Portada
  English
  Arabic
  Russian
  Chinese
Ayude a las víctimas de la guerra: ¡haga un donativo al CICR hoy!
1-06-1995  Publicación CICR  
Los niños y la guerra (folleto ilustrado)


Los niños y la guerra
Los derechos fundamentales de los niños, como el acceso a los alimentos y al agua y los cuidados médicos adecuados, deben ser respetados, especialmente en tiempo de guerra. El CICR solicita que se preste especial atención a la realidad de los niños combatientes y de aquéllos que se hallan cautivos. Recuerda la necesidad de reunir a los niños con sus familiares, separados por los acontecimientos. Existen normas humanitarias relativas al respeto de los derechos del niño, y los gobiernos tienen el deber de aplicarlas.
CICR, 1995, 30 pp., fotografías, 21 x 30 cm
español, inglés, árabe (agotado)
0,50 fr.s.
Ref. 0577




Índice

Introducción

I. Sufrimientos inconmensurables

II. La realidad vista de frente

III. Lo indispensable: víveres y agua, ropa y cobijo

IV. La salud de los niños

V. Niños soldados

VI. Niños en cautiverio

VII. Familias separadas

VIII. En espera de noticias

IX. Promover el respeto de los derechos de los niños

Conclusión


*******


      Elizabeth Gilbert/CICR
Proteger a los niños, que son a menudo los más vulnerables en tiempo de guerra, es una prioridad del Comité Internacional de la Cruz Roja. En los siguientes textos y fotografías se exponen las principales actividades de la labor humanitaria de la Institución contra la enfermedad, la injusticia y la ignorancia de las que son víctimas estos niños.


Introducción

La guerra no respeta la vida de los niños. Cae una lluvia de granadas de mortero, las balas atraviesan las viviendas, el agua y las provisiones están cortadas. Tal vez sean los niños las víctimas más pequeñas de un conflicto armado, pero no por ello los más insignificantes. Intentar proteger a los niños en tales circunstancias representa una ingente tarea.
Hiroshima, agosto de 1945. Madre japonesa amamantando a su hijo tras el bombardeo atómico.

Agence Ruzzoli Editore, Milán

Desde comienzos de este siglo, se hacen muchos esfuerzos en el ámbito jurídico para proteger a los niños en tiempo de guerra. En los últimos decenios, los Gobiernos y las instituciones han hecho declaraciones, firmado convenios y promulgado otros textos jurídicos para garantizar los derechos de los niños en las peores circunstancias. El año 1924, la Liga de las Naciones aprobó la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño. En 1949, se aprobaron los Convenios de Ginebra y, en 1977, sus Protocolos adicionales. El texto más reciente ratificado por la comunidad internacional, la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, fue aprobada en Nueva York el mes de noviembre de 1989.

Hay, sin embargo, una considerable discrepancia entre las minuciosas disposiciones elaboradas por los expertos y la vida diaria de los niños arrastrados por el torbellino de la guerra. La vulneración de los derechos de los niños por los combatientes parece ser directamente proporcional al número de leyes internacionales aprobadas para garantizar la seguridad de los niños. Los jefes militares asesinan a niños para conquistar el futuro, y el mundo hace la vista gorda. El colapso del orden social abre la puerta a la anarquía. La propensión de la sociedad, por pura negligencia, a tolerar esos comportamientos viola los principios refrendados por el derecho internacional desde sus comienzos. En realidad, nunca habían estado los niños tan poco protegidos.

El problema ha alcanzado proporciones tan desastrosas que los llamamientos solicitando fondos para ayudar a los niños en tiempo de guerra no provocan mucho más que comentarios amables. Incluso las organizaciones cuya única finalidad es ayudar a las mujeres y a sus hijos, tienen grandes dificultades en cubrir sus operaciones. Hasta que no se ponga coto a la violencia asesina de los conflictos internos, zonales e internacionales, la supervivencia de los niños depende, en gran medida, de la capacidad de los instituciones humanitarias para asistirlos en el momento y con los medios oportunos.





Aunque las cifras no expresan adecuadamente el desgarro de la muerte y los sufrimientos en tiempo de guerra, nos ayudan a situar el problema de manera más objetiva. Por ejemplo, se calcula que, en los últimos diez años, han muerto millón y medio de niños en conflictos armados. En los últimos dos meses de 1992, un 75% de niños menores de cinco años murieron en algunas regiones de Somalia. El índice de mortalidad infantil entre la población que huye de conflictos es de 5 a 12 veces mayor que en su país natal.


T.Gassmann/CICR (Ref.SD-60/24A)
Una pérdida irreparable. Un niño pequeño sin sus padres tiene pocas posibilidades de sobrevivir cuando el entorno social se ha disgregado por la guerra y escasean los víveres.

D. de Rivaz/CICR (Ref.TH-168/6)
Une balde, lo que estaba más a mano, sirvió de cuna a este niño cuando estallaron los combates cerca del pueblo donde vivía su familia...

Cuando crecen, los niños necesitan alimentos nutritivos específicos para su desarrollo físico y mental. Si no se les proporciona una alimentación adecuada y suficiente se vuelven muy pronto vulnerables. En las precarias condiciones de los campamentos de refugiados o de personas desplazadas, los niños son propensos a contraer infecciones.

Así pues, son los niños, y no los adultos, los primeros que sufren los efectos del racionamiento o de las sanciones. Mueren de hambre si la ayuda no puede llegar por estar minadas las carreteras o porque el espacio aéreo está cerrado al tráfico civil. Lo que más les afecta es la escasez de material clínico en los hospitales y la suspensión de las campañas de vacunación en zonas asoladas por los combates.

En tiempo de guerra, la malnutrición, el sarampión, las enfermedades diarreicas y las infecciones pulmonares pueden causar la muerte del 50% al 95% de los niños menores de cinco años. Estas cifras podrían reducirse mucho si se aplicaran medias sencillas y económicas para promover la higiene.

Las minas también suponen un gran peligro para los niños, que pueden resultar heridos mientras juegan. Las cifras del hospital de Hargeisa (norte de Somalia) demuestran que casi tres cuartos de las víctimas de las minas son niños de entre cinco y quince años de edad. En ex Yugoslavia, dos niños, por lo menos, son hospitalizados diariamente con graves heridas causadas por explosiones de minas. La amputación marca de por vida, sus secuelas afectarán la capacidad de la víctima para desplazarse, trabajar y casarse, en otras palabras, vivir normalmente.

Las consecuencias psicológicas de la guerra son más difíciles de medir pero no se pueden dejar de lado. El haber presenciado atrocidades cometidas contra parientes cercanos y escenas de saqueo, el haber tenido que huir y separarse de sus familiares puede causar cambios inmediatos o posteriores en el comportamiento psicosocial del niño.

    Protección de los niños en los Convenios de Ginebra

    En muchas disposiciones del derecho internacional humanitario se estipula una protección especial para los niños en tiempo de conflicto armado. Tal protección está, en realidad, incluida en las normas destinadas a proteger a las personas civiles. En el IV Convenio, relativo a la protección de las personas civiles en tiempo de guerra, aprobado en 1949, hay artículos en los que se dispone una protección especial para los niños. Estas disposiciones se basan en un principio expresado claramente en el Protocolo I, artículo 77:

    "Los niños serán objeto de un respeto especial y se les protegerá contra cualquier forma de atentado al pudor. Las Partes en conflicto les proporcionarán los cuidados y la ayuda que necesiten, por su edad o por cualquier otra razón."

    En total, los Convenios de Ginebra y los dos Protocolos adicionales contienen 25 artículos relativos específicamente a los niños. La responsabilidad de aplicar las normas del derecho humanitario que establecen una protección especial para los niños es colectiva. Los Estados Partes en los Convenios tienen la obligación de respetar y de hacer respetar esas disposiciones.




Reciente acuerdo en defensa de los derechos de los niños

La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, abarca toda la gama de los derechos humanos -derechos civiles, económicos, culturales, sociales y políticos- y los extiende a los niños. Se reconoce que no se puede disfrutar separadamente de uno de esos derechos si no se disfruta de los otros y abre nuevos horizontes, reconociendo el derecho del niño a desempeñar un papel activo en su propio desarrollo.

En el artículo 38, párrafo 1 de esta Convención se recuerdan pertinentemente las normas del derecho humanitario que protegen a los niños en los conflictos armados:

"Los Estados Partes se comprometen a respetar y velar por que se respeten las normas del derecho internacional humanitario que son aplicables a ellos en los conflictos armados que sean pertinentes para el niño".


Ron Haviv/KATZ

En Europa también hay regiones asoladas por conflictos, donde huérfanos o niños separados temporalmente de sus padres viven en un entorno completamente extraño. Aunque la única preocupación de los padres fuese garantizar su seguridad, los niños experimentan esta situación como una terrible pérdida de confianza. Muchos sufren, además, las secuelas de haber sobrevivido el bombardeo de sus viviendas. Los traumas psicológicos de la primera infancia no curan fácilmente.

Paul Smith/PANOS PICTURES

Algunos países de Latinoamérica sufren los estragos de las guerras de bandas y de una pobreza endémica, fomentada por un sistema basado en la explotación social y la desigualdad, cuyo resultado es el de miles niños vagabundos. Estos niños, que viven precariamente en la calle, son perseguidos como alimañas y despreciados por todos.

Larry Towell/MAGNUM

En Oriente Próximo, hay adolescentes que solo han vivido en situaciones de violencia armada y la ruptura del contacto con sus mayores. Puesto que no conocen otra cosa, su visión del futuro es la de una sociedad basada en la violencia.

Mikes Goldwater/NETWORK

En algunas partes de Asia, los niños mutilados para siempre por los millones de minas sembradas en el campo son abandonados a su suerte y tienen que sobrevivir como pueden. Con frecuencia, las minas antipersonal tienen la apariencia de juguetes de llamativos colores, que mutilan o matan indiscriminadamente a quienes las recogen o tropiezan con ellas. En algunos lugares, las tropas envían a niños primero, para que exploren el terreno.

Yann Gamblin/UNICEF
Hay países donde juvenzuelos casi niños se descarrían atraídos por la tentación del botín fácil, son instigados a abandonar su hogar y reclutados -a menudo bajo la influencia de drogas- en campamentos pseudomilitares, donde, convertidos en autómatas, son forzados a cometer vilezas y crueldades.

    Los derechos de los niños a la educación y a su contexto cultural

    Aun en tiempo de guerra, los niños tienen el derecho a continuar recibiendo educación, incluida la religiosa y moral, de conformidad con los deseos de sus padres, o en ausencia de estos, de quienes se encarguen de ellos (IV Convenio de Ginebra, artículos 50 y 94).

    El contexto cultural del niño ha de preservarse (IV Convenio de Ginebra, artículos 24 y 50 y Protocolo I, artículo 78, párrafo 2). Al proteger ese contexto, el derecho humanitario también protege los valores morales, la religión, la cultura y las tradiciones en que ha crecido el niño.




Con demasiada frecuencia, no hay suficientes recursos en tiempo de guerra y se da la preferencia a otras necesidades o la inseguridad limita el acceso a los servicios públicos. En principio, es responsabilidad del Estado proporcionar a su población los bienes de primera necesidad, como víveres, agua, ropa y cobijo. Las Sociedades Nacionales también socorren a la población en tiempo de carestía.

Cuando el Estado no puede hacer frente a la situación, el CICR presta apoyo a las organizaciones locales que aún funcionan, incluidas las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. La estrategia del CICR a corto plazo es ayudar a los servicios locales a afrontar la emergencia.

Si las condiciones se deterioran hasta el extremo de que se derrumban las estructuras estatales y no funcionan los servicios locales o la población de ambos bandos no dispone de servicios sanitarios, el CICR interviene para salvaguardar la salud de los niños prestando mayor ayuda, como víveres, agua potable, saneamiento adecuado y atención primaria de salud.


M. Vaterlaus/CICR
(Ref.BIAF-47/15)
Una enfermera ayuda a un niño malnutrido a tomar un preparado proteínico especial en un centro nutricional del CICR.

Emiliano Thibaut/CICR
¡Tomás tiene una nueva camisa a cuadros! Transporte de ropa con destino a Chiapas en todo-terrenos del CICR y camiones de la Cruz Roja Mexicana.

Los niños y el acceso a los bienes indispensables

El CICR distribuye víveres a las familias afectadas por la guerra. También proporciona semillas y herramientas para poder obtener nuevas cosechas. Esta asistencia agrícola es una actividad complementaria para disminuir la necesidad de envío de víveres.

Los programas de rehabilitación nutricional se trazan en favor de niños que padecen de mal nutrición y, según las necesidades, el CICR establece centros donde se proporciona alimentos a los niños adecuados a su grado de malnutrición.

La relación entre la sanidad y las condiciones de vida resulta particularmente evidente cuando se trata de niños. Cuando las condiciones son malas, las altas temperaturas y la contaminación del agua provocan inevitablemente problemas de salud, como infecciones respiratorias y enfermedades diarreicas. El CICR instala sistemas de abastecimiento de agua potable, construye refugios y distribuye mantas.

Se emprenden estos tipos de programas para socorrer a grupos vulnerables con necesidades especiales, como los niños en centros de rehabilitación nutricional o los heridos en los hospitales. Suelen realizarse en colaboración con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja o Media Luna Roja.

El derecho de los niños a recibir asistencia humanitaria
Las partes en conflictos tienen obligación de:
    • permitir el libre paso de todo envío de víveres indispensables y de ropa reservado para los niños (IV Convenio de Ginebra, artículo 23);
    • dar prioridad a los niños en la distribución de los envíos de socorro (Protocolo I, artículo 70, párrafo 1).




Muchos conflictos tienen lugar en países donde, si en tiempo de paz es difícil cubrir las necesidades indispensables de los niños, en tiempo de guerra es prácticamente imposible. Los niños son quienes más sufren por la incertidumbre y la deterioración de los servicios básicos de higiene y de salud. Es un círculo vicioso: cuanto más aumentan las necesidades médicas de los niños, menos servicios médicos hay, así como medidas preventivas, como las campañas de vacunación.

Las actividades de urgencia del CICR ayudan a disminuir el desequilibrio causado por la guerra y, en cuanto lo permiten las condiciones, la Institución traspasa la realización de sus programas a organizaciones que prestan ayuda a largo plazo. Los asociados normales del CICR en esas situaciones son las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja o Media Luna Roja.


Y. Mueller/CICR
(Ref.TH-231/21)
Otra pequeña víctima de la guerra. Este bebé es cuidado por su madre mientras permanece en el hospital.

El CICR y la salud de los niños

Los equipos médicos del CICR efectúan campañas de vacunación en situaciones de emergencia o negocian u obtienen garantías de seguridad para los equipos locales encargados de llevar a cabo amplios programas de vacunación.

En muchas regiones asoladas por la guerra, escasean los suministros médicos. El CICR presta apoyo a los servicios locales que asisten a los niños enfermos y heridos, particularmente en comarcas próximas a zonas de combate o lejos de los grandes centros médicos. Cuando las instituciones locales no pueden hacer frente a tos problemas de salud de los niños, el CICR puede abrir dispensarios, siempre que sea posible con las secciones locales de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja. Los niños heridos por acciones bélicas reciben asistencia en las unidades quirúrgicas del CICR o en hospitales a los que la Institución presta ayuda, cuya plantilla está integrada, a menudo, por equipos médicos enviados por las Sociedades Nacionales.

El CICR fabrica prótesis y lleva a cabo programas para la rehabilitación de niños amputados por heridas de guerra.

El derecho de los niños a recibir asistencia médica

Se dará prioridad a los niños durante las evacuaciones de zonas sitiadas, cercadas o donde tiene lugar las hostilidades (IV Convenio de Ginebra, artículo 17 y Protocolo II, artículo 4, párrafo 3(e)); y se designarán zonas y localidades sanitarias de seguridad para protegerlos (IV Convenio de Ginebra, artículo 14). Se deberá permitir la evacuación de niños hacia países neutrales por razones de salud.


Liliane de Toledo/CICR
(Ref.AO-50/24)
El especialista ortopédico anima a una joven víctima de la explosión de una mina a que dé sus primeros pasos con una pierna artificial.


Víctimas infantiles de las minas

Las heridas causadas por las minas antipersonal son horrorosas y cuestan caro. Horrorosas por su gravedad y caras porque son las heridas de guerra cuyo tratamiento requiere mayores recursos para la cirugía de guerra: más tiempo, más sangre para transfusiones y más cuidados de enfermería.

El horror y los estragos son tanto mayores cuanto que las minas causan víctimas indiscriminadamente, la mayoría de los cuales no son combatientes, sino niños, sobre todo entre los que trabajan en el campo o pastorean animales. Mucho tiempo después de terminado un conflicto, las minas continúan su cruenta labor.

Gavin W. Bowyer
Cirujano del CICR, Quetta (Pakistán)




Los niños abandonados a su suerte son buenos candidatos a reclutas. Un arma equivale a menudo a una posibilidad de comer; luchar puede parecerles mejor a algunos que quedarse en casa solos y asustados. Reseñamos a continuación relatos extraídos de entrevistas con niños soldados:

Kabanda tenía 9 años cuando vio a soldados matar a sus padres: "Odio a los hombres que mataron a mi madre. Decidí alistarme en el ejército. Los voy a vencer. Si los encuentro, los mato."

Stephan, de 13 años de edad, dice: "Conozco a las personas que ellos mataron. Este me daba de comer cuando regresaba de la escuela a casa con hambre. Lo recordaré. A los que mataron a mi amigo, hay que matarlos."

Ram Dee tiene 15 años de edad y entona rítmicamente: "Yo soy indomable. Y sé pelear. Salí de un buen lío. Me metí en dos más. Soy hombre inestable."

Ha de excluirse a los niños de los combates

"Las Partes en conflicto tomarán todas las medidas posibles para que los niños menores de quince años no participen directamente en las hostilidades, especialmente absteniéndose de reclutarlos para sus fuerzas armadas. Al reclutar personas de más de quince años pero menores de dieciocho años, las Partes en conflicto procurarán alistar en primer lugar a los de más edad." (Protocolo adicional I, artículo 77, párrafo 2).

Esta norma es aun más estricta con respecto a los conflictos no internacionales:

"Los niños menores de quince años no serán reclutados en las fuerzas o grupos armados y no se permitirá que participen en las hostilidades". (Protocolo adicional II, artículo 4, párrafo 3 c).




Sebastiao Salgado
El derecho humanitario prohíbe la participación de los niños en las hostilidades.


Cada vez más niños y jóvenes portan armas en conflictos internos y disturbios violentos. Estos enfrentamientos, caracterizados porque sus protagonistas emplean métodos de la guerra de guerrillas y combaten muchas veces a tiempo parcial, tienen como resultado inevitable numerosísimos muertos y heridos entre la población civil, grandes estragos para los sistemas sanitarios y educativos y éxodos considerables de refugiados y de personas desplazadas. Cuando un conflicto se prolonga durante años o incluso décadas, se agravan las raíces mismas de éste, como la pobreza o la represión, motivando a la población civil a reclutarse en grupos armados...

Cuando la realidad en que viven los niños está determinada por la guerra y sus secuelas -huida, separación, pérdida de los padres, falta de víveres y de cobijo- ¿pueden sorprendernos las decisiones que algunos de ellos toman más tarde?

No parece haberse realizado ningún estudio sistemático sobre la relación entre la manera en que los niños asumen la vivencia de la violencia y sus futuras decisiones. Algunos hechos sugieren una conexión entre la experiencia del miedo constante (en la niñez) y la probabilidad de incorporarse más tarde a grupos terroristas o armados.

Extractos de Child Soldiers (Niños soldados), de Ilene Cohn y Guy S. Goodwin-Gill.
Un estudio para el Instituto Henry Dunant, Ginebra.

Clarendon Press, Oxford, 1994.




Como estos jóvenes ugandeses, miles de niños son encarcelados cada año por delitos de derecho común, porque se vieron involucrados en disturbios violentos en su país o porque, voluntaria o involuntariamente, fueron reclutados como combatientes. Esta privación de libertad puede resultar difícil de soportar a esos niños y tener efectos duraderos en su futuro desarrollo. Por ello, s esencial que se tengan en cuenta esas particulares necesidades en el derecho:
    • (…) “los niños serán mantenidos en lugares distintos de los destinados a los adultos, excepto en los casos de familias alojadas en unidades familiares” (Protocolo I, artículo 77, párrafo 4),
    • (…) ”los niños (…) recibirán suplementos de alimentación proporcionados a sus necesidades fisiológicas” (IV Convenio de Ginebra, artículo 89).


Uganda 1988. Delegados del CICR encontraron a unos 270 niños de seis a quince años en cuatro prisiones. Habían sido detenidos en 1987 y 1988, durante el conflicto que asolaba el país. Fueron visitados con regularidad durante varios meses. La mayoría de ellos había perdido todo contacto con sus familiares. Los padres no sabían que sus hijos estaban con vida ni hubieran podido tampoco emprender su búsqueda, dada la peligrosidad de los viajes.

Lo primero que hicieron los delegados fue asegurarse de que los niños recluidos recibían una alimentación adecuada y que no vivían junto con los presos adultos. Más tarde, el CICR solicitó a las autoridades ugandesas que los liberase por razones humanitarias, aduciendo que solo podían desarrollarse normalmente en el marco de su familia y que tenían que regresar a la escuela. El Gobierno tuvo en cuenta las recomendaciones del CICR y, en abril de 1988, fueron puestos en libertad todos los niños menores de trece años.

Cuando fueron liberados, el CICR proporcionó a cada niño ropa y una manta. Cuando llegaron a su región de origen, quedaron bajo la protección de las autoridades hasta que se localizara a sus parientes, lo que no fue tarea fácil, ya que las familias habían abandonado sus viviendas durante los combates.



L.de Toledo/CICR (Ref.UG-31/28A)

Visitas del CICR a niños encarcelados

Los delegados del CICR hacen todo lo posible para garantizar el equilibrio psicológico y emocional de los niños, su desarrollo normal y, en lo posible, su educación. El CICR solicita lo siguiente a las autoridades detenedoras:

  • Los interrogatorios deben efectuarse sin demoras;
  • los niños encarcelados siempre deben estar alojados en lugares separados de los detenidos adultos, excepto cuando viven en unidades familiares;
  • si no son puestos en libertad y, en caso de detención prolongada, los niños deben ser transferidos lo antes posible a una institución apropiada para menores;
  • los niños han de mantener contacto directo y frecuente con sus familiares;
  • la alimentación, la higiene y la asistencia médica han de ser apropiadas a la edad de los niños, que deben disponer de buenas condiciones de vida;
  • dentro de lo posible, los niños deben pasar gran parte del día al aire libre;
  • los niños han de poder proseguir sus estudios escolares.

Philippe Merchez/CICR
Esta niña está detenida con su madre en una cárcel de un país iberoamericano. Puede permanecer en prisión hasta que su madre haya cumplido la sentencia o ser liberada para vivir con sus familiares. Según los casos, el CICR recomienda a las autoridades detenedoras que liberen a los niños por razones humanitarias, siempre que tengan familiares que puedan ocuparse de ellos.



VII. Familias separadas

Se considera a un niño como no acompañado cuando no está acompañado por uno de sus padres o por otro adulto que, conforme a la ley o a la costumbre, responde de él.

La unidad de la familia es también muy importante para la salud del niño. La Cruz Roja Internacional hace todo lo qué pueda para mantener juntos a los miembros de la familia y reunir a quienes están separados por el conflicto. Los niños que han perdido a sus padres, por muerte o desplazamiento de estos, encuentran a veces cobijo en casa de un amable vecino o son colocados en instituciones; pero otros viven en la calle. Estos niños corren el riesgo de ser víctimas de personas sin escrúpulos, que los pueden utilizar como mano de obra barata, a menudo con malos tratos, y hasta les pueden enseñar a manejar armas para alistarlos como soldados.

La protección de los niños no acompañados implica que hay que identificarlos, colocarlos bajo custodia temporal de un adulto o una institución, buscar a sus padres, restablecer el contacto con familiares y mantenerlo hasta que puedan reunirse con uno de sus padres, por lo menos.


Pennie Tweedie/PANOS PICTURES
Las personas desplazadas intentan localizar a sus familiares mediante programas de búsqueda. Cuando es posible reunir a familiares separados, el CICR procura garantizar que la reunión tenga lugar en una zona no conflictiva.

Para buscar a los padres, se exploran todas las posibilidades: la Media Luna Roja o la Cruz Roja hace indagaciones en el poblado de origen, se hacen llamamientos por radio o se colocan carteles, se realizan gestiones ante las autoridades que puedan disponer de información útil, etc. Si no se da con el paradero del padre o de la madre, o si se comprueba, en el peor de los casos, que han muerto, se puede intentar localizar a otros parientes cercanos -hermanos, abuelos, tíos-, que puedan hacerse cargo del niño. Solo como último recurso, cuando se han agotado las otras posibilidades, se declara legal mente al niño como abandonado y que puede ser adoptado.

Niños separados de sus familias

Uno de los principios fundamentales del derecho internacional humanitario es preservar la unidad de la familia. Hay varias disposiciones en las que se prevén mecanismos para promover la reunión de los familiares separados tras el estallido de un conflicto. Las partes en un conflicto tienen la obligación, en la medida de lo posible, de mantener reunidos, a los miembros internados de la misma familia (IV Convenio de Ginebra, artículo 82).

Con la misma finalidad, se imponen estrictas condiciones para la evacuación: para la evacuación temporal, se requiere el consentimiento escrito de los padres, tutores o personas que, conforme a la ley o a la costumbre, sean los principales responsables de la guarda de los niños (Protocolo I, artículo 78).

El derecho humanitario también contiene minuciosas normas en favor de los niños separados temporalmente de sus familias: se tomarán las medidas oportunas para que todos los niños menores de doce años puedan ser identificados mediante una placa de identidad de la que sean portadores (IV Convenio de Ginebra, artículo 24); la Potencia ocupante debe facilitar la identificación de los niños y registrar su filiación (IV Convenio de Ginebra, artículo 50).




Cuando no funcionan los servicios de correo, los miembros de una familia separados por el conflicto pueden intercambiar noticias mediante el servicio de mensajes de Cruz Roja. En todas las oficias del CICR y de las Sociedades Nacionales hay formularios disponibles para ello.
  • En relación con el conflicto Irak/Irán, que comenzó en 1980, se intercambiaron más de 13 millones de mensajes entre prisioneros de guerra y sus familiares.
  • Sólo el año 1993, refugiados, personas desplazadas y prisioneros intercambiaron, en le marco del conflicto en Bosnia-Herzegovina, más de 4 millones de mensajes en todo el mundo. Más de 100 Sociedades Nacionales colaboraron en la distribución de esos mensajes.

Las familias tienen el derecho de conocer la suerte de sus miembros (Protocolo I, artículo 32).



IX. Promover el respeto de los derechos de los niños

Las leyes solo protegen en la medida en que se respeten y se apliquen. El derecho internacional humanitario contiene disposiciones de gran alcance para proteger a los niños en tiempo de guerra. Pero, ¿qué ocurre si las partes en un conflicto no toman en serio su obligación de dar un trato humano a los niños y de protegerlos contra los efectos de las hostilidades?

No hay una "Policía humanitaria" para hacer aplicar esas normas; la responsabilidad última incumbe a la comunidad internacional. Los Estados Partes en los Convenios de Ginebra y en los Protocolos adicionales [*] se han comprometido, en particular a respetar y hacer que se respeten esas normas. Cuando esos Estados aprueban medidas preventivas y difunden el derecho de la guerra, están contribuyendo a que se respete efectivamente a los niños. Promover los tratados de índole humanitaria forma también parte de la tarea colectiva.

Los delegados del CICR participan asimismo en el cometido de difundir el derecho internacional humanitario, en especial los Convenios de Ginebra y los Protocolos adicionales, alentando a las autoridades a adherirse a ellos y ofreciéndoles asesoramiento técnico. El conocimiento de las normas humanitarias se difunde mediante debates, seminarios y cursos sobre el derecho internacional humanitario para una variedad de públicos, incluidos representantes gubernamentales, miembros de las fuerzas armadas v de la policía militar, abogados y universitarios.

* Hasta el 30 de septiembre de 1994, 185 estados eran Partes en los Convenios de Ginebra, 135 en el Protocolo I y 125 en el Protocolo II.




Nunca ha de clasificarse a las víctimas en “buenas” o “malas”. Hay que ayudar a todo no combatiente que sufre a causa de la guerra. Es decir: a los civiles afectados, pero también a los combatientes o prisioneros y que, por lo tanto, ya no pueden participar en la lucha.

Pero, por encima de todo, hay que socorrer a los niños. Las organizaciones humanitarias deben ser imparciales, pero su obligación es ayudar, primero y antes que nada a las víctimas más vulnerables. Hay que dar a los niños la oportunidad de sobrevivir y desempeñar su papel en la sociedad. En sus manos está el futuro de la humanidad.

Quienes viven la realidad diaria de la guerra –los delegados del CICR, los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, el personal de las organizaciones humanitarias- están convencidos de que es necesario invertir la actual tendencia de las luchas despiadadas por el poder en las que los niños ya no son víctimas casuales, sino que, en realidad, son los objetivos señalados.

Es lo mínimo que podemos hacer por nuestros hijos.


Otros documentos en esta sección
Temas > Los niños en la guerra 

Volver al principio de esta página
Portada | Mapa del sitio | Búsqueda | Nuevo | Contactos | Copyright | Normas de privacidad | RSS
© 2008 Comité Internacional de la Cruz Roja
1-06-1995