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2-05-2001 Palabras pronunciadas por Gillian Biddulph Ackermann en la ceremonia de duelo en homenaje a los seis colegas del CICR que perdieron la vida en la República democrática del Congo Para Rita Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser hombre, me despojé de las niñerías. Ahora vemos como en un mal espejo y en forma confusa, pero entonces veremos cara a cara. (1 Cor 13, 11-12) Así, cara a cara, se enfrentaba Rita con la vida. Tenía 36 años; el domingo habría sido su cumpleaños. Rita, tu vida no fue siempre fácil, pero lograste tanto ... Eras cálida y fuerte, querida y admirada. Efectuaste misiones para el CICR como delegada de salud en Ruanda, Georgia, Sudán y Congo. Eras muy conocida en el CICR y tenías muchos amigos dentro y fuera de la Institución. Encontraste a Patrick y eras feliz. Eras fuerte y capaz, a veces seria y siempre profesional. Tenías una sonrisa y un carácter alegre, que infundían ánimo a los que te rodeaban. En Georgia, el CICR estudió el problema de la tuberculosis en las prisiones. Los detenidos, duros y recios, con un sistema de valores exclusivo, tenían que levantarse a las cuatro de la mañana para el análisis del primer esputo del día. Siempre les costaba levantarse, especialmente en las frías mañanas de invierno. Pero, por Rita, con su especial personalidad y calor humano, no les importaba levantarse temprano. Una vez te ovacionaron de pie; eres la única que ha recibido ese homenaje. Los tratabas como seres humanos. Rita, pensamos en tí. En recuerdo de Rita y por la esperanza en el futuro, dedicamos una canción de Louis Armstrong titulada "What a Wonderful World". Gillian Biddulph Ackermann 2 de mayo de 2001 |