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1939-1945: Descenso a los infiernos

11-05-2010 Introducción

La invasión de Polonia por parte del ejército alemán el 2 de septiembre de 1939 anticipó lo que estaba por venir. La guerra de trincheras sería reemplazada por el combate mecanizado, precedido por ataques aéreos masivos dirigidos contra la población civil. Los civiles serían las principales víctimas de brutales políticas de ocupación; primero, las del Tercer Reich y sus aliados y, cuando la suerte cambió de bando, las de los Estados vencedores.

La nueva guerra mundial planteó nuevos desafíos al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). En primer lugar, el Comité debió organizar sus actividades humanitarias en cinco continentes al mismo tiempo, lo cual requería ingentes cantidades de recursos humanos y económicos. Durante el conflicto bélico, el CICR tuvo más de 50 delegaciones activas.  

Para el CICR, la guerra significó también la diversificación de las tareas. Además de desempeñar las actividades tradicionales relacionadas con los prisioneros de guerra —visita a campos de detención o establecimiento de una agencia central de información sobre prisioneros, como en la Primera Guerra Mundial, entre otras—, el CICR no cejó en sus esfuerzos por ayudar a los civiles a convivir con la desorganización que traía consigo la situación militar. Entre las acciones emprendidas entonces se encuentra la lucha contra el hambruna en Grecia y las islas del Canal de la Mancha.   

Si bien esas operaciones de asistencia tuvieron los resultados esperados, no puede afirmarse lo mismo de otras, pues en su afán de tener acceso a la mayoría de los prisioneros de guerra, el CICR se topó con obstáculos tales como el simple y llano rechazo de los Estados que custodiaban a los detenidos. Por ese motivo, la Institución no pudo ayudar a los prisioneros de guerra alemanes ni soviéticos en manos del enemigo, mientras que en el Lejano Oriente, los intentos por llegar a los soldados del Ejército Aliado capturados por los japoneses se vieron frustrados por la falta de cooperación de las autoridades de Tokio.

Infructuosos esfuerzos por evitar las persecuciones

El fracaso más evidente del CICR fue el intento frustrado de ejercer el derecho a llevar a cabo acciones humanitarias en favor de los civiles que habitaban las áreas ocupadas o los deportados a campos de exterminio. Los actos heroicos de algunos de sus delegados, que trataron de ayudar a los condenados a muerte, no alcanzaron a mitigar el fracaso del Comité como institución en su lucha contra la persecución nazi. La inacción del CICR durante el Holocausto es y seguirá siendo un recuerdo trágico en la historia de la Institución.

Tras el lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, la Segunda Guerra llegó a su fin. Se inició entonces una nueva era en el ámbito de las relaciones internacionales, dominada por la amenaza nuclear. El mundo se dividió en dos bloques antagónicos, y esa división influyó en los métodos de trabajo del CICR durante varias décadas.


Fotos

Durante la II Guerra Mundial, como nunca antes los civiles fueron objetivo de la violencia y la persecución 

Civiles escapan de los enfrentamientos en Varsovia en 1944.
© CICR / hist-02183-02