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Las minas y los "restos explosivos de guerra", entre los que se cuentan bombas, obuses y submuniciones en racimo sin estallar, siguen matando y mutilando incluso después de terminado un conflicto. Este letal problema tiene un nombre: contaminación por armas. Priva a poblaciones enteras de agua, leña, tierra cultivable, servicios de salud y educación, y obstaculiza la labor de asistencia, impidiendo la distribución de ayuda y agravando los problemas en el plano humanitario.
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El CICR tiene el cometido, que le han asignado los Estados en los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales, así como en los Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de actuar como guardián del derecho internacional humanitario (DIH) y promover el respeto de ese derecho. Ello implica alentar la ratificación de los tratados, velar por su aplicación, difundir las normas del DIH y contribuir a su desarrollo.
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Investigaciones sociales sobre cómo afecta el conflicto armado a la población civil, y sobre su coportamiento en ese contexto.
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El CICR promueve el conocimiento, la comprensión y, si procede, el desarrollo del DIH mediante el establecimiento de relaciones con un amplio abanico de interlocutores, como los Estados, las entidades no estatales y las organizaciones internacionales.
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La razón del CICR para mantener relaciones con el sector privado es doble: promover los principios humanitarios entre las compañías que trabajan en zonas de conflicto y mejorar la capacidad del CICR para ayudar a las víctimas.