Señoras y señores:
Mi presencia en esta sala es una manifestación de la tristeza de todo el pueblo congoleño y del personal local del CICR en el nordeste de la República Democrática del Congo, que está afectado por el asesinato de 6 de sus colegas, a quienes se dio muerte salvajemente, en Ituri, cuando estaban al servicio de la humanidad.
Para nosotros los congoleños, este odioso acto es obra de los más cínicos elementos del género humano y que condenamos enérgicamente. La acción del CICR en favor del pueblo congoleño no se merecía tal suerte.
¡Los congoleños lloran a sus muertos! Las lágrimas como expresión del pésame por los ilustres difuntos no bastan para manifestar nuestra amargura. ¿Quién pudo evitar las lágrimas la mañana del viernes, 27 de abril, cuando, reunidos en la oficina, recibimos la confirmación de la triste noticia?
Nunca nos habíamos sentido tan solidarios como en esas circunstancias. A la manera africana, acogimos los restos mortales de Rita y de Julio, al tiempo que, con el corazón, estábamos cerca de Papá Jean, Boboli, Unen y Da Vero. Todos ustedes aquí presentes saben que nuestro país, la República Democrática del Congo es un país muy atribulado. Desde 1960, nosotros, miembros de la Cruz Roja, prestamos asistencia a las víctimas de las luchas internas, evacuamos a los heridos, enterramos a los muertos, pero, en ningún momento, habíamos pensado tener que enterrarnos a nosotros.
La noche que todo el personal pasó a la intemperie, incluso los que estaban de vacaciones, alrededor de los restos mortales de Rita y de Julio fue la verdadera expresión del dolor que todos sentimos y la prueba de que, más allá de las relaciones profesionales, hay vínculos afectivos difíciles de describir. Se celebró una misa ecuménica de acción de gracias, como signo de comunión con nuestros antepasados, antes de acompañar a nuestros dos colegas, como se hizo por los que permanecieron en Bunia, hasta su última morada.
¡Augusta asamblea aquí presente: Rita, Julio, Papá Jean, Boboli, Unen y Da Vero se han ido, han muerto! ¡Pero, para nosotros, están aquí presentes, están con nosotros! Su desaparición nos afecta a todos.
Señoras y señores, estas guerras nos afectan más. Los crímenes que por ellas se cometen jamás han de quedar impunes. Los congoleños tienen necesidad de saber quién ordenó este inmundo acto. Estamos seguros de que se sabrá quién es.
¡Qué las almas de nuestros ilustres colegas descansen en paz!
Por el personal congoleño del CICR en el nordeste de la RDC,
Alexis Kabanga,
Asistente de enlace local para sanidad