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30-03-2009  Artículo de prensa  
Afganistán: 30 años de sufrimiento
El director de Operaciones del CICR, Pierre Krähenbühl, expresa la preocupación de la Institución por los crecientes sufrimientos que el conflicto en Afganistán ocasiona a la población. A menos que las partes en el conflicto hagan mayores esfuerzos por respetar las obligaciones que les incumben conforme al derecho internacional humanitario, las personas civiles seguirán soportando las graves consecuencias de la violencia.

©CICR
Pierre Krähenbühl

A mediados de los años 90 estuve trabajando en Afganistán, en particular durante la batalla de Kabul de 1994, en la que las distintas facciones muyahidines se enfrentaban por el control de la capital. Recuerdo que, en aquella época, solía preguntarme cómo viviría el pueblo afgano 14 años de guerra. Pues bien, ahora no son 14, ahora son 30.

Treinta años de violencia, de inseguridad y de pérdidas casi incesantes. Detrás de cada estadística se esconden los destinos y tragedias de personas de carne y hueso. Cada herido que contamos tras un atentado suicida o un bombardeo aéreo tiene un nombre, una familia y una historia.

No hay palabras suficientes para expresar el grado de sufrimiento individual y colectivo que, desde hace tres décadas, llevan padeciendo los hombres, mujeres y niños afganos.

Hace tres años que el CICR viene denunciando reiteradamente las consecuencias cada vez más funestas del conflicto en la población civil. Sin embargo, en este momento la situación es crítica. El conflicto se está recrudeciendo y extendiendo a otras zonas de Afganistán, lo que ha provocado un aumento significativo del número de víctimas civiles con respecto al año pasado.

Los ataques aéreos, los bombardeos nocturnos, los atentados suicidas, el uso de artefactos explosivos improvisados, así como la intimidación de la población y la presión que ejercen sobre ella las partes en conflicto para lograr su colaboración están afectando muy seriamente a la vida diaria de las personas que viven en las zonas de combate.

La versión oficial, facilitada por numerosas fuentes, es que el 80% de la población está “al margen” del conflicto, es decir, que no toma partido por ninguna de las partes. Sin embargo, la interacción del CICR con los beneficiarios revela que esto no es así, sino que ambos bandos están obligando a la población a colaborar con ellos, por lo que, más que “al margen” lo que están es, en sentido metafórico, “en una trinchera”.

Las dificultades de acceso a la atención médica ponen también en peligro la vida de mucha gente, principalmente en las zonas en las que se han cerrado o destruido los centros de salud, o éstos están situados al otro lado del frente.

La “misión sanitaria” del CICR vela por que las personas que precisan de atención médica reciban la ayuda necesaria. Para ello, la organización ha aumentado su ayuda a los principales hospitales quirúrgicos, como el hospital regional de Kandahar. El CICR también tiene en marcha un programa “de asistencia a los heridos de guerra”, ha creado puestos de primeros auxilios en las zonas en las que se libran combates, apoya a los voluntarios locales de primeros auxilios de la Media Luna Roja Afgana, y facilita las campañas de vacunación contra la polio en las zonas afectadas por el conflicto.

Además, el CICR prevé incrementar su presencia en Kunduz, en el norte del país, Maimana, en el nordeste, Farah, en el oeste y, si es posible, en Helmand, en el sur.

La neutralidad es un instrumento que permite al CICR acceder a todas las partes en una zona de conflicto, velando así por el respeto a su labor de asistencia y protección en favor de las personas afectadas.

Hoy más que nunca, estoy convencido de la conveniencia de este planteamiento, que permite al CICR alcanzar objetivos humanitarios muy delicados, como participar en la evacuación de los heridos. Dicho planteamiento requiere ser capaz de apoyar a la Media Luna Roja Afgana a recuperar restos mortales, a actuar como intermediario neutral en las crisis de rehenes y, sobre todo, a dialogar con todas las partes cuando se denuncien abusos contra la población civil.

En las últimas semanas se ha aludido en reiteradas ocasiones, principalmente en los medios de comunicación, al próximo incremento de las tropas internacionales en Afganistán, sobre todo de Estados Unidos, y a la probabilidad de que el conflicto se recrudezca.

A menos que las partes en conflicto, ya sean las fuerzas nacionales afganas, los contingentes militares internacionales, o la oposición armada, se esfuercen realmente por cumplir las obligaciones que impone el derecho internacional humanitario, el CICR teme que la población civil sea quien se lleve la peor parte de ese recrudecimiento anunciado, cuyas consecuencias serán, para muchos, totalmente nefastas.

El CICR sigue firmemente empeñado en trabajar para satisfacer algunas de las necesidades más urgentes de la población afgana.

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30-03-2009