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Libia: persisten las dificultades y el peligro

16-02-2012 Resumen de actividades N° 12/01

Miles de personas siguen detenidas, individuos y comunidades enteras viven bajo la amenaza de los artefactos sin estallar, y muchas familias tratan de averiguar qué fue de sus seres queridos desaparecidos. En este escenario, el CICR sigue adelante con su labor humanitaria.

Seguimiento de la situación de los detenidos

Actualmente, los delegados del CICR visitan a unos 8.500 detenidos en más de 60 centros de detención, de los cuales cerca del 10 por ciento son extranjeros.

“Estamos prestando especial atención al trato que se dispensa a los detenidos, y recalcando la necesidad de que se respete su dignidad en todo momento”, señaló el señor Comninos. “La situación actual es compleja y plantea ciertas dificultades, ya que existen numerosos centros de detención y diversas autoridades al mando”. El CICR ha instado a las autoridades de las distintas administraciones a que velen por que los detenidos sean entregados al Ministerio de Justicia y trasladados a un centro de detención adecuado lo antes posible.

“Aunque seguimos firmemente decididos a tratar cualquier problema de manera bilateral con quienes se hallen al mando, la actual situación en Libia ha puesto de manifiesto que nuestra labor sigue siendo necesaria en los centros de detención”, afirmó el señor Comninos. “Nuestra experiencia y el diálogo constructivo que hemos entablado con las autoridades en todos los niveles nos han permitido lograr ciertas mejoras en este momento tan crítico”.

Las visitas del CICR se suceden periódicamente. Los delegados de la organización se entrevistan en privado con los detenidos de su elección para comprobar sus condiciones de reclusión y el trato que se les dispensa. Deben visitar todos los centros de detención y a todos los detenidos. El CICR también comprueba si los detenidos necesitan atención médica y les brinda la oportunidad de ponerse en contacto con sus familiares.

Entre principios de marzo de 2011 y finales del año pasado, el CICR realizó unas 225 visitas en 100 centros penitenciarios de Libia.

Para velar por que las condiciones de detención sean aceptables, el CICR también ha proporcionado ayuda a los detenidos, distribuyendo más de 2.500 lotes con productos de aseo en más de 30 centros de todo el país. En las cárceles de las montañas de Nefusa, Tajoura, Trípoli y Misrata, las provisiones incluían más de 3.000 mantas, 700 colchonetas y cerca de 2.900 jerseys y otras prendas de invierno.

Reducción del riesgo que suponen los restos explosivos de guerra

Hasta la fecha, muchas zonas castigadas por los combates siguen plagadas de artefactos sin estallar, lo cual constituye una grave amenaza para la población civil que trata de retomar la vida que llevaba antes del conflicto. La ciudad de Sirte es la más castigada del país.

En esta ciudad, en las últimas semanas, se ha señalado la presencia de restos explosivos de guerra, según informaciones recabadas en un dispensario local y en la sección de la Media Luna Roja Libia de Sirte. El CICR también colabora estrechamente con las autoridades locales para determinar qué zonas hay que limpiar. “Desde noviembre de 2011, hemos retirado de Sirte cientos de artefactos sin estallar”, explicó Jennifer Reeves, coordinadora de este programa del CICR. “Ahora debemos coordinar nuestras actividades con las de las demás organizaciones que han llegado a la zona para ayudar con las tareas de limpieza”.

En las montañas de Nefusa, el personal del CICR trabaja codo con codo con las autoridades locales para destruir las municiones abandonadas. Gracias a los avisos que recibe de la población, también está limpiando las tierras de cultivo contaminadas de las zonas más aisladas.

A principios de febrero, voluntarios de 15 secciones de la Media Luna Roja Libia participaron en tres jornadas de formación sobre cómo concienciar a las comunidades de los riesgos que suponen los artefactos sin estallar, recopilar datos sobre las víctimas e identificar las zonas peligrosas.

Acceso al agua potable y la atención médica

A principios de febrero, el CICR donó siete nuevas bombas para abastecer de agua potable a cerca de 32.000 personas en la ciudad de Al Qubah y en 12 localidades próximas a Bengasi. “La población había pasado tres meses sin un suministro adecuado de agua potable”, declaró Sari Nasreddin, delegado del CICR a cargo de la operación. “La red hidráulica dejó de funcionar porque, durante el conflicto, no se pudo efectuar el mantenimiento de las anteriores bombas. La gente dependía de los camiones cisterna que, sin embargo, eran insuficientes para abastecer de agua a todos los que la necesitaban”.

Mientras se siguen registrando enfrentamientos esporádicos en el país, el CICR está reaprovisionando a las instalaciones de salud para que puedan atender adecuadamente a los heridos por arma. En Assaba, entregó socorros médicos y material quirúrgico suficiente para atender a 100 heridos, y en Gharyan distribuyó instrumentos quirúrgicos. En diciembre de 2011, el CICR organizó un seminario sobre el tratamiento quirúrgico de los pacientes con heridas de arma, acto al que asistieron más de 100 cirujanos de todo el país.

Reunión de familiares en Sabha

La vida de Aisha, una viuda de 52 años de Sirte y madre de siete hijos, dio un vuelco en octubre de 2011. Un día salió con su hijo de 10 años y quedó atrapada fuera de la ciudad como consecuencia de los combates. Cuando por fin pudo regresar a casa con su hijo, se encontró con una vivienda completamente arrasada y los cadáveres de sus otros seis hijos.

Aisha y su hijo no tuvieron más remedio que marcharse. Acabaron en el campamento de desplazados de Sidi Faraj, en Bengasi. El responsable del campamento se dio cuenta de que Aisha y su hijo estaban profundamente traumatizados y así lo señaló al CICR. Aisha dijo que quería reunirse con su nieta de 15 años, que vivía con una familia de acogida en una aldea próxima a Sabha, en el sur de Libia. El 25 de enero, el CICR llevó allí a Aisha y su hijo. “Fue una experiencia muy conmovedora”, explicó Fatma Eljack, la delegada del CICR que les acompañó en los dos días de viaje de Bengasi a Sabha. “Aisha lo había perdido todo: su casa, sus pertenencias y, sobre todo, a sus hijos”.

A finales de junio y principios de julio de 2011, en colaboración con la Media Luna Roja Libia, el CICR llevó a cabo un traslado a gran escala por mar para reunir a varios cientos de familias separadas por el conflicto.

Para ayudar a las familias que acuden desconsoladas al CICR, la Institución ofrece a las autoridades apoyo y asesoramiento técnico para que puedan esclarecer la suerte que han corrido cientos de personas desaparecidas.

Para más información:
Soaade Messoudi, CICR, Trípoli, tel.: +218 913 06 61 98
Steven Anderson, CICR, Ginebra, tel.: +41 22 730 20 11 ó +41 79 536 92 50


Fotos

Libia. Prisionero mirando desde detrás de una reja. 

Libia. Prisionero mirando desde detrás de una reja.
© Reuters / I. Zetouni

Bani Walid, Libia. Mortero sin estallar cerca de una escuela. El equipo del CICR lo ha señalizado, hasta tanto sea eliminado. 

Bani Walid, Libia. Mortero sin estallar cerca de una escuela. El equipo del CICR lo ha señalizado, hasta tanto sea eliminado.
© CICR / Per Bjerde

Libia. El responsable de un equipo de remoción de dispositivos explosivos verifica que las municiones sin estallar expuestas no sean peligrosas. 

Libia. El responsable de un equipo de remoción de dispositivos explosivos verifica que las municiones sin estallar expuestas no sean peligrosas.
© CICR / Per Bjerde

Libia. Un operador de remoción de dispositivos explosivos extrae un artefacto del suelo. 

Libia. Un operador de remoción de dispositivos explosivos extrae un artefacto del suelo.
© CICR / Per Bjerde

Regeiba, Sabha, Libia. Aisha y su hijo son reunidos con su nieta en la casa de la familia anfitriona. 

Regeiba, Sabha, Libia. Aisha y su hijo son reunidos con su nieta en la casa de la familia anfitriona.
© CICR / F. Eljack

Regeiba, Sabha, Libia. Aisha posa para una foto en frente del vehículo del CICR que la llevó a Regeiba, acompañada por su hijo, su nieta y la familia anfitriona. 

Regeiba, Sabha, Libia. Aisha posa para una foto en frente del vehículo del CICR que la llevó a Regeiba, acompañada por su hijo, su nieta y la familia anfitriona.
© CICR / F. Eljack