Querido Julio:
Ante esta prueba tan terrible, nos faltan las palabras. Esas palabras que eran tan importantes para ti. En la pequeña libreta de apuntes que siempre llevabas contigo conservabas todos los chistes, expresiones, poesías, que te gustaba inmortalizar en el papel, cada vez que nos encontrábamos. Te recordaremos siempre por dos muletillas que solías utilizar y que nos divertían particularmente:
"I mean"... Pienso...., pienso, luego existo. Sí, Julio, estás y estarás para siempre en nuestros corazones. ¿Cómo olvidar tu alegría de vivir tan comunicativa, tu pícara sonrisa, tu amabilidad sin límites, tu increíble entrega para aliviar el dolor y la pena, casi a diario, de cuantas víctimas encontrabas, tu acento español que nos recordaba el calor del sur?
Eras también un enamorado de la calidad: la calidad de tus relaciones humanas, la calidad de tu trabajo, la calidad de lo que comprabas y regalabas, la calidad de tu humorismo, la calidad de tu persona.... una persona de calidad.
"Clac, clac", palabras enjutas, que nos resultan terriblemente dolorosas. Clac, clac, como el de un portazo, como el comienzo de una escena de una película de horror; clac, clac, como tu tan repentina muerte. Hoy, nos embarga una gran emoción, al saber que has sido víctima en aras de esta causa que te era muy valiosa. ¿Cómo aceptar este trágico destino? Nos dejas afligidos y, como único consuelo, los deliciosos recuerdos que de ti tenemos.
Julio, en nombre de todos los colegas del Congo oriental, quisiéramos darte las gracias, agradecerte mil veces todo lo que nos has dado.
Patrick Mueller
Administrador en Goma