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11-05-2009  Reportaje  
Guatemala: cerrar el círculo de dolor
El conflicto armado que asoló a Guatemala entre 1960 y 1996 dejó un saldo de decenas de miles de muertos y desaparecidos. Autoridades, familiares de las víctimas y organizaciones siguen trabajando para encontrar e identificar los restos de muchas personas cuyo paradero aún se desconoce. En este marco, el CICR presta asesoría técnica y asistencia material a las entidades guatemaltecas que apoyan estas gestiones, y acompaña los procesos legales en favor de los deudos.

©César Barajas/CICR
Familiar sale del Ministerio Público con la caja que contiene los restos.


El sol recién salía en Nebaj, municipio ubicado en la región del Quiché, en Guatemala. Un gran número de personas se aglutinaban afuera del Ministerio Público esperando que pronto abriera sus puertas. Habían aguardado cerca de 25 años para conocer la suerte de sus familiares, la mayoría asesinados durante el conflicto armado interno en el país.

El Ministerio Público había realizado el peritaje e identificación de osamentas encontradas en una fosa común cercana al municipio. Ese día, restituiría a sus familiares los restos para que ellos pudieran darle una sepultura digna y de acuerdo con sus tradiciones.

El señor Jacinto Toma forma parte de este grupo de personas que espera con ansias la restitución de los restos de sus familiares, en su caso los de su suegra, la señora Juana, quien fue asesinada durante la incursión de un grupo de hombres armados en la comunidad de Acul, donde vivía con su familia.

"Nosotros nos dimos cuenta de que un grupo de hombres armados habían entrado a la comunidad y que estaban matando a la gente. Salimos corriendo rumbo a lo cerros para escondernos. Mi suegra era una mujer mayor, no pudo seguirnos el paso y se quedó atrás. Ella fue alcanzada por las balas y nosotros, por miedo, no regresamos por ella", narra el señor Jacinto.

Se escondieron por mucho tiempo en la montaña, temerosos de que pudieran seguir persiguiéndolos. Cuando estimaron que la situación había mejorado, regresaron a la comunidad de Acul para reconstruir su hogar. Sin embargo, la ausencia de la señora Juana y el sentimiento de culpa por desconocer el lugar donde estaba enterrada atormentaban al señor Jacinto.

©César Barajas/CICR
Altar de velación y de cuerpo presente.

Un día decidió buscar el apoyo de la organización de acompañamiento legal "Movimiento de Desarraigados" e iniciar el proceso de búsqueda del lugar donde estaba enterrada su suegra. Tras investigar y entrevistar a muchas personas, la organización ubicó el sitio donde presuntamente se encontraba sepultada la señora Juana.

Un nuevo proceso se iniciaba en ese momento; la organización interpuso la denuncia ante el Ministerio Público, que designó a la Fundación Antropológica Forense de Guatemala (FAFG) como perito para investigar e identificar las osamentas encontradas.

"Lo primero es realizar una inspección en el lugar donde presuntamente se encuentran los cuerpos. Luego es necesario acercarse a las familias para obtener los datos ante mortem, es decir, las características físicas, de vestimenta o señas particulares del familiar. Tras la exhumación, se realizan las pruebas post morten para determinar si los huesos y las otras evidencias corresponden a la información proporcionada por los familiares", explica Soledad Rodríguez, de la FAFG.

Este largo proceso de identificación tiene que ser acompañado por el apoyo psicosocial que ofrecen algunas organizaciones, explican Lidia Pretzanzin y Glendy Mendoza, del equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP). Este soporte prepara a las familias en caso de que los resultados les sean adversos. "En muchas ocasiones la identificación de los cuerpos no arroja los resultados deseados, las familias se desesperan o decepcionan y desisten de continuar. Nosotros les ayudamos a comprender el proceso, sus implicaciones y los resultados a veces positivos, a veces negativos", señala Mendoza.

Los resultados entregados por la FAFG permiten al Ministerio Público determinar la restitución legal de los restos y fijar el día en que serán entregados a sus familiares. El "Movimiento de Desarraigados" informó al señor Jacinto Toma acerca de los resultados y el día en que serían restituidos los restos.

©César Barajas/CICR
Familiares sepultan los restos de la señora Juana en el cementerio.

La FAFG apoyó a los familiares con la compra de las cajas tipo féretro para transportar los restos y el CICR apoyó financieramente el traslado y la estancia de los familiares. Además, ofreció apoyo técnico a las organizaciones antropológicas forenses, al compartir con éstas sus bases de datos ante mortem y post mortem.

Don Jacinto ofreció una comida para sus familiares y algunos amigos, y veló toda la noche la caja con los restos de su suegra. Al día siguiente, caminó con familiares y amigos con el féretro sobre sus hombros. Las personas veían con curiosidad el desfile fúnebre; alguna que otra ofrecía su ayuda.

La caja fue enterrada, con una ceremonia sencilla, al lado de los restos de otros familiares en el cementerio municipal, lugar definitivo de descanso.

"Me siento muy contento porque ya tenemos a mi suegra en el cementerio. Ella por fin está descansando. Yo tenía una deuda con ella y la he cumplido, me siento muy feliz", concluye el señor Jacinto.

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11-05-2009