En 2006, los conflictos continuaron devastando numerosos países, imponiendo un sufrimiento indecible a los niños, mujeres y hombres atrapados en ellos. La situación humanitaria de las poblaciones afectadas por los conflictos armados se deterioró considerablemente en muchos contextos. Un ejemplo de ello es Somalia, que padeció los efectos sucesivos de las sequías, la intensificación de los enfrentamientos y las inundaciones, seguidos de un nuevo recrudecimiento de las hostilidades a finales del año. Por otro lado, millones de personas se vieron afectadas por la violencia en Oriente Medio y en Sudán, hubo decenas de miles de personas desplazadas y numerosos muertos en Sri Lanka, y muchas otras personas tuvieron que soportar la intensificación de los combates en Afganistán, por mencionar sólo unos cuantos ejemplos.
El CICR mantiene su firme intención de responder con rapidez y eficiencia a las necesidades humanitarias de las personas afectadas por los conflictos armados o por los desastres naturales que se producen en las zonas en conflicto. En 2006, ese compromiso condujo a la aprobación de siete ampliaciones presupuestarias para seis operaciones, además de los llamamientos de emergencia sin precedentes efectuados durante el año, con lo cual los gastos del CICR alcanzaron su nivel más alto en 50 años.
Las hostilidades pueden desatarse sin previo aviso, como ocurrió en Líbano, el verano de 2006; los desastres naturales se producen inesperadamente y sus efectos se multiplican en los países devastados por la guerra, como fue el caso de Somalia. Ante situaciones de emergencia tan imprevisibles, el CICR confiere gran importancia a su capacidad para actuar rápidamente sobre el terreno. Llevó a cabo operaciones al sur del río Litani, durante las hostilidades en Líbano y, en cooperación con la Cruz Roja Libanesa, concentró su labor en la atención de las necesidades médicas de los heridos de guerra, tanto civiles como combatientes. Con objeto de fortalecer aún más esa capacidad de respuesta rápida cuenta con un elemento central, la Estrategia Institucional para 2007-2010, adoptada por el CICR en 2006.
Como Institución que intenta dar una respuesta eficaz y beneficiar así a todas las víctimas de los conflictos armados y otras situaciones de violencia, el CICR necesita que su cometido y sus actividades sean aceptados por todas las partes concernidas. Para mantener el carácter neutral e independiente de la acción humanitaria, y velar por que el CICR no sea utilizado ni percibido como parte de un programa político más amplio, es indispensable ganar y mantener esa aceptación. El CICR se esfuerza por entablar y mantener contactos con todas las partes en conflicto, sean cuales fueren sus aspiraciones o comportamiento. Sin embargo, esto suele ser un reto, particularmente en contextos en los cuales las partes se fragmentan continuamente, como ha ocurrido en Darfur, o son difíciles de identificar, como en Iraq. Con ese propósito, durante 2006, el CICR mantuvo su presencia en alrededor de 230 delegaciones y oficinas en 80 países. Su personal, integrado por casi 12.000 hombres y mujeres de gran dedicación, constituye la red que permite al CICR estar en contacto directo con las personas a las que intenta ayudar y proteger, y mantener una cobertura operacional extraordinaria en las zonas en conflicto. Este compromiso corre parejo con riesgos calculados, y a pesar de todos sus esfuerzos por aumentar la seguridad de sus operaciones, tres colaboradores perdieron la vida, el año 2006, en Haití, Senegal y Sudán –muertes que el CICR deplora profundamente. La presencia mundial del CICR cuenta con el apoyo de la sede en Ginebra. En 2006, la Asamblea del CICR nombró un nuevo director de Derecho Internacional y Cooperación en el Movimiento y confirmó en sus cargos a los otros cuatro directores por un nuevo mandato de cuatro años.
En su Estrategia Institucional para 2007-2010, el CICR subraya su decisión de adoptar un enfoque que le permita satisfacer las necesidades humanitarias resultantes de los conflictos, a la vez que hace especial hincapié en continuar desarrollando su pericia profesional en los ámbitos de la protección y la salud. El CICR procura aliviar el sufrimiento de todas las categorías de víctimas sin discriminación de ningún tipo, dando prioridad a los casos más urgentes. En 2006, más de 2,3 millones de personas se beneficiaron de los servicios de las instalaciones de atención médica, que cuentan con el apoyo del CICR. Se efectuaron más de 65.000 operaciones quirúrgicas en hospitales respaldados por el CICR, y alrededor de 142.000 personas fueron atendidas en centros de rehabilitación física, dirigidos o apoyados por el CICR. Proyectos de construcción, saneamiento y recursos hídricos cubrieron las necesidades de casi 16 millones de personas. El CICR distribuyó víveres a más de 2,6 millones de desplazados internos, a personas que regresaban a sus lugares de origen y a residentes vulnerables; asimismo, distribuyó artículos para el hogar y de aseo a más de 4 millones, mientras que 3,4 millones de personas se beneficiaron de programas sostenibles de producción de alimentos o iniciativas microeconómicas. En términos generales, las operaciones de asistencia del CICR beneficiaron a 3,5 millones de desplazados internos y personas que regresaban a sus lugares de origen, en 19 países. El CICR efectuó visitas o prestó asistencia a cerca de medio millón de personas en más de 2.500 lugares de detención. Hizo posible que las familias se mantuvieran en contacto con sus seres queridos recabando o distribuyendo más de 630.000 mensajes de Cruz Roja.
El CICR tiene un compromiso de coordinación humanitaria eficaz con todos aquellos que desarrollan actividades sobre el terreno, pero sobre todo con sus interlocutores naturales en el Movimiento. Al respecto, le complace sobremanera que el Movimiento haya alcanzado una mayor universalidad al acoger al Magen David Adom de Israel y a la Media Luna Roja Palestina, tras la celebración de la XXIX Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. En 2006, el CICR dirigió programas de fortalecimiento de la capacidad en colaboración con las Sociedades Nacionales, en unos 140 países, en los ámbitos de la promoción del derecho internacional humanitario, la preparación y respuesta en casos de conflicto, o el restablecimiento de los contactos familiares. En los próximos años, el CICR seguirá fomentando su relación con las Sociedades Nacionales que trabajan en las zonas en conflicto.
El CICR promueve una estrecha cooperación y coordinación entre los que trabajan en el sector humanitario. Aboga por un enfoque orientado hacia la acción y basado en la realidad, que se apoya en la complementariedad y procura aprovechar al máximo las ventajas comparativas de cada organización.
En 2006, el derecho internacional humanitario atrajo la atención de muchas maneras distintas. Lamentablemente, el derecho se sigue violando en muchos conflictos. Los civiles que no participan en las hostilidades son blanco de ataques deliberados o deben padecer las peores consecuencias de la lucha. Algunas de las violaciones se cometen a la vista del público, otras permanecen ocultas. Pero cada violación significa que una vida ha sido destrozada innecesariamente. Esta falta de respeto es sin duda el mayor problema con que se confronta el DIH. El CICR no escatima esfuerzo alguno para mejorar el respeto del derecho –en particular, recordando a las partes en los conflictos armados las obligaciones que les incumben en el marco del DIH, promoviendo la adopción de legislación nacional para la aplicación de las disposiciones del derecho, y dando a conocer las inquietudes del público. No obstante, se requerirá una firme determinación política por parte de todos los beligerantes y los Estados Partes en los Convenios de Ginebra de 1949 para asegurar una mejor observancia del DIH.
A fin de confirmar la pertinencia del DIH en los conflictos armados contemporáneos y mejorar la protección de las personas afectadas, el CICR intensificó su diálogo sobre el DIH con los Estados, las organizaciones internacionales y los expertos jurídicos. Llevó a cabo una labor encaminada a explicar las normas aplicables a las empresas de seguridad privadas y militares y los conceptos fundamentales del DIH, tales como la participación directa en las hostilidades. En su declaración, durante la Tercera Conferencia de Examen de la Convención de 1980 sobre Ciertas Armas Convencionales, el CICR exhortó a los Estados a empezar a desarrollar un nuevo instrumento internacional para abordar de manera completa y eficaz el problema de las municiones en racimo. También organizó conferencias y talleres sobre el Islam y el DIH, en Kabul (Afganistán), Qom (República Islámica del Irán), Fez (Marruecos) y Dar es Salaam (República Unida de Tanzania), que congregaron a expertos en DIH y destacados académicos de la jurisprudencia islámica. Esos foros facilitaron un debate bien fundado sobre las normas y los principios que regulan la conducción de las hostilidades y la protección de las víctimas de guerra a la luz de los valores islámicos y las disposiciones de la jurisprudencia islámica (fiqh).
En 2006, se registró una evolución positiva en el ámbito de la protección de las víctimas de los conflictos armados. El CICR acoge favorablemente, en particular, las primeras ratificaciones del Protocolo adicional III sobre el emblema del cristal rojo, y su posterior entrada en vigor el 14 de enero de 2007. En diciembre de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. Este instrumento contiene medidas de crucial importancia para prevenir las desapariciones forzadas, reducir el riesgo de tortura y muerte y prestar apoyo a las familias si se producen casos de desaparición. En agosto de 2006, con la adhesión de otros dos Estados, los Convenios de Ginebra alcanzaron una aceptación universal, lo cual representa una primicia mundial de los tiempos modernos.
La universalidad de los Convenios de Ginebra se equipara con el alcance mundial del CICR. Como se muestra claramente en las páginas siguientes, la Institución sigue firmemente empeñada en aliviar el sufrimiento de todas las víctimas de conflictos, dondequiera que se encuentren.
Jacob Kellenberger
Presidente