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15-10-2007  Fichas técnicas  
Restos explosivos de guerra: el legado letal de los conflictos armados modernos
Reseña sobre los efectos devastadores de los restos explosivos de guerra y las municiones de racimo. Resumen de las normas que figuran en el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra del 28 de noviembre de 2003 (Protocolo V de la Convención de 1980).

¿Qué son los restos explosivos de guerra?

La expresión «restos explosivos de guerra» (REG) se emplea para designar una amplia gama de artefactos explosivos que quedan en una zona –sin estallar o abandonados– una vez acabado un conflicto armado.

Incluye los proyectiles de artillería, las granadas, las granadas de mortero, las submuniciones, los cohetes, los misiles y demás artefactos explosivos.

¿Por qué los REG son un problema que debe resolverse?

Miles, incluso millones de artefactos explosivos suelen quedar abandonados tras el fin de un conflicto. Los REG incluyen las municiones que fueron disparadas o lanzadas desde el aire y no estallaron como previsto (artefactos sin estallar), y los arsenales de municiones que se han dejado abandonados cerca de las posiciones en los campos de batalla (artefactos abandonados). Dependiendo de la envergadura del problema, la remoción de estas armas suele llevar años e incluso decenios. Como cabe prever, numerosos hombres, mujeres y niños resultan muertos o heridos cuando se topan con estas armas, antes de que puedan ser eliminadas en condiciones de seguridad. Muchos civiles creen, erróneamente, que los REG son inofensivos, cuando, en cambio, suelen ser letales e inestables, y pueden detonar si se tocan o se manipulan.

Además de las víctimas que ocasionan, los REG obstaculizan la reconstrucción, el regreso de los refugiados, la prestación de asistencia humanitaria y otras actividades esenciales. Los REG prolongan los efectos de la guerra aun después de que las partes contendientes hayan convenido en un acuerdo de paz.

©ICRC/iq-e-00145

El problema no es nuevo. Los REG han sido una consecuencia de casi todos los conflictos armados de los tiempos modernos. Se estima que hay unos 84 países afectados por los restos explosivos de guerra, y algunos llevan decenios luchando contra este problema. Por ejemplo, cada año, Polonia destruye cientos de miles de REG que datan de la Segunda Guerra Mundial. Entre 1944 y 1989, los REG se han cobrado la vida de 4.094 personas en Polonia, mientras que otras 8.774 han resultado heridas. En Lao, a pesar de que las hostilidades terminaron en 1975, quedan entre 9 y 27 millones de submuniciones sin estallar. Dichas submuniciones han causado la muerte o herido a unas 11.000 personas, de las cuales más del 30% eran niños. A raíz de los recientes conflictos, Afganistán, Etiopía, Irak, la Federación de Rusia (Chechenia) y Sudán son sólo unos de los países gravemente afectados por los REG.

Aun los conflictos de escasa duración pueden llegar a ser un gran problema de restos explosivos de guerra. Durante el conflicto armado de mediados de 2006, Líbano quedó infestado de submuniciones sin estallar y demás REG. El Centro para la Coordinación de Actividades relativas a las Minas de las Naciones Unidas estima que, en el sur de Líbano, unos 35 millones de metros cuadrados de tierra están contaminados con REG. Desde que terminó la guerra, más de 200 civiles han resultado muertos o heridos. Además, miles de civiles no pueden acceder a sus tierras, ya que el territorio contaminado representa aproximadamente el 26% de las tierras cultivables de Líbano.

¿Qué es el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra?

El Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra es un novedoso e importante tratado de derecho internacional humanitario. Fue adoptado el 28 de noviembre de 2003 por los Estados Parte en la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales de 1980, y es el Protocolo V de dicha Convención. Entró en vigor el 12 de noviembre de 2006 y, hasta el 15 de octubre de 2007, ascendía a 35 el número de Estados Partes en este instrumento. El Protocolo procura un marco sistemático para minimizar los peligros que plantean a la población civil los artefactos sin estallar y los artefactos abandonados. Es el primer acuerdo internacional por el que se exige a las partes en un conflicto armado que destruyan los REG, cuando hayan terminado los combates. En el Protocolo no se abarcan ni las minas terrestres antipersonal ni las minas antivehículo, dado que éstas están reglamentadas por otros acuerdos internacionales.

De conformidad con el Protocolo V, se impone a las partes en un conflicto armado las siguientes obligaciones:

A. Durante un conflicto

  • registrarán información sobre el empleo o el abandono, por las respectivas fuerzas armadas, de artefactos explosivos. En la información que se mantenga se han de anotar también los tipos y la cantidad aproximada de artefactos explosivos utilizados, la ubicación de las zonas afectadas, y el método de identificación y eliminación en condiciones de seguridad de estos artefactos.

    B. Tras el final de las hostilidades activas
  • procederán a la limpieza de los restos explosivos de guerra en el territorio bajo su control;
  • proporcionarán asistencia técnica, financiera o material para facilitar la remoción de los restos explosivos de guerra de sus operaciones en territorios sobre los cuales no ejerzan control. Dicha asistencia puede prestarse directamente a la parte que controla esos territorios o mediante terceras partes, como las Naciones Unidas, las organizaciones no gubernamentales u otras organizaciones;
  • tomarán todas las precauciones que sean factibles en el territorio bajo su control para proteger a la población civil de los REG;
  • pondrán a disposición de las organizaciones encargadas de las actividades de limpieza y de la organización de programas para advertir a la población civil de los peligros que representan los REG la información que han registrado sobre los artefactos explosivos utilizados o abandonados por las respectivas fuerzas armadas;
  • protegerán a las misiones y organizaciones humanitarias contra los efectos de los REG y, tras solicitud de éstas, facilitarán información sobre la ubicación de todos los REG de que tengan conocimiento en el territorio en que la organización o misión humanitaria esté actuando.
  • Aunque las normas del Protocolo V se aplican sólo a los conflictos posteriores a su entrada en vigor, los Estados que ya están afectados por los REG cuando se hacen Partes en el Protocolo “tendrán derecho a pedir y recibir asistencia” de otros países para hacer frente a los problemas relativos a los restos explosivos de guerra existentes. Asimismo, los Estados Partes que estén en condiciones de hacerlo tienen la obligación de ayudar a los Estados afectados por los REG a mitigar la amenaza que representan estas armas, y proporcionar asistencia para su señalización y remoción, educación sobre los riesgos, y la atención, la rehabilitación y la reintegración social y económica de las víctimas de los REG.

    Todos los países deben ratificar con urgencia el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra y aplicar sus normas, a fin de reducir el número de nuevas víctimas que se registran cada año. La proliferación de armas capaces de lanzar enormes cantidades de artefactos explosivos dispersos sobre grandes distancias agravará cada vez más este problema, a menos que las medidas previstas en el Protocolo V se apliquen a nivel universal.

    Municiones de racimo

    En los últimos años, las municiones de racimo han sido un asunto de especial preocupación y foco de la atención de los medios de comunicación. En muchos de los conflictos en los que se han empleado, representan una considerable proporción del problema de los REG.

    Las municiones de racimo son municiones arrojadas desde el aire o disparadas con artillería, programadas para liberar docenas o incluso centenares de submuniciones explosivas a una determinada altitud o tras un determinado lapso. Algunos modelos pueden contener y liberar más de 600 submuniciones que, en su mayor parte, hacen explosión al chocar contra el suelo. Sin embargo, la historia ha demostrado que un alto porcentaje de estas armas no explotan como previsto.

    ©ICRC/lb-e-00884
    Líbano, 2007

    El índice de error de las submuniciones varía en función del diseño y de las circunstancias de uso. Suele ser mayor en las operaciones reales que durante las pruebas, debido a que, en general, las condiciones son más favorables durante los ensayos.

    Aunque están concebidas para explotar contra «blancos duros» como los vehículos acorazados, los tanques o las pistas de aterrizaje, es frecuente que caigan sobre arena, barro, vegetación o nieve, elementos que pueden ser demasiado blandos para activar el mecanismo de detonación. Aunque las municiones de racimo no son armas prohibidas, cuando sus submuniciones no hacen explosión como previsto pueden llegar a ser tan indiscriminadas como las minas terrestres respecto de la víctima y del momento de la explosión.

    Otro motivo de preocupación es que las submuniciones son «armas de efecto zonal». Esto significa que, cuando se lanza una munición de racimo contra un objetivo, ésta libera las submuniciones que contiene sobre una superficie de hasta 10.000 metros cuadrados, con efectos devastadores para la población y los bienes. Además, como la mayoría de las submuniciones cae libremente o en paracaídas, su precisión está supeditada a una serie de factores, como el viento o las condiciones meteorológicas, y puede caer lejos de la zona que es el objetivo. Estas características plantean serias dudas sobre si estas armas se pueden emplear en zonas pobladas sin conculcar las normas generales del derecho internacional humanitario, en particular, los principios de distinción y de prohibición de los ataques indiscriminados.

    Los problemas de precisión y fiabilidad de las municiones de racimo son una amenaza para la población civil, tanto a corto como a largo plazo. Estas armas han dado lugar a graves consecuencias humanitarias en casi todos los conflictos en los cuales se han empleado. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ha exhortado a los Estados a que adopten medidas inmediatas en los ámbitos nacional e internacional para hacer frente a este problema. Asimismo, apoya la negociación de un nuevo tratado internacional por el cual se prohíba el empleo, el desarrollo, la producción, el almacenamiento y la transferencia de las municiones de racimo poco fiables y precisas.

    Aunque el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra facilita la rápida remoción de las submuniciones sin estallar, tras el fin de un conflicto, no soluciona todo el problema de las municiones de racimo. Para empezar, no hay disposiciones significativas para evitar que las municiones se conviertan en REG. Tampoco versa sobre el uso de las municiones de racimo durante los conflictos armados. La falta de normas específicas que reglamenten estas cuestiones ha hecho que se multipliquen los llamamientos en favor de un reglamento que trate más a fondo sobre las graves consecuencias de las municiones de racimo en la población civil.

    El abuso generalizado de estas armas durante la guerra de Líbano de mediados de 2006 ha dado lugar a un impulso creciente para que se tracen nuevas restricciones internacionales al empleo de estas armas.

    Actualmente, la comunidad internacional está negociando la firma de un tratado relativo a las municiones de racimo, previsto para finales de 2008.


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