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1919-1938: Consolidación entre crisis

13-05-2010 Introducción

La masacre que se perpetró entre 1914 y 1918 debería haber significado el fin de los conflictos armados. Los pueblos se horrorizaron por la cantidad de sangre derramada, y parecía que no habría más lugar para la guerra. Sin embargo, la realidad rápidamente dio por tierra con el idealismo. Lejos de desaparecer, la violencia de la guerra daría un giro aún más brutal con el advenimiento de las ideologías totalitarias en las décadas de 1920 y 1930. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) debió fortalecerse en un entorno cada vez menos afín a los principios humanitarios.

A pesar de las previsiones más optimistas, el término de la “guerra que daría por terminadas todas las guerras” no significó el fin de la misión del CICR. En realidad, la organización inició una serie de nuevas actividades, que llevaba a cabo de manera independiente o con la cooperación de la joven Liga de las Sociedades de la Cruz Roja, fundada en 1919.

En la agitación política, social y económica posterior a la guerra, el CICR desempeñó sus funciones en Europa Central, donde la escasez de alimentos y enfermedades como el tifus azotaban a una población débil. También realizó actividades en Rusia, donde participó en un operativo de asistencia internacional a las víctimas de la hambruna; en la zona ocupada del Ruhr; en la Alta Silesia, donde se requerían sus servicios como intermediario neutral; y en Grecia y Turquía, donde ayudó a personas desplazadas como consecuencia del conflicto entre ambos países.

El CICR también continuó con sus tareas de protección de los presos políticos en los países donde se aceptaba su presencia. Se enviaron misiones a Montenegro, Irlanda, Polonia y Lituania. Incluso después de la llegada de Hitler al poder, la Institución visitó dos veces los campos de concentración alemanes.

Acción mundial

La cantidad de personas que necesitaban la acción del CICR aumentaba y, al mismo tiempo, la labor de la Institución se expandía por el mundo. Las ambiciones colonialistas de Japón llevaron al Comité a China en 1932 y, más tarde, en 1937 y 1938. Asimismo, la organización hizo sus primeras incursiones en América del Sur durante la sangrienta Guerra del Chaco, conflicto bélico en el que se enfrentaron Bolivia y Paraguay. También envió dos delegados a Etiopía tras la invasión de las tropas de Mussolini. Los enviados al país africano no pudieron hacer más que contemplar la utilización de gas mostaza y el bombardeo de hospitales por parte de la aviación italiana.

La experiencia vivida en Etiopía pareció anunciar el modo en que se desarrollaría el conflicto durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos combatientes tuvieron la oportunidad de entrenarse en una España dividida por una lucha fratricida. Durante los tres años que duró la Guerra Civil Española, el CICR presenció enfrentamientos cuya ferocidad reflejaba la intransigencia ideológica de sus protagonistas.

Ampliación del derecho humanitario

Por cierto, el CICR no esperaba un incremento de la beligerancia, y nada pudo hacer para reducir sus efectos en las víctimas. A instancias suyas, en 1929, el derecho humanitario se amplió para abarcar a los prisioneros de guerra que, a partir de ese año, estuvieron debidamente protegidos por un convenio internacional. La Institución bregó para que el convenio alcanzara también a ciertos grupos de personas civiles, pero no tuvo éxito. Las terribles consecuencias de ese vacío jurídico se hicieron sentir durante la Segunda Guerra Mundial.


Fotos

Guerra Civll Española, 1936-1939. Valencia.  

La delegación del CICR en Valencia, España, en el momento más álgido de la guerra civil, en 1937.
© CICR / V-P-hist-01847-06