Querida Rita, gracias.
Gracias, en nombre de todos tus colegas y amigos en el noreste de la República Democrática del Congo, por el breve pero valioso tiempo que pasamos en tu compañía.
Gracias por tu generosidad, por todos los cumplidos que nos hacías a los que te rodeábamos.
Tú elogiabas a tus colegas por esforzarse hasta el agotamiento.
Tú no bajabas del avión sin dar las gracias a los pilotos por el agradable vuelo y el perfecto aterrizaje. Tú tenías un maravilloso talento para hacer que la gente se sintiera estimada.
Cuando regresaste de tu primer viaje a Bunia, trajiste diminutos plantones de jacarandás.
Dijiste que los ibas a plantar en el jardín.
Nosotros movimos la cabeza y comentamos que unas plantas tan frágiles no crecerían.
Tú te limitaste a sonreír e indicaste los lugares adecuados para plantarlos.
Rita, queremos que sepas y queremos que tu familia sepa que esos pequeños episodios que vivimos contigo están grabados en el corazón de cada uno los que viajaron contigo, rieron contigo, escucharon contigo la radio por la mañana, charlaron contigo durante la comida, estuvieron sentados contigo a la orilla del lago leyendo un libro o filosofando, vivieron contigo los últimos días de tu vida.
Guardamos estos recuerdos como un tesoro.
En el trabajo eras ejemplar: profesional y compasiva.
Compartías de buena gana la sabiduría de tu experiencia con quienes tuvimos el privilegio de trabajar contigo.
Tenías el valor de darte. Ahora lo has dado todo.
Rita, estamos orgullosos de haberte conocido,
y te echamos de menos.
Hanna Mollan
Delegada communicación.