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Afganistán: hallar un equilibrio entre la acción y la seguridad

11-02-2014 Resumen de actividades

La seguridad representa un reto considerable en Afganistán, tanto para los civiles como para los trabajadores humanitarios. En 2013, se registró un aumento de los ataques indiscriminados, las operaciones militares que afectan a los civiles y la inestabilidad general. Pese a los desafíos, el CICR y la Media Luna Roja Afgana se esforzaron por llegar hasta las personas necesitadas.


"La falta de seguridad sigue siendo una cuestión crítica para la población, y no hemos visto mejoras en 2013”, dijo Gherardo Pontrandolfi, jefe de la delegación del CICR en Afganistán. “Por ejemplo, los civiles quedan atrapados en el fuego cruzado y muchas veces no pueden llegar hasta los centros de asistencia médica porque no es seguro desplazarse. Con demasiada frecuencia, se dirigen ataques contra las instalaciones de salud y se interrumpen los servicios, sobre todo en zonas alejadas.”

Una de las prioridades actuales del CICR en Afganistán es garantizar no sólo que los civiles queden a resguardo de los ataques, sino también que todas las partes en el conflicto comprendan y acepten que la seguridad y el respeto del personal, las instalaciones y el transporte de salud son de vital importancia. Es crucial que los trabajadores de la Cruz Roja y la Media Luna Roja gocen de aceptación, seguridad y acceso seguro, a fin de que puedan cumplir su labor humanitaria en condiciones de seguridad y de conformidad con los Principios Fundamentales de neutralidad, independencia y humanidad.

Las organizaciones humanitarias también deben analizar la mejor manera de actuar en forma segura en un entorno cada vez más inestable. Tras el ataque contra una de sus   subdelegaciones, en Jalalabad, en mayo de 2013, el CICR se vio obligado a repensar su presencia en el país, de modo tal de asegurar que las actividades clave, como el apoyo a los servicios de salud, las visitas a las personas detenidas y otras tareas vinculadas con la protección, los programas de asistencia y la interacción con los socios de la Media Luna Roja Afgana pudieran mantenerse a plena capacidad y, al mismo tiempo, reducir la exposición del personal a los riesgos.

Hallar el delgado equilibrio entre actuar —con el peligro inherente de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado o, lo que es peor, ser el blanco directo de los ataques— y operar a distancia, a “control remoto”, es un desafío pata todos los que prestan ayuda humanitaria en zonas de conflicto.

"Tenemos que considerar nuestra presencia en el país a largo plazo”, explicó el señor Pontrandolfi. "Hemos estado realizando actividades en Afganistán por casi 30 años, y todas las partes nos conocen. Nuestra intención es permanecer en el lugar mientras haya necesidades a las que responder. Nos preocupa particularmente el sufrimiento de la población de zonas alejadas y afectadas por el conflicto, a las que es difícil acceder.”

Pese a las restricciones por motivos de seguridad y al difícil acceso a muchas partes de Afganistán, el CICR mantuvo todas sus actividades a lo largo de 2013, solo o en asociación con el personal y los voluntarios de la Media Luna Roja Afgana (véase más abajo el apartado “Hechos y cifras”). “No hay lugar para la arrogancia o la complacencia”, dijo el señor Pontrandolfi. "Tenemos una tarea que cumplir, y el objetivo es hacerlo de la forma más eficaz posible, sin que la vida de nuestro personal o de nuestros socios corra riesgos innecesarios.”

Sin embargo, es poco probable que, en los próximos meses, se registre alguna mejora de las condiciones de seguridad, que ya son extremadamente frágiles. Las próximas elecciones presidenciales, la retirada de las fuerzas internacionales, la probabilidad de que se reduzcan las donaciones de fondos, la pobreza endémica y el alto nivel de desempleo son sólo algunos de los factores que continuarán afectando la situación en Afganistán, por no mencionar el reciente ataque contra un restaurante en Kabul, cuyo blanco parecieron ser los civiles y los extranjeros.

"El futuro no se muestra prometedor”, dijo el señor Pontrandolfi. “Para la población civil afgana y para los trabajadores humanitarios, la situación sigue siendo precaria, pero no vamos a empacar e irnos. Sin embargo, tendremos que hallar el justo equilibrio entre el riesgo y la acción, para estar lo más cerca posible de las personas necesitadas.”

 

En 2013, el CICR:

  • visitó a 49.490 personas detenidas, 1.441 de ellas por primera vez; y ayudó a 30 ex detenidos a regresar a sus hogares;
  • distribuyó ropa, mantas, artículos de aseo y otros artículos de primera necesidad entre unos 29.000 detenidos en lugares de detención que visitaron sus delegados;
  • atendió más de 8.900 nuevos pacientes, incluidos 1.203 amputados, en los siete centros de rehabilitación física del CICR;
  • creó oportunidades laborales para más de 10.600 personas que participaron en proyectos de dinero por trabajo;
  • entregó raciones de alimentos suficientes para un mes y artículos domésticos de primera necesidad para más de 11.460 familias desplazadas por el conflicto o por algún desastre natural;
  • explicó su cometido y su labor a más de 12.500 portadores de armas, autoridades políticas, ancianos de la comunidad, líderes religiosos, miembros de la sociedad civil y beneficiarios de ayuda;
  • mantuvo el apoyo a los hospitales Mirwais y Sheberghan, que atendieron 52.000 pacientes hospitalizados y 264.000 pacientes ambulatorios, entre los dos. Se realizaron 16.253 operaciones en total, en ambos Hospitales;
  • instaló y renovó sistemas de abastecimiento de agua a fin de llevar agua salubre a más de 383.000 personas en zonas rurales o urbanas.
Para más información:
Jessica Barry, CICR, Kabul, tel.: +93 707 740 526
Rafiullah Stanikzai, CICR Kabul, tel.: +93 794 618 011 o +93 788 308 908
Anastasia Isyuk, CICR, Ginebra, tel.: +41 22 730 30 23 o +41 79 251 93 02