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Restos explosivos de guerra

29-10-2010 Introducción

Cada año, numerosos civiles mueren o resultan heridos por "restos explosivos de guerra", es decir armas sin estallar, como obuses de artillería, morteros, granadas, bombas y misiles, que quedan abandonados al terminar un conflicto armado. En 2003, la comunidad internacional aprobó un tratado para ayudar a reducir el sufrimiento humano causado por los restos explosivos de guerra y prestar asistencia rápidamente a las comunidades afectadas.

Cuando ha terminado un conflicto armado, el campo de batalla suele quedar plagado de restos explosivos. Muchos de esos restos siguen siendo peligrosos, en particular las reservas de armas que abandonan los combatientes y las municiones explosivas que fueron disparadas pero que no estallaron como estaba previsto.

Para los civiles y las comunidades de países afectados por guerras, la presencia de esas armas representa una amenaza permanente. Muchos civiles inocentes han perdido la vida o han quedado mutilados al manipular o tocar, sin quererlo, restos explosivos de guerra. Esas armas también pueden impedir la reconstrucción y amenazan los medios de sustento económicos. Es imposible volver a construir casas, hospitales y escuelas sin antes proceder a la remoción de esas armas. La tierra contaminada tampoco puede cultivarse.

Las comunidades locales a menudo carecen de los medios necesarios para abordar el problema. La mayoría no dispone de la capacidad técnica o de los recursos para eliminar los restos explosivos de guerra en forma segura, y son pocas las que cuentan con los recursos necesarios para abordar las necesidades psicológicas, médicas y de rehabilitación de las víctimas.

A nivel mundial, hay millones de restos explosivos de guerra esparcidos en más de 80 países. Algunos abordan este problema desde hace décadas. Polonia, por ejemplo, ha eliminado unos 100 millones de restos explosivos de de las dos guerras mundiales. En Laos, donde las guerras de Indochina finalizaron en 1975, todavía hay decenas de millones de restos explosivos de guerra por eliminar. Conflictos más recientes, como los de Afganistán, Irak y Sudán, también han producido cantidades significativas de restos explosivos de guerra.

Los Estados han tomado importantes medidas para reducir el sufrimiento humano causado por los restos explosivos de guerra y prestar asistencia a las comunidades afectadas. El Protocolo sobre Restos Explosivos de Guerra, aprobado en noviembre de 2003 por los Estados Partes en la Convención de 1980 sobre Ciertas Armas Convencionales, es un avance significativo para poner fin al sufrimiento causado por las municiones abandonadas y las municiones sin estallar.

El Protocolo exige que cada parte en conflicto elimine los restos explosivos de guerra del territorio bajo su control una vez que han terminado las hostilidades. Además, les exige que presten asistencia técnica, material y financiera para la remoción de restos explosivos de guerra que resultaron de sus propias operaciones en áreas que no estén bajo su control.

Dado que la operación de remoción de esas armas en un país puede llevar años, también se deben tomar medidas como señalizar y cercar las zonas sembradas de armas, y sensibilizar a la población local al respecto, a fin de ayudar a proteger a los civiles. Los países que están en condiciones de hacerlo deben prestar asistencia en materia de cuidado y rehabilitación de las víctimas.

A fin de facilitar esas actividades, el Protocolo establece que las partes en conflicto deben registrar información sobre los explosivos que hayan utilizado durante un conflicto y difundir esa información antes otras partes y organismos encargados de la remoción de esas armas una vez que las hostilidades han concluido. La falta de información a menudo ha demorado los esfuerzos de remoción de los restos explosivos de guerra.

El Protocolo constituye un avance significativo y proporciona un marco importante para facilitar una rápida respuesta cuando todavía quedan restos explosivos de guerra. La protección de los civiles será mayor si todos los Gobiernos se adhieren al Protocolo y garantizan la plena aplicación de sus disposiciones.


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© CICR / M. Kokic / lb-e-00704