El CICR se financia mediante las contribuciones voluntarias de los Estados Partes en los Convenios de Ginebra (Gobiernos), de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, de organizaciones supranacionales (como la Unión Europea), y de fuentes públicas y privadas.
Cada año el CICR hace llamamientos para sufragar los gastos previstos sobre el terreno y en la sede. Si las necesidades sobre el terreno se incrementan, emitirá llamamientos adicionales. El CICR da cuenta de su labor y de los gastos que realiza en su informe de actividad.