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Ayude a las víctimas de la guerra: ¡haga un donativo al CICR hoy!
24-08-2004    
Una ayuda para que los heridos de guerra recuperen la dignidad
En agosto de 2004, se celebra el 25º aniversario del Programa de rehabilitación física del CICR que, desde su creación en 1979, ha ayudado a cientos de miles de personas a recuperar la dignidad y reintegrarse en la sociedad. Además, la novedosa tecnología del CICR ha sido adoptada por muchas otras organizaciones.

Addis Abeba, centro de rehabilitación física del CICR. Taller de manufactura de prótesis.©ICRC/ref. et-e-00066

En el decenio de 1970, el mayor uso de las minas terrestres antipersonal provocó un número creciente de amputaciones entre los heridos de guerra, fenómeno que el CICR documentó por primera vez, basándose en sus experiencias en hospitales de Pakistán y de Camboya.

Las víctimas de las minas antipersonal y de otras municiones sin estallar tienen que convivir con las secuelas que esas armas dejan mucho tiempo después de terminados los conflictos. Combatientes y no combatientes sufren lesiones horrendas que los obligan a luchar por reconstruir sus vidas y encontrar un nuevo papel en la sociedad. Las sociedades afectadas por conflictos o que se están recuperando de éstos no siempre pueden dar prioridad a las necesidades de esas víctimas de la guerra, y aunque así fuera, a menudo carecen de la capacidad necesaria para proporcionar prótesis y órtesis a los que las necesitan.

"La prioridad siempre es la supervivencia de los heridos de guerra", dice Theo Verhoeff, jefe de la unidad de rehabilitación física del CICR, "pero también es importante restaurar la dignidad de las víctimas y ofrecerles la mejor oportunidad posible para que vuelvan a participar activamente en la sociedad".

Con este propósito se estableció, en 1979, el Programa de rehabilitación física de la Institución.

Comienzos modestos

El Programa de rehabilitación física comenzó con proyectos en sólo dos países, Angola y Etiopía, y creció en forma proporcional al aumento del problema de las minas terrestres, hasta abarcar 87 proyectos en 36 países.

Durante 25 años, más de 300.000 personas recibieron prótesis y/u órtesis, y muchas más se han beneficiado de la fisioterapia. Además, se han distribuido más de 250.000 pares de muletas y 15.000 sillas de ruedas entre las personas necesitadas.

El Programa experimentó muchos cambios antes de cumplir su 25º aniversario. Al principio, el CICR empleaba principalmente a expatriados para estos servicios, pero ahora la mayor parte del trabajo es realizada por empleados locales bajo la dirección de expatriados. Además, el Programa incluye la capacitación de técnicos en prótesis y órtesis en cada país.

Los cursos de capacitación tienen por objeto cumplir con las recomendaciones de la Sociedad Internacional de Prótesis y Órtesis (SIPO) y son impartidos en estrecha cooperación con el ministerio nacional de salud del país de que se trate.

Innovación tecnológica

El Programa también ha impulsado avances en los materiales que se utilizan para producir artículos e insumos para las prótesis y órtesis.

"Al principio, teníamos que utilizar materia prima e insumos importados y costosos", explica Theo Verhoeff. "El CICR desarrolló una tecnología de buena calidad y de bajo costo, que utiliza polipropileno. Este material tiene muchas ventajas: es limpio, fácil de usar, liviano, económico y se puede almacenar por períodos prolongados".

En efecto, el material es tan apropiado que, con el tiempo, otras organizaciones especializadas en este ámbito han adoptado la tecnología del CICR.

En el XI Congreso Mundial de la SIPO, celebrado en Hong Kong a principios de agosto, el CICR recibió el premio Brian Blatchford en reconocimiento a su labor. Este premio se concede cada tres años a personas u organizaciones que se han destacado por sus logros innovadores en el ámbito de las prótesis y órtesis.

Ayuda a largo plazo

Los premios siempre son bienvenidos, pero lo más importante siguen siendo las víctimas.

"Un amputado queda impedido para siempre y necesita acceder a servicios de rehabilitación eficaces durante el resto de su vida", dice Theo Verhoeff. "Es un desafío prestar servicios de calidad a largo plazo".

Por este motivo, en 1981 se estableció el Fondo especial del CICR en favor de los impedidos, que hace tres años se transformó en una fundación independiente.

Sus funciones principales son garantizar la continuidad de los centros de rehabilitación de los que el CICR se ha retirado, ayudar a establecer centros en otros países en desarrollo y contribuir a mejorar el acceso a los servicios para las personas que los necesitan. Esta ayuda puede consistir, por ejemplo, en subvencionar el costo del transporte, el alojamiento y la comida durante el período necesario para realizar la rehabilitación física, incluida la colocación de prótesis u órtesis.

Queda mucho por hacer

Aunque más de 140 Estados ya han firmado la Convención de Ottawa sobre la prohibición del empleo y el almacenamiento de las minas antipersonal, por la que se comprometen a limpiar las zonas infestadas, aún queda mucho por hacer para alcanzar la meta de un mundo libre de minas.

El flagelo que representan esas armas y otras municiones sin estallar, que no distinguen entre combatientes y no combatientes, ni entre hombres, mujeres o niños, hará que los servicios del Programa de rehabilitación física del CICR sean necesarios por muchos años más.

* Escuche la entrevista a Theo Verhoeff, jefe de la unidad de rehabilitación física del CICR.


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24-08-2004