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19-03-2008  Reportaje  
Lucha contra la tuberculosis resistente a los medicamentos en las prisiones de Kirguistán
Hace tiempo que en Kirguistán, las prisiones son terreno fértil para la tuberculosis, incluidas cepas fármacorresistentes que son extremadamente difíciles de tratar. El CICR ayuda a las autoridades a luchar contra esta enfermedad infecciosa mortal en las prisiones. Jane Powell informa desde Bishkek, capital de Kirguistán.

Treinta hombres forman dos filas en el patio de la Colonia Penal 19, una de las cárceles de la era soviética, situada cerca de Bishkek, capital de Kirguistán. Todos los hombres llevan la misma ropa negra y raída, y esperan pacientemente delante del viejo camión estacionado en el patio.

"...cuando las personas salen [de las prisiones], se llevan consigo todas las enfermedades infecciosas..." -
Dr. Maxim Berdnikov
A medida que los guardias los llaman por su nombre, avanzan y suben al desvencijado camión para sacarse una radiografía de tórax, como parte de un programa destinado a examinar a los detenidos para detectar una enfermedad infecciosa mortal: la tuberculosis.


"No estoy preocupado", dice Eugene, que cumple pena de prisión por sexta vez. "No creo estar enfermo". Muchos de los detenidos ignoran la gravedad de la tuberculosis. En una prisión donde el CICR realizó los exámenes médicos, hubo resultados sospechosos en el 40% de los casos y, más adelante, a muchos detenidos se les diagnosticó tuberculosis MDR o multidrogorresistente, una forma letal de Mycobacterium tuberculosis que no responde al tratamiento con los antibióticos habituales de primera elección.

Los niveles de tuberculosis en las ex repúblicas soviéticas de Asia Central se sitúan entre los más altos del mundo. En Kirguistán, los prisioneros son los más vulnerables a la enfermedad. La enfermedad se desarrolla y se propaga en las condiciones de hacinamiento que suelen encontrarse en las prisiones. Para peor, cuando los detenidos infectados son trasladados de un lugar de detención a otro, llevan consigo su enfermedad y la contagian a otros prisioneros.

"Sentía que se me escapaba la vida"

El Dr. Maxim Berdnikov dirige el programa del CICR destinado a apoyar la estrategia contra la tuberculosis que las autoridades kirguisas aplican en las prisiones. Le preocupan, en particular, las variedades farmacorresistentes de tuberculosis: "Es un problema muy grave. La tuberculosis MDR es mucho más difícil de combatir; no solamente exige mayores recursos financieros, sino también personal médico adecuadamente capacitado".

La tuberculosis no es una enfermedad fácil de diagnosticar y tratar. Por ejemplo, Turusbek descubrió que la padecía en 2001, mientras se encontraba detenido. Lo que él, al principio, consideraba una simple fiebre fue empeorando: "Tosía constantemente, de día y de noche; no podía dormir y tenía fiebre alta. Sentía que se me escapaba la vida".

Turusbek recibió antibióticos, y más tarde, fue liberado. Como suele suceder, una vez fuera de la cárcel, con alimentación y condiciones de vida más sanas, se sintió mejor y no continuó el tratamiento. Pero cuando fue detenido nuevamente, los síntomas volvieron. Finalmente, se le diagnosticó tuberculosis MDR.

Por fin, en octubre de 2007, Turusbek inició un tratamiento en el marco del nuevo programa establecido por las autoridades con la ayuda del CICR. Este programa es único en su tipo en las prisiones de Asia Central, y hay una lista de espera para acceder al tratamiento. Desde octubre de 2007, cuatro pacientes murieron de tuberculosis MDR porque los medicamentos costosos simplemente no alcanzan para todos.

20 píldoras por día, más los efectos secundarios

Ahora, Turusbek recibe el tratamiento "Dots-Plus" recomendado por la OMS (Organización Mundial de la Salud), específico para formas de tuberculosis resistentes. Tiene que tomar hasta 20 píldoras por día, algunas con graves efectos secundarios; ahora, Turusbek comprende la gravedad de su estado. Le preocupa saber si, cuando sea liberado de la prisión, podrá continuar con el tratamiento, que puede durar hasta tres años.

"No sé qué medicamentos tendré que tomar, y no podré costearlos yo mismo", dice Turusbek. "Pero he sabido que el CICR presta ayuda a las personas con tuberculosis MDR liberadas, para que sigan con el tratamiento. Espero que me ayude a mí también".

Para luchar contra la tuberculosis MDR, es fundamental ayudar a las personas como Turusbek, no sólo en Asia Central sino también en el resto del mundo. Señala el Dr. Berdnikov: "Las prisiones no están separadas del mundo exterior; cuando las personas salen, se llevan consigo todas las enfermedades infecciosas. Cuando migran de Asia a Rusia o a Europa, pueden llevar también la variedad MDR de la tuberculosis".

Los pensamientos de Turusbek no van tan lejos. En la habitación que comparte con otros ocho pacientes de tuberculosis MDR, piensa en su familia, sus padres, su esposa y sus cinco hijos, que explotan una granja situada a 500 kilómetros, en la zona sur de Kirguistán: "No quiero infectar a mis familiares con tuberculosis; por eso, quisiera completar correctamente el tratamiento antes de regresar a mi casa".

En Kirguistán, Jan Powell produjo un informe televisivo para el CICR acerca de la grave amenaza que representa la tuberculosis MDR en las cárceles de dicho país.

©CICR/J. Powell
Prisión cerca de Bishkek
©CICR/J. Powell
El hacinamiento favorece la propagación de la tuberculosis
©CICR/J. Powell
Un médico del CICR habla con un detenido antes de tomarle una muestra de esputo
©CICR/J. Powell
Turusbek descubrió que padecía de tuberculosis en 2001, cuando estaba en prisión
©CICR/J. Powell
Preparación de la medicación diaria para los pacientes con tuberculosis MDR


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19-03-2008