• Enviar
  • Imprimir

1914-1918: Bautismo de fuego e innovación

13-05-2010 Introducción

Agosto de 1914: El mundo está convulsionado por la locura de la guerra y el CICR está a punto de vivir su bautismo de fuego. La pequeña institución se transformará en una verdadera organización internacional, no sólo por su tamaño sino también por su campo de acción. Deberá para ello adaptar sus procedimientos, que ya se habían ideado pero nunca se habían puesto en práctica en un conflicto de tal envergadura. Sobre todo, deberá hacer frente a nuevos problemas de índole humanitaria, causados por una conflagración sin precedentes.

Amparado en la neutralidad de su país de origen, Suiza, el CICR inició su tarea tras las primeras grandes confrontaciones (las batallas del Marne y Tannenberg). Conforme a los requerimientos de la IV Conferencia Internacional de la Cruz Roja, llevada a cabo en 1887, la organización fundó la Agencia Internacional de Prisioneros de Guerra, cuyo objetivo era recabar información acerca de los prisioneros y transmitirla a sus familiares. La entidad tuvo un crecimiento formidable al ritmo del avance de las operaciones militares y, con el tiempo, llegó a tener cerca de 1.200 colaboradores para atender cientos de miles de solicitudes.

Como su deseo era incrementar la ayuda a los detenidos, el CICR pidió autorización para visitar los campos donde tenían a los prisioneros de guerra mientras duraran las hostilidades. El permiso le fue concedido, lo cual permitió a la organización realizar actividades fuera de Europa por primera vez. El carácter neutral del CICR, así como la nacionalidad de sus delegados (todos eran suizos), fue un factor que posibilitó el éxito de la acción humanitaria realizada.

Improvisación en casos de emergencia

Sin embargo, había otras víctimas –en este caso, civiles– que también precisaban ayuda. Si bien quienes no participaban en las hostilidades siempre habían sufrido considerablemente por causa de las decisiones tomadas por los militares, la Primera Guerra Mundial llevó ese sufrimiento a niveles insospechados, que no pasaron inadvertidos para el CICR. Como la organización no tenía normas específicas referidas a los civiles, que aún no estaban protegidos por el derecho internacional humanitario, y dada la urgencia de la situación, el CICR debió improvisar. Así nació la política de asistencia a la población civil afectada por la violencia de la guerra, una política que fue evolucionando con el transcurso de los años hasta llegar a ser la piedra angular de las actividades humanitarias de la organización.

Por otro lado, el CICR se interesó por la forma que adoptaba la guerra. Debido a la brutalidad del conflicto, los beligerantes incumplieron compromisos previos relativos a cuestiones humanitarias y pusieron a prueba nuevas armas. Una de esas armas, el gas venenoso, cuyo empleo a gran escala se inició en 1915, provocó el rechazo del CICR, que también condenó las numerosas violaciones a los Convenios de Ginebra cometidas intencionalmente por los combatientes.

Visitas a presos políticos

La Primera Guerra Mundial fue de una naturaleza inédita. La dimensión que adquirió el conflicto hizo que, en la posguerra, la necesidad de intervenciones humanitarias alcanzase niveles semejantes a los del período de la conducción de las hostilidades. Entre otras acciones, se repatriaron prisioneros de guerra, se realizaron las primeras visitas a presos políticos, en Hungría en 1919, y se brindó asistencia a los civiles en un contexto de desorganización social y privaciones económicas. El CICR se ocupó de todas estas necesidades, continuando con sus actividades hasta mucho tiempo después del cese de las hostilidades.


Fotos

Batalla de Estaire: una fila de soldados cegados por los gases, en un puesto de primeros auxilios, cerca de Bethune, 10 de abril de 1918. 

Batalla de Estaire: una fila de soldados cegados por los gases, en un puesto de primeros auxilios, cerca de Bethune, 10 de abril de 1918.
© Imperial War Museum London / V-P-HIST-03088-25