto 28 del orden del día, declaración del CICR, Nueva York, 13 de octubre de 2011.

Señor presidente,

A lo largo de la última década, la comunidad internacional ha reconocido con toda claridad que las mujeres se cuentan entre las personas más afectadas por los conflictos armados de formas muy específicas. Los Estados han tomado medidas para promover los derechos y el bienestar de las mujeres en todo el mundo, particularmente en situaciones como los conflictos armados, donde se ven expuestas a una gran variedad de riesgos, dada la inseguridad del entorno.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) está muy cerca de esas mujeres, cuyas experiencias de los conflictos distan de ser homogéneas y son, en realidad, extremadamente variadas. Las mujeres dan prueba de una gran resiliencia en circunstancias que suelen ser sumamente adversas. Tal es el caso de las mujeres y las jóvenes que de pronto se encuentran solas a cargo de toda su familia.

Los conflictos armados y otras situaciones de violencia por lo general dan lugar a desplazamientos y a la separación de familiares. Grandes números de hombres participan en las hostilidades, son detenidos, resultan muertos o desaparecidos. Por ello, muchas mujeres no tienen más opción que asumir solas la responsabilidad del bienestar de sus familias. Se calcula que sólo en Irak hay más de un millón de hogares encabezados por mujeres. Estas mujeres afrontan dificultades extraordinarias. En tiempos como estos, cuando el dinero representa una necesidad acuciante, la capacidad de las mujeres de dedicarse a actividades económicas puede verse obstaculizada por su educación y su formación profesional limitadas, pero también por tradiciones culturales que les impiden dirigir un emprendimiento o realizar trabajos remunerados.

En su calidad de organización humanitaria neutral, independiente e imparcial que se aboca a responder a cuestiones estrictamente humanitarias, el CICR ha elaborado una amplia gama de programas tendientes a ayudar a satisfacer algunas de las necesidades de los hogares encabezados por mujeres. Mediante las distribuciones de socorros y las iniciativas microeconómicas, se procura atender a las necesidades materiales inmediatas y ayudar a las mujeres a recuperar, aunque sea en parte, su  independencia económica.

La precaria situación de las mujeres suele resultar exacerbada por la falta de acceso a una gran variedad de servicios básicos. En algunos países donde tienen el derecho reconocido a recibir apoyo o compensación, las mujeres suelen no recibir nada. En muchos contextos, las esposas de hombres desaparecidos no tienen un estatuto jurídico claro, porque no son ni esposas ni viudas. Por consiguiente, además de la angustia que les provoca el hecho de desconocer el paradero de sus seres queridos, esas mujeres pueden ver socavados sus derechos a la propiedad, la herencia o incluso la custodia de sus hijos. Los Estados tienen un importante papel que cumplir en la resolución de esas cuestiones, pero los esfuerzos necesarios deben tender a que las mujeres puedan ser más independientes y económicamente autónomas. Por consiguiente, los programas del CICR también proporcionan apoyo psicosocial y orientan a las esposas de hombres desaparecidos y a las viudas a lo largo de los procedimientos administrativos necesarios para solicitar asesoramiento jurídico. Los familiares de las personas desaparecidas tienen derecho a saber lo que les ha ocurrido a sus seres queridos. Las autoridades son las responsables de averiguar el paradero y de informar a los familiares. El CICR procura concienciar en mayor medida a las autoridades y presta apoyo para la capacitación del personal gubernamental en temas forenses y en el tratamiento de los restos humanos, así como en la recolección de datos ante mortem.

A pesar de esos esfuerzos, las mujeres y las jóvenes que deben ocuparse solas de sus familias siguen tropezando con muchos obstáculos que, en ocasiones, pueden parecer insuperables, por ejemplo, dificultades para acceder a servicios de atención médica vitales. Con demasiada frecuencia, el acceso de las mujeres a los servicios médicos se ve restringido por la inseguridad generalizada o por la violencia. Ello puede manifestarse de diferentes formas, desde ataques contra el personal de salud y las instalaciones y los vehículos sanitarios, hasta la obstaculización arbitraria de los vehículos médicos en los puestos de control. Puede tratarse también de asedios, amenazas o castigos contra el personal de salud por realizar actividades compatibles con la ética médica. Los actos de ese tipo, que suelen constituir violaciones del derecho internacional humanitario y del derecho de los derechos humanos aplicables, tienen graves consecuencias: limitan drásticamente el acceso a servicios vitales que son esenciales para las mujeres y sus familias, como las campañas de vacunación y los programas de salud infantil. En respuesta a esa situación, el CICR inició en 2011 el proyecto “Asistencia de salud en peligro”, cuya finalidad es abordar los graves y extensos efectos del difícil acceso a los servicios de salud, durante los conflictos armados y otras situaciones de violencia.

Señor presidente,

Para terminar, quisiéramos destacar la importancia para todas las personas, pero especialmente para las mujeres y las niñas, de mejorar el acceso a la atención de salud, así como su prestación, en conflictos armados y otras situaciones de violencia. La comunidad de los profesionales de la salud no puede abordar sola estos retos. Es imperioso que los Estados, sus fuerzas armadas y toda otra entidad que ejerza autoridad, reconozcan que la violencia que interrumpe la prestación de atención médica es un reto humanitario grave y generalizado, que requiere de una atención más específicamente orientada por parte de todos los Estados.

Gracias