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13-08-2004    
Visitas a las personas detenidas: "Los resultados no se logran de la noche a la mañana..."
En 2003, el CICR visitó a casi 470.000 prisioneros y detenidos en unos 80 países. Mejor dicho, unos pocos centenares de delegados del CICR, entre hombres y mujeres, acudieron a más de 1.900 centros de detención y con su trabajo, intentaron asegurar condiciones de detención dignas, poner fin a los malos tratos y establecer un vínculo entre los prisioneros y sus familiares.

"Buenos días. Mi nombre es Lise y soy del Comité Internacional de la Cruz Roja. Tenemos un acuerdo con las autoridades para visitarlo en la prisión y hablar con usted en privado. Nuestro objetivo es evaluar las condiciones de la detención y el trato en este lugar..."

Esta presentación es el preámbulo que normalmente utilizan los delegados del CICR cuando visitan por primera vez a personas que, debido a un conflicto armado o a otras situaciones de violencia, se encuentran privadas de libertad. Es uno de los primeros pasos en lo que puede ser un largo camino para evitar, o intentar poner fin, a situaciones penosas.

"Hay algo que casi todos saben acerca de las visitas del CICR a las personas detenidas: que no saben prácticamente nada..."

Para este trabajo, no hay una capacitación profesional especifica; la experiencia se adquiere a través de la práctica. Lo realizan personas que, si se tienen en cuenta los niveles educativos de la mayoría de los países, serían consideradas de la elite. El trabajo requiere compasión, perseverancia, tacto, sensibilidad cultural, resistencia física, habilidad política y una gran dosis de objetividad.

Hay algo que casi todos saben acerca de las visitas del CICR a las personas detenidas: que no saben prácticamente nada. Los informes son confidenciales; representan una herramienta de trabajo destinada a construir una relación de confianza y un diálogo constructivo con las autoridades. De ese modo, cuando se plantean problemas, es posible no sólo introducir cambios sino mantenerlos.

Visitar a los detenidos, a menudo en zonas distantes, en celdas atestadas, con calores intensos o con temperaturas bajo cero, es una tarea difícil, que se torna aún más penosa por la carga emocional que acumulan los delegados: el resultado de incontables entrevistas con los prisioneros, que narran con angustia los abusos sufridos, el miedo, la separación con sus seres queridos... Sólo en raras ocasiones, las buenas noticias o el humor traen un poco de alivio.

Nuevamente, la modalidad de trabajo del CICR fue cuestionada por los medios después de que, a principios de año, se conoció públicamente el escándalo de los abusos en las prisiones de Irak. En este artículo, varios delegados con experiencia, algunos con carreras de 30 años en el CICR, aceptaron hablar de su trabajo y de la influencia que, en su opinión, puede ejercer.

Opiniones de los delegados acerca de su trabajo y del enfoque del CICR


A menudo, las personas ajenas a la Institución critican el enfoque confidencial del CICR, como si éste estuviera, de alguna manera, colaborando con los torturadores. Pero para el trabajo de los delegados, es esencial: "Si no respetase la confidencialidad, el CICR habría dejado de existir hace tiempo ", dice Abdel-Karim, que añade: "Para este trabajo se necesitan muchas negociaciones, persuasión, paciencia... los resultados no se logran de la noche a la mañana".

Las visitas del CICR: un enfoque metódico
Las visitas del CICR a personas detenidas en relación con un conflicto o con disturbios políticos se realizan de acuerdo con procedimientos estándar, que se explican a las autoridades detenedoras antes de las visitas: · El registro de los datos de los prisioneros, · la visita de todas las instalaciones que usan o que las autoridades se proponen destinarles, · una conversación privada con algunos de ellos o con todos, para examinar los problemas que puedan tener con respecto a su trato o sus condiciones de detención, · si los prisioneros están de acuerdo, sus problemas se plantean de inmediato ante las autoridades, a fin de tratar de solucionarlos, · la entrega de formularios normalizados para escribir mensajes breves a sus familiares (que, después de que las autoridades detenedoras los hayan aprobado, serán distribuidos por el CICR, en la medida de lo posible). Después de la visita, se entrega un informe confidencial a las autoridades donde se señalan los problemas y se solicitan las mejoras necesarias.

Isabelle señala que la confidencialidad no constituye un fin en sí. Es una herramienta que ayuda a establecer una relación de confianza y permite avanzar en las tratativas con las autoridades de las prisiones (que, en términos generales, son muy renuentes a permitir el ingreso de personas ajenas, sobre todo para hablar con los detenidos en privado).

Isabelle añade: "El CICR no tiene poder de mando... las personas que apelan a consideraciones éticas para criticar nuestro silencio olvidan que nuestro trabajo complementa la labor de otros en este ámbito y que nuestro único interés es obtener acceso a los detenidos para mejorar sus condiciones cuando es necesario".

Jacques, que en el decenio de 1970 visitó a algunos de los prisioneros más notorios (o célebres, según el punto de vista) de África, está convencido de la necesidad del enfoque confidencial. "El hecho de adoptar una posición pública crea el riesgo de que las autoridades digan: 'En tal caso, no pueden continuar con las visitas'. Y los perjudicados serían los detenidos".

Jacques también subraya la índole específica de la intervención del CICR en favor de los prisioneros: trabajar a fin de lograr efectos duraderos y realizar el seguimiento de cada intervención y de cada prisionero registrado.

Brigitte también está convencida de que "la confidencialidad es una especie de herramienta que nos ayuda a evitar enfrentamientos públicos y que permite el diálogo con las autoridades".

Además de la confidencialidad, hay otros factores que caracterizan a las visitas del CICR: "Tal vez el sello particular de las visitas del CICR es que los delegados hablan directamente con todos (los directores de las prisiones, los guardias y los prisioneros); tratan a todos como a individuos e intentan comprender sus puntos de vista y cimentar una relación con cada uno", dice James.

Su colega Raed, que es médico, señala que "la relación personal que se construye con los prisioneros es fundamental, porque a menudo, lo que uno les ofrece como ser humano es más importante que el trabajo "técnico". Las mejoras, cuando las hay, a veces llevan tiempo".

"... estamos trabajando en contextos donde la religión y la etnicidad se han transformado en cuestiones fundamentales..."

"La empatía, la capacidad de escuchar, el "tiempo de buena calidad" que pasamos juntos, aunque sea por unos pocos minutos, durante una comida, una charla... es lo que más aprecian los prisioneros " -dice Cécile- "porque ellos, y a veces, también los delegados, se sienten muy impotentes frente a su situación".

James añade: "La modalidad de trabajo del CICR requiere tiempo y paciencia. Casi siempre se alcanzan los resultados, aunque el mayor desafío que el CICR enfrenta en la actualidad es qué hacer si no es así..."

Los cambios en el contexto de los conflictos también han influido sobre la labor del CICR: "Los tiempos han cambiado", dice Vittoria; "estamos trabajando en contextos donde la religión y la etnicidad se han transformado en cuestiones fundamentales, lo que plantea graves dificultades para nuestro trabajo".

¿Los delegados piensan que los detenidos comprenden la modalidad de trabajo del CICR?


Ciertamente no todos, ni tampoco de inmediato. Después de todo, desde el punto de vista de los detenidos, si el "régimen opresor" permite entrar a una persona, ésta debe ser sospechosa. Desde el primer día, los delegados se acostumbran a ser recibidos con sospecha, si no con actitudes abiertamente hostiles.

Brigitte visitaba a menudo a un grupo de detenidos que habían manifestado claramente su oposición: "Diez minutos me parecían una eternidad cuando se establecía un silencio acusatorio, durante el cual a veces me insultaban y otras me escupían. Yo sabía que era sólo el chivo expiatorio para que ellos expresaran su ira contra el mundo exterior, que no comprendía lo que había sucedido con su país, ni con sus familiares, ni con ellos".

"Eso fue lo que me ayudó a aceptar todo el odio concentrado con que me encontraba en cada visita... No creo que ellos hayan tenido buenos recuerdos de nosotros cuando fueron liberados algunos meses después, pero al menos tuvieron, una vez por semana, a alguien contra quien descargar su ira..."

"...los prisioneros reciben muy poca información sobre los resultados de nuestras visitas, lo que, a veces, crea una distancia entre ellos y los delegados..."

Isabelle: "Francamente, no creo que los detenidos comprendan nuestra modalidad de trabajo... podríamos sugerir dejar de visitar a un detenido que parezca especialmente "anti", pero no creo que muchos estén de acuerdo en ir tan lejos".

Una ex delegada, Emanuelle, dijo que había visitado a prisioneros que sentían que su situación era desesperada, que las mejoras eran muy escasas y que consideraban que nuestras visitas tenían poco valor. Algunos dijeron que tal vez debíamos dejar de ir. Pero muchos otros dijeron "No, por favor, sigan viniendo; tal vez las mejoras sean pequeñas, pero al menos sabemos que cada tanto, durante quince minutos, hay alguien que nos mira a la cara y nos trata como a seres humanos; eso es importante".

Raed dice: "Los prisioneros reciben muy poca información sobre los resultados de nuestras visitas, lo que, a veces, crea una distancia entre ellos y los delegados".

James considera que la mera presencia física del CICR es muy importante: "Si el CICR puede 'entreabrir la puerta' de las prisiones o de los campos militares, los detenidos, por lo menos, se sienten aliviados. He visto situaciones en las un delegado ha logrado registrar los datos de un detenido y el ejército o la policía lo saben... y también saben que el CICR regresará y preguntará por esa persona. Eso ciertamente puede significar la diferencia entre que una persona desaparezca o no...".

Pero en un enfoque a largo plazo, lo que cuenta para los detenidos son las mejoras; los avances lentos pueden perjudicar la relación: "Los detenidos sentían encono contra el CICR porque no veían ninguna mejora en el trato de los prisioneros recién llegados, ni avances en sus juicios, ni cambios en las condiciones de los centros de tránsito", dice Cécile.

Buenos y malos momentos: los recuerdos de los delegados


Vittoria: He visitado a prisioneros a sabiendas de lo que hicieron (o, al menos, conociendo el motivo de la acusación) –que en algunos casos, eran crímenes horrendos. Los delegados necesitan bloquear ese conocimiento para poder cumplir con su trabajo. Incluso las personas acusadas de los crímenes más atroces tienen derecho a un trato equitativo y a condiciones dignas. A veces, esta situación puede pesar mucho en las emociones de un delegado.

Raed: Yo había visitado a un anciano gravemente enfermo del corazón. Necesitaba operarse, pero él no quería dar su consentimiento si yo no estaba presente en el quirófano. Era una cuestión de vida o muerte, de modo que tuve que regresar y presenciar la operación... Su confianza en mí realmente me hizo pensar que tenemos un papel importante que desempeñar.

Katy: ... las formas en que los ex detenidos (muchos de los cuales ahora están a cargo de los servicios de seguridad nacionales) ahora usan los métodos que antes les aplicaron a ellos. Y hay casos en que el CICR un día se encuentra con un detenido y después lo vuelve a encontrar, pero como funcionario.

Léo: ...un detenido condenado a muerte que visitamos en una gran prisión situada en América Latina se encontró, unos años más tarde, con un representante del CICR en una conferencia ministerial celebrada en una capital asiática y le preguntó si me conocía. El ex detenido, que en ese momento ocupaba el cargo de viceministro, le pidió que me diera las gracias por mi visita y por registrar sus datos; consideraba que él seguía con vida gracias a eso.

James: ... poco después del fin del conflicto, pudimos lograr que la esposa de un detenido lo visitara. Cuando llegamos a la amenazadora prisión, que para ese entonces estaba casi abandonada, el director permitió lo que se denominaba, con cierta picardía, "una visita conyugal", en una habitación especial. El final del día fue casi igualmente emocionante para la señora: al regresar al automóvil del CICR, resbaló, se cayó y se hizo un corte en la cabeza. La enfermera de la prisión rápidamente aplicó un vendaje a la herida, que sangraba en abundancia. Luego regresamos a la capital, en medio de la nieve...

Raed: ... convencimos a las autoridades de que transformaran algunas instalaciones de la prisión en un pequeño hospital. Durante mi tiempo allí, realicé cirugías menores y traté enfermedades comunes que podrían haber sido mortales en ese ambiente. Trajimos alimentos. Distribuimos galletas de alto poder nutritivo, sin los cuales muchos hubieran muerto. Jamás olvidaré esta experiencia. Es difícil imaginar la satisfacción que siente el médico que salva a centenares de pacientes.

"Es difícil imaginar la satisfacción que siente el médico que salva a centenares de pacientes."

Cécile: ... un regalo de un detenido: un dibujo enorme con unos pocos versos, para agradecerme y para agradecernos a todos.

Abdel-Karim: ... cuando los detenidos o ex detenidos me dicen: "Primero está Alá, e inmediatamente después está el CICR".

Brigitte: ...durante una visita, entramos en una celda donde había cinco hombres. Estaba muy oscuro, pero podíamos distinguir sus pálidos y delgados rostros y sus miradas sorprendidas. Nos presentamos y explicamos por qué estábamos allí. Hubo un momento de silencio, y un hombre dijo, con voz temblorosa: "Por fin llegaron..." y comenzó a llorar. Estos cinco hombres habían sido capturados más de un año atrás. Después de los recientes enfrentamientos, fueron trasladados a un sitio más seguro. Nunca los habíamos visitado, pero yo tenía sus nombres en una lista que nos habían dado sus familiares, que acudían a nuestra oficina todas las semanas para pedir noticias sobre ellos.

"Contamos la noticia a la mujer y le dimos el mensaje. Palideció, lanzó una exclamación... y se desplomó."

Naturalmente, los cinco hombres querían saber acerca de sus familias, y cada uno llenó un mensaje de la Cruz Roja, aprovechando cada centímetro de espacio libre... Salimos de la prisión (después de que el censor aprobara los mensajes), y mientras regresábamos a la base, nos detuvimos para hablar con nuestro oficial de enlace de las fuerzas contrarias. Es fácil imaginar nuestra sorpresa cuando nos encontramos, allí mismo, con una de las cinco mujeres que habían estado buscando a sus esposos por más de un año.

Rápidamente comprobamos el nombre, para evitar darle falsas esperanzas... y después, le contamos la noticia y le dimos el mensaje. Palideció, lanzó una exclamación... y se desplomó. Después de beber un vaso de agua, se recuperó y comenzó a llorar, abrazándonos con fuerza... en momentos como éste, uno piensa que tal vez somos útiles, después de todo...

Lea qué piensan los ex detenidos acerca del CICR.


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