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Las personas desaparecidas y el DIH

29-10-2010 Introducción

En las guerras suelen desaparecer muchas personas, lo cual genera angustia e incertidumbre a sus familiares y amigos, que tienen derecho a saber qué ha ocurrido con ellas. Los gobiernos, las fuerzas armadas y los grupos armados tienen la obligación de brindar toda la información de que dispongan y hacer sus mayores esfuerzos para reunir a los familiares.

Durante los conflictos armados, suele haber desaparecidos tanto entre los civiles como entre los combatientes. A veces se desconoce el paradero de los soldados que han estado en el campo de batalla o en cautiverio. Los familiares separados por la guerra padecen la angustia de no saber qué les ha ocurrido a sus seres queridos y sufren por la incertidumbre que genera esta situación al no poder llorar sus pérdidas.

Según el derecho internacional humanitario y derecho de los derechos humanos, las partes en un conflicto armado deben tomar medidas para que no haya desaparecidos durante el conflicto. Si los hay, las partes deben hacer todo lo posible para averiguar el paradero de esas personas y hacérselo saber a sus familiares.

Durante los conflictos bélicos pueden tomarse medidas para evitar que haya desaparecidos. Si todos los combatientes portaran su documento de identidad, por ejemplo, podría conocerse su paradero. Sería conveniente llevar un registro de los decesos, el entierro de los fallecidos o el destino de los restos mortuorios. Asimismo, deben llevarse registros de las personas detenidas.

Lamentablemente, en las guerras más recientes no se han tomado las medidas adecuadas para evitar la desaparición de personas ni para brindar información sobre ellas. En el conflicto de los Balcanes, hubo ejecuciones en masa y no se ha indicado en las tumbas el nombre de los fallecidos que descansan en ellas. Como consecuencia, el número de desaparecidos asciende a 20.000. En Sri Lanka, era frecuente simplemente rodear a hombres jóvenes y secuestrarlos. En África, decenas de miles de personas que huyen de los conflictos se han visto separadas de sus familiares. En muchos casos, los que sufren son los niños. Este problema ha afectado a todos los continentes y a cientos de miles de personas en el mundo.

En muchos casos, el sufrimiento provocado por la desaparición de personas es de índole individual, y con frecuencia permanece oculto. Sin embargo, cuando la persona que desaparece es la que llevaba el pan al hogar, la comunidad entera puede verse afectada, pues los familiares quedan librados a su propia suerte.

Hasta no hace mucho tiempo, esta “tragedia oculta”, como la ha denominado el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), no era tenida muy en cuenta por la comunidad internacional. Por ello, el CICR organizó una conferencia internacional en 2003 para abordar el problema de los desaparecidos y buscar formas de ayudar a los familiares y las comunidades afectadas.

Asistieron al evento representantes de gobiernos, organizaciones humanitarias y organismos de derechos humanos, la Cruz Roja y la Media Luna Roja, especialistas y asociaciones de familiares de desaparecidos.

En la conferencia, se reafirmó el derecho a conocer lo sucedido a las personas desaparecidas, que ya formaba parte de los principios del derecho internacional humanitario y el derecho de los derechos humanos. Asimismo, se señalaron las medidas concretas que deben tomar las partes en conflicto para evitar la desaparición de personas. Entre esas medidas, se encuentran el respeto y la protección de civiles y la gestión adecuada de la información sobre las personas.

Se destacó también la importancia de la labor de los expertos forenses y del tratamiento adecuado de los restos humanos. Por último, se reconoció el papel fundamental de las redes que restablecen el contacto entre familiares, donde participan el CICR, la Cruz Roja, la Media Luna Roja, y muchas asociaciones de familiares de desaparecidos.

Una vez finalizada la conferencia, el CICR continuó trabajando en la misma línea. Formó parte de la comisión de redacción de la Convención Internacional relativa a la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2006. El presidente del CICR elogió públicamente el marco preventivo establecido en la Convención y el reconocimiento que se hace en el documento de la importancia de la justicia.


Fotos

 

© CICR / D. Martos / pe-e-00360