• Enviar
  • Imprimir

Personas protegidas por el DIH: mujeres

29-10-2010 Introducción

El derecho internacional humanitario tiene por objeto evitar o aliviar el sufrimiento humano durante la guerra sin distinción basada en el género. Sin embargo, ese derecho reconoce que, en los conflictos armados, las mujeres deben hacer frente a problemas específicos, como la violencia sexual y las amenazas a su salud.

La guerra no es sólo asunto de hombres. En los conflictos armados de la actualidad, el impacto de los enfrentamientos en las mujeres puede ser grave. Esto se refleja en la protección que el derecho humanitario garantiza tanto a mujeres como a hombres y en ciertas disposiciones especiales que otorgan protección adicional a las mujeres.

En términos generales, el derecho internacional humanitario exige que se brinde un trato humanitario a los enfermos y los heridos, los prisioneros y los civiles afectados por un conflicto, sin ninguna “distinción de índole desfavorable” basada en el sexo, la raza, la nacionalidad, la religión, la ideología política o criterios similares. Este principio general está contemplado en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos adicionales de 1977, así como en el derecho humanitario consuetudinario.

Las disposiciones generales del derecho internacional humanitario prohíben la toma de rehenes y el empleo de escudos humanos. En conflictos recientes ha habido abusos en ese sentido. En particular, se ha recurrido a mujeres y niños para que sirvieran de escudos en ataques a los combatientes.

Además, las mujeres deben recibir “protección especial” contra la violencia sexual, es decir, la violación, la prostitución forzada y todas las formas de agresión sexual, que son crímenes de guerra cuando se cometen en situaciones de conflicto armado. La amenaza de violencia sexual contra las mujeres también se considera un delito. Las mujeres detenidas deben permanecer separadas de los hombres para evitar los abusos sexuales.

Asimismo, de conformidad con el derecho internacional humanitario, las mujeres embarazadas y las madres de niños pequeños, en particular las madres en período de lactancia, deben recibir atención especial. Esto se aplica, por ejemplo, a la entrega de ropa o alimentos, a la asistencia médica, y a la evacuación o el traslado.

Las mujeres son especialmente vulnerables a las separaciones familiares y más sensibles al sufrimiento provocado por desconocer el paradero de familiares desaparecidos durante un conflicto armado. El derecho humanitario establece que las personas tienen derecho a conocer el destino de sus familiares desaparecidos y obliga a las partes en un conflicto armado a tomar todas las medidas necesarias para dar con el paradero de las personas desaparecidas.

Recientemente, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha lanzado una campaña centrada en el problema de los desaparecidos. Como la gran mayoría de los desaparecidos son hombres, son las mujeres las que padecen la angustia de esperar noticias de un marido o un hijo desaparecido. Son ellas quienes con gran frecuencia soportan la carga de la búsqueda de familiares, en especial de los hijos, de quienes han debido separarse por causa del conflicto armado. El CICR desempeña un papel fundamental en el restablecimiento del contacto entre familiares mientras tienen lugar los conflictos armados y una vez que éstos han finalizado.

Además, las mujeres que no participan en las hostilidades asumen grandes responsabilidades al tener que lidiar con otras consecuencias de la guerra. La producción y provisión de alimentos, por ejemplo, puede verse interrumpida. Los centros de salud, tan necesarios para madres y niños, suelen ser destruidos. Los transportes y el suministro de agua y combustible también pueden verse afectados.  

Las partes en un conflicto tienen el deber de proteger la salud y la seguridad física y económica de la población civil. Cuando no lo hacen, normalmente son las mujeres quienes padecen las consecuencias. En ausencia del hombre, que es quien suele llevar el dinero al hogar, la mujer debe encargarse del bienestar de su familia, recorriendo grandes distancias para buscar agua, comida, leña y medicamentos, entre otros recursos básicos, con lo que se expone a una serie de peligros. Por otra parte, son las mujeres las que cuidan de los enfermos, sean éstos familiares o vecinos.  

En ese contexto, el CICR ofrece ayuda a las mujeres proporcionando infraestructura sanitaria, alimento, enseres domésticos y lugares donde vivir. También exhorta a las partes en conflicto para que permitan la entrega de los bienes que necesitan los civiles. De hecho, el derecho internacional humanitario exige a las partes en conflicto que autoricen el rápido acceso de los civiles a la ayuda humanitaria, que es de naturaleza imparcial y se guía por el principio de igualdad, sin distinciones de índole desfavorable.

Con posterioridad a un conflicto armado, las mujeres cumplen un papel clave en la reconstrucción de sus comunidades. En las zonas rurales, suelen ser las principales beneficiarias del suministro de semillas, herramientas agrícolas y ganado, destinados a promover la seguridad económica de la zona afectada. Del mismo modo, el CICR y otras organizaciones humanitarias sensibilizan a las mujeres para que se conviertan en agentes de concienciación contra las minas terrestres (que permanecen activas una vez finalizada la guerra), cuyas víctimas suelen ser los niños.


Fotos

 

© CICR/VII / R. Haviv / cd-e-00914